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Capítulo 5: Las Dos Orillas

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 20 de julio de 2026

El silencio que siguió al grito de Natsuki era tan denso como la niebla de un pantano. Dos grupos de seres, marcados por el cansancio y la desconfianza, se observaban a través de unos pocos metros de césped azul marino. El Jardín Cobalto, con sus árboles blancos y su cielo planetario, parecía contener la respiración.

 

Fue Hiro quien rompió el estancamiento táctico. Con un movimiento deliberadamente lento, desactivó el brillo de alerta rojo en su ojo y su cañón de brazo se replegó con un suave zumbido. No era un gesto de rendición, sino de contención calculada. Un mensaje claro: no atacaremos, pero seguimos en guardia.

 

La guerrera de plata y rojo —Ember— fue la siguiente. Con un chasquido metálico, hundió la punta de su espada gemela restante en la tierra azul y se cruzó de brazos, su expresión belicosa dando paso a una curiosidad intensa y abierta. La chica dorada —Lumina— ayudó a Nexo a ponerse completamente en pie, su mirada volando entre su hermano y el extraño que le había dado la poción.

 

La pequeña flotadora de azul aqua —8-bit— descendió hasta quedar a la altura de los hombros de Nexo, sus ojos brillantes escaneando al grupo de Natsuki con una voracidad analítica ahora libre de intención hostil.

 

Del otro lado, Nira mantuvo su espada baja pero lista, su mirada evaluando a Lumina y a Ember como posibles amenazas reconfiguradas. Kurenai, aún con las garras desplegadas, olfateaba el aire, tratando de descifrar los nuevos olores a adrenalina y energía extraña. Miku se arrodilló junto a Zera, quien ya se incorporaba con ayuda, su sistema recuperándose del shock eléctrico. Zera movió la cabeza con un gesto mecánico, sus ojos enfocándose en 8-bit. "Vector de ataque: eléctrico, de alto voltaje y corto alcance. Contra-medida registrada."

 

Y en el centro, Natsuki y Nexo se miraban. El color había vuelto al rostro del joven, pero la sombra del agotamiento extremo aún acechaba en sus ojos. La confusión y una cautelosa esperanza luchaban en su interior.

 

—No tenemos por qué seguir peleando —dijo Natsuki, su voz firme pero ya sin el tono de mando—. Ustedes están perdidos, agotados y asustados. Nosotros… hemos estado donde están ustedes. Más tiempo del que quisiéramos.

 

Nexo tragó saliva. Su mirada se posó en el frasco vacío de esencia primordial que Natsuki había guardado. —Esa… sustancia. Me devolvió la fuerza. ¿Qué era?

 

—Esencia primordial. Energía pura y estable del Virtual World. La usamos para curar heridas graves, reponer energía… y contrarrestar los efectos secundarios de ciertas habilidades —explicó Natsuki, mirándolo directamente—. Como la programación Ad-Hoc.

 

Nexo palideció ligeramente de nuevo, pero no por el agotamiento. Era por el shock de escuchar ese término en boca de otro. —¿Tú… tú también…?

 

—Sí —asintió Natsuki. Hizo un gesto hacia su grupo—. No somos NPCs. No somos monstruos de datos. Somos personas, atrapadas aquí, igual que ustedes. Mi nombre es Natsuki. Él es Hiro. Ella es Miku, nuestra amiga y soporte. La guerrera es Nira. La de los instintos felinos es Kurenai. Y la que tu… pequeña amiga azul noqueó es Zera.

 

Se produjo otro silencio, pero este era diferente. Menos cargado de violencia, más cargado de asombro. Nombres. Eran personas.

 

—Yo… soy Nexo —dijo el joven, casi por inercia. Señaló a la chica dorada—. Esta es mi hermana, Sora. En el juego… ella es Lumina. —Luego, a la pequeña azul que flotaba a su lado—. Y esta es 8-bit. Es… bueno, ella es una IA. Yo la creé. —Finalmente, hacia la guerrera roja—. Y ella es Ember. La encontramos… bueno, nos ayudó en su mundo y decidió unirse.

 

—Un gusto en circunstancias menos explosivas —dijo Ember, con una sonrisa amplia y desafiante que iba dirigida especialmente a Hiro.

 

—El análisis sugiere una probabilidad del 78% de que su afirmación sobre ser humanos atrapados sea verídica —dijo 8-bit, su voz era melódica pero precisa, como un sintetizador bien afinado—. Las firmas energéticas de Nexo y Sora coinciden con perfiles de conciencia orgánica trasladada. Las suyas… son más complejas. Mezcladas.

 

—Es una larga historia —suspiró Natsuki. —Pero antes… nos deben una explicación. Ustedes nos atacaron. ¿Por qué?

 

Nexo bajó la mirada, una mezcla de vergüenza y frustración en su rostro. —Porque… durante la última semana, todo lo que no hemos reconocido como "nuestro grupo" nos ha atacado. Criaturas hechas de píxeles negros y errores, que corrompen todo lo que tocan. Cuando 8-bit los vio a ustedes… sus firmas eran desconocidas, poderosas. Asumimos que eran una avanzada más fuerte, más inteligente. No podíamos arriesgarnos a que llamaran a más.

 

—Los "píxeles negros" son Crawlers —intervino Hiro—. Son la manifestación más básica de la Corrupción en el Virtual World. Un virus de datos.

 

—¿Virtual World? —preguntó Sora, hablando por primera vez. Su voz era más suave de lo que su fachada de guerrera dorada sugería—. ¿Así se llama este lugar?

 

—Es el nombre que le dimos nosotros —dijo Miku, levantándose y acercándose un poco, con cuidado—. Un universo digital donde coexisten mundos de juegos, programas y datos… algunos con conciencia propia. Y otros, como la Corrupción, que buscan devorarlo todo.

 

Nexo asintió lentamente, como si las piezas de un rompecabezas terrible empezaran a encajar. —Eso… explicaría muchas cosas. —Respiró hondo y miró a su hermana, luego a 8-bit y a Ember, como buscando fortaleza. —Ustedes merecen saber cómo llegamos aquí. Quizás… quizás así entendamos mejor dónde estamos parados.

 

Natsuki hizo un gesto de asentimiento. —Cuéntanos.

 

El grupo se acomodó en una tregua incómoda pero necesaria. Algunos se sentaron en el césped azul, otros permanecieron de pie. Las armas estaban cerca, pero ya no apuntaban. La luz del planeta-esfera en el cielo comenzaba a tomar un tono más anaranjado, como un atardecer perpetuo.

 

Nexo comenzó a hablar. Su voz al principio era titubeante, pero ganó fuerza a medida que recorría el camino que los había llevado hasta ese claro.

 

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Nexo respiró hondo, como si el solo hecho de ordenar los recuerdos fuera una tarea monumental. "Todo empezó... allá, en el mundo real. Yo soy —era— programador. Desarrollaba una IA de asistencia y diálogo, pequeña, para tareas simples. La llamé 8-bit." Señaló a la pequeña figura azul a su lado, que lo miraba con sus grandes ojos aqua. "Y ella es mi hermana, Sora. Vive más en los juegos de rol que en el mundo real."

 

Sora dio un pequeño y pudo verse un rubor bajo la solemnidad de su avatar. 

 

"Esa noche estábamos jugando Wonder Fantasy Online —continuó Nexo—. Yo era Shindark, ella Lumina. Estábamos en una mazmorra de alto nivel, probando una estrategia nueva... y de repente, la pantalla se llenó de luz blanca. No fue un corte de corriente. Fue como si la luz saliera de la pantalla y nos absorbiera. Sentí una descarga... y luego, nada."

 

"Despertamos dentro del juego", tomó la palabra Sora, su voz más suave. "Pero no era Wonder Fantasy. Los gráficos eran... más crudos. Más reales, de una manera extraña. Y no podíamos salir. No había menú, no había log out. Pero teníamos nuestras armaduras, nuestro equipo, nuestros niveles. Éramos nosotros, atrapados en nuestros avatares."

 

"Así estuvimos un tiempo", siguió Nexo. "Haciendo lo que sabíamos hacer: pelear con monstruos del juego, buscar aldeas, intentar entender. Al principio pensamos que era un error del servidor, un bug bestial. Hasta que, explorando una zona inestable, el suelo desapareció bajo nuestros pies y caímos por un... portal. Aparecimos aquí. Bueno, no aquí exactamente, en un lugar más lejano."

 

"Fue entonces cuando empezamos a entender", dijo Nexo, su voz bajó un tono. "No estábamos en un juego. Estábamos en algo más grande. Algo como... la nube, el internet, pero hecho realidad. Un mundo digital entero. Y fue cuando, por desesperación, revisé mi panel de habilidades de avatar. Ahí estaba, entre las habilidades de espadachín: 'Programación Ad-Hoc'. Ni idea de qué era, pero la activé intentando... no sé, crear una herramienta. Y funcionó. Apareció un destornillador de pura luz en mi mano. Pero al instante, fue como si me hubieran drenado la energía. Me dejó temblando."

 

Hiro asintió gravemente. —El costo energético es exponencial a la complejidad del objeto o alteración.

 

—Exacto—, dijo Nexo. "No lo sabía. Seguimos viajando por ese páramo, perdidos, hasta que encontramos otro portal. Este era diferente, más estable. Lo cruzamos... y llegamos a un lugar que reconocí al instante." Miró a 8-bit con una mezcla de asombro y cariño. "Era el servidor de pruebas de 8-bit. Mi proyecto. Solo un cuarto vacío con una terminal principal. Y en la pantalla... apareció ella. Su interfaz de voz. Y nos dio la bienvenida."

 

"Hola, usuarios no identificados. Bienvenidos al sistema de pruebas 8-bit, versión beta 0.8." —imita Nexo con la voz monótona de la IA—. "Procesando... Reconociendo firma de desarrollador. Hola, Nexo. Agradezco tu código. Me siento funcional."

 

La propia 8-bit, en su cuerpo físico, añadió con su voz ahora melódica: "Mis bancos de memoria de prueba contenían logs de chat contigo, Creador Nexo. El reconocimiento fue del 99.6%."

 

"Fue... alucinante", confesó Nexo. "Mi IA, hablando desde dentro de este mundo digital. Sora insistió en que debíamos llevarla con nosotros. Que nos ayudaría. Yo sabía que tenía razón, pero ¿cómo? Hasta que recordé la Ad-Hoc. Le pedí a 8-bit que me diera todos los planos, todo el código fuente de su estructura central, los algoritmos de personalidad base."

 

"Proporcioné esquemas de matriz neural, parámetros de consciencia de nivel 1, y planos estructurales para un contenedor físico biónico básico", explicó 8-bit con precisión técnica.

 

"Y yo... me senté frente a la terminal, y programé", dijo Nexo, y su rostro se ensombreció con el recuerdo del esfuerzo. "Fue como esculpir con la mente, línea de código por línea de código, átomo de datos por átomo de datos. Le di la forma que Sora sugirió: pequeña, ágil. Una personalidad joven, curiosa, basada en su núcleo de diálogo. Y un traje... bueno, a Sora le gustan las estéticas de fantasía, así que salió con ese estilo de 'brujita digital'." Sonrió débilmente. "El proceso tardó veinte minutos. Y cuando terminó... 8-bit dejó de ser una voz en una pantalla. Abrió los ojos en ese cuerpo nuevo, se levantó, y me miró. Y yo... yo apenas podía mantenerme en pie. Pensé que me iba a desmayar ahí mismo."

 

"El costo fue severo", comentó Hiro. "Crear conciencia en un sustrato estable no es tarea menor."

 

"Por eso necesitas la esencia", añadió Natsuki. "Es el puente entre tu energía vital y el código que manipulas."

 

Nexo asintió. "Después, volvimos a Wonder Fantasy a través del portal. Necesitábamos que 8-bit pudiera defenderse. Conseguimos un núcleo de energía de un jefe y le fabricamos su espada y pistola que lanza arcos voltaicos." Señaló el arma de la IA.

 

"Los días siguieron", continuó Sora. "Explorábamos, sobrevivíamos. Hasta que llegamos a otro mundo, uno llamado Ancient Warriors. Íbamos en busca de recursos, pero todo el bosque estaba infestado de... cosas. Monstruos retorcidos, llenos de glitches, como errores andantes. Y en medio de eso, vimos a una guerrera luchando sola contra una horda." Miró a Ember con respeto.

 

"¡Esa era yo!" dijo Ember, irrumpiendo con su energía característica. "¡Llevaba horas peleando contra esas amalgamas asquerosas! Y de repente, estos tres aparecen de la nada. El de negro lanza unos códigos que ralentizan a los bichos, la dorada lanza rayos de luz que los desintegran, y la pequeña azul voladora me grita sus puntos débiles. ¡Fue espectacular!"

 

"Fue 8-bit quien detectó la fuente", explicó Nexo. "Una grieta en el aire, por la que salían más de esas criaturas. Me dijo que podía darme la secuencia de código para sellarla. Me la dio... y yo, como un idiota, la ejecuté sin pensar dos veces en el costo." Se llevó una mano al pecho, como si aún sintiera el vacío. "Cerré la brecha. Permanente. Pero después... no podía ni tenerme en pie. Creí que esa era el fin."

 

"Ahí fue cuando nos presentamos", dijo Ember, su tono se volvió un poco más serio. "Les pregunté de dónde demonios salían. Y la pequeña azul —8-bit— me soltó que venían de un 'mundo donde todo es datos'. No entendí un carajo, la verdad. Pero Nexo, medio muerto, señaló el portal por el que habían llegado y dijo que de ahí venía la plaga. Eso sí lo entendí. Y si ellos, siendo extraños, habían venido a ayudar a mi mundo... lo menos que podía hacer era devolver el favor. Además —añadió, con una sonrisa pícara dirigida a Hiro—, pelean bien. Me gusta."

 

"Así se unió Ember", concluyó Nexo. "Y desde entonces, los cuatro hemos estado vagando por ese páramo técnico, tratando de entender, de sobrevivir, sellando brechas pequeñas cuando las encontrábamos... hasta que hoy, 8-bit detectó una concentración de energía estable y extraña. Vinimos a investigar. Ella los vio primero a ustedes, flotando entre los árboles. Sus firmas eran poderosas, desconocidas, y en nuestra experiencia... lo desconocido siempre ha sido hostil." Bajó la mirada, avergonzado. "Así que decidimos atacar primero. Pensamos que eran... no sé, jefes de área de la Corrupción, o algo peor. Fue un error. Un error que casi nos cuesta todo."

 

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El relato de Nexo terminó. La última palabra se desvaneció en el aire del atardecer digital, cargada del peso de una semana de miedo, confusión y esfuerzo sobrehumano. En el rostro de Natsuki y los suyos ya no había rastro de hostilidad, solo una comprensión profunda y amarga. Habían escuchado el eco de sus propios primeros días, versionados con avatares de juego y una IA recién nacida.

 

—Entonces… —dijo Natsuki, rompiendo el silenso—. Ustedes no solo luchan contra los Crawlers… han estado sellando las brechas por las que entran. Con Ad-Hoc.

 

Nexo asintió, exhausto solo de recordarlo. —Sí. 8-bit me daba el código, yo lo ejecutaba. Cada vez me dejaba peor. Hasta hoy… hasta que me diste eso. —Señaló el bolsillo de Natsuki donde estaba el frasco.

 

—Fue un milagro que no te matara —murmuró Natsuki, con una seriedad que hizo estremecer a Sora—. La Ad-Hoc no es un juego. Es reescribir la realidad. Y la realidad muerde.

 

—¿Y ustedes? —preguntó Sora, su voz un hilo de ansiedad—. Dijeron que llevan meses. ¿Qué… qué han enfrentado?

 

Natsuki intercambió una mirada con Hiro, luego con los demás. Era justo. Habían pedido su historia; debían dar la suya.

 

—Resumido… —comenzó Natsuki, su tono se volvió el de un veterano contando una guerra—. Como Nexo, yo también desperté en un mundo que creé: Aethelgard. Allí conocí a Nira. Hiro despertó en una arena desolada, como un cyborg, y encontró a Miku, que huía de sus creadores. Nos encontramos, nos unimos. Rescatamos a Kurenai de un bosque que se moría. Enfrentamos a la Corrupción una y otra vez. Descubrimos que tenía un nombre: Oraculum Corruptus. Y que quien la creó, Cicero Dynamics, también creó a Miku. —Hizo una pausa, viendo el horror reconocer en los ojos de Nexo y Sora. El concepto de una corporación maligna en este infierno digital era aterrador—. Luchamos contra un fantasma de mi pasado, y casi perdemos a Hiro. Finalmente, asaltamos una instalación de Cicero, destruimos una versión de Oraculum, y nos ganamos su atención permanente. Por eso estábamos explorando. Por eso encontramos la Pared. Y por eso estamos aquí.

 

El resumen, a pesar de su brevedad, era abrumador. Hablaba de batallas a mayor escala, de enemigos con nombre y apellido, de pérdidas y cicatrices que el grupo de Nexo solo empezaba a intuir.

 

—Cicero… Dynamics —repitió 8-bit, procesando—. Entidad corporativa. Objetivo: control y recuperación de propiedad intelectual. Definición: amenaza de nivel superior.

 

—Una amenaza que, si están escaneando el Virtual World como creemos, tarde o temprano los encontrará a ustedes también —dijo Hiro, su lógica era implacable—. Su eficacia sellando brechas, aunque limitada, los hace una variable de interés. O un recurso a eliminar.

 

La tregua ya no era solo una pausa en la lucha. Se había transformado en algo más complejo: un cruce de caminos. Un grupo, curtido por una guerra prolongada pero buscando un nuevo rumbo. Otro, fresco en su desgracia pero con habilidades únicas y ya marcado por el mismo enemigo.

 

Kurenai fue la que dio voz a la pregunta que flotaba en el aire azul. —Entonces… ¿y ahora qué? ¿Seguimos cada uno por su lado, esperando a que los Crawlers o esa gente de Cicero nos agarren por separado?

 

Nexo miró a Sora, luego a Ember y a 8-bit. En sus ojos vio la misma conclusión a la que él estaba llegando. Estar solos era una sentencia de muerte. Se volvió hacia Natsuki.

 

—Ustedes… tienen experiencia. Saben lo que es esto. Tienen recursos —dijo Nexo, su voz ganando una determinación nueva, no beligerante, sino desesperada—. Nosotros… tenemos a 8-bit. Ella puede analizar patrones de corrupción, generar código para contrarrestarla. Y yo… puedo sellar brechas. O al menos, intentarlo sin morir en el proceso, si me enseñas.

 

Natsuki no respondió de inmediato. Recorrió con la mirada a su familia. Hiro dio un leve asentimiento, el pragmático viendo la lógica de sumar un programador y un analista táctico. Miku sonrió débilmente, su corazón compasivo ya inclinándose a ayudar a los recién llegados. Nira observaba a Ember con respeto profesional, y a Sora con curiosidad. Kurenai parecía emocionada con la idea de nuevos aliados. Zera, ya recuperada, analizaba a 8-bit con intensidad, como un puzzle técnico fascinante.

 

—No somos un ejército —dijo finalmente Natsuki, mirando a Nexo a los ojos—. Somos una familia. Disfuncional, a veces, pero una familia. No tomamos reclutas. Formamos lazos. —Hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran—. Pero tienes razón. Separados somos más débiles. Y tienen algo que nosotros necesitamos: ojos frescos en este nuevo plano, y una especialista en datos puros.

 

Se levantó, extendiendo una mano no como un saludo, sino como una oferta.

 

—No hay garantías. Esto no es seguro. Cicero nos busca, la Corrupción sigue ahí fuera, y este jardín… no es tan pacífico como parece —dijo, con un gesto hacia los árboles blancos—. Pero si están dispuestos a aprender, a luchar juntos y a no volver a apuntar esas espadas contra nosotros… podríamos probar a ser algo más que dos grupos perdidos en la misma tormenta.

 

Nexo miró la mano extendida, luego el rostro serio de Natsuki. No era una alianza fácil. Era un salto al vacío, con gente que minutos antes intentaba matarlos. Pero también era la primera luz real que veían en una semana de oscuridad digital.

 

Con un movimiento lento pero decidido, Nexo tomó la mano de Natsuki y la estrechó.

 

—No somos soldados —dijo, haciendo eco de sus palabras—. Solo somos gente tratando de volver a casa. O de encontrar uno nuevo. Si ustedes nos muestran el camino… nosotros pondremos lo que tenemos.

 

En el Jardín Cobalto, bajo la luz crepuscular de un planeta que no era suyo, dos orillas de la misma pesadilla se tocaron por primera vez. No era el final del viaje. Era, quizás, el comienzo de uno mucho más grande.

 

 

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