El anillo de combate se dividió en dos realidades opuestas. En un lado, un torbellino de violencia y luces: Hiro, Kurenai, Nira y Zera eran un muro que cedía centímetro a centímetro contra la marea interminable de Crawlers perfeccionados. El sonido era un rugido metálico constante, salpicado por gritos de esfuerzo y crujidos de armaduras sometidas a presión extrema.
En el otro lado, un silencio electrizante, roto solo por el zumbido de la guadaña de energía y el jadeo controlado de Miku. Oraculum flotaba entre ella y las torres de datos, un muro de perfección algorítmica. Natsuki se interpuso, sus manos brillando con el código dorado de la Programación Ad-Hoc.
—¡Miku, refuerzo básico! —gritó Natsuki. Sus dedos trazaron un patrón sobre el torso de Miku, no un sello complejo, sino una rápida inyección de código que solidificó los bordes de su arma y creó una película protectora de energía dorada alrededor de sus puntos vitales—. ¡Te cubro! ¡Yo voy al perímetro!
Miku asintió, sintiendo la ligera pero crucial capa de protección. Natsuki se lanzó hacia la refriega, dejando a Miku frente a Oraculum.
La entidad no esperó. Se abalanzó, su guadaña trazando un arco azul cian que silbaba al cortar el aire. Miku materializó su sable de energía con un shing estridente. El choque de las armas fue un estallido de chispas azules y blancas que iluminó sus rostros. Miku retrocedió, sus brazos entumecidos por el impacto, pero aguantó.
—Protocolo de combate melee: analizado —murmuró Oraculum, y su siguiente golpe fue una réplica exacta del ángulo y fuerza que Miku acababa de usar, pero perfeccionado. Miku logró desviarlo, pero la guadaña rozó su hombro, cortando la capa de energía dorada de Natsuki y dejando una fina línea de calor en su brazo.
Miku contraatacó. No solo con el sable, sino que entrecruzó sus golpes con pulsos sónicos cortos y brutales que brotaban de su mano libre, forzando a Oraculum a desviar su atención para generar campos de cancelación. Fue un duelo de cuatro dimensiones: acero contra energía, sonido contra algoritmo. Miku no era tan fuerte, ni tan rápida, pero su estilo era impredecible, una fusión de técnica aprendida y desesperación emocional que el espejo algorítmico de Oraculum no podía reflejar a la perfección.
—¡Tus datos son… inconsistentes! —exclamó Oraculum, frustración rara teñía su melodía cuando un grito cargado de rabia, no un pulso limpio, logró atravesar su campo defensivo y hacer vibrar su halo.
—¡Porque no soy solo datos! —gritó Miku, bloqueando otro golpe de guadaña y lanzando una patada baja que sorprendió a la entidad.
Mientras, la situación en el perímetro se volvía crítica. Hiro derribaba a un Rompedor con un golpe de plasma en su núcleo, pero dos Acechadores lo alcanzaron por la espalda, sus garras rasgando su armadura con un chirrido metálico. Kurenai sangraba de múltiples cortes, su agilidad siendo superada por la coordinación numérica. Zera calculaba trayectorias a un ritmo frenético, pero sus sistemas de enfriamiento empezaban a sobrecargarse, emitiendo un zumbido de advertencia. Nira era un torbellino escarlata, pero incluso su nueva agresión no podía detener la marea; cada Crawler que caía era reemplazado por dos más.
Hiro, recibiendo los datos de fatiga de todo el equipo en su interfaz, tomó la única decisión posible. Con un movimiento brusco, alejó a un Acechador y gritó con toda la potencia de sus vocoder:
—¡No podemos más! ¡Protocolo de emergencia, AHORA!
Fue como si se hubiera presionado un botón de silencio. En el fragor de la batalla, cuatro figuras se detuvieron: Hiro, Natsuki (que acababa de llegar al perímetro), Kurenai y Nira.
Luego, el mundo estalló en luz.
De Hiro surgió un torrente de energía roja anaranjada y negra que lo envolvió en una armadura masiva y angulosa: Cypher-7. Sobre su hombro, un cañón de riel largo y pesado, "Rompe-yelmos", se encajó con un clunk hidráulico. En su otro brazo, una sierra circular gigante, "Colmillo del Infierno", cobró vida con un rugido gutural.
De Natsuki brotó una luz dorada tecnológica, formando Tech-Samurai. Su armadura era más ligera, aerodinámica, y en su mano se materializó una hoja de energía pura y brillante, el "Filamento de Coherencia", que cortaba el aire con un zumbido de alta frecuencia.
De Nira, en lugar de luz, pareció brotar sangre y sombra solidificada. Crimson-Blade la envolvió en una armadura de placas plateadas y rojas. De su espalda se desplegaron unas alas mecánicas afiladas como cuchillas, y en sus manos, su katana se transformó, alargándose y brillando con un filo rojo oscuro, la "Hoja del Fénix".
De Kurenai emanó un aura fantasmal, rojo escarlata y negro. Ghost-Claw la cubrió con una armadura ágil y felina. Sus manos quedaron envueltas en guanteletes de los que se extendían largas y afiladas garras de energía, las "Garras del Presagio", que parpadeaban con una luz nerviosa.
Zera, al ver la transformación, no materializó una armadura física. En cambio, sus ojos blancos se iluminaron hasta cegar, y patrones geométricos azules y blancos, densos como archivos de datos comprimidos, comenzaron a fluir sobre su cuerpo y a su alrededor. Era la esencia misma de sus protocolos de combate de Metal Core, activados y visualizados, aumentando su velocidad de procesamiento y la potencia de sus emisores de energía a un nivel superior.
El impacto fue inmediato y devastador.
Cypher-7 abrió fuego. "Rompe-yelmos" disparó no un rayo, sino un proyectil sólido de energía cinética que atravesó a tres Crawlers en fila y continuó hasta impactar contra la pared distante con un BOOM que hizo temblar el suelo. "Colmillo del Infierno" se lanzó hacia adelante, destrozando una formación de Acechadores con un estruendo de metal triturado.
Tech-Samurai se movió. El "Filamento de Coherencia" se convirtió en un arco azulado imposible de seguir. Cortó proyectiles en el aire, desvió garras, y al trazar un círculo rápido, generó un muro de distorsión translúcido que dividió una oleada de Rastreadores, desviando sus ataques hacia los lados.
Crimson-Blade se elevó. Con un poderoso aleteo de sus alas mecánicas, Nira se alzó sobre la batalla. Desde arriba, se lanzó en picado, su "Hoja del Fénix" absorbiendo el impacto de un disparo de un Rompedor y devolviéndolo duplicado en un golpe descendente que partió a la criatura en dos.
Ghost-Claw desapareció. Kurenai no se movía; se desvanecía y reaparecía. Sus garras parpadeaban, anticipando cada ataque. Esquivó una embestida no porque la viera, sino porque un hormigueo en su muñeca le dijo que girara, y contraatacó deslizando sus garras por las juntas de un Acechador, desmantelándolo antes de que pudiera reaccionar.
Y Zera, convertida en un núcleo de lógica pura, coordinaba. Sus haces de energía blanca ya no eran disparos, eran algoritmos destructivos. Eliminaba a los Crawlers que intentaban flanquear a los demás, sellaba brechas en su formación, y sus ojos, escaneando a velocidad extrema, proyectaban rutas óptimas de ataque directamente en las interfaces táctiles de las armaduras.
Por un momento glorioso y brutal, la marea de Crawlers no solo se detuvo, sino que retrocedió. La sinergia era aterradora. La movilidad aérea de Nira y la precognición de Kurenai desorganizaban las líneas enemigas. Natsuki cortaba las defensas más duras. Hiro suprimía cualquier intento de formación con su poder de fuego abrumador. Zera era el cerebro frío que orquestaba el caos.
Oraculum, distraída por la transformación masiva, desvió su mirada de Miku. Sus ojos azules escanearon las cinco nuevas amenazas (cuatro armaduras y Zera en estado elevado), procesando datos a una velocidad visible: los destellos en sus pupilas eran un torbellino de información. La confusión momentánea que Miku había provocado se desvaneció, reemplazada por un interés analítico agudo.
—Amenaza reevaluada —anunció, su melodía recuperando una frialdad absoluta—. Variables han activado contramedidas de nivel superior. Protocolos de adaptación: máxima prioridad.
Su cuerpo de energía brilló con intensidad abrasadora. Las líneas de poder en su traje negro pulsaron como venas de relámpago, y el halo sobre su cabeza giró más rápido, emitiendo un tono agudo. No parecía alarmada. Parecía… desafiada. Como si el experimento hubiera entrado en su fase más interesante.
Miku aprovechó la distracción para dar unos pasos más hacia las torres, pero una última mirada a Oraculum le heló la sangre. La entidad no la estaba siguiendo. Sus ojos, ahora cargados de un cálculo glacial, se posaron sobre las armaduras, midiendo, aprendiendo, preparando el siguiente movimiento en un juego para el que solo ella tenía las reglas completas. La ventaja del Metal Core era real, pero temporal. Y Oraculum acababa de empezar a jugar en serio.