27 de marzo de 2023, la mañana era fría, pero a la vez acogedora con una brisa atrapante que llenaba la habitación y hogar de Alex. Tras su dimisión del FBI al que tanto tiempo de su vida le había dedicado, solo necesitaba una cosa: un trabajo nuevo del que vivir, sabía que no sería fácil pues desde hace mucho tiempo no había tenido una entrevista o algo por el estilo y que por pasar tantos años en el mismo lugar no tenía la suficiente experiencia en otros lugares.
Hizo llamadas durante ese tiempo a toda clase de lugares con tal de ser empleado en uno, no parecía que hubiera algo destinado a él, “al fin y al cabo, no todo el mundo contrata todos los días a un exagente del FBI” pensó. Pero finalmente, le hicieron la llamada para un puesto de trabajo como guardia de seguridad en un centro comercial, no era la gran cosa, pero le servía. Así empezó su jornada tras esperar lo suficiente.
— De agente del FBI y ayudar al fenómeno de Mentalis... a guardia de seguridad en un centro comercial. —se dijo a si mismo con humor sacándose una sonrisa, podría ser patético a la vista de otros, pero él no se sentía tan disconforme— Cambiar los aires es bueno supongo.
Así pasó todo el día, observando a la gente del centro pasar, vigilando en caso de robos y problemas y sobre todo... arreglar todo el día el traje de seguridad que tanto le incomodaba, le gustaba tener su propio estilo al vestir, pero tenía que ser profesional. Tras un exhausto día en su nuevo trabajo, puso rumbo hacía su hogar y sin esperar en lo absoluto, se quitó su nuevo uniforme con ilusión y durmió sin siquiera cenar, era lo único que quería en ese momento.
Para su suerte, al día siguiente no tendría que ir a trabajar así que durmió más tiempo, o eso es lo que él querría de no ser por la llamada que le hicieron.
El repetitivo tono de llamada de su teléfono lo sacaba de quicio y abrió los ojos lentamente con ganas de destrozarlo, pero se abstrajo. Aceptó la llamada del misterioso número que había en la pantalla y jamás pudo esperar lo que escucharía.
— Buenos días, ¿Estoy hablando con Alexander Wilson? —preguntó la voz de un hombre—
— Sí, ¿Quién es?
— Me llamo Logan Matthews, soy el abogado de la señora Olivia Wilson, la cual si tengo bien entendido es su madre. ¿Me equivoco?
—Alex se terminó de despertar al oír ese nombre y tragó saliva, era un nombre que no deseaba escuchar en lo absoluto y su expresión cambió— Si, es mi madre, ¿Qué es lo que sucede?
— Verá señor Wilson, lamento informarle sobre la noticia de que su madre ha fallecido.
Alex se quedó atónito, lo último que esperaba escuchar era una noticia así. Cada pelo de su piel se erizó por completo y no supo cómo responder. Su mente estaba perdida a causa de la noticia, no estaba preparado para enterarse de algo así, él necesitaba tiempo para afrontar algo así. Pero cuando se dio cuenta, ya habían pasado cinco minutos desde que le dijeron la noticia.
— ¿¡Señor Wilson, sigue ahí?! —preguntaba el abogado del otro lado de la llamada—
— ¡S-sí! —contestó altamente, algo avergonzado por haber hecho esperar junto al nerviosismo causado por la noticia— ¡Sigo aquí disculpe! —Alex tragó saliva nuevamente— Y... cuál fue la causa...
— No tengo todos los detalles, pero según el veredicto de un experto, fue a causa de una enfermedad que terminó por afectarla hace dos días. De todos modos, creo que es mejor que venga.
— Sí... tiene razón. —afirmó con un tono de voz bajo y vacío—
Con ello, Alex puso rumbo hacia la notaría en donde se encontraba el abogado. Alex no perdió tiempo y fue vestido con unas prendas mal arregladas, su pelo despeinado y una mirada que indicaba que se acababa de despertar y que ni siquiera se había aseado.
— Señor Wilson, un gusto conocerlo en persona. —comenzó el abogado dándole un apretón de manos— Supongo que es hora de que vea los detalles, ¿Está preparado?
— Sí, lo estoy. —contestó con firmeza—
Tras ello, los dos caminaron por los amplios pasillos de la notaría hasta llegar a una habitación cerrada que estaba vacía, había tan solo unas cuantas sillas y una gran mesa. El olor de la habitación era bastante único, que metía a las personas que entraban ahí en una mezcla de emociones y pensamientos como la melancolía y nostalgia, algo que Alex sintió, pero se mantuvo firme.
Ambos se sentaron en una de las tantas sillas que había y el abogado, Logan, comenzó. Logan le informó de los detalles del fallecimiento, empezando por la manera en que la encontraron cuando un asistente de la mansión en la que ella vivía trató de despertarla, pero fue inútil.
Siguiendo al momento en donde una ambulancia llevaría su cuerpo y lo analizaría, viendo numerosos síntomas de insuficiencia cardíaca, lo que terminó en una muerte asegurada mientras dormía. Continuando con que trataron de contactar con Alex tras su muerte, pero nadie consiguió contactar con él, algo de lo que Alex estaba bastante avergonzado.
Tras darle algo de tiempo a Alex de procesar toda la información, Logan le entregó dos sobres, uno que contenía una carta y otro que contenía la herencia que su madre le había dejado, además de informarle el hospital donde se encontraba su cadáver. Cuando Alex abrió el sobre de la herencia, no pudo creer lo que había ahí, una suma de dinero de 948.578 dólares y la mansión en la que vivía, valorada en más de 20 millones de dólares, entre otros bienes. A Alex no le sorprendía la cantidad de dinero, le sorprendía el hecho de que su madre le dejara todo eso a él.
— Y... dice que todo esto ahora me pertenece, ¿No es así? —preguntó mientras se preparaba para firmar el certificado—
— Solo si lo firma, sin duda es usted muy afortunado, señor Wilson. —contestó Logan— De seguro su madre lo quería mucho como para dejarle todo eso.
Alex se quedó callado, tras escuchar eso no quiso hablar del todo, solo se limitó a firmar. Y agarró la otra carta.
— ¿Y esto es? —preguntó Alex mientras movía la carta entre sus dedos—
— Solo sabemos que es una carta de despedida, al parecer su madre ya sabía su destino y lo último que hizo con sus últimas fuerzas fue escribirla. Desconocemos el contenido que hay escrito, si quiere leerla en su privacidad, es libre de ello. Por lo demás, todo está completo ya.
— Sí... muchas gracias. —dijo Alex mientras se levantaba y guardaba la carta en un bolsillo, listo para irse—
Ambos se despidieron y Alex marchó hacía su hogar, no estaba de humor para leer la carta en ese momento y ni siquiera sentía algo por tener una herencia tan grande.
Lo único que buscaba, era tomarse su tiempo y pensar.