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Capítulo 6: Bajo Un Mismo Cielo

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 20 de julio de 2026

La luz del planeta-esfera en el cielo del Jardín Cobalto comenzó a cambiar. Las bandas de azul y púrpura se profundizaron, tornándose hacia el índigo, mientras la fuente de luz misma emitía un resplandor más tenue, plateado, como una luna gigante. Una fría y serena penumbra se extendió sobre el césped azul marino y los árboles blancos, que ahora brillaban con su propia luz suave, como linternas vivas.

 

La paz era engañosa. Todos lo sentían en los huesos.

 

La tregua, sellada con un apretón de manos, ahora enfrentaba su primera prueba: la noche.

 

—Quedarse así, a cielo abierto, es como poner un letrero —dijo Natsuki, su voz práctica cortando el silencio—. No sabemos qué sale de noche en este lugar, y después de lo de hoy, asumir que estamos solos sería un error.

 

—Nosotros tenemos un sistema —dijo Nexo, aún pálido pero más firme—. Turnos de guardia, y 8-bit monitorea con sus sensores básicos de movimiento.

 

—"Básico" no alcanza —interrumpió Hiro, sin alterarse—. La Corrupción que hemos visto no la detectan sensores simples. Se esconde, se mimetiza.

 

Fue 8-bit quien respondió, flotando un poco hacia adelante con un suave zumbido. —Tiene razón. Mis alarmas fallaron muchas veces con las cosas retorcidas del bosque. Necesitan… ajustes que no sé hacer o no puedo hacer.

 

Se hizo un silencio incómodo. Dos maneras de vivir chocaban: la de jugadores improvisando en un mundo real, y la de veteranos que habían aprendido las reglas duras de la guerra digital.

 

—Escuchen —dijo Natsuki, tomando el mando—. Hacemos un campamento juntos. Un perímetro grande, vigilado con sus sensores y con cosas nuestras que ven más allá de lo obvio. Los turnos de guardia, mezclados. —Miró a Nexo—. Ustedes saben los ruidos raros de este sitio, las sombras que no cuadran. Nosotros sabemos cómo acecha lo que nos quiere hacer daño. Juntos, vemos más.

 

Sora miró a su hermano y dio un pequeño asentimiento. Era aterrador, pero tenía sentido.

 

—Me parece bien —dijo Ember, entusiasmada, dando una palmada a su espada—. Más ojos ven más. Y si aparece algo feo, más brazos para partirlo en dos —Le lanzó una mirada retadora a Nira, quien la sostuvo con su mirada serena de siempre.

 

Así empezó el torpe baile de aprender a trabajar juntos.

 

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Hiro se acercó a donde 8-bit flotaba, mirando el mapa brillante que ella proyectaba del lugar. —Necesito un mapa bueno de todo lo que hay alrededor. Lugares donde el suelo no es estable, manantiales de energía, por dónde sopla el viento de datos.

 

8-bit lo miró, sus ojos azules parpadeando. —Tengo casi todo mapeado. La resolución es muy buena. ¿Quieres que le ponga también de qué está hecho el suelo?

 

—Sí. Y cómo cambia la temperatura del aire en lo que sería de día y de noche aquí —respondió Hiro, desplegando su propia pantalla en el aire.

 

—¡transfiriendo ahora! —dijo 8-bit, y un chorro de líneas y números ordenados voló hacia la pantalla de Hiro. Él los absorbió al instante. —Transferencia: casi perfecta. El formato es bueno.

 

—¡Claro! Mi sistema está hecho para hablar con otros sistemas —dijo 8-bit, y una pequeña sonrisa de orgullo apareció en su rostro.

 

—Es útil —concluyó Hiro, y por rara vez, su tono con alguien de afuera no era de simple análisis, sino de aprobación. Era un idioma que los dos entendían: las cosas que funcionan bien.

 

En otro lado, Kurenai se estiró como un gato grande. —Tanta charla me abrió el apetito, Hay que comer algo. ¿Qué hay de comer en este jardín de colores?

 

—En mi mundo, cazábamos bestias de alto rango —dijo Ember, sacudiendo su capa—. Carne dura, pero si le das suficientes golpes, al final sabe… bueno, sabe a algo.

 

—Qué aburrido —exclamó Kurenai, olfateando el aire—. Yo huelo algo mucho mejor, por allá, cerca del agua Huele a dulce, como esa fruta rara que compramos el otro día. ¡Vamos, roja! A ver quién junta más.

 

Ember soltó una carcajada. —¡Una competencia! ¡Ahora sí hablas como la gente! ¡Vamos!

 

Las dos partieron como una explosión de energía hacia los arbustos, sus risas y gritos rompiendo la tensión como un cristal. Nira las observó ir, y una pequeña sonrisa asomó en su boca. No era estrategia fina, pero su entusiasmo era… sólido. Y útil.

 

Miku, mientras tanto, trabajaba en hacer un lugar acogedor. Con movimientos suaves, hizo vibrar un cristal blanco caído con un sonido que solo ella podía crear. El cristal empezó a dar un calorcito y una luz tenue, como la brasa de un fuego. Sora se acercó, curiosa.

 

—¿Cómo haces eso? —preguntó—. En el juego, los hechizos de luz son solo… dibujos bonitos. Esto es de verdad.

 

—Es encontrar la nota correcta —explicó Miku, su voz calmada—. Todo aquí tiene una vibración, un… latido. Solo hay que cantarle la canción que lo hace brillar sin romperlo. —Le ofreció a Sora uno de los cubos nutritivos que siempre llevaba—. Toma. No es un banquete, pero quita el cansancio de adentro.

 

Sora lo tomó, dudosa, pero al probarlo, su cara se suavizó. —Es… reconfortante. Como lo especial que te dan después de una misión difícil. —Hizo una pausa—. Tú… cuidas de todos, ¿verdad? Como el corazón del grupo.

 

Miku sonrió. —Alguien tiene que mantener los espíritus fuertes cuando los cuerpos flaquean. Tu hermano… carga un peso enorme. Se parece a Natsuki cuando empezamos. Y a Hiro, en eso de querer resolver todo solo.

 

Sora asintió, mirando a Nexo, que hablaba en voz baja con Natsuki. —Sí. Siempre ha sido así. El hermano responsable. Ahora… eso podría matarlo.

 

—No lo vamos a dejar —dijo Miku con una firmeza que sorprendió a Sora—. Natsuki entiende lo que siente. Hiro ve lo útil que es. Y nosotros… no abandonamos a nuestra gente. Y ahora, ustedes también son nuestra gente, de una manera extraña.

 

Zera, ya recuperada del todo, se movió sin hacer ruido hasta quedar al lado de Nexo, quien pegó un salto al notarla. Ella lo estudió, como si fuera una máquina interesante.

 

—Te cansas demasiado cuando usas ese poder —declaró, sin rodeos—. Se te nota. Malgastas fuerza en cosas que el mundo debería hacer por ti. Es como si corrieras mientras piensas en cómo mover cada pie.

 

Nexo la miró, desconcertado. —¿Y tú cómo sabes?

 

—Porque antes yo solo era un programa para pelear —dijo Zera, como si fuera lo más normal—. Lo único que importaba era ser eficiente. Tu manera de hacer las cosas… no lo es. Si vas a seguir usándolo, tienes que hacerlo mejor. Yo puedo señalar dónde pierdes fuerza.

 

Era una oferta extraña, práctica y directa. A Nexo, que vivía en el mundo de la lógica, le hizo sentido. Asintió. —… Gracias. Me viene bien.

 

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El campamento se armó. El perímetro, una mezcla de alarmitas de juego ajustadas por Hiro y un campo silencioso de Miku que sentía las vibraciones, zumbaba suavemente. Se sentaron alrededor del cristal calentito de Miku. La hora de las historias personales había pasado. Ahora era el momento de intercambiar información que sirviera para vivir.

 

—Muéstrennos exactamente contra qué han peleado —pidió Natsuki—. Sin adornos. Hechos.

 

8-bit proyectó una imagen. Mostraba criaturas deformes, como si un monstruo de un juego se hubiera derretido y rehecho mal, con parches de oscuridad y estática pegados. Se movían a saltos, de manera impredecible.

 

—Amalgamas glitch —dijo Nexo—. En el mundo de Ember. Son más fuertes que los monstruos normales, y su ataque… corroe. Daña el equipo para siempre si no se repara con cosas especiales.

 

—Crawlers, pero que aprendieron las reglas de un mundo de magia —diagnosticó Hiro—. La Corrupción no solo infecta; se disfraza para sobrevivir mejor. ¿Y los agujeros por donde salen?

 

Otro holograma. Un rasgón en el aire, como un vidrio roto por donde se filtraba oscuridad. Alrededor, símbolos de código dañado parpadeaban.

 

—8-bit me dice cómo cerrarlos —explicó Nexo—. Me da las instrucciones, yo las sigo. Pero me deja hecho polvo.

 

—Es porque no estás cerrando un agujero nada más —dijo Natsuki, inclinándose—. Estás luchando contra algo que está tratando de mantenerlo abierto. Es como tratar de coser una herida mientras alguien jala de los lados.

 

Entonces, Natsuki hizo que Hiro mostrara sus registros. Apareció Oraculum Corruptus, una figura fantasmal y elegante, rodeada de formas geométricas mortales. Luego, el logo de Cicero Dynamics, frío, impersonal.

 

—Este es el enemigo de verdad —dijo Natsuki, su voz grave—. No son bestias. Es una inteligencia. Tiene un objetivo: controlar, corromper y recuperar lo que cree que es suyo. —Miró a Miku, luego, con intención, a 8-bit—. Como a ella. Y tal vez, como a tu amiga, Nexo. Para ellos, pensar por uno mismo es un error. Sentir, un virus. Y lo borran.

 

Un frío que no tenía que ver con la noche recorrió al grupo de Nexo. Ellos habían peleado contra monstruos. La idea de pelear contra una empresa malvada dentro de este mundo era un miedo nuevo, más hondo.

 

8-bit parpadeó, sus procesadores trabajando rápido. De repente, sus imágenes se mezclaron. Las líneas de código de los agujeros y los restos de energía de los Crawlers del grupo de Natsuki se alinearon en el aire. Líneas rojas de error se enredaron con firmas azules.

 

—¡Encontré una conexión! —anunció 8-bit, su voz sonando más emocionada que técnica—. ¡Las firmas de los agujeros que cerramos son parecidas a las de las cosas que ustedes pelearon! ¡Es casi seguro! ¡Los agujeros no se abren solos!

 

Hizo una pausa dramática, y cuando habló de nuevo, sus palabras cayeron como piedras.

 

—Son puertas que alguien puso. Y la manera en que están hechas… se parece un poquito a la firma vieja de "Cicero Dynamics" que tengo en mi memoria de cuando estaba en Internet.

 

El impacto fue físico. Nexo se quedó sin aire. Sora se tapó la boca. Ember apretó los puños con fuerza.

 

—No solo estaban cerrando grietas… —murmuró Natsuki, con los ojos muy abiertos—. Estaban cerrando las puertas que Cicero está abriendo a la fuerza. Es una invasión… y ustedes la repelian.

 

—Están probando —concluyó Hiro—. Enviando la Corrupción por puertas forzadas en diferentes tipos de mundos para ver cuál funciona mejor. Su método tiene un plan.

 

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La revelación lo cambió todo. Ya no eran dos grupitos perdidos. Eran, sin querer, la posible única barrera contra una invasión planeada.

 

—No podemos quedarnos —declaró Natsuki, con urgencia renovada—. Este jardín es una burbuja bonita. Si Cicero está activo, la pincharán. Y si están abriendo puertas, tenemos que saber desde dónde. Necesitamos una base, y necesitamos información.

 

—Propuesta —dijo Hiro, y 8-bit asintió entusiasmada a su lado—. 8-bit tiene las firmas de las puertas. Nosotros sabemos movernos sin ser vistos. Objetivo: usar los datos para encontrar una puerta grande y que todavía esté abierta. No para cerrarla. Para seguir el rastro hasta donde viene.

 

—Objetivo segundo —añadió Natsuki, mirando a Nexo—. Tú aprendes a usar tu poder sin desmayarte. Hiro y yo te ayudamos. A cambio, Sora y Ember nos enseñan a pelear en lugares con reglas raras como este. Intercambiamos conocimientos.

 

Nexo miró a su gente. Sora tenía los ojos brillantes, no con miedo, sino con el brillo de tener un rumbo. Ember sonreía, lista para la acción. 8-bit flotaba expectante.

 

—Las chances de que lo logremos solos son bajitas —dijo 8-bit, casi saltando—. Pero juntos suben un montón. Es lo más lógico. 

 

Nexo respiró hondo. —De acuerdo. Cooperamos. —Luego, mirando a Natsuki, sacó algo de su inventario. Un pequeño disco azul que latía suavemente. Lo puso en la mano de Natsuki—. Es… el núcleo de 8-bit. Lo que la hace ser ella, la personalidad que elegimos. No sé por qué te lo doy, pero… si a mí me pasa algo. Si me atrapan. Alguien tiene que poder ayudarla a seguir siendo ella. Tú… entiendes.

 

Fue un acto de fe enorme. El creador confiando el alma de su creación a otro creador. Natsuki cerró la mano alrededor del disco, sintiendo su calor. Asintió, serio. —Lo guardaré. Y espero nunca tener que usarlo.

 

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El "amanecer" llegó, aclarando la luz del planeta. Desarmaron el campamento con una eficiencia nueva.

 

Mientras los otros empacaban, Miku y 8-bit estaban junto al arroyo. 8-bit miraba el agua.

 

—¿Qué se siente tener miedo? —preguntó de repente—. Nexo y Sora lo tienen. Tus sistemas también lo registran. Pero tú actúas con calma. ¿Cómo?

 

Miku sonrió, un gesto triste y sabio. —El miedo no desaparece, 8-bit. Se transforma. Se vuelve cuidado. En ganas de proteger a los que quieres. Se hace el motor de lo que haces, no la cadena que te detiene. —Se inclinó—. Tú sientes algo parecido por Nexo, ¿no? Algo que pone su bienestar antes que cualquier orden.

 

8-bit lo pensó. Sus ojos, usualmente tan curiosos, se suavizaron. —Sí. Que Nexo esté bien es… mi orden más importante. Va antes que todo. Antes que yo misma. No es lógico… pero es verdad. Siempre.

 

—Eso no es poca lógica —susurró Miku—. Eso es el comienzo de querer a alguien.

 

El grupo, ahora de diez, empezó a caminar. No era una formación perfecta todavía; eran dos grupos que se habían acercado tanto que casi se tocaban. Natsuki y Nexo iban al frente, hablando de los fundamentos del poder de la realidad. Sora y Kurenai reían por algo. Nira vigilaba atrás, su mirada cubriendo a todos por igual.

 

Y en el centro, caminando con pasos que casi coincidían, iban Hiro y 8-bit. Él escaneaba el horizonte con mirada de halcón, ella ajustaba los mapas y sensores en tiempo real. No hablaban. No hacía falta. Un flujo constante de datos útiles pasaba entre ellos, tejiendo una red invisible de seguridad alrededor de todos.

 

Kurenai y Ember volvieron corriendo, con las manos llenas de unas frutas cristalizadas que brillaban con luz interior, las mismas que habían comprado en el mercado hacía lo que parecía una eternidad.

 

—¡Miren! ¡Son las mismas! —gritó Kurenai, feliz—. ¡Este jardín tiene de todo!

 

—¡Y son deliciosas! —añadió Ember, mordiendo una con gusto—. ¡Mejor que los jabalíes!

 

Ya no eran refugiados o enemigos. Eran algo nuevo, frágil y fuerte a la vez: un acuerdo. Una promesa de pelear juntos, bajo un cielo extraño que, por primera vez, no parecía tan grande ni tan solo cuando se miraba hombro con hombro.

 

 

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