Alex se había puesto de pie, estaba nervioso y extrañamente impaciente, dio un suspiro antes de abrirla con sus manos temblorosas y sudorosas. Sabía que, si no era ese momento, no sería capaz de abrirla y seguramente terminaría tirándola y quemándola. Pero por más que deseara no abrirla, lo consiguió.
Sacó la nota que había dentro y comenzó a leer su contenido:
“Alex, hijo mío, cuando leas esta carta seguramente esté muerta y no podrás echarme todo el odio que has sentido hacía mi desde que naciste... no puedo estar más avergonzada por ello. He sido bastante egoísta contigo, es un hecho, la razón de tu nacimiento fue egoísta, el trato hacía ti también lo fue, cada aspecto de tu vida en donde yo estuve lo fue. Por ello, lo menos que puedo hacer como tu madre y como la persona que más daño te ha hecho en tu vida, es entregarte a ti toda la fortuna que hemos tenido yo y tu padrastro.
No es algo que seguramente te vaya a hacer ilusión, lo sé, aceptar el único regalo que una persona como yo te ha dado no es algo fácil de digerir. Haz lo que quieras con todo lo que te he dejado, quémalo todo, repúdialo, no lo uses, dáselo a quién quieras si te parece correcto; pero por favor, déjame darte lo único que me queda en este mundo.
No pido que me entiendas por todo lo que te he hecho, fue imperdonable cada aspecto y no merezco perdón alguno. Debí prestarte atención y ayudarte cuando más lo necesitabas, aún mientras estoy escribiendo esta carta siento tristeza por todo. Mis manos están temblando y lagrimeando constantemente.
Es posible que te preguntes por qué nunca traté de intentar arreglar las cosas... la verdad es que desde que tu padrastro murió a veces sentía ganas de tratar de hablar contigo, pero nunca tuve el valor suficiente para ello... ni siquiera en mis últimos momentos de vida tengo las agallas necesarias como para pedir perdón en persona a mi propio hijo, ¿Es patético verdad?
Si hay algo que debo decirte aparte de todo eso... es que mientras ejercías como policía y agente del FBI te veía en la televisión hablando, cada vez que lo hacía estaba segura de que a pesar de todo el daño que te he causado te has mantenido firme y ayudado a los demás. Me siento muy orgullosa de ti por ello, saber que pese a todo lo que he hecho, has conservado un corazón dorado y puro dispuesto a todo.
No sé qué más decir sinceramente, todo lo que tenía que confesar lo he dicho. Espero que sigas el camino que has escogido y que permanezcas firmes en tus ideales, te has convertido en la mejor persona posible proveniente de una familia como nosotros. Te deseo mucha suerte en la vida, hijo mío.”
Tras terminar de leer, Alex estaba estupefacto, no sabía que pensar al respecto. Su madre, una de las personas que más había odiado le había dicho todo eso y ni siquiera pudo despedirse de ella. Dejó caer la carta mientras comenzó a secarse un poco las lágrimas que bajaban su rostro, suspiró profundamente y su siguiente paso fue rápido y sin perder mucho tiempo.
Se dirigió hasta el hospital que le habían indicado para ver el cuerpo de su madre, ahí la vio, completamente inmóvil y bien conservada para dos días de su fallecimiento. Lo primero que pidió fue un poco de tiempo a solas y comenzó a derramar lágrimas a chorros sobre su cuerpo.
— Idiota... ¡Solo tenías que intentarlo! —dijo mientras lloraba encima de ella, claramente golpeado por el dolor. Aunque no lo dijera completamente, siempre quiso pasar tiempo con ella—
Tras ello, Alex se calmó y pidió que se organizara un funeral para ella, en donde solo él y algunos empleados y amigos de ella estuvieron presentes. Los días pasaron y Alex gastó del dinero de su herencia en algo digno, incluyendo un cura con el que Alex mantuvo una conversación una vez acabó el entierro.
— Entonces, hijo mío, ¿Ya te encuentras mejor? —preguntó el padre a Alex sentado en uno de los asientos—
— Sí, padre, pese a todo lo que pasó... debo de ver que al menos ella tuviera el valor de disculparse por todo. Al fin y al cabo, siguió siendo mi madre, lo mínimo que pude hacer es asistir a su funeral... ¿No cree?
— Es cierto, no debemos dejar que el mal tome el timón de nuestros caminos... —el padre miró hacía la nada por un momento— Debemos mantener la esperanza de que lo que queremos, sea conseguido, debemos esforzarnos y tener la fe de que un futuro mejor llegará y enmendar nuestros errores.
—Alex se quedó en silencio, sabía que era cierto— Tiene razón padre... usted se ve como alguien que realmente pasó por mucho y aún parece feliz con su vida. —Alex se levantó de su asiento dispuesto a darle un apretón de manos— Muchas gracias por los ánimos, padre...
—el padre permaneció en silencio, él también sabía que no se equivocaba, pero solo respondió a su última palabra— Liam, me llamo Liam —contestó mientras le devolvía su apretón—
— Fue un placer conocerlo, espero que nos veamos algún otro día. —dijo Alex con una sonrisa en su rostro—
— Seguro que lo haremos Alex, buena suerte —contestó el padre con una sonrisa de orgullo—
Alex marchó, fue el último en irse del funeral, todos los demás ya se habían ido. Pero antes de hacerlo, dio un último vistazo a la tumba de su madre en la cual dejó un gran ramo de flores en señal de que la perdona pese a todo lo ocurrido.
Con ello sonrió y salió del cementerio, miró hacia el cielo y mientras el viento golpeaba su cara sonreía, dispuesto a hacer caso a la última voluntad de su madre, seguir mejorando y mantener sus ideales firmes. Iba a seguir ayudando a sus seres queridos pase lo que pase hasta su último aliento.