6 de abril de 2023, otro día más en la vida de Alex en su puesto de guardia de seguridad en un centro comercial. Estaba aburrido y cansado de estar de pie frente a una tienda de ropa, en su mente solo podía sentir una cosa: ganas de estar tranquilo en un asiento, dio un bostezo profundo y somnoliento mientras se acomodaba las partes del uniforme que le molestaban. Quería acabar su turno para quitarse el traje que él considera una tortura.
Pese a haber heredado una gran cantidad de dinero no quería gastar ni un solo centavo más, quería ahorrarlo todo por lo que pueda surgir y por eso seguía trabajando ahí, recordó también la vez en la que Evelyn le dijo que ella le podía ayudar con los temas económicos, pero el negó al decirle que no se preocupe por él y que se preocupe por su futuro hijo.
Mientras veía la gente entrar y salir de la tienda también tenía en mente al futuro hijo de Mark y Evelyn, aún no habían hablado del nombre que tendrá el niño que ya tenía más de 3 meses de gestación. Estaba impaciente por todo, ver su aspecto, cuidar de él como si fuera suyo y contarle de su padre, entre cientos de cosas. Estaba completamente sumido y relajado en sus pensamientos mientras sonreía.
Para su mala suerte, el momento de paz y tranquilidad que había desarrollado por un minúsculo instante sería cerrado cuando la alarma de la tienda sonó. Un repetitivo, molesto y chirriante sonido que no se solía oír a menudo le tocó a él experimentarlo por primera vez mientras veía a una mujer salir de la tienda a la vez que la alarma sonó. Le molestaba tener que hacerlo, pero era su trabajo, tenía que asegurarse que no robara nada la mujer. Vestía una gabardina de cuero, un par de botas y un par de guantes; tenía una imagen bien cuidada, de pelo castaño corto y un pequeño bolso en su hombro izquierdo. Alex se acercó a la mujer.
— Buenos días, señorita, —comenzó Alex mientras se paraba frente a ella— no se lo tome a mal, pero necesito que me muestre el bolso. —dijo con seriedad y un poco de timidez en su voz—
La mujer no respondió al momento, no quería enseñárselo, pero finalmente dijo sus primeras palabras
— No puedo hacerlo... —dijo mientras apartaba su mirada del rubio— ¡Es una violación a mi privacidad!
— En este caso hay una razón para que me lo muestre, no la estoy acusando de nada, pero es mi trabajo señorita. ¿Va a colaborar o prefieres seguir con el numerito? —contestó con tono de broma, no se tomaba en serio a la mujer—
La mujer de la gabardina no quiso responder, su único intento de argumentar no le salió bien y ahora estaba aún más obligada a mostrarle el bolso.
— Si no lo vamos a hacer aquí y ahora la tendré que llevar a la sala de seguridad, ¿Seguro que quiere eso? —dijo tratando de asustarla para que ceda, ya que tampoco quería usar la fuerza. Pero ella seguía sin responder, dejándole sin más opción— Ugh, bien, así tendrán que ser las cosas, pero no digas que no te lo advertí, ¿Vale?
Con ello, Alex y la mujer pasaron por el centro hasta la habitación de seguridad: una pequeña sala usada para interrogar sospechosos de cometer algún robo en el centro, con una mesa y una silla, una situación así le trajo recuerdos de su época como un simple policía. Por primera vez en mucho tiempo iba a volver a interrogar a alguien y eso lo llenaba de una extraña felicidad.
— Bien señorita, ya que no quiso colaborar me veo en la obligación de ponerme solo un poco más serio. ¿Si no tienes nada que esconder, me permites ver lo que hay en el bolso y su licencia de conducir? —dijo con una pequeña sonrisa que sacaba de quicio a la mujer—
— Tch... de acuerdo, tu ganas. —contestó molesta mientras le entregaba su licencia y su bolso— Pero no desarregles nada del bolso.
— Muchas gracias, solo te tomó un poco de privacidad. —dijo con tono burlón—
Alex revisó su bolso, notando que no había gran cosa, solo objetos cotidianos y pertenencias como cualquier otra, en un inicio parecería que todo fue un malentendido. Y luego vio su licencia de conducir, se quedó perplejo al leer el nombre: “Alice Smith”, su mirada y pensamientos cambiaron en menos de un segundo. Su expresión antes seria y segura de sí mismo pasó a estar en shock y emoción, sus ganas de acabar con el interrogatorio cuanto antes cesaron y solo se cambió por constantes “no puede ser” y “no hay modo” mientras se quedaba mirando a la mujer.
— ¡Ey, vamos! Devuélveme eso venga, ¿Ya viste que nunca robé nada? —dijo la mujer mientras traía de vuelta a Alex— Y por qué te fijas tanto en mí y en mi licencia, ¡Tampoco salgo tan mal en la foto!
—A Alex le costó escoger bien sus palabras, pero finalmente salieron— ¿A-Alice? ¿Alice Smith?
— Si, genio, así me llamo veo que sabes leer bien. ¿Me lo vas a devolver ahora? —dijo mientras alzaba su mano para agarrar su licencia—
—Alex tragó saliva— S-soy yo Alice... Alex.
—La mujer se quedó pensando por un corto momento mientras se quedó viendo a Alex fijamente, hasta que sus ojos comenzaron a abrirse de par en par— ¿Alex? ¿¡Alex Wilson?! ¡Claro, por eso tu cara me sonaba tanto y sobre todo, ese rubio tan característico tuyo! —Alice se levantó de su asiento y sin dudarlo le dio un abrazo a su antiguo amigo—
Alex se sorprendió del ánimo con el que su vieja amiga se lanzó hacía él, pero era imposible molestarse en un momento así, simplemente reaccionó devolviéndole el abrazo. Por un momento, uno agradable, aliviador y lleno de emociones, nada de lo demás importaba mientras ambos permanecieron abrazados. Hasta que Alice rompió el abrazó para hablar.
— Quién lo habría imaginado, que por robar un trapo cualquiera me terminaría reencontrando contigo... me hace muy feliz eso... —dijo mientras le salía una pequeña lagrima—
— Sí... es cierto, pero qué bueno que pasara, ¿No? —contestó Alex mientras resistía las ganas de gritar de alegría—
— Y dime, ¿Qué tal te ha ido? —preguntó Alice con un tono relajado—
— Ya me ves, como un guardia en este centro, podría decirse que bien, ¿Y tú?
— Lo mismo puedo decir, salvo lo de guardia en este centro. Me volví representante legal y asistente financiera.
— Me alegro de que todo saliera bien, Alice. Como puedes ver ahora estoy de servicio, ¿Te gustaría que cuando acabe mi turno salgamos a tomar algo, hablar, recuperar el tiempo perdido? —preguntó con una sonrisa—
—Alice sonrió— ¡Cuenta con ello!
—Alex dio un suspiro de felicidad— Bien, entonces vámonos. Pero un momento... —se detuvo antes de abrir la puerta— Abre tu gabardina.
—Alice se sonrojó— ¿¡Q-qué estás diciendo idiota?! ¡No le digas eso a una persona con la que te acabas de reencontrar!
—Alex suspiró— No es por eso, tonta. Acabo de recordar que confesaste que, si robaste algo, y si no está en tu bolso está en tu gabardina. Venga, dame lo que robaste. —dijo con voz cálida—
—Alice hizo caso, abrió su gabardina y sacó la prenda que tenía escondida— Tch, que mala suerte que tuvieras que ser tú, cualquier otro hubiera seguido sin siquiera pensarlo. Supongo que sigues siendo tu realmente, eso es bueno. —dijo mientras le entregaba la prenda— Y que conste que no lo hice por pobreza, simplemente no quise pagar 200 dólares por eso. —dijo mientras salía— Nos vemos, Alex. —se despidió con una sonrisa—
Alex con la prenda en su mano se quedó viendo a Alice marcharse por donde entraron mientras sonreía de felicidad, nunca había tenido tantas ganas de acabar su turno y lo único que tenía que hacer era esperar.
Tras ello, volvió a su trabajo, estaba impaciente y ansioso por su encuentro con Alice. Los minutos pasaron, solo tenía que esperar unas cuantas horas, pero se le estaba haciendo eterna la espera, estaba tan ansioso que ya no le importaba su incomodo uniforme, quería ir cuanto antes con ella y recuperar los buenos momentos que pasó con ella. Siempre fue una persona paciente pero ahora no podía serlo, cada vez quedaba menos.
Cuando su turno acabó, no perdió ni un segundo y rápidamente se despidió de sus compañeros de trabajo y jefe, se cambió de ropa en un baño y la pesadez de su uniforme desapareció, el momento que había esperado toda su vida al fin había llegado y estaba listo para disfrutarlo al máximo. Salió del centro comercial y ahí estaba ella, esperándolo.
— ¿Te hice esperar? —comenzó Alex con una sonrisa—
— Casi 20 años para ser exactos, pero por un poco más no tengo problema. —respondió con seguridad— Me pude entretener de mientras así que no te preocupes. Ven, tengo el coche cerca. —dijo mientras se puso a caminar—
Alex la siguió, caminaron por la calle fuera del centro comercial, ya estaba anocheciendo así que para ambos sería más acogedor su quedada. Caminaron un rato por la calle en silencio, pese a conocerse de antes, en ese momento a ninguno se le ocurrió algo de decir hasta que llegaron al coche de Alice. Era un Mercedes-Benz de color plateado, Alex se quedó sorprendido ya que eso demostraba lo bien que le fue en su vida, ambos entraron.
—Alex se sentó en el asiento del copiloto y se puso el cinturón después de que Alice hiciera lo mismo— Buen coche, se ve que realmente te fue bien como representante legal y esas cosas, ¿Eh?
— Me alegra que te guste, aunque no lo suelo usar a menudo, esta vez fue una ocasión especial. —contestó mientras puso el coche en marcha— Entonces, aspirante a policía, ¿A dónde vamos?
— Conozco un buen restaurante por la ciudad, yo te guio, adelante. —informó mientras la miraba con una sonrisa—
El coche se puso en marcha hacía uno de los tantos lugares para comer que Alex conocía.
—en el coche hubo algo de silencio hasta que Alex empezó a hablar— Entonces, ¿Que te trae por aquí? No creo que estés en San Francisco porque sí, ¿Verdad?
— Lo notaste, ¿Eh? —Alice soltó una pequeña risa— Bueno, podemos hablar de algo en lo que llegamos a tu lugar misterioso. Vine aquí hace una semana a firmar unas cosas en nombre de la empresa en la que trabajo como ultima tarea antes de tomarme unas vacaciones, como andaba de paso decidí quedarme aquí un tiempo en un hotel. ¿Y tú? ¿No ibas a convertirte en policía o algo así?
— La verdad es que, si lo conseguí por un tiempo, pero pasaron cosas y me terminaron moviendo a San Francisco, me terminó por gustar más la vida que había aquí así que me mudé. Hay más que contar, pero prefiero dejarlo para la cena.
— Que misterioso, no te recordaba así. —Alice soltó una pequeña risa— Como quieras oficial Wilson. —Alice se quedó en silencio un momento— Y... tu relación con tu madre, ¿La pudiste solucionar?
Alex se quedó callado, durante su infancia y adolescencia Alice lo ayudó y le dio ánimos para tratar de llevarse mejor con su madre, sabía que ella no preguntó con mala intención, pero la pregunta le tomó por sorpresa. Igualmente, no se molestó y respondió.
— Falleció hace varios días. —soltó Alex— Fuiste un gran alivio en aquel entonces, pero nunca pude mejorar mi relación con ella... al menos en vida, me dejó toda la herencia y aun trato de buscarle un buen uso a ella. —dijo mientras se fijaba en la cara de Alice, mostraba algo de incomodidad por la respuesta, no quería parecer insensible y Alex lo notó— Pero no te preocupes por ello, en sus últimos momentos de vida me dedicó una carta de disculpas que decidí aceptar, creo que puedo decir que esa parte de mi vida acabó. Aunque agradezco tus apoyos en aquel entonces, lamento que nunca llegaran a servir de algo.
—Alice recuperó sus formas— No te preocupes por ello, no te tienes que lamentar, al menos las cosas terminaron de un modo satisfactorio, ¿No crees? —Alice miró a Alex y ambos sonrieron—
Durante el resto del trayecto ambos se la pasaron bromeando y recordando buenos momentos, pero ambos compartían la misma mente y no querían decir todo lo que les pasó en ese tiempo sin siquiera sentarse a cenar. Así que llegaron al restaurante, pidieron mesa y se sentaron; el restaurante era pequeño pero acogedor y con un muy buen servicio que dejó a Alice sorprendida. Ambos rieron por un rato mientras les traían los platos, hasta que el momento llegó.
— Bueno, señorito Wilson, ¿Ya me vas a contar que tal de tu vida o te vas a seguir haciendo el interesante con tu vieja amiga? —dijo Alice mientras comía de su bistec de ternera.
—Alex sonrió, hacía mucho que no se lo pasaba tan bien con alguien— Ah, bien, supongo que no tengo más opción. Como te dije, me volví policía, pero después de eso conseguí escalar un poco más hasta convertirme en parte del FBI. Pero pasaron cosas y lo terminé dejando, como pudiste ver, terminé como empleado en ese centro comercial. —terminó tomando un poco de su copa de vino—
—Alice quedó sorprendida— Vaya, quién lo hubiera imaginado, el rico y privilegiado Alex Wilson como agente del FBI, tienes un muy buen historial. —quedó callada un momento— Y si no te importa que pregunte... que cosas pasaron para que tuvieras que abandonar semejante trabajo, me imagino que fue un puesto estresante, pero, es curiosidad más que otra cosa.
—Alex no tenía ningún problema con ello, le iba a contar todo, quería ser completamente sincero con su amiga— No te preocupes, la verdad es que fueron muchas cosas, pero puedo empezar por el estrés como bien dijiste. Pero antes de ello pasó cierta historia... supongo que ya has oído hablar de Mentalis, ¿No?
— ¿Mentalis? ¿El superhéroe con telequinesis que salió en tantos videos enfrentándose a un hombre con varios brazos o algo? ¿Qué tiene que ver eso?
— La verdad es que yo me relacioné con él, digamos que descubrí su identidad y una cosa llevó a la otra y terminé ayudándolo en todo, aún hoy en día...
—Alice se quedó más sorprendida que nunca, de todas las cosas que esperaba que le pasaran en San Francisco, saber que su antiguo amigo ayudó a un ser humano con poderes mentales no fue una de ellas— No puede ser... —Alice soltó una pequeña risa, aunque parecía una mentira, sabía que Alex no era de esos. Aún después de tantos años se sigue acordando de su personalidad— Quién lo hubiera pensado, supongo que un caso peculiar como tú está destinado a juntarse con casos peculiares. ¿Y a que te refieres con “aún hoy en día”, no que este Mentalis cayó en coma o algo así?
— Sí... trato de evitar de que el gobierno lo analice y eso, pero aparte, guárdame este secreto... —se acercó a ella para susurrarle algo— Estoy ayudando a su mujer y su futuro hijo.
Alice se quedó sorprendida de ello, toda esa información la descolocó y entendió que si Alex le dijo todo eso es porque no miente y que aún tras tantos años sin haberla visto sigue confiando en ella y la ve como un igual. Se quedó viéndolo por un momento, notando su mirada algo triste, entendía que había pasado por mucho durante todo ese tiempo y no le iba a defraudar otra vez según ella.
— Si que pasaste por mucho, ¿Eh? —dijo Alice— No te preocupes, siempre que necesites algo de ayuda, te podré ayudar como en los viejos tiempos. Sigo siendo tu amiga al fin y al cabo, ¿No es así? —dijo con una sonrisa de confianza y serenidad mientras le tomaba la mano—
— No lo dudes, Alice. —contestó mientras le devolvía la sonrisa—
Ambos amigos pasaron el resto de la noche cenando y charlando de sus vidas, riendo, recuperando el tiempo perdido y disfrutando de la compañía del otro, los dos estaban tan contentos por su encuentro que no dudaron ni un poco en prometer verse más a menudo en los siguientes días, semanas o meses. Promesa que terminaron por cerrar cuando salieron del restaurante y cuando Alice llevó a Alex a su hogar. En donde se despidieron como solían hacerlo, “Hasta luego” dijeron al unísono antes de ir cada uno por su lado.
Después de ese día cumplieron la promesa al reunirse cada vez más a menudo, en el mismo restaurante donde hicieron la promesa, en la calle, en el hogar de Alex e incluso durante su puesto de trabajo. Cada momento en donde ambos podían reunirse lo aprovechaban al máximo para que el recuerdo de su amistad deje de ser un simple recuerdo del pasado y se vuelva en la relación recíproca que siempre fue a diario. En uno de sus tantos días, Alex y Alice prefirieron algo más calmado en un simple parque.
— ¿Sabes Alex? Estos días han sido más que buenos, hacía mucho que no me lo pasaba así de bien con alguien. Supongo que es lo normal teniéndote a ti como un acompañante, el caso es, que no me arrepiento en lo absoluto de haber robado ese trapo en el centro comercial. —dijo Alice con una sonrisa mientras el aire golpeaba su rostro—
—Alex se quedó callado, no sabía cómo responder a algo así, pero encontró sus palabras— Me alegra que pienses eso, a mí también me hace muy feliz haberme reencontrado contigo. —dijo con una sonrisa cálida mientras la veía— Además Alice... hay algo que tengo que decir... la verdad es que yo-
— Te gusto, ¿No es así? —interrumpió mientras sonreía, anticipando sus palabras—
—Alex se sonrojó y se puso nervioso— ¡¿Q-qué?! ¡¿C-cómo supiste que yo iba a decir eso?!
—Alice dejó escapar una pequeña risa— Porqué siempre fue muy obvio, desde que eras niño siempre me miraste así, me acuerdo perfectamente de esos intentos de hacer que no era nada. —dijo con un tono de nostalgia mientras se recostaba en el banco en el que estaban sentados— Quizás por eso nunca mientes, porque no eres bueno. —soltó a modo de broma—
Alex no supo que más decir, pensaba que se veía patético por algo así, pero Alice lo regresó a la realidad.
— Ey doradito, no tienes por qué preocuparte, a todo el mundo le pasa algo así supongo. Además, mírame, no te ves patético por algo así.
Alice giró su cabeza hacía ella y le dio un beso por sorpresa, los labios de ambos se fundieron en una muestra del amor verdadero que ambos sentían el uno por el otro desde que eran niños. Tanto Alex como Alice fueron sus respectivos refugios durante cierto tiempo de sus vidas y tras casi 20 años sin volver a verse, todos los sentimientos que tenían guardados al fin salieron.
Ambos separaron sus labios lentamente mientras ambos se sonrojaban, sobre todo Alex. Alice trató de parecer firme con su decisión, pero en verdad también estaba nerviosa y sonrojada cuando giró su cabeza hacía otro lado.
— ¿N-no era obvio también que tú también me gustabas? —dijo con un poco de timidez mientras sonreía—
Alex no respondió al momento, solo se quedó viéndola mientras le sonreía, toda su vida estuvo enamorado de ella y por fin pudo hacer algo al respecto, aunque luego fuera ella quién tomara el control de la situación por un momento. Pero el rubio tenía una cosa clara, iba a pasar todo el tiempo que haga falta con ella y ayudarla del mismo modo que seguirá ayudando a Mark, Evelyn y el futuro hijo de ambos. Era una promesa que nunca juró en palabra pero que iba a estar dispuesto a cumplir, aunque le costara la vida.
Porque estás fueron las decisiones que Alex tomó sin segundos o terceros de por medio, era lo que él quería hacer pase lo que pase y lo iba a estar haciendo con una sonrisa y la mirada en alto. Ambos se miraron una última vez más antes de darse la mano y que el viento golpeara los rostros de ambos, lo que los llenó de una gran felicidad.