Sentados en una mesa retirada de la cafetería, Daniela revisaba los papeles mientras Luis bebía agua con desesperación. El agua parecía no ser suficiente para apagar el incendio que el joven llevaba en los pulmones. Daniela lo observaba con un terror sordo. mientras tanto su vista se proyecto en esas hojas un nombre que se repetía en los márgenes: Gaspar Marín.
—¿Quién es ese tal Gaspar Marín? —preguntó ella—. ¿Y por qué esta carpeta tiene el nombre de mi hermana junto al de un Pedro R?
Luis dejó el vaso de agua; sus manos temblaban tanto que el cristal tintineó contra la madera sus huesos su cuerpo le dolía.
—soy Luis —dijo no se si me recuerdas—. El niño del hospital que tu hermana cuidó cuando nadie daba un peso por mí. Ella me salvó la vida en esta línea de tiempo, Daniela. Por eso estoy aquí. Para devolver el favor a tu hermana... salvándote a ti.
Luis se inclinó hacia ella, invadiendo su espacio personal. Un rastro de lavanda seca y papel antiguo de su ropa se percibía tenue, un aroma que a Daniela le recordó, con una punzada de nostalgia, al escritorio donde su hermana Elisa estudiaba por las noches con ese mismo olor, en si era muy extraño solo su padre tenia ese aroma. Fue esa familiaridad inesperada, ese olor a hogar y a pasado, lo que la mantuvo clavada en la silla a pesar del miedo
—Mira bien este teatro, Daniela. En el 2062, solo será un caparazón de piedra vacío. No quedará nadie para recordar los nombres en la cartelera, ni el tuyo ni el de nadie más. Allá afuera no quedará nada de lo que ves, a menos que aceptes que eres el engranaje que detiene la caída del mundo entero y de millones de vidas. Yo no vine a pedirte permiso, vine a advertirte que el tiempo se te acaba. Con la mano le dice que se acerque le dirá algo al oído.
Prometiste juntarte con tu novia para ver el eclipse solar de ese año en el 2017 en la USACH. Un encuentro secreto que ni tu madre ni Elisa conocen. Te viste con María Beitia, ¿cierto? fue ese día que le dijiste lo de tu enfermedad que llevas hasta hoy combatiendo en soledad.
Daniela dejó caer la cuchara. El sonido metálico sobre la loza fue el fin de su tranquilidad al despertarla del recuerdo con María.
—¿Cómo... como sabes lo de María? —susurró ella.
—Pero el círculo no termina ahí. El próximo, cuando estés en Europa, María tomará un vuelo para ir a buscarte.
Ella tiene algo en la sangre un RN diferente, Daniela... una anomalía que la hace especial, el único tratamiento que podría mantenerte con vida. Ella viajará para salvarte a ti, sin saber que en sus venas lleva también la mutación final de Pegaso. María será el huésped perfecto. Al intentar rescatarte del cáncer, ella terminará por borrar al resto del mundo sin saber del daño que ara o las vidas que callara.