Hiroshi se encontraba caminando hacia un escalofriante pasillo, donde frente a él se encontraba una extraña puerta; se miraba desgastada y cubierta con varios papeles talismanes, como si algo quisiera ocultar. El entorno se oscurecía conforme más avanzaba Hiroshi, cada vez más cerca se escuchaban goteos, y de esos goteos murmullos extraños… el ambiente se volvía más sombrío, hasta que una voz familiar lo llama.
—¡Buenos días Hiroshi! —dijo la voz, mientras que Hiroshi empezaba abrir los ojos—. Ya es de mañana.
Se trataba de Tomoki, quien despierta a Hiroshi de ese extraño sueño, pero no reacciona de una buena manera.
—¡Ah! —gritó Hiroshi, mientras se levantaba espontáneamente, chocando con la cabeza de Tomoki.
—¡Auch, que fue eso! —reclamaba, mientras sobaba su cabeza—. Tienes la frente muy dura.
Hiroshi de igual manera se sobaba la frente mientras se levantaba, pues ambos se dieron un golpe bastante fuerte
—Perdón, me sorprendiste. —dijo, mientras notaba que aún no amanecía—. ¿Qué hora es?
—Son las 5:00 a.m. —respondió entusiasmado.
Hiroshi al escuchar que lo levantó tan temprano, no le da tanta importancia y opta por volverse a acostar.
—Despiértame en una hora. —añadió, ya recostado—. Es muy temprano.
Eso no fue bien visto por parte de Tomoki, así que toma la sabana de Hiroshi y la jala junto con el.
—¡Ya levántate, en una hora es tu entrenamiento! —gritó, dejando pasmado a Hiroshi—. ¡Debes prepararte, y no nos culpes si no alcanzas agua caliente.
Hiroshi, ya atónito por los gritos de Tomoki, se levanta de su cama.
—Ya estoy despierto, qué agresividad. —reclamó, tambaleando aún lado de su cama.
—Te dejé un keikogi, para que entrenes con más libertad. —mencionó, retirandose de la habitación.
*Dato: El keikogi es un uniforme de entrenamiento utilizado en las artes marciales. También se les conoce con los términos dōgi o gi.
Hiroshi se alista y sale hacia el patio del templo, donde será su entrenamiento.
Tomoki y Hajime lo estaban esperando afuera, mientras que Hiroshi se acercaba, Tomoki lo miraba con una sonrisa al verlo con el uniforme.
—Te quedó muy bien… —mencionó—… creí que iba a quedarte algo grande.
—Si, no está mal, aunque siendo blanco es más probable de que se ensucie. —señaló, notando que su vestuario no era igual que el de sus compañeros—. Por cierto, ¿porque los suyos son diferente al mío.
Tomoki y Hajime vestían un hakama negro bastante elegante.
(El hakama hoy en día tiene la misma función que un keikogi pero siendo más común en eventos formales, ceremonias y en enfrentamientos. En tiempos pasados era utilizado por samurais y muy prácticos para el movimiento a caballo).
—Porqué eres principiante, cuando tengas el potencial de un cazador tendrás uno como el nuestro. Así que da lo mejor de ti. —respondió mientras se preparaban para irse.
—Buena suerte. —añadió Hajime.
Tomoki y Hajime estaban a punto de irse, pero Hiroshi los detiene confuso, pensando que ellos lo iban a entrenar.
—Esperen, ¿no iban a entrenarme?
—Tenemos cosas que hacer, debemos comprar la comida. —respondió Hajime, mientras caminaba hacia el templo.
—Descuida, alguien más se encargará. —añadió Tomoki, llendo detrás de Hajime.
En eso Masaki pasa a un lado de ellos, saliendo al patio. Va hacia Hiroshi, usando un vestuario idéntico al de él.
—Buenos días Hiroshi, yo te entrenaré. —comentó mientras hacía una reverencia frente a él—. Espero que estés preparado, no será un entrenamiento sencillo.
Hiroshi estaba nervioso, pensó que Tomoki sería quien lo entrenaría pero al final resultó ser Masaki quien lo haría, fue algo inesperado para él.
A lo lejos los gritos de motivación de Tomoki y Hajime se hicieron resonar.
—¡Da tu mayor esfuerzo! —gritaron al unísono.
Ya fuera del templo, los cazadores se dirigen hacia Kotó para comprar suministros, pero tenían una inquietud, estaban preocupados de que Hiroshi siguiera en el templo cuando regresaran.
—¿Crees que fue buena idea de que Masaki lo entrenará? —preguntó Hajime, algo preocupado.
—Claro, además ella fue quien nos enseñó a usar la doctrina… —respondió Tomoki despreocupado—… solo espero que no pase lo mismo que con el anterior.
Mientras tanto, Masaki estaba preparando el entrenamiento para Hiroshi. Había sacado una gran pizarra, y había traído dos grandes rocas.
—¿Qué tipo de entrenamiento haré? —preguntó nervioso al ver las dos grandes rocas frente a él.
—Deberás destruir una de estas rocas. —respondió en seco, señalando las rocas.
—¿Cómo se supone que haga eso?… Son rocas.
Masaki mofaba en voz baja, mientras se acercaba hacia una de las rocas.
—Te daré una pequeña muestra. —comentó, mientras se posicionaba frente a la roca.
Al rededor de ella una gran aura la rodeaba, a la vista de Hiroshi no se notaba, pero lo percataba por el movimiento de las hojas. Masaki se preparaba, respira y golpea la roca con una fuerza descomunal, destruyéndola de un solo impacto.
Hiroshi estaba sorprendido, no esperaba tan gran hazaña.
—¡¿Cómo hiciste eso?!
—Fue gracias a la doctrina. —contestó, mientras se sacudía el polvo que cayó en su uniforme.
—¿Doctrina? ¿Qué es eso? —Hiroshi no entendía a lo que se refería con eso, así que Masaki se lo explica.
—La doctrina es una habilidad que mejora la fuerza, agilidad y velocidad de una persona común. Algo así como un potenciador.
—¿Enserio…? Eso es muy…
—Aún no termino. —intervino Masaki, interrumpiendo a Hiroshi—. No es fácil dominarla, requiere adrenalina y concentración al mismo tiempo, como liberar toda tu fuerza a voluntad.
—Sigo sin entender… —admitió Hiroshi, casi hechando humo.
—Para dominar la doctrina necesitas liberar tu adrenalina, como cuando luchas, tu cuerpo emite ciertas feromonas, pero al reprimirlas se liberan y por eso la resistencia disminuye, pero cuando tengas un cierto control sobre ellas tu resistencia mejorará.
—¿Y cómo hago eso?
—La meditación ayuda, pero es más tardado, de momento solo golpearás la roca. —Masaki se pone detrás de Hiroshi, mientras lo acercaba a la roca que todavía estaba ilesa—. Si la usas como objetivo, quizás lo logres.
Hiroshi ya estaba frente la roca, entre un corto suspiró se posicionaba para golpearla.
—¿Solo la golpeó? —preguntó, aún con desconfianza.
—Si, y no te contengas. —asintió—. Golpéalo con la fuerza de tu aura.
Hiroshi estaba convencido de que no iba a hacerle y un raspón a la roca, pero aún así quiso intentarlo, hace un gran suspiro, y después golpea la roca. La roca había quedado intacta, a excepción de su mano.
—¡Hay! —gritó de dolor, se había lastimado la mano—. ¡Creo que me la rompí!
—Está vez usa menos fuerza, visualiza tu objetivo y destrúyelo. —comentó ella, dándole ánimos a Hiroshi.
—Ya no creo que tenga mano para el siguiente golpe. —añadió entre lágrimas.
—¡Vamos, tu puedes! —se acerca hacia el, intentando motivarlo, pero un su expresión se miraba todo lo contrario—. Aún te quedan 5 horas de entrenamiento, tienes tiempo.
Hiroshi estaba sufriendo por dentro, durante cinco horas estuvo golpeando la gran roca pero no consiguió ningún resultado en ese transcurso de tiempo.
Mientras tanto, Tomoki y Hajime regresaban al templo abandonado, cargando bolsas y una cama.
—Que suerte haber encontrado esta cama en el camino, ¿no crees? —menciona Tomoki, con una sonrisa firme mientras caminaba cargando las bolsas.
—Pero tiene manchas. —señaló Hajime, mientras llevaba cargando la cama—. Además huele muy raro.
—No hay problema, le daremos una lavada y quedará como nuevo. —comentó.
—¿Te voy a ayudar? —preguntó disgustado, aparte porque ya no aguantaba el olor.
—Claro, somos un equipo. —respondió, quitado de la pena.
Ambos llegan al templo, ya con las cosas dejadas en la cocina se dirigen al patio, para ver el progreso de Hiroshi.
—¡Hola! —gritó Tomoki acercándose hacia ellos. Mientras se acercaba, noto que Hiroshi estaba en el suelo desanimado.
—¿Cuánto lleva así? —preguntó Hajime.
—No mucho, pero estás 5 horas no ha habido ningún progreso. —respondió Masaki.
Tomoki notó el estrés en Hiroshi, así que se acerca poniéndose de cuclillas frente a él.
—¿Sin resultados? —preguntó.
—No puedo... sigo golpeando y nada. —responde levantando la mirada hacia Tomoki, tenía una mirada abrumada.
—Te exiges demasiado, descansa, aún es tu primer día —comentó Tomoki, levantándose dándole una mano a Hiroshi—. Además, te tenemos un regalo.
Tomoki y Hajime llevan a Hiroshi hacia su habitación, frente a él le muestran la cama que encontraron.
De inmediato notó que la cama no era nueva, quizás era el olor que lo delataba o tal vez porque estaba llena de manchas.
—Gracias… —agradeció algo inconforme—… pero, ¿Porqué tiene manchas?
—Te dije que lo notaría. —susurró Hajime al oído de Tomoki.
—Porque mejor no comemos algo. —sugirió Tomoki, como excusa para cambiar el tema—. Debes estar hambriento con todo ese entrenamiento.
Después de un rato, los cazadores ya estaban sentados en la mesa, listos para cenar. Sin embargo, ni toda la comida pudo animar animar a Hiroshi, siendo demasiado notorio, incluso para Tomoki.
—¿Pasa algo, Hiroshi? —preguntó.
—No es nada, solo estoy algo cansado. —respondió, mientras comía pequeños bocados.
—Debes comer, debes recuperar energías. —comentó, dándole un pedazo de carne—. Vamos, come y deja el plato limpio.
Hajime no se quedó atrás, también intentó darle ánimos a su compañero.
—Solo es tu primer día, lo dominarás antes de que te des cuenta.
—Si, ya verás. —añadió Masaki.
Hiroshi observaba a sus compañeros dándole una sonrisa, era algo nuevo para él. Nadie lo había animado con una sonrisa tan sincera como la de ellos, no se sentía exigido, se sentía apoyado.
—Tienen razón… ¡Mañana lo haré mejor. —exclamó animado, mientras comía con más confianza.
Los días pasaron, y vaya que Hiroshi se estaba exigiendo la primera semana se levantó desde las cuatro, ya para las cinco estaba preparado.
Hizo ejercicio, meditó y después comenzó a golpear la roca, pero no obteniendo ningún resultado.
En la segunda semana, Tomoki, hizo que corriera del templo a la ciudad de Kotó, y también lo puso a cargar las bolsas. Aunque parecía más un abuso por parte de él, Hiroshi lo hizo sin poner peros, después Tomoki puso a Hajime a luchar con el, para que así pueda entender el funcionamiento de la doctrina. Pero, después de creer que lo había entendido, intentó golpear la roca, y aún seguía intacta.
En la tercera semana, Hiroshi, se quedaba a observar la roca, quería ver en lo que estaba fallando, pero no parecía notar nada. Siguió entrenando y esforzándose el doble, ya estaba irreconocible, continuó corriendo del templo a la ciudad, incluso Tomoki lo llegó a poner a pelear con un pequeño oso, que tuvo que matar antes de que se comiera a Hiroshi.
Estas tres semanas Hiroshi no creía dar el ancho con ellos, no creía poder ser un Yokai Hunter.
Casi en la semana cuatro, Hiroshi, ya no se sentía con ánimos de seguír, simplemente golpeaba la roca, a tal punto de que sus nudillos sangraban. No iba a detenerse a menos de que su cuerpo ya no pudiera.
Hasta que cayó arrodillado, y aún así continuaba golpeando la roca, eso hizo que Tomoki se preocupara.
—Mejor descansa, así no conseguirás nada. —comentó, intentando levantar a Hiroshi.
Pero Hiroshi lo aleja e ignora y sigue golpeando la roca sin parar, eso hace que Tomoki lo intente alejar de la roca.
—¡Debo destruirla, sé que puedo! —exclamó delirante, ya no estaba consciente.
—¡Ya detentente! —gritó Tomoki mientras lo detenía—. ¡te exiges demasiado, crees que la fuerza lo es todo pero aún no lo entiendes!
La mirada de Hiroshi estaba vacía, evaporada mucho calor, la adrenalina causada por su frustración hizo que quedara inconsciente.
—¡Hiroshi! —Tomoki corre hacia el, intentando despertarlo, estaba ardiendo, eso lo asustó—. ¡Hajime, ayúdame con Hiroshi.
Sus compañeros corren a ayudarlo, llevando vendas y agua. Lo cargaron y lo llevaron a su habitación a reposar, había demasiada tensión, no sabían si podría recuperarse.
—Se exigió demasiado. —comentaba Hajime, mientras le colocaba un trapo frío en la frente a Hiroshi.
—¿Crees que esté bien? —preguntó angustiado.
—Solo hay que dejarlo descansar. —sugirió Masaki—. Cuando reaccione le daré algo.
Los tres se dirigieron a la sala, aún preocupados por el estado en el que estaba Hiroshi, nunca habían pasado por algo parecido.
Se sentaron en el sofá, esperando a que su compañero reaccionara.
—Tal vez no sea como nosotros. —comentó Tomoki, estaba angustiado, sentía culpa.
—¿A qué te refieres con eso? —cuestionó Hajime confundido.
—No a habido ningún cambio en su entrenamiento… —contestó—… solo lo estamos matando.
—¡Aún tiene posibilidad! —Hajime se levanta molesto, mientras miraba la seriedad en el rostro de Tomoki—. ¡Yo sé que si, estará bien!
—¿Viste su cuerpo…? Estuvo a nada de morir…
—¡Ya basta! —interrumpe Masaki, frustrada por lo sucedido—. Pelear no solucionará nada, Hiroshi sabía las consecuencias, no es culpa de nadie. El solo quería regresarte el favor.
—No tenía, porqué hacerlo. —Tomoki se levantó, su mirada se caía.
—El quiere luchar a nuestro lado… —alegó ella—… y lo ayudaremos a lograrlo.
La disputa se vio interrumpida por un fuerte temblor, que provenía de fuera.
—¿Qué fue eso? —preguntó Hajime, volteando a ver hacia la puerta del templo.
—No lo se. —respondió Masaki confundida.
Los tres salieron a revisar el origen del sonido, pero no parecía a ser nada. No obstante el suelo volvió a temblar, pero está vez el suelo se agrietó, casi devorándose los cazadores, por suerte lo esquivaron.
Mientras tanto, de la grieta algo estaba surgiendo, se trataba de una gran serpiente plateada con una mirada roja e inquietante.
—¿Otro Yokai? —cuestionó Tomoki alertado.
—Parece ser una bestia, aunque no emite un aura extraña. —respondió Hajime titubeando.
La tensión se hacía más grande, la serpiente los miraba sin actuar. En cualquier momento podría atacar.
—¿Qué hacemos? —preguntó Hajime, intentando no hacer ningún movimiento brusco para no alertar a la gran serpiente.
—No lo sé, mi katana está dentro y esa cosa obstruye el paso. —respondió Tomoki, estaba pensando qué hacer, no podía actuar sin pensar.
—¡Hiroshi! —exclamó Masaki —. Sigue adentro.
La tensión aumentaba más, el aura que emitía era demasiado como para darse cuenta que no era algo para tomarse a la ligera y de igual manera si actuaban sin pensar podría destruir el templo con Hiroshi dentro, estaban en una situación algo complicada.
—Hay que atraerla hacia fuera —declaró ya decidido para actuar—. ¿Pueden distraerla para ir por mi Katana?
Hajime y Masaki asienten dándole oportunidad a su compañero para que fuera por su katana, ambos corren a sentidos contrarios que el, haciendo que la serpiente los persiga. Mientras que Tomoki intenta entrar hacia el templo pero, la serpiente lo nota y le embiste con su cola.
La gran serpiente observa a Tomoki, ignorando todo lo demás. Se dirige a gran velocidad hacía él, midiendo su cuerpo con la mirada para devorarlo.
La serpiente estuvo a nada de atacarlo, de no ser por Hajime, le arroja con gran fuerza la roca con la que Hiroshi entrenaba. Masaki lanza más rocas para así llamar la atención de la serpiente, en eso Hajime aprovecha para tomar impulso y darle una fuerte patada, haciéndola caer.
—Estuvo cerca —comentó, aprovechando para auxiliar a Tomoki—. Pero no tendremos otra oportunidad si se levanta de nuevo.
La serpiente vuelve a levantarse, con su cola comenzó a golpear el suelo una y otra vez fuertemente, haciendo temblar el suelo y así tener tiempo para volverse a levantar, por desgracia lo consigue. La serpiente había acorralado a los tres después de un rato, solo les quedaba proteger la entrada para que no destruyera el templo.
Mientras tanto, en la habitación de Hiroshi, escombros caen sobre él mientras todo tambalea, pero en eso, algo inesperado estaba ocurriendo con el. Una gran aura lo rodeaba, se asemejaba al humo, parecía que ardía. Su corazón comenzaba a latir más rápido de lo usual, su adrenalina se estaba liberando de forma descomunal… hasta que de la nada, Hiroshi, abrió los ojos.
Ahora, fuera del templo. Tomoki, Hajime y Masaki estaban corriendo de un lado a otro, distraían a la serpiente, intentando tener acceso a la entrada del templo, sin embargo la serpiente era demasiado rápida y astuta. Incluso ellos estaban conscientes de que no tendrían tanta oportunidad si pelearan contra ella.
Tomoki se detiene, mirando a su alrededor, notando que sería inútil seguir corriendo, así que decide tomar una decisión algo arriesgada.
Con forme más esperaba la serpiente, más intensa se ponía, solo hacían que se molestara más, haciendo que golpeara el suelo con más fuerza. Siendo notorio para los cazadores, tomando en cuenta que Hiroshi estaba dentro.
—¡Quiero que vayan por Hiroshi y lo saquen de aquí! —gritó Tomoki, llamando la atención de la serpiente—. Aléjenlo lo más que puedan del templo.
Hajime y Masaki, sin pensarlo dos veces corren hacia la entrada, sin saber lo que planeaba su líder.
La serpiente fue tras Tomoki, quien era el único que no corría, se acercaba mientras agitaba su cola contra el suelo haciendo que Hajime y Masaki se tropezaran antes de llegar. La serpiente lo nota y se da la vuelta de forma espontánea, golpeando a Tomoki con la cola a causa de esa distracción.
En eso, antes de que siquiera lograra impactar en el templo. La puerta se deslizaba lentamente, quien estaba saliendo era Hiroshi, quien observaba como la serpiente se deslizaba a gran velocidad hacia el. Hiroshi se mostraba intimidante, con katana en mano. Estaba ardiendo, era demasiado notorio para Hajime y Masaki quienes estaban sin palabras al verlo en ese estado.
Hiroshi hizo un movimiento rápido frente a la serpiente, la había pateado con una fuerza que la hizo retroceder dos metros.
—¡Tomoki! —exclamó con una sonrisa, arrojando la katana hacia Tomoki—. ¡Hay que cazarla!
Tomoki la atrapa, sus ánimos habían regresado, estaba feliz de haberse equivocado.
—Me alegra que estés bien. —murmuró, desenvainando su katana con entusiasmo—. ¡Solo dame algo de tiempo!
—No hay problema. —contestó, llendo por la serpiente.
—¡Nosotros cuidaremos la entrada! —gritó Masaki—. ¡Solo mátenla!
La serpiente se volvió a levantar, pero ahora estaba en desventa, aunque eso no la iba a limitar.
—¿Estás preparada para una paliza? —bromeó Hiroshi, algo exagerado.
La serpiente solo estaba gruñendo mientras golpeaba el suelo con su cola, estaba hambrienta.
Pero antes de que se enfrenten les daré una breve explicación.
Resulta que Hiroshi durante su entrenamiento había despertado la doctrina, pero no la manejaba de forma correcta. Su cuerpo la liberaba de manera expansiva y al no manejar un punto fijo se liberaba de forma descontrolada, llamando la atención de la serpiente que habitaba debajo del templo ya que los yokais y espectros pueden detectar la doctrina emitida por las personas, aunque también una persona puede detectarla, pero nuestros protagonistas aún no sabían eso.
Ambos se acercan, en eso Hiroshi, se impulsa en una mano con la ayuda de la cabeza de la serpiente, mientras saltaba se preparaba para impactarle una patada, logrando conseguirlo.
La serpiente golpea con su cola a Hiroshi, pero logra amortiguar el golpe atrapando su cola.
En eso Tomoki preparaba su Katana, esperando la señal de Hiroshi para cortarla.
Hiroshi estaba batallando con la serpiente, se movía demasiado, siendo imposible de que se quede quieta. No obstante Hiroshi hace un movimiento algo arriesgado.
Toma con fuerza la cola, abre la piernas para así impulsar más fuerza, la hace girar para así levantarla y la arroja hacia arriba para que así caigo boca abajo.
Ahora Hiroshi dependía de Tomoki, para que la serpiente no lo devore, afortunadamente Tomoki sabía lo que tenía que hacer.
—¡Ahora! —gritó Hiroshi, dando la señal.
Tomoki da una gran salto, la serpiente estaba cayendo, y Hiroshi estaba nervioso, podía ver la garganta de la serpiente.
Lentamente se acercaba más y más hasta que a 40 centímetros de Hiroshi, logra cortar la cabeza de la serpiente.
—Por poco y no llego. —admitía Tomoki mientras envainaba su katana.
La gran serpiente había sido vencida, el templo ya estaba a salvo.
Hiroshi había hecho demasiado esfuerzo, a pesar de que había sanado, ya estaba agotado. Cae al suelo, mientras intenta recuperar el aliento.
—¡Hiroshi! —exclamaron.
Hajime y Tomoki lo ayudan a levantarse, mientras caminan hacia el templo.
—Esto es increíble, me sorprende que te hayas recuperado tan rápido. —admitió Hajime—. La doctrina no puede hacer eso.
—Ni yo sé lo que pasó, solo miré una gran luz. —respondió Hiroshi, también confundido.
—Sea como sea, ahora eres un cazador. —añadió Tomoki, felicitándo su logro—. Eso amerita un gran banquete.
—Espero que nos ayudes, no solo tenemos que cocinar Hajime y yo. —reclamó Masaki.
—Bien, yo picaré la comida. —respondió.
Nuestros protagonistas, se dirigieron al templo para así poder celebrar de que Hiroshi ya era un cazador. Así iba suceder, hasta que el cuerpo de la serpiente tuvo una reacción de memoria muscular y terminó aplastando la entrada del templo.
Ahora los cazadores tenían otra misión, reparar la entrada.