A la hora de la salida, Amy apareció en el salón de los demás, y sin que nadie realmente lo planeara o dijera nada, el grupo volvió a partirse en dos. Esta vez, Sato y Kei esperaron en el salón, vigilando a Hajime que otra vez parecía acechar mientras Atsuko acompañaba a Amy al baño.
—Entonces… ¿Hoy vas a pedirle a Kei que vuelva a acompañarte?
—Sí, ¡Nya! Hajime me da mucho miedo, y no sabemos si sus amigos están por ahí ¡Nya! Con Kei siempre me siento segura, es como tener mi propio gran gorila ¡Nya!
Ambas rieron distraídas, por eso no se dieron cuenta de que casi al entrar al baño, uno de los amigos de Hajime les estorbaba el paso.
—Hola muñecas, ¿dónde dejaron a los tontos? ¿Por qué no entramos juntos y la pasamos bien?
El mentecato de pobladas cejas se atrevió a tratar de levantar la falda de Atsuko, aunque ella lo evitó de un manotazo antes de que el bully saliera corriendo.
—¡Ven acá! ¡Esto no se va a quedar así, tarado! —Atsuko salió corriendo detrás de él. Amy buscó refugio dentro del baño.
De detrás de la puerta, el otro amigo de Hajime, quien siempre usaba un vistoso gorro de lana y una sudadera, a pesar del calor, la estaba esperando.
—Al fin solos maldita bruja —su voz era rara, Amy no lo conocía y jamás le había oído hablar.
—¡Nya! ¡Nya! Déjame sola, yo nunca te he hecho nada ¡Nya!
—No tienes idea mocosa —la tomó del cuello de la camisola, levantándola hasta que estuvo de puntillas —escúchame, no lo voy a repetir, no te acerques a Hajime. No le hables, no le sonrías de lejos, no pronuncies su nombre siquiera. ¿Entendido?
—¡Nya! Yo… él es quien siempre… ¡Nya!
—Dije: ¿Entendido? —los ojos, demasiado grandes para su cara delgada, miraron a Amy con odio y amenaza patentes.
Amy empezó a forcejear y manotear desesperada, el sujeto era pequeño comparado con Kei o Sato, pero aún era más alto y fuerte que ella. En un momento, le dio un golpe a la cabeza que le derribó el gorro. Un largo cabello negro cayó de dentro de la prenda.
—¡Golfa maldita! —Gritó mientras, tan rápido como pudo, recogió su gorro y salió corriendo, su voz mucho más aguda que momentos antes. Amy cayó al suelo cuando la soltó, así que solo pudo ver cuando su atacante abandonaba el baño a toda prisa. Se quedó ahí, impactada por lo que acababa de pasar.
Unos pocos minutos más tarde Atsuko entró. Se hincó para hablar con Amy.
—Amy ¿Estás bien? Perdóname, no imaginé que fuera una trampa, ¿Quién era esa chica que salió de aquí?
—¡Nya! Estoy bien Atsuko chan ¡Nya! No necesitas abrazarme tan fuerte ¡Nya!
—¿Estás segura? —apretó más fuerte —¿No te lastimó?
Los chicos llegaron a la puerta gracias a los mensajes de Atsuko. Cuando estuvieron seguros de que los bullys ya no estaban, emprendieron su camino. Sato y Atsuko hacia la estación; Keisuke y Amy hacia sus casas cercanas. Caminaban despacio, como el día anterior.
—No esperaba que fueras a cumplir tu promesa tan pronto Amy.
—Es… que lo que dijeron los chicos me inspiró, quiero que en algún momento todos lo sepan, tal vez así pueda sentir que es normal. ¡Nya! Perdona, ya no es nuestro secreto especial.
—Bueno —Kei tenía que admitir que de alguna forma, se había molestado, pero su naturaleza se impuso y prefirió ver a su amiga feliz —en realidad es un alivio, es algo de lo que podemos hablar, igual que el anime.
La sonrisa de Amy se hizo tan ancha como la del gato de Chesire, el de Alicia. Pero mucho más linda.
—Kei sempai… me gusta hablar contigo, ¡Nya! ¿Crees que sería posible ¡Nya! Que me dieras tu número? ¡Nya! Ya sabes, por si algo como hoy vuelve a pasar, o para seguir hablando de cosas del club, o de anime ¡Nya!
—Oh, Claro Amy, mira, aquí tengo el código si quieres escanearlo.
Cuando hubieron intercambiado números, Amy quiso hacer una llamada de prueba.
… Vuelo por la vida con estilo encantado, dejo mi huella en cada tejado…
El tono de Kei era aquella canción que Amy quería cantar.
—Tramposo, seguro lo acabas de cambiar —le hizo un puchero enojado que la hizo parecer aún más infantil —además esa es la versión de la vampiresa, cuando ella canta el tema porque la obligan a volver a trabajar.
—El episodio ochenta y ocho. Claro, que Michikel se queda sin tema porque la vampiresa lo vuelve un éxito y todos lo asocian con ella y no con él.
—Sí ¡Nya! Y por eso los fans le hicieron el tema no oficial. Hubiera querido estar ahí ¡Nya!, para participar, pero ese anime es de antes de que naciera. ¡Nya!
Se miraron un rato, ambos sabían lo que querían, pero ninguno creyó que fuera el momento. Siguieron caminando hasta que llegaron a la casa de Amy.
—¡Adiós Kei sempai! —dijo ella mientras corría a su casa y cerraba la puerta tras de ella.
El teléfono de Keisuke sonó de inmediato.
Kei estuvo demasiado contento, casi ni se preguntó si el síndrome de Tourette se manifestaba en mensajes de texto.
Charlaron toda esa tarde, aunque Kei a veces tardaba en contestar. No lograron ponerse de acuerdo sobre la invitación de Amy. Por lo que decidieron seguir hablando de eso más tarde. Además, conversaron sobre lo ocurrido en el baño de la escuela, las amenazas llevaron a Keisuke a proponer que pasaría por ella a su casa para irse juntos a la escuela.
Al día siguiente, Sato iba llegando a la puerta de la escuela cuando vio a sus amigos llegar juntos, pero decidió no albergar demasiadas esperanzas.
—¡Mira Sato! ¡Nya! —lo llamó Amy que abrazaba a un extraño muñeco, que era entre un niño, un vampiro y un gato, se veía un poco viejo —¡Kei me lo regaló! Es edición limitada, los daban de regalo en las tiendas de comida rápida en los noventa. Me lo trajo a casa, pero me encanta demasiado, quise traerlo conmigo.
—Oh, vaya, creo que recuerdo cuando lo conseguiste Kei, estabas muy contento de encontrarlo en aquella tienda…
—Ah sí, es verdad Amy, ¿Qué te parece si vamos a buscar esa tienda el fin de semana? Ya que hablábamos de salir a algún lado.
—¿Qué sucede chicos? —Atsuko se apresuró a alcanzarlos al ver que estaban todos juntos.
—Oh, nada, —Sato le respondió apartándola un poco mientras los otros dos ultimaban detalles de su plan —Kei le dio a Amy un obsequio con alto valor de coleccionismo y sentimental, y parece que planean salir sin nosotros el fin de semana.
—Y déjame adivinar…
—Exacto, aún no son novios.
—No sé si van demasiado lento, o demasiado rápido. No ha pasado ni una semana, es jueves de la semana de ingreso.
—Bueno, a aquellos dos no les pareció tiempo suficiente…
A lo lejos, donde estaban las zapateras, una chica desconocida besaba por la fuerza a un forcejeante Hajime.