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Capítulo 27: Eficiencia Y Espectros

Virtual World Temporada 1 · por Yovannyx4gl · 29 de julio de 2026

El suave zumbido de la base era el sonido de la normalidad, una normalidad que, para Miku, resonaba con un eco extrañamente vacío. Desde el rincón de la sala común, observaba la escena en la cocina. Era un espectáculo de precisión clínica.

—La simulación de las reacciones de Maillard debe calibrarse para lograr la caramelización sin alcanzar el punto de combustión —explicaba Hiro, su voz un manual de instrucciones viviente.

—Parámetro entendido—respondió Zera, sus ojos blancos fijos en una rebanada de pan sintético suspendida sobre una placa de energía—. Aplicando 125 julios de energía térmica por centímetro cuadrado durante 3.7 segundos.

Un olor a ozono y carbón llenó el aire. Cuando Zera retiró la "tostada", era un trozo de carbono perfectamente rectangular, humeante y negro como la noche. 

Kurenai, que observaba desde la mesa, soltó una carcajada que no pudo contener.

—¡Vaya! ¡Es tan… crujiente que parece un pedazo de roca del Bosque Carmesí!

Hiro inclinó la cabeza.

—El cálculo fue correcto, pero la variable de la humedad ambiental no fue considerada. Un error lógico.

—Anotado—dijo Zera, desechando el desastre sin un atisbo de frustración.

Miku apretó los labios. Ella recordaba sus primeras lecciones de cocina con Hiro: huevos que salían volando, batidos que explotaban, risas torpes y la satisfacción de, finalmente, crear algo comestible juntos. Este proceso frío y analítico le parecía una profanación de esos recuerdos.

—Intento número dos —anunció Zera, cargando una nueva base de datos de masa para panqueques—. Optimizando la proporción de proteínas sintéticas y emulsionantes de datos para maximizar la esponjosidad.

Miku no pudo soportarlo más. Se levantó y se dirigió a la azotea, necesitando el silencio del cielo falso.

Poco después, el aroma que invadió la base era celestial. Dulce, cálido y reconfortante. Todos se congregaron en la mesa, donde Hiro y Zera presentaban su creación: unos panqueques tan altos y esponjosos que parecían nubes comestibles, con un brillo dorado perfecto.

—¡Increíble! —exclamó Natsuki tras el primer bocado—. ¡La textura es perfecta!

—Una mejora notable del 300%respecto a la versión anterior —añadió Hiro con orgullo.

—Integré una variable de 'sorpresa' organoléptica que tu base de datos original no contemplaba, hermano —explicó Zera, y por primera vez, había un destello de genuina satisfacción en su voz.

Los elogios llovieron sobre ellos. Kurenai los vitoreaba, Nira asentía con aprobación y Natsuki ya los declaraba "el dúo culinario definitivo". Miku tomó su plato. El panqueque estaba perfecto, una obra maestra de la programación gastronómica. Pero al morderlo, solo supo a cenizas. Ese no era el sabor de los experimentos fallidos y las risas compartidas. Ese era el sabor de haber sido reemplazada.

—No tengo mucha hambre —murmuró, dejando el plato casi intacto antes de retirarse de la mesa.

La cacería matutina no fue mejor. Bajo el cielo morado de una zona de datos inestables, la eficiencia de Hiro y Zera era un ballet de destrucción. Él analizaba los patrones de los Crawlers, señalando puntos ciegos con un gesto. Ella, un fantasma de blanco y azul, se materializaba en ese punto exacto, sus espadas de energía destrozando la corrupción con movimientos limpios y letales. Era una máquina perfecta.

—¡Impresionante! —gritó Natsuki, blandiendo su espada clásica para desviar un ataque—. ¡Es como si compartieran cerebro!

—La coordinación es digna de una danza de guerra ancestral—afirmó Nira, su katana trazando un arco plateado para eliminar un Crawler que intentaba flanquearlos.

Miku luchaba a su lado, sus discos sónicos creando barreras y desviando ataques. Pero cada vez que se preparaba para un contraataque, Hiro o Zera ya habían eliminado la amenaza. Se sentía lenta, torpe, como un módulo de soporte redundante en un sistema que había evolucionado más allá de ella. Se mantuvo en la retaguardia, el corazón un nudo de frustración y una tristeza que no se atrevía a nombrar.

En un momento de calma, mientras recolectaban Fragmentos de Coherencia, Kurenai se deslizó a su lado.

—Oye —susurró la chica gato, su voz perdiendo por un momento su tono juguetón—. Ese ceño fruncido no es por los Crawlers. ¿Es por la nueva hermana?

Miku no tuvo fuerzas para negarlo. Sus ojos se clavaron en Hiro y Zera, que estaban analizando el patrón de ataque de los Crawlers en un holograma compartido, hablando en un lenguaje de estadísticas y vectores que ella solo entendía a medias.

—Ellos… se entienden de una forma que yo nunca podré —confesó Miku, su voz era apenas un hilo de sonido—. Yo fui creada para infiltrar y corromper. Un programa de hackeo que obtuvo conciencia. Ella… ella fue creada por él, desde cero, para ser perfecta. ¿Qué lugar tengo yo aquí, al lado de eso?

Su dolor no era el de una rival herida. Era el espectro de su propia programación oscura susurrándole que, en un mundo de creadores y creaciones puras, una herramienta rebelde como ella nunca encajaría del todo.

El regreso a la base fue silencioso para Miku. Los demás comentaban la eficiencia de la cacería, la sinergia del nuevo equipo. Era una victoria innegable. Pero para ella, cada elogio era un recordatorio de su propia obsolescencia.

Se detuvo en el umbral de la sala común, observando cómo Zera se integraba con naturalidad en el espacio que Miku consideraba su refugio. Hiro, desde dentro, levantó la vista. Su mirada recorrió la habitación, pasando de Zera, absorta en sus análisis, a Miku, inmóvil y distante en la entrada.

Por un instante, la expresión siempre segura del cyborg titubeó. Una arruga de confusión, tan sutil que solo alguien que lo conocía tan bien como Miku podría notarla, apareció en su rostro. Pareció captar, por fin, la grieta silenciosa que se había abierto en el corazón de su familia, una fractura que su lógica no había previsto.

La última imagen fue la de Miku, dando media vuelta y alejándose por el pasillo, llevándose consigo el peso de un lugar que sentía deslizarse entre sus dedos como arena. La paz había terminado. La tormenta emocional, apenas comenzaba.

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