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Capítulo 36: La Semilla Del Deseo

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 31 de agosto de 2026

El ambiente en la sala común era cálido, casi familiar. Natsuki y Sora, ahora ya costumbre, compartían el desayuno con naturalidad, sus manos rozándose al alcanzar la misma fruta sin el menor atisbo de nerviosismo. Era comodidad pura.

 

8-bit flotaba cerca de la mesa, sus pequeños ojos azules brillando con curiosidad al ver otra de las varias escenas del día.

 

—¿Ya pueden compartir la comida sin sonrojarse? —preguntó, con esa inocencia que solo ella tenía.

 

Kurenai, que estaba terminando su ración, soltó una risa.

 

—Sí, pequeña. Y apuesto a que pronto empezarán a terminar las frases del otro.

 

—¿Eso pasa cuando son compañeros especiales? —preguntó 8-bit.

 

—A veces —respondió Sora, sonriendo—. Pero no es obligatorio.

 

Ember y Nira entraron en ese momento, provenientes de su ronda matutina. La guerrera roja se dejó caer en una silla con un suspiro exagerado, mientras Nira ocupaba su lugar con la elegancia de siempre.

 

Hiro y Miku estaban en la cocina, como cada mañana. Ella cortaba frutas con movimientos precisos mientras él controlaba la temperatura de la estufa. No hablaban. No necesitaban hacerlo.

 

Todo parecía perfecto.

 

Pero algo faltaba.

 

Miku fue la primera en notarlo. Sus ojos recorrieron la mesa, contando cabezas.

 

—¿Zera no desayuna?

 

Hiro procesó la información.

 

—Salió temprano. Dijo que quería revisar el perímetro por su cuenta.

 

Nira, que ya había tomado asiento, levantó una ceja.

 

—Nosotras ya lo cubrimos. No era necesario.

 

Kurenai olfateó el aire, su expresión tornándose pensativa.

 

—Siento... no sé. Algo que no termino de entender. Como cuando alguien quiere algo que no tiene.

 

—¿Como qué? —preguntó Ember, con la boca llena.

 

—No lo sé. Si lo supiera, no sería misterio.

 

---

 

En un claro del Jardín Cobalto, lejos de la base, Zera estaba sola.

 

Sostenía en sus manos un pequeño fragmento de energía que había encontrado días atrás. La luz tenue bailaba sobre sus dedos, reflejándose en sus ojos mientras lo observaba con una intensidad inusual.

 

—Crecimiento —murmuró para sí misma—. Evolución.

 

Recordó las palabras de Nira y Hiro.

 

"Ya la tienes. Conmigo. Con Miku. Con todos nosotros. Es diferente, pero existe".

 

"Nunca lo necesitaste. Te aceptamos por quien eres, no por lo que eres".

 

—Mis parámetros indican que soy eficiente.

 

Hizo una pausa. Sus dedos se cerraron alrededor del fragmento, había algo que luchaba contra sus parámetros.

 

—Pero la eficiencia no es suficiente cuando todos los demás avanzan.

 

Guardó el fragmento en un compartimento de su armadura. No lo usaría. Aún no.

 

Pero la duda estaba plantada.

 

---

 

En el área de entrenamiento, los golpes resonaban con una cadencia que ya era familiar.

 

Hiro y Nexo sostenían un combate intenso. La espada enorme de Nexo, del tamaño de un hombre, descendía con una fuerza que hacía temblar el suelo. Hiro esquivaba, bloqueaba, contraatacaba con la velocidad que su nuevo traje le permitía.

 

—No te contienes —dijo Hiro, esquivando un golpe por centímetros.

 

—Tú tampoco —respondió Nexo, con una sonrisa—. Así se aprende.

 

En otra zona, Kurenai y 8-bit practicaban juntas. La pequeña IA empuñaba su espada eléctrica, el filo crepitando con energía. Con la otra mano, sostenía su pistola de plasma, disparando a objetivos imaginarios mientras Kurenai se movía a su alrededor con agilidad felina.

 

—¡Así se hace! —gritó Kurenai, esquivando un disparo—. ¡Pero no te olvides de cubrirte después de atacar!

 

—¡Procesado! —respondió 8-bit, girando en el aire—. ¡Contraataque en tres, dos, uno...!

 

El rayo de plasma pasó rozando las orejas de Kurenai, que rió con ganas.

 

Natsuki y Sora entrenaban con espadas en un claro cercano. Sus movimientos eran rápidos, precisos, letales. Ninguno de los dos daba su brazo a torcer, cada intercambio más intenso que el anterior.

 

—Vas en serio —dijo Natsuki, bloqueando una estocada.

 

—Siempre —respondió Sora, girando para atacar desde otro ángulo.

 

Ember y Nira completaban la escena. La fuerza bruta de Ember chocaba contra la precisión de Nira, cada golpe más fuerte que el anterior. La guerrera roja sonreía con ferocidad, mientras Nira mantenía su expresión seria, pero con una chispa en los ojos que antes no tenía.

 

—Más —rugió Ember—. Como si quisieras partirme en dos.

 

—Eso intento —respondió Nira, y su espada silbó en el aire.

 

---

 

Zera regresó a la base al atardecer. No entró directamente. Se detuvo en el borde del área de entrenamiento y observó.

 

Vio a Hiro y Nexo, forcejeando en igualdad de condiciones. Vio a Kurenai y 8-bit, sincronizadas como un equipo letal. Vio a Natsuki y Sora, moviéndose como si llevaran años peleando juntos. Vio a Ember y Nira, cada golpe más fuerte que el anterior.

 

Todos crecían. Todos evolucionaban.

 

Todos menos ella.

 

Se alejó sin que nadie la notara.

 

---

 

Esa noche, durante la cena, Zera apenas habló.

 

Observó a Miku evaluando el combate de Hiro y Nexo. Observó a Natsuki y Sora con las manos entrelazadas sobre la mesa. Observó a Ember y Nira discutir amistosamente sobre quién había ganado más rondas en el entrenamiento. Observó a Kurenai y 8-bit reírse de algo que solo ellas entendían. Observó a Nexo.

 

Todos tenían algo. Alguien. Y aunque ella sabe que su hermano de núcleo y hermanos de guerra siempre la aprecian y apoyan, no puede evitar sentirse estancada.

 

—¿Zera? —la voz de Miku la sacó de sus pensamientos—. ¿Estás bien?

 

—Sí —respondió—. Proceso.

 

Nadie preguntó qué. Nadie solía hacerlo.

 

---

 

En su habitación, ya entrada la noche, Zera sacó el fragmento otra vez.

 

La luz llenó la estancia, proyectando sombras danzantes en las paredes.

 

—Azura lo hizo —murmuró—. Y se volvió más fuerte.

 

Sus dedos rozaron la superficie. Estaba caliente. Palpitante. Viva.

 

—Podría intentarlo.

 

Pero dudó. Recordó el peligro. Recordó lo que había pasado con Azura, el control, la pérdida.

 

Guardó el fragmento.

 

No esta noche.

 

Pero la duda quedó. Y con ella, la semilla.

 

Por otro lado.

 

Afuera, en la oscuridad, Kurenai no podía dormir. Su nariz la había despertado.

 

Salió al perímetro y olfateó el aire.

 

El olor estaba ahí. Más cerca que nunca.

 

—¿Quién eres? —susurró—. ¿Qué quieres?

 

Nadie respondió. Pero en las sombras, algo se movió.

 

Lejos.

 

En la distancia, MB observaba desde lo alto de un árbol blanco. Su katana brillaba débilmente bajo la luz de la esfera planetaria.

 

—Todavía no —murmuró—. Pero pronto.

 

Activó su comunicador.

 

—El cebo sigue en su lugar. La presa duda, pero la curiosidad puede más. Siempre puede más.

 

Del otro lado, una voz fría respondió.

 

—Espera. La paciencia es nuestra mejor arma.

 

—¿Y si no muerde?

 

Una pausa. Luego, la voz, con una seguridad que helaba la sangre:

 

—Morderá. Todos quieren escalar a un nivel superior. Es cuestión de tiempo.

 

La comunicación se cortó.

 

La noche siguió su curso.

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