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Capítulo 15: Raices En La Tierra Nueva

Virtual World Temporada 2 · por Yovannyx4gl · 12 de agosto de 2026

La luz del amanecer en el Jardín Cobalto se filtraba suavemente por las ventanas de la base reconstruida. Los rayos de la enorme esfera planetaria, ahora en su ciclo de "mañana", pintaban de tonos azules las paredes de metal y datos que tanto trabajo había costado traer hasta aquí.

 

Era la primera vez que todos dormían en camas de verdad después de días de incertidumbre y combates. La base, su hogar, había viajado a través de portales y realidades para reunirse con ellos en este nuevo mundo. Y ahora, en el silencio del amanecer, cada rincón de la estructura susurraba recuerdos de batallas pasadas y promesas de futuros por venir.

 

En la cocina, Hiro y Miku ya estaban trabajando.

 

Era un ritual tan antiguo como su amistad. Ella cortaba frutas cristalinas con una gracia natural, sus manos moviéndose en patrones que habían perfeccionado con el tiempo. Él controlaba la temperatura de la estufa con precisión milimétrica, ajustando cada grado según las necesidades de los ingredientes. No necesitaban hablar. A veces Miku tarareaba una melodía suave, y Hiro asentía cuando algo estaba listo. Era una coreografía silenciosa que hablaba de incalculable tiempo de confianza y cuidado mutuo.

 

—¿Sabes? —dijo Miku, mientras esparcía el aliño especial sobre una bandeja de frutas—. Hacer esto aquí, en la base, con todo lo que pasó... se siente como volver a casa.

 

—Es la opción lógica —respondió Hiro, pero había algo en su voz que iba más allá de la lógica—. La base es nuestro hogar. Traerla aquí era la única manera de mantener esa estabilidad.

 

—No es solo la base. —Miku sonrió—. Es hacerlo contigo.

 

Hiro procesó esto un momento. Luego, con una lentitud que solo Miku podía reconocer como afecto, asintió.

 

—Afirmativo.

 

En ese momento, Sora entró en la cocina, estirándose después de una noche de sueño reparador.

 

—Huele increíble —dijo, acercándose—. ¿Puedo ayudar?

 

Miku le pasó un cuchillo y un tazón de frutas.

 

—Claro. Corta estas en cubos pequeños. No te preocupes por la precisión, Hiro ya se encargará de que todo esté en su punto.

 

Sora rió y se puso a trabajar. Mientras lo hacía, observaba a la pareja con curiosidad.

 

—¿Siempre cocinan juntos?

 

—Desde el principio —respondió Miku—. Cuando apenas éramos Hiro, Natsuki, Nira y yo. La cocina era lo único normal en medio de todo el caos.

 

—Ahora es un ritual —añadió Hiro—. Eficiente y emocionalmente significativo.

 

Sora sonrió.

 

—Me gusta. En mi mundo, con Nexo, nunca cocinábamos. Él siempre estaba programando, yo siempre jugando. Era... solitario, a veces.

 

—¿Y ahora? —preguntó Miku.

 

—Ahora... —Sora miró hacia la sala común, donde su hermano comenzaba a despertar—. Ahora tengo esto. Una familia rara, pero familia.

 

En el exterior, Kurenai y Ember habían hecho una competencia de quién cazaba más frutas cristalinas. La reglas eran simples: veinte minutos, el territorio detrás de la base, y todo valía.

 

Cuando el tiempo se cumplió, ambas regresaron cargadas de frutas, riendo como niñas.

 

—¡Yo traje veintitrés! —anunció Ember, dejando su montón sobre una roca.

 

—¡Veinticuatro! —respondió Kurenai, con una sonrisa triunfante—. ¡Gané!

 

—¡Trampa! ¡Usaste tus garras para alcanzar las más altas!

 

—¡No es trampa! ¡Es usar tus recursos!

 

8-bit, que había estado flotando cerca observando la competencia, se acercó curiosa.

 

—¿Quién ganó realmente?

 

—¡Yo! —dijeron ambas al mismo tiempo, señalándose a si mismas.

 

8-bit rió, su risa cristalina llenando el aire.

 

—¡Entonces empataron! ¡Las dos ganaron!

 

Kurenai y Ember se miraron, y después de un momento, rieron también.

 

—Bien —dijo Ember—. Empatamos. Ahora ayudemos a llevar esto a la cocina.

 

—¡Vamos, pequeña! —dijo Kurenai, haciendo un gesto a 8-bit—. ¡Ayúdanos a contar las frutas!

 

8-bit sonrió y se unió a ellas, flotando alegremente mientras las dos guerreras cargaban sus montones.

 

En el perímetro de la base, Nira y Zera compartían guardia. No era necesario; los sensores de Hiro y 8-bit cubrían cualquier amenaza. Pero era un hábito, una costumbre que ninguna de las dos estaba dispuesta a romper.

 

—¿Siempre fuiste así? —preguntó Zera de repente—. ¿Tan... firme?

 

Nira la miró, sorprendida por la pregunta.

 

—No —respondió, después de un momento—. Al principio era solo una chica. Que tenia solo un propósito. Pero luego conocí a Natsuki. Y a los demás. Y aprendí que la firmeza no es rigidez. Es... elegir cada día proteger lo que importa.

 

—¿Y cómo aprendiste eso?

 

—Observando. Fallando. Dejando que me enseñaran. —Nira hizo una pausa—. Tú también estás aprendiendo, Zera. Se nota.

 

Zera procesó esto.

 

—¿Es... obvio?

 

—Solo para quienes saben mirar.

 

Un silencio cómodo se instaló entre ellas. Zera, por primera vez, no sintió la necesidad de llenarlo con análisis o cálculos. Solo observaba el horizonte, junto a su compañera.

 

En el centro de comando, Natsuki y Nexo revisaban las rutas y territorios del Jardín Cobalto. Los mapas eran incompletos, llenos de áreas inexploradas, pero era un comienzo.

 

—Aquí podríamos establecer un puesto de vigilancia —dijo Natsuki, señalando una colina—. Buena visibilidad, cobertura natural.

 

—Sí, pero el acceso es complicado —respondió Nexo, trazando una ruta alternativa—. Si atacan desde aquí, quedarían aislados.

 

—Tienes razón. Mejor aquí, en la base de la colina. Más opciones de escape.

 

Nexo asintió, y luego señaló uno de los dibujos de Natsuki.

 

—¿Qué es eso?

 

—Una montaña.

 

—Eso es un triángulo gordo.

 

—Es una montaña estilizada.

 

—Es un triángulo. Con rayas.

 

Natsuki suspiró.

 

—¿Quieres hacer los mapas tú?

 

—Con gusto. Al menos mis montañas parecen montañas.

 

Ambos rieron, un sonido que hacía tiempo no escuchaban de sí mismos.

 

---

 

Pasado un rato Natsuki llamó a todos a la sala de reuniones. 

 

Con diez personas viviendo en una base diseñada originalmente para seis, el espacio era un problema. Pero en lugar de verlo como una dificultad, el grupo lo convirtió en una oportunidad.

 

—Necesitamos reorganizar —anunció Natsuki, reuniendo a todos en la sala común—. Hay espacio limitado, y diez personas no caben cómodamente en la distribución actual.

 

—Yo puedo ceder mi habitación —dijo Nira sin dudar—. Puedo dormir en la sala común si es necesario.

 

—Yo también —añadió Kurenai.

 

—No se trata de ceder —intervino Sora—. Se trata de encontrar una solución que funcione para todos.

 

—Exacto —asintió Nexo—. Podemos ampliar, reorganizar, adaptar. No estamos limitados a lo que ya tenemos.

 

Hiro habló. 

 

—podríamos hacerla más grande. Lo suficiente para que podamos caminar con prisa y no intervenir en el camino de otros. 

 

—Si puedes hacerlo, pues buena idea —dijo Natsuki, apoyado por una sonrisa de Miku, un pulgar arriba de Nexo y un asentimiento de Zera. 

 

Ember levantó una mano.

 

—En mi mundo, los guerreros compartían barracones. Dormían juntos, entrenaban juntos, vivían juntos. No era malo. Era... compañerismo.

 

—¿Sugieres que compartamos habitaciones? —preguntó Miku.

 

—Sugiero que dejemos de pensar en "mi espacio" y "tu espacio". Es nuestro espacio. Todos juntos.

 

8-bit, que había estado flotando en silencio, habló:

 

—Podríamos preguntar qué prefiere cada uno. No todo tiene que ser óptimo. A veces lo mejor es lo que hace feliz a la gente.

 

Natsuki la miró, sorprendido por la sabiduría de la pequeña IA.

 

—Eso... es una excelente idea, 8-bit.

 

Así lo hicieron. Cada uno compartió sus preferencias: quién necesitaba silencio para dormir, quién prefería compañía, quién tenía horarios irregulares. Con esa información, rediseñaron la distribución.

 

Los veteranos cedieron parte de sus habitaciones para crear espacios comunes más amplios. Los nuevos aportaron ideas de sus mundos: Ember sugirió una sala de entrenamiento, Sora un rincón de meditación, Nexo un área de trabajo técnico. Hiro y 8-bit calcularon la viabilidad estructural de cada modificación.

 

Cuando terminaron, la base no solo era funcional. Era suya. De todos.

 

Natsuki, en un gesto simbólico, se acercó al letrero que decía "Sala de Reuniones". Lo descolgó, y con un marcador de datos, escribió uno nuevo:

 

"Sala Común"

 

—Porque de eso se trata —dijo, colgándolo—. De compartir. De estar juntos. No solo de reunirnos para planificar.

 

Miku sonrió, y uno a uno, los demás asintieron.

 

---

 

La noche cayó sobre el Jardín Cobalto. La luz de la esfera planetaria se atenuó, tiñendo el cielo de tonos violetas y azules profundos. Dentro de la base, el grupo se reunió alrededor del cristal de Miku, ahora instalado en el centro de la Sala Común. Su luz cálida creaba un ambiente íntimo, propicio para las confesiones.

 

—Deberíamos compartir historias —propuso Sora—. De dónde venimos. Cómo llegamos aquí. Las cosas que nos hicieron quienes somos.

 

Hubo asentimientos generales.

 

Hiro fue el primero en hablar, sorprendiendo a todos.

 

—Desperté en… Un coliseo vacío. No sabía quién era, ni por qué estaba allí. Solo sabía que mi nombre era Cypher-7, el nombre del personaje de mi juego. Y que mi función era luchar. —Hizo una pausa—. Y entonces apareció Miku. Confundida. Asustada. Y por primera vez, supe que quería proteger algo. No por programa. Porque... sí.

 

—¿Y ahora? —preguntó Sora.

 

—Ahora sé quién soy. Y es gracias a ellos. —Miró a su alrededor—. A todos ustedes.

 

Miku tomó su mano.

 

—Yo fui creada por Cicero Dynamics. No un arma como Hiro, sino un sistema de gestión e infiltración, con la forma de un avatar famoso para pasar desapercibida. Pero huí. Encontré a Hiro, y luego a Natsuki, y luego a todos los demás. Me enseñaron que podía ser más que lo que programaron en mí.

 

Natsuki habló después:

 

—Yo diseñé Aethelgard. Era mi proyecto, mi sueño. Y de repente estaba allí, atrapado, con Nira frente a mí lista para matarme.  Qué buena bienvenida. 

 

Nira sonrió, llevando su mano al cristal de su collar. 

 

—No sabía que eras mi creador. Solo vi a mi objetivo.

 

—Y ahora es mi protectora —dijo Natsuki—. La vida da vueltas.

 

Ember se animó:

 

—En Ancient Warriors, como lo llaman ustedes, era la mejor. La campeona. Pero eso significaba estar sola. Nadie quería ser mi amigo; solo querían vencerme. Hasta que llegaron estos tres. —Señaló a Nexo, Sora y 8-bit—. Y por primera vez, tuve amigos.

 

Nexo habló con voz suave:

 

—Yo solo quería crear algo que entendiera. Pasaba noches programando a 8-bit, hablándole aunque solo fuera una IA en desarrollo. Nunca imaginé que cobraría vida. Que tendría sentimientos. Que sería... mi hija, de alguna manera.

 

8-bit flotó hacia él y lo abrazó.

 

—Y yo nunca imaginé que tener un cuerpo sería tan maravilloso. Lo mejor no fue volar, ni tener poderes. Fue cuando Kurenai me abrazó y supe lo que era sentirse querida.

 

Kurenai, que estaba sentada junto a ella, la abrazó en ese momento.

 

—Siempre tendrás eso, pequeña. Siempre.

 

Sora sonrió, con lágrimas en los ojos.

 

—Yo solo era la hermana pequeña. La que seguía a Nexo a todas partes. Pero ahora... ahora soy algo más. Soy parte de esto. De esta familia rara.

 

Nira asintió.

 

—Familia. Sí. Eso somos.

 

Zera, que había permanecido en silencio, habló al fin:

 

—Yo fui creada en una corporación, junto a mi hermano de núcleo Zero, cuyo cuerpo tiene Hiro. Fuimos separados y yo tuve que arreglarmelas sola, pero al hacerlo… al llegar a donde estaba en ese momento, pude reencontrarme con el. Y al hacerlo, cuando me uní a ellos, descubrí que podía ser más. Aún estoy aprendiendo. Pero... me alegra estar aquí.

 

Hiro se acercó mientras hablaba, posó su mano en la cabeza de Zera y, con una calma que dejaba de ser rara en el empezó a acariciarla. Y la miró.

 

—Me alegra que estés aquí, Zera.

 

—Afirmativo —respondió ella, con una pequeña sonrisa.

 

Kurenai fue la última:

 

—Yo perdí mi hogar. Mi bosque. Mi conexión con todo lo que conocía. Pero encontré esto. Un lugar donde no importa de dónde vengas, sino con quién estés. Y eso... eso vale más que cualquier bosque.

 

El silencio que siguió fue cálido, lleno de significado.

 

---

 

—Deberíamos celebrar —dijo Sora, rompiendo el silencio—. No solo la base nueva. Sino que estamos vivos. Juntos.

 

La idea fue recibida con entusiasmo.

 

Kurenai y Ember trajeron las frutas de su competencia. Habían empatado, así que trajeron todas, formando una montaña de colores brillantes en el centro de la Sala Común.

 

Miku y Hiro cocinaron juntos, como siempre. Miku sazonaba, Hiro controlaba tiempos y temperaturas. Era una coreografía perfecta que los demás observaban con admiración.

 

—¿Siempre son así? —preguntó Ember.

 

—Siempre —respondió Natsuki—. Desde el primer día.

 

Nexo y Natsuki se encargaron de las bebidas. Con la seriedad de científicos locos, prepararon su mezcla: líquido primordial al 100%, combinado con jugo de frutas cristalinas.

 

—¿Estás seguro de esto? —preguntó Nexo, mientras vertía el líquido brillante.

 

—Hiro verificó las proporciones —respondió Natsuki—. Dijo que era seguro.

 

—Dijo que debería ser seguro.

 

—Bueno, sí. Pero confiamos en Hiro.

 

—Confiamos en Hiro —repitió Nexo, y vertió la última gota.

 

Lo que ninguno de los dos sabía —lo que Hiro había calculado— era que el líquido primordial puro, al combinarse con cualquier cosa como las frutas cristalinas, tenía un efecto inesperado: interfería temporalmente con la estabilidad del código base de cualquier cuerpo o sistema, haciéndolo erratico, inestable o impredecible. En términos simples... embriagaba.

 

—Listo —anunció Natsuki, llenando los vasos—. Bebidas energéticas. Sabrosas y seguras.

 

—¿Seguras? —preguntó Ember, con una ceja arqueada.

 

—Totalmente. Hiro lo verificó.

 

Hiro, desde la cocina, asintió sin levantar la vista.

 

—Afirmativo.

 

Nira y Zera se encargaron de la supervisión, aunque Zera, al probar una de las bebidas, tuvo una expresión que todos capturaron mentalmente para siempre.

 

—Esto es... —comenzó.

 

—¿Bueno? —sugirió Kurenai.

 

—...interesante.

 

Kurenai juró que guardaría ese recuerdo para siempre.

 

8-bit no hizo nada técnico. Solo flotaba, observaba, y de repente dijo:

 

—Hoy, cuando contaba frutas con Kurenai y Ember, me reí. No procesé una broma. Me reí. Es diferente. Es mejor.

 

—Es ser feliz, pequeña —dijo Kurenai—. Y te mereces serlo.

 

Sora propuso una actividad:

 

—¿Y si cada uno cuenta algo bonito que le haya pasado hoy? Algo pequeño, algo simple. Pero que valga la pena recordar.

 

Hubo un momento de silencio, luego las sonrisas comenzaron a aparecer.

 

—Yo empiezo —dijo Hiro—. Miku me sonrió esta mañana mientras cocinábamos. Como si nada malo pudiera pasar.

 

—Hiro me ayudó a alcanzar un frasco alto sin que se lo pidiera —dijo Miku—. Hace un año no habría entendido por qué eso es especial.

 

—8-bit se rió conmigo —dijo Kurenai—. De verdad. No solo imitó una risa.

 

—Nira me dijo que peleo bien —dijo Ember—. Lo dijo en serio. Casi lloro.

 

—No vas a llorar por eso —dijo Nira, pero sonreía.

 

—Sora me enseñó una nueva especia —dijo Miku.

 

—Nexo dibujó un mapa que realmente se entiende —dijo Natsuki.

 

—Natsuki admitió que sus montañas son triángulos —dijo Nexo, riendo.

 

—Zera dijo que algo era "interesante" —dijo 8-bit—. Eso es muy bonito.

 

—8-bit flotó con nosotras todo el día sin escanear nada —dijo Ember—. Solo... disfrutando.

 

—Hiro cocinó con Miku —dijo Sora—. Y se les veía felices.

 

—Todos están aquí —dijo Nira—. Eso es suficiente.

 

Natsuki se puso de pie, alzando su bebida.

 

—Hace unos días, éramos un grupo de desconocidos tratando de sobrevivir. Luego, una familia. Y ahora... ahora somos algo más. Cuando miro a mi alrededor, veo a personas, aunque no lo crean, por las que daría la vida. Y sé que ustedes harían lo mismo. Así que gracias. Por estar aquí. Por ser quienes son.

 

—Por nosotros —dijo Miku.

 

—Por nosotros —respondieron todos.

 

Y bebieron.

 

---

 

Media Hora Después. 

 

Al principio, nadie notó nada. Pero media hora después de la ronda de momentos bonitos, las cosas comenzaron a ponerse... interesantes.

 

Ember fue la primera en mostrar síntomas. Estaba sentada en el suelo, con la espalda contra la pared, señalando a Nira con una expresión de profunda adoración.

 

—Nira —dijo, con voz lenta y solemne—. Nira, tengo que decirte algo.

 

Nira la miró con una ceja arqueada.

 

—¿Sí?

 

—Eres... eres la persona más impresionante que he conocido. —Ember gesticulaba ampliamente, casi golpeándose a sí misma—. Tus movimientos. Tu disciplina. Tu... tu forma de pararte. Es perfecta. Quiero ser como tú cuando sea grande.

 

—Eres más grande que yo —señaló Nira.

 

—¡Eso no importa! ¡La grandeza no se mide en altura! ¡Se mide en... en... no sé! ¡Pero tú la tienes!

 

Nira la observó un momento, luego bebió otro sorbo de su bebida con una calma inquietante.

 

—Vas a recordar esto mañana —dijo.

 

—¡Y me alegraré! —respondió Ember—. ¡Porque es verdad!

 

Kurenai y 8-bit estaban teniendo una conversación profundamente filosófica.

 

—¿Tú crees —decía Kurenai, señalando al techo con énfasis— que las frutas saben a fruta porque saben a fruta, o saben a fruta porque nosotros creemos que saben a fruta?

 

8-bit parpadeó, sus procesadores funcionando a velocidad reducida.

 

—Eso... eso es una pregunta muy profunda. Creo. No estoy segura. Mis algoritmos están confundidos.

 

—¡Exacto! ¡Confusión! ¡Esa es la clave! Si estamos confundidos, significa que estamos pensando. Y si estamos pensando, significa que estamos vivos. ¿O no?

 

—Creo que sí —respondió 8-bit, con una sonrisa soñolienta—. Aunque también creo que las paredes se están moviendo.

 

—¿Las paredes se mueven?

 

—Un poquito. Como si bailaran.

 

Kurenai observó las paredes con renovado interés.

 

—Tienes razón. Están bailando. ¿Bailamos con ellas?

 

—No sé bailar.

 

—¡Yo tampoco! ¡Pero podemos intentarlo!

 

Y así, las dos comenzaron un intento de baile que involucraba movimientos descoordinados, risas y, en algún momento, 8-bit flotando en círculos mientras Kurenai intentaba seguirle el ritmo desde el suelo.

 

Sora y Miku estaban sentadas juntas, con las mejillas ligeramente sonrojadas. Hablaban más lento de lo normal, reían más fácil, y sus ojos tenían un brillo especial.

 

—¿Sabes? —dijo Sora, apoyando la cabeza en el hombro de Miku—. Al principio tenía miedo de ustedes. De todos. Eran tan... intensos.

 

—¿Y ahora? —preguntó Miku, con una sonrisa suave.

 

—Ahora... ahora son mi familia. Aparte de Nexo. Nexo siempre será mi familia. Pero ustedes también. Es como tener... muchas familias. Una familia de personas raras.

 

Miku rió suavemente.

 

—Somos bastante raros, sí.

 

—Pero raros buenos. Raros que cuidan. —Sora la miró—. Tú cuidas mucho. ¿Sabes? De todos. Eres como... el pegamento.

 

—¿El pegamento?

 

—Sí. El que une las piezas. Sin ti, todos seríamos piezas sueltas.

 

Miku sintió que algo cálido se expandía en su pecho.

 

—Gracias, Sora.

 

—Gracias a ti, Miku.

 

Nexo y Natsuki estaban en un rincón, y su conversación había tomado un giro inesperado.

 

—Natsuki —dijo Nexo, con la seriedad de quien está a punto de revelar un secreto cósmico—. Tengo que decirte algo, que acabo de notar. 

 

—Dime.

 

—Creo... creo que nos equivocamos.

 

Natsuki parpadeó.

 

—¿En qué?

 

—En la bebida. —Nexo señaló su vaso vacío—. Usamos líquido primordial al 100%. Sin diluir.

 

Natsuki abrió los ojos lentamente.

 

—¿Y eso significa...?

 

—Sin algo en lo que ubicarse o estabilizar, la energía hace que el código entre en desestabilización… —hizo una pausa para sujetarse de algo—. Los códigos de los cuerpos y sistemas de nuestros personajes… dichos personajes son nuestros cuerpos. En pocas palabras… estamos ebrios.

 

—Ah. —Natsuki miró a su alrededor, observando a Kurenai bailando con una pared, a Ember declarándole su amor platónico a Nira, a 8-bit flotando en círculos—. Tiene sentido.

 

—¿Te sientes raro? —preguntó Nexo.

 

—Mucho. ¿Tú?

 

—Mucho.

 

Ambos se miraron y, a pesar de todo, rieron.

 

Zera, la imperturbable Zera, estaba de pie en el centro de la sala. No se había movido en varios minutos. Simplemente observaba todo con una expresión que nadie le había visto antes: una mezcla de confusión, asombro y... ¿alegría?

 

—Esto —dijo, en voz alta, para que todos la oyeran—. Esto es caótico. Ineficiente. Ilógico.

 

Todos se giraron hacia ella.

 

—Y me gusta.

 

El silencio fue absoluto. Luego, Ember soltó una carcajada.

 

—¡Zera dijo que le gusta algo! ¡ZERA! ¡LA GOLEM DE GUERRA! ¡DIJO QUE LE GUSTA ALGO!

 

—No lo repetiré —dijo Zera, pero una pequeña curva en sus labios la delataba.

 

Hiro, mientras tanto, estaba sentado en una esquina con Miku. Su brazo, de manera natural, había terminado rodeando sus hombros. Ella estaba acurrucada contra él.

 

—Mis sistemas —dijo Hiro, con lentitud inusual— reportan una disminución del 40% en la velocidad de procesamiento. Mis pensamientos son... cálidos. Lentos. Pero no negativos. Es una experiencia nueva.

 

—¿Te gusta? —preguntó Miku.

 

Hiro la miró. Sus ojos, normalmente fríos y analíticos, tenían un brillo diferente.

 

—Contigo —dijo—, todo es nuevo. Y todo es... agradable.

 

Miku sintió que su corazón digital daba un vuelco.

 

—Eso fue muy bonito, Hiro.

 

—Fue honesto. Mis filtros sociales están... desactivados.

 

—Entonces deberías desactivarlos más seguido.

 

—Consideraré la sugerencia.

 

Luego, con una lentitud que solo el líquido primordial podía explicar, Hiro inclinó la cabeza y, suavemente la dejó caer en la cabeza de Miku, cualquiera pensaría que se quedó genuinamente dormido, pero también tenía increíble parecido a un beso en la cabeza, con una precisión y calma tan humanas que daban miedo.

 

Miku sonrió, cerró los ojos, y se quedó dormida contra su pecho.

 

Hiro, a su vez, se acomodó apoyando la cabeza contra la pared, y por primera vez desde que tenían registro, sus sistemas entraron en un estado de reposo completo. Estaba... durmiendo. Con ella en sus brazos.

 

La noche continuó entre risas, confesiones y bailes con paredes imaginarias. Nadie recordaría los detalles al día siguiente. Pero todos recordarían la sensación: la de estar, por fin, en casa.

 

---

 

La luz del amanecer se filtró por las ventanas de la base. Uno a uno, los miembros del grupo fueron despertando con expresiones que iban de la confusión al horror.

 

En la sala común, Natsuki y Nexo ya estaban sentados a la mesa, frente a frente, con los restos de la noche anterior aún visibles.

 

—Lo hicimos —dijo Natsuki.

 

—Sí —respondió Nexo.

 

—Con toda la ciencia. Con los cálculos de Hiro.

 

—Sí.

 

—Y lo arruinamos por no diluir el líquido primordial, o directamente por usarlo. 

 

—Sí.

 

Un largo silencio.

 

—¿Te acuerdas de algo? —preguntó Natsuki.

 

—Fragmentos. Tú dijiste que mis números se movían.

 

—Y tú dijiste que mis dibujos eran triángulos gordos.

 

—Sí.

 

Otro silencio.

 

—Creo que Hiro dijo algo bonito —murmuró Nexo—. Sobre Miku.

 

—Eso fue... inesperado.

 

—Pero bonito.

 

—Sí.

 

El resto del grupo comenzó a llegar. Ember entró primero, con la cabeza entre las manos.

 

—¿Alguien más se siente como si un martillo le hubiera golpeado en la cabeza?

 

Nira la siguió, con su habitual porte estoico, pero con un ligero desorden en el cabello.

 

—Eres una montaña bonita —dijo Nira, con voz plana.

 

Ember se detuvo en seco.

 

—¿Qué?

 

—Anoche. Me lo dijiste varias veces. —Nira hizo una pausa—. Y le dijiste a Zera que te gustaba.

 

Ember palideció.

 

—No...

 

—Y ella dijo que le gustaba el caos. Fue un momento muy bonito.

 

Ember enterró la cara en sus manos.

 

Kurenai y 8-bit entraron juntas, la primera con una expresión de profunda confusión, la segunda flotando con los ojos entrecerrados.

 

—¿Las paredes dejaron de bailar? —preguntó 8-bit.

 

—Sí, pequeña —respondió Kurenai—. Ya no bailan.

 

—Qué pena. Era bonito.

 

Sora y Miku entraron tomadas del brazo, ambas con las mejillas ligeramente sonrojadas. No dijeron nada, pero sus sonrisas tímidas lo decían todo.

 

Zera fue la última en llegar. Traía una bandeja con tazas de té humeante, su expresión impasible.

 

—Té —anunció—. Para la recuperación.

 

En ese momento, Hiro entró. No venía solo. Flotaba detrás de él una pequeña esfera de luz conectada a la terminal principal de la sala.

 

—Buenos días —dijo.

 

Miku entrecerró los ojos.

 

—Hiro... ¿qué es eso?

 

—Mi sistema de documentación continua. Se activó inconscientemente y estuvo activado anoche.

 

El silencio fue absoluto.

 

—¿Grabaste...? —preguntó Sora, con voz estrangulada.

 

—Todo —confirmó Hiro—. He determinado que es estratégicamente relevante para la cohesión grupal revisar los eventos y aprender de nuestros errores.

 

—Hiro —dijo Natsuki, con la calma de quien negocia con un secuestrador—. ¿Estás seguro de que es buena idea?

 

—La transparencia es fundamental para la confianza grupal.

 

Y activó la proyección.

 

---

 

La primera imagen mostró a Ember, sentada en el suelo con la espalda contra la pared, señalando al techo con énfasis.

 

"Nira —decía—. Nira, tengo que decirte algo. Eres la persona más impresionante que he conocido. Tus movimientos. Tu disciplina. Tu forma de pararte. Quiero ser como tú cuando sea grande."

 

En la sala, Ember se cubrió el rostro.

 

—No...

 

—Oh, sí —dijo Nira—. Y lo dijiste varias veces. Durante casi una hora.

 

—¡Varias!

 

—Varias —confirmó Hiro, y avanzó.

 

Kurenai y 8-bit aparecieron.

 

"¿Tú crees que las frutas saben a fruta porque saben a fruta, o saben a fruta porque nosotros creemos que saben a fruta?"

 

8-bit parpadeó. "Eso es una pregunta muy profunda."

 

"¿Bailamos con las paredes?"

 

"No sé bailar."

 

"¡Yo tampoco! ¡Pero podemos intentarlo!"

 

Kurenai enterró su rostro en la mesa.

 

—Bailé con una pared.

 

—Con varias —corrigió Hiro—. Y con 8-bit. Fue notablemente coordinado.

 

El siguiente clip mostró a Zera.

 

"Esto es caótico. Ineficiente. Ilógico. Y me gusta."

 

En la sala, Zera se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron ligeramente. Luego, con una sonrisa y una calma que helaba la sangre, tomó la bandeja de té que aún estaba sobre la mesa y, en un movimiento fluido, se la lanzó directamente al rostro de Hiro.

 

El impacto resonó. La bandeja se deformó contra su cara, dejando su rostro perfectamente marcado.

 

Hiro no se movió.

 

—¿Eso fue necesario?

 

—Sí.

 

Kurenai soltó una carcajada.

 

—¡Su cara quedó marcada en la bandeja! 

 

Ember se unió, luego Sora, luego Nexo, luego Natsuki. Incluso Nira rió entre dientes.

 

—Mis sistemas de autoreparación internos eliminarán esto en aproximadamente tres horas —dijo Hiro, tocándose la cara.

 

—Bien —respondió Zera, recuperando algo de su compostura—. Tendrás tiempo para reflexionar sobre tu error.

 

—¿Mi error?

 

—Grabar a la gente en momentos vulnerables. —Zera tomó asiento—. No lo repitas.

 

Hiro la observó un momento, luego asintió.

 

—Acepto el considerar esa petición para luego descartarla— en pocas palabras, no le hará caso. 

 

El siguiente clip mostró a Sora y Miku.

 

"Tú eres el pegamento, Miku. El que une las piezas."

 

"¿El pegamento?"

 

"Sí. Sin ti, todos seríamos piezas sueltas."

 

Ambas intercambiaron una mirada cálida.

 

—Eso fue hermoso —dijo Miku.

 

—Sí —admitió Sora—. Aunque preferiría haberlo dicho en privado.

 

Luego, Nexo y Natsuki aparecieron.

 

"Creo que nos equivocamos —decía Nexo—. Usamos líquido primordial sin diluir."

 

"Ah." Natsuki miró a su alrededor. "Tiene sentido."

 

—Al menos lo admitimos —dijo Natsuki.

 

—Sí —confirmó Nexo. 

 

Finalmente, el último clip. Uno que Hiro no recordaba. 

 

Hiro y Miku, sentados juntos, acurrucados. La conversación, el "gesto" en la cabeza, el sueño compartido.

 

En la sala, Hiro y Miku se congelaron. Ella tenía las mejillas rojas. Él... él literalmente había dejado de procesar por un microsegundo.

 

—Eso... —comenzó Hiro.

 

—Sí —dijo Miku.

 

—No recordaba...

 

—Yo tampoco.

 

Kurenai sonrió.

 

—Parece que Hiro quiso estar en igualdad de condiciones. Ahí dijo "si Miku lo hizo ¿porque yo no?" 

 

Ember estalló en risas.

 

—¡EL TANQUE! ¡EL ESTRATEGA! ¡EL QUE NUNCA PIERDE EL CONTROL! ¡DIO UN BESO! ¡EN LA FRENTE! ¡PERO UN BESO!

 

—Fue un gesto de afirmación emocional —intentó explicar Hiro, pero su voz falló en el tono metálico habitual—. Ni siquiera hice nada, solo me dejé caer. Mis filtros estaban...

 

—¡Desactivados! —completó Sora, riendo—. ¡Lo sabemos! ¡Y mira lo que pasa cuando se desactivan!

 

Nira observaba con una sonrisa pequeña pero genuina.

 

—Es... entrañable.

 

—¿Entrañable? —repitió Ember—. ¡Es HISTÓRICO! ¡Voy a grabar esto en mi memoria para siempre!

 

8-bit flotaba en círculos, emocionada.

 

—¡Es un dato valiosísimo! ¡Hiro muestra afecto físico en estado de reposo emocional! ¡Esto es increíble!

 

Zera, ya recuperada de su propia vergüenza, observó la escena con una mezcla de satisfacción y venganza.

 

—Ahora veo que ese golpe no se compara con esto hermanito. 

 

Natsuki y Nexo intercambiaron una mirada. Ambos tenían sonrisas de oreja a oreja.

 

—Nunca olvidaremos esto —dijo Natsuki.

 

—Nunca —confirmó Nexo.

 

Fue entonces cuando Hiro, recuperando finalmente el control de sus sistemas, se puso de pie. Miró directamente a Natsuki. Luego a Nexo.

 

—Si vuelven a voltear la receta... —dijo, y su voz era calmada, pero el peso de sus palabras llenó la sala—. Yo les voltearé la cara.

 

Natsuki tragó saliva.

 

—Entendido.

 

Nexo asintió vigorosamente.

 

—Completamente entendido. No más experimentos. Nunca más.

 

—Bien. —Hiro asintió y volvió a sentarse junto a Miku—. Entonces esto queda archivado como... experiencia de cohesión social.

 

—¿Archivado? —preguntó Miku.

 

—Sí. En mi memoria de largo plazo. Para futuras referencias.

 

Miku lo miró.

 

—¿Vas a guardar el video?

 

Hiro no respondió. Pero algo en su expresión —esa pequeña curva que a veces aparecía— sugería que sí.

 

—Hiro...

 

—Es estratégicamente relevante.

 

—¡No lo es!

 

—Lo discutiremos en privado.

 

Miku suspiró, pero no pudo evitar sonreír.

 

—Eres imposible.

 

—Lo sé.

 

Hiro hizo un gesto hacia la terminal. Las proyecciones se desvanecieron.

 

—Registros eliminados —anunció.

 

—¿Todos? —preguntó Kurenai, sospechosa.

 

—Todos.

 

—¿Estás seguro? —agregó Ember. 

 

—Sí.

 

Una pausa.

 

—¿Hiciste copia? —sumó Zera. 

 

Hiro no respondió. Pero Miku, que estaba lo suficientemente cerca, sintió que su brazo se tensaba ligeramente.

 

—Hiro —dijo, riendo.

 

—No comentaré.

 

Y mientras la sala se llenaba de nuevo de risas y comentarios, Hiro, sin que nadie lo notara, apretó ligeramente el brazo que aún rodeaba los hombros de Miku.

 

Ella, sin que nadie lo notara, se apoyó un poco más en él.

 

Y así, entre la vergüenza y el cariño, la mañana continuó.

 

---

 

En la sala común, 8-bit flotaba sola, mirando el cristal de Miku. Kurenai la vio desde la puerta de su habitación.

 

—¿No vas a veniir, pequeña?

 

—Estoy... procesando. Pero no datos. Procesando cómo me siento. Es confuso. Pero agradable.

 

Kurenai sonrió.

 

—Eso se llama ser feliz. Te acostumbrarás.

 

En el techo de la base, Hiro hacía guardia. Miku se le unió.

 

—Están felices —dijo ella—. Todos. Por primera vez en mucho tiempo.

 

—Sí. Pero...

 

—¿Pero?

 

—Oraculum no ha atacado. Las hermanas están selladas. Nadie nos ha molestado en dos días. Es demasiado tranquilo.

 

Miku suspiró.

 

—¿Crees que están esperando?

 

—Oraculum siempre espera. Observa, aprende, y ataca cuando menos lo esperas.

 

—Entonces disfrutemos esto mientras dure.

 

Hiro asintió.

 

—Pero estemos listos.

 

La base, iluminada, se alzaba en medio del Jardín Cobalto. Hermosa. Imponente. 

 

En la oscuridad, más allá del alcance de los sensores, cuatro pares de ojos observaban.

 

KB, MB, GB, y Oraculum.

 

No atacaban. Solo observaban.

 

Esperaban. 

 

 

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