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Capítulo I 綺羅 不知火

EGOISM · por Digor/Integral · 15 de julio de 2026

Eran las cuatro de la tarde y yo estaba en la preparatoria, a punto de salir. Me dolía la cabeza y la espalda de cargar el peso de las tareas y el trabajo acumulado. Ryu me había dicho que debía enfocarme, porque siempre había sido el sueño de mamá y papá que yo entrara a una universidad de calidad aquí, en Tokio, Japón.

Revisé mi celular y me sorprendí al ver que el último tren ya estaba por pasar cerca de donde estaba. Si no lo alcanzaba, tendría que regresar caminando, algo peligroso y aterrador cuando cae la noche.

—Tengo tiempo... —me dije en silencio.

Aproveché para comprar arroz y un poco de cebolla. Quería preparar un omuraisu sencillo, algo cálido para mí y para mi hermano. Tomé el tren a las 5 p. m. y llegué a casa a las 7. Estaba agotada, con sueño, pero me sentía obligada a preparar la cena. Ryu llegaría más tarde esa noche, y no quería que encontrara la casa en silencio y vacía.

Ryu es piloto de avión en la Fuerza Aérea. Desde niño soñaba con volar esas enormes y pesadas máquinas que cortan el cielo. Y lo logró, lo cual llenó de orgullo a nuestros padres... antes de que murieran en una misteriosa tragedia, en un avión que los llevaba a Estados Unidos para una conferencia de trabajo.

Después de preparar la cena, me di una ducha rápida y me recosté en la sala, encendiendo la televisión para matar el tiempo. Esperaba que él regresara pronto.

Revisé el celular sin pensarlo demasiado... ya eran las 10 de la noche. Me sorprendí. Ryu siempre llegaba a las 8... 9 a más tardar.

Lo llamé enseguida, pero su celular me mandó directo al buzón de voz.

—Contesta, maldita sea... —murmuré, frunciendo el ceño, con el pulso cada vez más inquieto.

Me obligué a relajarme y me fui a dormir, repitiendo en mi cabeza una y otra vez: "Debe estar muy ocupado... ya llegará."
Apenas me acosté en el futón, el cansancio me venció de inmediato, y caí en un sueño profundo.
Pero incluso dormida, algo en mí no lograba mantenerse en calma. Esa duda, esa inquietud silenciosa, se arrastraba por mi mente como una sombra persistente. Ryu podía llegar en cualquier momento... o no.

El despertador sonó con fuerza esa mañana, arrancándome del sueño como si algo urgente me reclamara

El despertador sonó con fuerza esa mañana, arrancándome del sueño como si algo urgente me reclamara.
Me incorporé con pocas fuerzas y, aún medio dormida, tomé el celular para ver la hora.

—Ugh... son las 6 a. m... ¿Por qué demonios suena tan temprano un sábado? —murmuré, frotándome los ojos con fastidio.

Era extraño. La noche anterior, yo misma había programado la alarma para las 10 a. m.
¿Había cometido un error... o algo la había cambiado?

—Nah... seguro me olvidé de configurarla bien —dije, intentando convencerme mientras soltaba un suspiro.

Salí de mi habitación y veo si Ryu llegó a casa en el transcurso de la noche, pero su omuraisu seguía en la mesa donde la dejé ayer en la noche. Esto quiere decir que él no llegó a casa por la noche.

—No servirá de nada llamarlo... su celular sigue apagado o sin señal —me dije a mí misma, sintiendo una punzada de frustración.

Suspiré. Al final, no tenía muchas opciones.

—Tendré que ir a su trabajo a preguntar por él —reflexioné, mientras trataba de calmar la inquietud que crecía en mi pecho.

Tomé una ducha rápida y me vestí sin muchas ganas. No quería desperdiciar la comida, así que terminé comiéndome la cena que había preparado para Ryu la noche anterior.
Encendí la televisión mientras tomaba mi desayuno, esperando distraerme un poco...
Pero entonces, una noticia interrumpió la programación habitual. Una que me hizo dejar los cubiertos en el plato y quedarme inmóvil.

Una voz seria, desde el noticiero de la mañana, decía:

"Último minuto: un avión militar ha perdido contacto con la torre de control anoche, alrededor de las 9:45 p. m. Las autoridades informan que las últimas coordenadas indican que se estrelló en una zona aún no identificada. Se desconoce el paradero del piloto. El caso está siendo tratado como una desaparición."

Mis manos comenzaron a temblar.

La hora...

Las coordenadas...

No. No podía ser él.

Pero lo era.

Era Ryu.

—No... —susurré, helada—. No puede ser...

Me quedé pensativa, tratando de analizar todo lo que estaba pasando. Ryu jamás salía sin avisarme, siempre me decía adónde iba para que no me preocupara. Ese silencio... ese vacío de información no era propio de él.

De pronto, mi celular comenzó a sonar. Sentí un escalofrío. Con una rapidez instintiva, lo tomé y contesté, casi conteniendo la respiración.

—¿Hola?... —dije en voz baja.

—Buenos días —respondió una voz masculina, firme pero no fría—. Soy el Capitán Kaede Amagumo, jefe de Ryu... ¿él es tu hermano, ¿verdad?

—Sí —respondí con firmeza, intentando no dejar notar el temblor en mi voz—. ¿Saben dónde está? —pregunté, con un nudo en la garganta y el corazón golpeando con fuerza.

—No puedo decírtelo por teléfono —respondió el capitán con seriedad—. ¿Estaría bien si vienes a la base? Así podríamos despejar dudas y hablar con más claridad sobre el paradero de tu hermano.

—Por supuesto —recalqué, algo abrumada por la situación—. ¿A qué hora podría ir para allá... más o menos?

El capitán Amagumo guardó silencio por un momento. Pude escuchar el leve pasar de hojas, como si revisara algo.

—Acabo de revisar mi agenda. Tengo libre a las 12 del mediodía —dijo con voz firme—. ¿Te parece bien?

—Claro —respondí, intentando mantener la compostura—. A las 12 estaré allí para poder conversar con usted.

-Excelente- exclamó el hombre con un tono algo alegre, -Nos vemos entonces-

Despues de eso colgó la llamada.

Al menos ya tengo un punto de partida para encontrar pistas sobre el paradero de mi hermano. Solo necesito hablar con el capitán y despejar todas las preguntas que me atormentan. Si todo sale bien... podré empezar a seguir el rastro de Ryu.

Empecé a identificar un posible punto de partida aquí en casa. Me senté por un momento a pensar, tratando de ordenar mis ideas, buscando entre recuerdos y detalles que pudieran darme una pista. ¿Por dónde podría comenzar a investigar el paradero de Ryu? ¿Dónde pudo haber comenzado todo este enredo?

Pensé en investigar la habitación de Ryu... pero él me lo había prohibido estrictamente. "No entres, nunca sin permiso", solía decir con ese tono serio que rara vez usaba conmigo. Así que decidí dejarlo para otro momento. No quería violar su confianza... al menos, no aún.

Ya casi eran las 11:30 a. m. cuando tomé mis cosas y salí de casa rumbo a la base. No podía darme el lujo de llegar tarde.

Tomé el primer tren que encontré y partí directo a la base

Tomé el primer tren que encontré y partí directo a la base. La ansiedad me carcomía por dentro. Necesitaba saber qué le había sucedido a mi hermano. ¿Cómo había pasado todo? ¿Tenía esto alguna explicación lógica?

Durante el trayecto, revisé mi teléfono una y otra vez, buscando en redes sociales, noticias, cualquier rastro, cualquier pista... pero no había nada útil. Silencio absoluto.

Solo me quedaba esperar a llegar y enfrentar al capitán Amagumo. Tenía una lista interminable de preguntas, y no me iría de allí sin obtener respuestas.

Llegué a las 12 en punto. El capitán Amagumo ya me esperaba en la entrada de la base. Su rostro reflejaba preocupación —una expresión que no se esforzó en ocultar—, y eso solo hizo que mi ansiedad aumentara. Sentí un nudo en la garganta, como si mi cuerpo intentara prepararse para lo peor.

Cuando me acerqué, me saludó con cortesía. Su postura, su mirada firme y su tono pausado dejaban claro que estaba frente a una persona íntegra, alguien que se tomaba las cosas en serio. Y eso me dio un poco de esperanza... tal vez él sí tenía respuestas.

—Hola, ¿tú eres Kira Shiranui? Un gusto en conocerte —me recibió el capitán con un leve asentimiento.

—Hola, sí, soy yo. El gusto es mío —respondí, intentando igualar su tono cordial, aunque mi voz temblaba apenas.

—Pasa —dijo el capitán, haciéndose a un lado—. Adentro podremos hablar sobre el paradero de Ryu... y cómo podríamos encontrarlo.

Asentí en silencio y crucé la entrada. Mi corazón latía con fuerza. Cada paso que daba dentro de la base militar sentía que me acercaba más a una verdad que no estaba segura de querer escuchar.

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