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Amethyst Hearts · por Proferyo · 24 de julio de 2026

Ese mismo día, a la hora de salir, Amy volvió a aparecer en la puerta del primero “B”, donde sus amigos se preparaban para ir a casa. 

—Amy —Keisuke dejó sus cosas atrás para acercarse a ella —que bueno que hoy viniste. Esto… ¿vas a tu casa?

—Hola Kei Sempai, ¡Nya! sí, lo que pasa es que… 

Keisuke pudo ver a Hajime, recargado en el muro a algunos pasos de ellos, parecía que esperaba algo.

—Entiendo, por lo menos podemos escoltarte hasta la entrada.

—Vivo cerca de aquí, pero ayer ese sujeto me siguió a casa. ¡Nya! Me da mucho miedo.

—Kei —Atsuko se adelantó —Sato y yo tenemos que tomar el tren. Pero tú puedes llevarla hasta su casa ¿Verdad?

—Déjenmelo a mi, —se veía decidido —Papá no me espera hasta más tarde. Puedo desviarme un poco. 

Salieron hasta la entrada, Hajime pareció darse por vencido ahí mismo y tomó otro rumbo. Atsuko y Sato se fueron juntos hacia la estación, dejando a Amy y a Keisuke solos en la vereda.

Caminaron uno al lado del otro, Kei llevaba su bajo a la espalda y se veía enorme junto a Amy quien no podía medir más de metro y medio. Tomaron la tranquila calle que llevaba a casa de la chica charlando lo mejor que podían, pues aunque sus estaturas eran llamativas, lo que más notaban quienes los veían era que sus rostros estaban rojos como soles de atardecer usando pelucas.

—N…N…¡Nya!

—¿Estás bien Amy? —Kei se alarmó al escuchar el maullido que indicaba que Amy estaba nerviosa.

—S..Sii, ¡Nya! es solo que… tenía mucho miedo ¡Nya! perdona por importunarte, siempre te doy problemas ¡Nya!

—No te preocupes por eso Amy, siempre estaré para ti cuando aparezcan los idiotas. 

—O…oye ¡Nya! tu… ¡Nya! tu n… novia no se molestará si me acompañas? ¡Nya! —había necesitado todo su valor para preguntar, pero tenía que hacerlo.

—¿Qué? Oh, no, yo… bueno, ya no estoy con nadie. No hay quién se moleste.

Amy bajó la cabeza para esconder su sonrisa.

—Me… menos mal ¡Nya!

Siguieron caminando un corto tiempo. La casa de Amy era una muy pintoresca, con un pequeño patio al frente y un pórtico con escaleras. Parecía sacada de una serie de anime o una película occidental. Ella abrió la reja y subió las escaleras corriendo, descuidada, si Kei no hubiera sido tan alto, hubiera visto bajo la falda. Miró hacia otro lado por si acaso. Amy se detuvo en la entrada y le pidió esperar.

Cuando salió, tenía puesto un nekomimi, una diadema con orejas de gato del color de su propio cabello, incluso tenía luces moradas, como si de algún modo pertenecieran a su cabeza. Le habló desde la seguridad del pórtico.

—Kei… yo, amo a los gatitos por sobre casi todas las cosas, pero por mi condición, si la gente lo sabe, creen que estoy fingiendo. Me tratan mal y se burlan de mi, peor que hasta ahora. Por eso es mi secreto. Pero quiero que tú lo sepas. Tal vez un día le diga a los otros, pero por ahora…. NNNNNNNN ¡Nya!

Le había costado como nunca decirlo todo antes de maullar.

Keisuke pensó que no era tan secreto, recordaba la discusión por el nombre de la banda, aún así…

—Te prometo que nadie lo sabrá por mí. Tendrán que sacarme la verdad con tortura. Pero a cambio, prométeme una cosa.

—Lo que quieras Kei-Sempai.

—Algún día le dirás a todos, no solo a tus amigos, todos lo sabrán.

Amy ocultó la cara en las manos y gritó:

—¡Si! ¡Lo prometo! ¡Nya!

Antes de volver dentro de su casa corriendo y cerrar la puerta. Kei se fue poco después, con una sonrisa satisfecha.

Esa tarde, en casa de Atsuko, la pelirroja alta y bonita se miraba en el espejo de cuerpo entero del cuarto de su madre.

«Creo, que sí las extraño» 

Pensó mientras daba vueltas a un lado y a otro para ver sus botas. Eran un calzado llamativo, de piel, hasta la rodilla. Con lentejuelas y tiras de cuero al estilo texano. No iban contra las reglas de la academia por alguna razón. Pero tenía mucho sin usarlas. Y claro, su texana, ni siquiera se la había llevado a casa, seguía en la sala de ensayos, en una caja.

—Estúpido Hajime. Estúpidos mocosos. 

Puso la mano en el espejo y su vena saltó. ¿Porqué hasta Sato podía usar su boba bandana todos los días y a ella le decían vulgaridades?

—Estúpido Keisuke. Idiota, maldito tarado sin remedio, eres el rey de todos los estúpidos. Deberías usar una corona, pero seguro que hasta eso te queda bien.

Se relajó un poco, dio otro giro leve y se arremangó la falda, solo un poco, cosa de nada. Se veía arrebatadora. Sacudió la cabeza para desordenarse un poco el pelo. Se miró y se encantó a sí misma. Lo que veía era exactamente lo que quería ser. Solo le faltaba un detalle. 

Unas cuantas manzanas mas lejos, Sato dejaba su mochila y se echaba sobre la cama. Tenía muchas ganas de ensayar, pero su batería estaba en casa de Kei. Quería hablar con alguien, pero no era un buen momento. Keisuke estaría quizá teniendo su gran confesión con Amy, y Atsuko, bueno, apenas se habían despedido, no quería parecer empalagoso. Además, de seguro no era tampoco prudente molestarla. 

Se quitó la bandana antes que el resto del uniforme, miró la cicatriz de su frente en el espejo del baño. Ser diferente en su caso no era algo que pudiera esconder, era obviamente extranjero, aunque usara el apellido de su madre. Pero por suerte era fuerte y tenia a su amigo cerca. Solo esa vez había estado solo.

La banda de desadaptados crecía, tal vez ahora sí pudieran demostrar lo mucho que valían, y si no, por lo menos, Sato se estaba divirtiendo más que nunca. Y quizá por fin Keisuke también podría aprender a ser él mismo. De una vez por todas.

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