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Capítulo 25: Eclipse Del Núcleo

Virtual World Temporada 1 · por Yovannyx4gl · 22 de julio de 2026

El silencio en el Coliseo era absoluto, roto solo por el tenue zumbido de las plataformas flotantes. Diez mil espectadores contenían la respiración, atónitos ante la escena que se desarrollaba ante ellos: Cypher-7 y Omen Phantom, dos leyendas, detenidos en el clímax de su duelo, compartiendo un contacto que no era de violencia, sino de un reconocimiento tan profundo que trascendía toda lógica de su naturaleza.

En las gradas, la incredulidad inicial del grupo se transformó en una oleada de entendimiento y empatía.

—Hermanos... —susurró Miku, limpiándose una lágrima. Una sonrisa cálida y aliviada iluminó su rostro.

Fue entonces cuando el universo estalló.

¡KABOOM!

Una explosión colosal sacudió los cimientos mismos del coliseo, procedente de algún lugar en las entrañas de la estructura. Las luces parpadearon violentamente y una lluvia de polvo y escombros se desprendió del techo. La pantalla gigante que mostraba a los combatientes se llenó de estática.

¡KABOOM!

Una segunda detonación, mucho más cercana, pulverizó la cabina del comentarista. Un grito ahogado y el crujido de metal comprimiéndose fue lo último que se escuchó antes de que el audio del sistema se cortara por completo.

El polvo se asentó lentamente, revelando una figura en el centro del nuevo cráter. No era alta, ni particularmente imponente a primera vista, pero la energía que emanaba de ella era tan densa y corrupta que resultaba opresiva. Era Azura Skye, pero transformada. Su armadura, antes dañada, estaba ahora reconstruida con piezas de un metal oscuro y pulsante, y en el centro de su pecho, donde antes solo había un núcleo de energía estándar, palpitaba con un brillo siniestro un Núcleo Mk-III, idéntico en diseño al de Hiro, pero bañado en una luz magenta corrupta.

Los demás en las gradas quedaron en un silencio helado. La atmósfera había pasado del asombro al terror primal.

Hiro y Zera se separaron al instante, sus cuerpos adoptando posturas de combate por puro instinto. Sus ojos—lentes rojos y pupilas blancas—se clavaron en el núcleo del pecho de Azura.

—Azura... —la voz de Hiro era un eco plano, pero con una tensión subyacente—. ¿Qué hiciste?

La cyborg giró lentamente su cabeza hacia él. Sus ojos, ahora de un magenta eléctrico y vacío, brillaron con un odio que había trascendido la rabia para convertirse en algo puro y absoluto.

—Lo que me hiciste hacer —su voz era un coro distorsionado, como si múltiples personas hablaran a través de ella—. Lo necesario para quebrarte.

Azura clavó sus ojos magenta en Hiro y, con un grito desgarrado por el odio, se lanzó contra él como un proyectil. La distancia entre ellos se cerró en un instante. Hiro, anclado en su posición, extendió los brazos y, con un impacto que resonó en toda la arena, la atrapó. Los músculos metálicos de sus brazos crujieron con la tensión, pero sostuvo su embestida.

—¡¿Ves?! —rugió Azura, empujando con toda la fuerza de su núcleo—. ¡Tu propia fuerza usada contra ti!

Hiro cedió terreno, sus talones dejando surcos profundos en la plataforma mientras Azura lo empujaba varios metros atrás, hasta el mismísimo borde, donde el vacío energético los esperaba.

—Tu aumento de fuerza… es notable —elogió Hiro, sin rastro de sarcasmo, solo el reconocimiento frío de un ingeniero ante una máquina potente.

—¡Cállate! —le espetó ella, intentando liberar un brazo para clavar su guadaña de energía en su cuello.

Hiro, aprovechando su momentáneo desequilibrio, soltó una de sus manos y, con un movimiento fulgurante, le propinó una patada en el torso que la lanzó por los aires. Azura cayó pesadamente sobre otra plataforma más baja, rodando con torpeza.

Hiro se dispuso a saltar tras ella para asegurar la ventaja, pero la advertencia de Zera llegó un instante demasiado tarde.

—¡Zero, cuidado!

Hiro apenas tuvo tiempo de girar la cabeza antes de que una brutal ráfaga de energía magenta, del mismo calibre devastador que sus propios cañones de plasma, impactara contra su espalda. ¡BOOM! El estruendo fue sordo y violento. Hiro se tambaleó hacia adelante, pero sus pies, anclados con la fuerza de un titán, no cedieron. Sin embargo, el humo comenzó a elevarse de su espalda, y un parpadeo errático en sus ópticas delató la desorientación y el daño recibido. La armadura había aguantado el impacto directo, pero la transferencia de energía había sobrecargado sistemas críticos.

—¡HIRO! —El grito de Miku fue un desgarro desde las gradas, un sonido de puro terror.

—¡Muy bien, se acabó! —rugió Natsuki, su rostro pálido de ira e impotencia.

Sin necesidad de coordinarse, el grupo se puso en movimiento. Eran un rayo de acción en medio del estupor general. Miku y Natsuki saltaron de la grada, usando sus habilidades para amortiguar la caída y correr hacia su amigo. Nira y Kurenai, con los instintos de guerreras nacidas, se lanzaron directamente hacia la amenaza.

Azura, viendo a Hiro aún de pie pero claramente afectado, avanzó con pasos pesados y decididos, la guadaña de energía emitiendo un siniestro zumbido magenta.

—Tu resistencia… es tan irritante como siempre —escupió Azura, alzando su arma para un golpe final.

Pero el golpe no llegó a Hiro. Con un shiiing metálico que cortó el aire, las dos espadas curvas de Zera interceptaron la guadaña, creando una lluvia de chispas blancas y magenta. La fuerza del impacto hizo temblar los brazos de Zera, pero no cedió.

—Acabo de recuperarlo —susurró Zera, con una voz que tronaba con una furia protectora que no conocía límites. Sus ojos blancos brillaban con una intensidad feroz—. ¡No permitiré que me lo arrebaten otra vez!

Azura forcejeó, empujando con la fuerza descomunal de su nuevo núcleo.

—¡No tienes derecho a interponerte, fantasma! ¡Él es MI presa!

En ese forcejeo, un destello rojo se movió como un relámpago. Kurenai, aprovechando la distracción, giró sobre sí misma y descargó una patada brutal en el costado de Azura. ¡CRAC! El impacto, aunque no penetró la armadura, fue suficiente para hacer retroceder a la cyborg varios pasos, rompiendo el bloqueo.

—¿En serio quieres más de lo que te di la última vez? —preguntó Azura con desdén, recuperando el equilibrio con una rapidez alarmante.

—No me sentiré intimidada por una copia barata —replicó Kurenai sin bajar la guardia, sus garras brillando con luz propia.

—No importa cuántos se enfrenten a mí… —La voz de Azura se volvió un coro de estática y odio, su núcleo palpitando con furia—… el resultado será el mismo. Todos caerán.

Una sombra se cernió sobre ellas. Nira aterrizó detrás de Azura con la elegancia silenciosa de un halcón, su Hoja del Fénix ya desenvainada y brillando con una luz hambrienta.

—Entonces —dijo Nira, su voz un latigazo de acero calmado—, ¿no te molestará que yo también me una al festín?

Azura no perdió tiempo en respuestas. Con un grito gutural, se lanzó como un torpedo hacia Nira. La guerrera de Aethelgard no se inmutó. En el último segundo, esquivó el embiste con un movimiento de una gracia imposible y enganchó la hoja de su katana con el asta de la guadaña de Azura. Con un poderoso giro de cadera y un grito de esfuerzo, Nira usó la propia inercia de Azura en su contra.

—¡Aléjate de mi compañero! —rugió Nira, lanzándola por los aires como si fuera un muñeco de trapo hacia una plataforma distante, decidida a entablar un duelo que diera tiempo a los demás.

Mientras la batalla se trasladaba, Zera se giró hacia Kurenai, una mezcla de confusión y gratitud en su rostro.

—Y… ustedes, ¿quiénes son? —preguntó, sus grandes ojos blancos escudriñando a la chica gato.

Kurenai le lanzó una sonrisa rápida y feroz, sin apartar la vista de la plataforma donde Nira y Azura comenzaban a intercambiar golpes.

—Somos amigos de… tu hermano —Vio cómo Nira, a pesar de su habilidad, comenzaba a ceder terreno ante la abrumadora fuerza y agresividad de Azura—. ¡Larga historia! ¡Pelea ahora, hablamos luego!

Y sin esperar respuesta, Kurenai se lanzó como un cohete para auxiliar a Nira. Zera asintió, una chispa de determinación encendiéndose en su interior. Volteó hacia donde Hiro estaba, y vio a los otros dos —el joven de mirada inteligente y la chica de coletas azules— ayudándolo a mantenerse en pie. Confió en ellos. Su lugar estaba en la pelea. Con un último vistazo a su hermano, se unió al combate en la plataforma lejana, un torbellino blanco y azul junto al rojo de Kurenai y el plateado de Nira.

Mientras tanto, Miku y Natsuki sostenían a Hiro. El olor a metal quemado era fuerte.

—Es grave —afirmó Natsuki, su voz temblorosa mientras su interfaz de programador analizaba el daño en la espalda de Hiro. Las placas estaban deformadas y carbonizadas, y los sistemas de energía reportaban fluctuaciones críticas—. Esos disparos son del mismo nivel que los suyos. La armadura aguantó, pero la sobrecarga dejó sus sistemas defensivos al límite.

—Tenemos que llevarlo a una zona de reparación —suplicó Miku, sus manos temblorosas acariciando el brazo metálico de Hiro, su voz quebrada por el pánico—. No podemos quedarnos aquí.

Cuando intentaron levantarlo para llevarlo, Hiro, con un esfuerzo sobrehumano, apretó sus manos con una fuerza debilitada pero desesperada.

—No… —logró decir, su voz era un susurro ronco y lleno de estática—. No hay… tiempo. —Hizo una pausa, jadeando virtualmente—. Por favor… Salven a Zera.

Miku y Natsuki se miraron, un nudo de agonía en sus gargantas. La lógica les gritaba que Hiro era la prioridad, que sin él, todo podía perderse. Pero sus corazones se destrozaban ante la idea de abandonar a sus compañeras y a la recién encontrada hermana de Hiro a merced de ese monstruo. Estaban atrapados en la peor decisión, paralizados entre el deber hacia su amigo y la lealtad hacia su familia.

El combate se había inclinado de forma brutal. Nira y Zera yacían en el suelo, intentando recuperarse de los últimos golpes. Azura, con su respiración distorsionada, tenía a Kurenai levantada del cuello, sus patadas siendo inútiles contra la fuerza del núcleo MK-III. El cañón de su otro brazo se alineó con la frente de la chica gato.

—Muere —resonó la voz metálica y fría de Azura, su dedo apretando el gatillo.

Un destello azul cortó el aire. ¡Shiiing! La mitad del cañón de Azura cayó al suelo, cortado con una precisión milimétrica. Azura, sorprendida, soltó a Kurenai para retroceder ante el siguiente tajo.

—¡Te voy a hacer picadillo, Skye! —rugió Natsuki, Tech-samurai, con una furia que nadie le había visto antes, su espada brillando con una luz azul iracunda.

—¿En serio? —preguntó Azura con una sonrisa torcida, esquivando otro corte—. Eso sí que me gustaría ver…

Su frase se cortó por un impacto sónico en su costado. ¡BOOM! Miku, Symphony-Blue, había llegado, sus alas desplegadas y su rostro una máscara de determinación.

—¡AGH! —gruñó Azura, tambaleándose—. Perfecto… Ahora todos vienen a estorbarme —escupió con sarcasmo.

Miku no desperdició palabras. Se lanzó al ataque, una sinfonía de discos sónicos y patadas aéreas. Natsuki la siguió, su espada tejiendo redes de distorsión que buscaban desmembrar a Azura. La cyborg, aun con su arma dañada, usaba la mitad restante de su cañón como escudo y su guadaña para contraatacar, moviéndose con una velocidad y fuerza aterradoras que le permitían mantener la ventaja a pesar de la desventaja numérica.

La persecución se extendió por varias plataformas, un caótico ballet de luz y acero. Finalmente, Azura encontró una apertura. Esquivando un tajo de Natsuki, atrapó una de las alas de Miku y, con un desgarro brutal, la arrancó de cuajo. Con un movimiento fluido, usó el ala destrozada como un garrote para golpear a Natsuki en la cabeza, enviándolo de bruces al suelo, inconsciente. Para después hacer lo mismo con Miku apagando su luz.

Azura se alzó sobre los dos cuerpos caídos, alzando su guadaña para el golpe final. Pero su brazo se detuvo en seco. Una mano metálica, con una fuerza imperturbable, sujetaba su muñeca desde atrás.

—Ya basta, Azura —la voz de Hiro era plana, pero cargada de una autoridad glacial.

Antes de que ella pudiera reaccionar, Hiro la hizo girar y la azotó contra el suelo con tremenda fuerza. ¡CRAC! Sin darle tregua, descargó una, dos, tres patadas brutales contra su torso. El impacto fue tan violento que la plataforma, ya debilitada, se resquebrajó y cedió bajo ellos. Azura cayó al vacío.

Hiro, jadeando, ignoró las advertencias de daño que recorrían su sistema. Sus prioridades estaban claras. Se giró para alcanzar a Natsuki, pero algo se movió bajo sus pies con la velocidad de un relámpago. Un impacto brutal en su espinilla lo hizo girar en el aire antes de estrellarse boca abajo contra el suelo.

—¿Se te olvidó que puedo volar… genio? —La voz burlona de Azura sonó sobre él. Mostrando el drone que le proporciona impulso aéreo.

Hiro, desorientado, intentó levantarse. El pie puntiagudo de Azura se clavó en su mano, atravesando el metal y fijándolo al suelo con un crujido siniestro.

—Vamos, Zero… Saca un cálculo que te ayude —Azura se inclinó, mirándlo desde arriba con desdén.

—Calculo un -100% de… lógica. En tu intento desesperado de golpearme —replicó Hiro sin mirarla, su orgullo intacto a pesar de la derrota.

Azura clavó su guadaña en el hombro de Hiro para después preguntar —¿son tus últimas palabras?— pero Hiro no respondió.

Azura sonrió, un gesto desprovisto de humanidad. —Como quieras.

Alzó su guadaña para clavarla en la nuca de Hiro, pero una sombra blacha se interpuso. ¡CLANG!

—Corrección —la voz de Zera era un silbido letal, sus espadas a centímetros del cuello de Azura—. ¿Cuáles son tus últimas palabras?

El mundo de Hiro se ralentizó. Vio cómo la sonrisa de Azura no se desvanecía. Vio cómo su mano libre se movía, no para defenderse, sino para agarrar la hoja de una de las espadas de Zera. Con un gruñido de esfuerzo y el sonido de metal retorciéndose, arrancó una de las espadas de la muñeca de Zera y, en el mismo movimiento, la hundió en su torso.

—Zera… no —la voz de Hiro fue un susurro quebrado.

El cuerpo de Zera se convulsionó, un jadeo silencioso escapó de sus labios. Sus ojos blancos se encontraron con los de Hiro por un instante, llenos de sorpresa y dolor, antes de que Azura la arrojara a un lado como un trapo sucio. La luz de su armadura comenzó a parpadear, apagándose lentamente.

—Muy bien. ¿En qué me quedé? —Azura giró de nuevo hacia Hiro, la guadaña alzándose para un tajo decapitador.

Pero entonces, algo cambió.

La mano atravesada de Hiro se cerró. No alrededor de la guadaña, sino a través de ella, permitiendo que el filo le cortara la palma para agarrar el asta con una fuerza que hizo crujir el metal. Un zumbido grave, como el despertar de un volcán, emergió de su cuerpo. Los orificios de cortes, penetración y las líneas de su armadura, antes de un rojo carmesí, comenzaron a brillar con una luz morada intensa y antinatural.

Sin soltar la guadaña, Hiro se puso de pie. El movimiento no fue humano; fue mecánico, inexorable, como si un pistón hidráulico lo estuviera elevando. Cuando su mirada se encontró con la de Azura, esta contuvo el aliento. Sus ojos ya no eran los lentes rojos y analíticos de Cypher-7 o Zero. Eran pozos de pura energía de destrucción, vacíos de toda razón, llenos de una furia primigenia.

En el suelo, los demás comenzaban a recuperar el conocimiento.

—¿Q-Qué pasó? —murmuró Kurenai, frotándose el cuello.

—Miren… —señaló Nira, ayudando a Miku a incorporarse. Su mirada estaba fija en Hiro—. Su aura… es diferente.

Miku, pálida y con el hombro destrozado, sintió un escalofrío. —Ese… ese no es... No puede ser Hiro. Su estilo de pelea…

—No —la interrumpió Natsuki, su rostro era una máscara de horror y comprensión—. Ese sí es Hiro. Pero… es una habilidad Hax del juego. 'Eclipse del Núcleo'. Fija un objetivo, libera todo el arsenal sin restricciones, sobrealimentando el sistema… pero a costa de toda conciencia. Apaga la mente y enciende la bestia.

Hiro, ahora una entidad de pura furia morada, se lanzó sobre Azura. La pelea que siguió ya no tenía técnica, era un intercambio brutal de golpes. Hiro la golpeaba con sus puños, ella contraatacaba con su guadaña, pero se notaba que Hiro, no solo era otra vez superior, tenía el deseo de hacerla pedazos. La arrinconó contra los restos de una plataforma para después lanzarla a las profundidades del coliseo, y ambos en el fondo Hiro la arrinconó de nuevo de una patada, alzó su brazo para un golpe final que seguramente destrozaría su núcleo.

—¡AHORA! —gritó Natsuki.

Él y Kurenai se abalanzaron. Natsuki, con todas sus fuerzas, agarró los brazos de Hiro por detrás, inmovilizándolos en un candado. Kurenai se lanzó contra su pecho, empujando con todas sus fuerzas. Sus armaduras, lejos de igualar su fuerza, les dieron la resistencia suficiente para dominarlo... por un tiempo.

Hiro forcejeó con una bestialidad inquietante, sin ceder terreno. Azura, viendo la oportunidad, se irguió con dificultad, su guadaña recuperándose.

—¡Idiotas! ¡Ahora morirán todos juntos! —rugió, alzando el arma.

Pero Nira, Miku y Zera, esta última arrastrándose a pesar de su herida, cayeron sobre ella en una lluvia de golpes coordinados. Una patada de Nira aquí, un disco sónico de Miku allá, y un último y débil pero preciso golpe de Zera en la cabeza, dejaron a Azura inconsciente en el suelo.

Pero el problema no se acababa. Hiro seguía forcejeando, emitiendo un rugido de estática pura.

—¡Hiro, ya basta! ¡Se acabó! —gritó Kurenai, esforzándose por contenerlo.

—¡No vale la pena, hermano! ¡Déjalo ya! —suplicó Natsuki, sintiendo cómo sus brazos cedían.

Hiro, en un movimiento bestial, se liberó de Kurenai con una patada que la envió a rodar, y luego, saltando y cayendo como un meteoro, aplastó a Natsuki contra el suelo, alzando su puño morado para un golpe final. El Eclipse del Núcleo, malinterpretando que habían ayudado a su objetivo, los clasificó como enemigos.

—Hiro... por favor... despierta —logró toser Natsuki, sin oponer resistencia, mirando directamente a los ojos vacíos de su amigo.

El puño cargado de energía morada descendió. Pero no impactó.

Miku se había lanzado sobre Hiro, abrazándolo con fuerza, enterrando su rostro en su espalda metálica.

—¡Para, Hiro! ¡Por favor! —gritó, su voz quebrada por los sollozos.

Zera, tambaleándose, se unió al abrazo, rodeándolo por el frente.

—¡Vuelve con nosotros, Zero! ¡No te pierdas otra vez! —suplicó ella.

Nira y Kurenai, recuperándose, se sumaron al abrazo grupal, rodeando a la figura morada con un muro de calor humano y lealtad. Hiro permaneció inmóvil, su puño aún temblando en el aire. Luego, lentamente, el brillo morado en sus ojos comenzó a titilar. Vio a Zera, viva, aferrándose a él. Vio las lágrimas en el rostro de Miku. Sintió la presión de los brazos de sus amigos.

El resplandor morado se apagó, destellando de vuelta al rojo carmesí original. Hiro tembló violentamente, cayendo de rodillas. El campo de fuerza morado se desvaneció.

—Lo... lo siento... —su voz era un susurro quebrado, lleno de estática y agonía—. Me... dejé llevar... Por favor... perdónenme.

En ese momento, Azura se despertó. Con un gruñido de odio puro, vio a Hiro vulnerable. Empuñó su guadaña y se lanzó hacia él.

—¡ESTÁS MUERTO, 7! —rugió.

PAM.

Un único y preciso disparo de energía blanca de Zera impactó directamente en su núcleo Mk-III. Azura se detuvo en seco, sus ojos se abrieron de par en par antes de apagarse, cayendo pesadamente al suelo, definitivamente inconsciente.

Pero la victoria fue efímera. Las advertencias de daño crítico finalmente vencieron a Hiro. Sus sistemas se apagaron y cayó de espaldas, inconsciente.

--- (Transición de tiempo) ---

Hiro despertó. No estaba en la enfermería de Metal Core. El techo que veía era familiar, el de su cápsula de mantenimiento en la base del Virtual World. Se incorporó, notando con asombro que todos los daños en su cuerpo estaban completamente reparados, las placas soldadas a la perfección, sin un solo rastro de la batalla.

Salió de su espacio de descanso y entró en la zona central. Natsuki, Miku, Nira y Kurenai estaban allí, en un silencio cansado. Cuando Miku lo vio, un grito ahogado escapó de sus labios antes de lanzarse hacia él y envolverlo en un abrazo tan fuerte que casi lo derriba.

—¡Hiro! —gritó, enterrando su rostro en su pecho—. ¡Nunca, jamás, vuelvas a hacer eso! ¡Eres un tonto!

Los demás se unieron al abrazo grupal, un nudo de alivio y emoción.

—Lo siento —repitió Hiro, abrazándolos a todos—. Mi cordura en ese momento... cayó a -100%.

Después de que las emociones se calmaran, Hiro explicó la experiencia del Eclipse del Núcleo: una prisión de ira pura donde solo existía el objetivo, una tormenta que consumía todo rastro de quien era.

—Y Zera... —preguntó Hiro, de repente—. ¿Dónde está Zera?

Todos se miraron con una sonrisa. Lo guiaron hacia la azotea de la base. Bajo el cielo nocturno artificial del Virtual World, la figura de Zera contemplaba el horizonte de datos. Al sentir su energía, se volvió. Al confirmar que era él, corrió y lo envolvió en un abrazo tan fuerte como el de los demás.

—Nunca más —susurró ella, con lágrimas en la voz—. Nunca más quiero verte consumido por eso. Lo que procese. No quiero hacerlo de nuevo...

—Lo sé —Hiro la abrazó con fuerza—. Y lo siento. —Hizo una pausa—. Pero Zera... tengo que decirte algo. No soy exactamente quien crees que soy.

Ella se separó un poco, mirándolo con atención disfrazada de curiosidad.

—Tengo el cuerpo de Zero, sus datos, sus memorias... pero en el fondo, hay algo más. Yo soy Hiro. El creador y desarrollador de Metal Core.

Zera palideció visiblemente, dando un paso atrás.

—Antes de Metal Core... tú fuiste mi primera creación. A partir de ti, todo tomó forma. Nuestro 'nacimiento' en Kronos, nuestra separación... era parte del sistema que yo mismo escribí.

—¿Entonces...? —la voz de Zera temblaba— ¿Soy... real? ¿O solo soy un programa más?

—Lo eres —la interrumpió Hiro, con firmeza—. La prueba es que en el Torneo de Expiación no eras parte del guión. Nuestro encuentro en la biblioteca, nuestra pelea, nuestro reencuentro... Nada de eso estaba programado. Todo lo que pasó después de que llegamos a Metal Core fue real. Y todo lo que pasó antes también —Señaló el mundo a su alrededor—. Este es el Virtual World, un lugar aparte. Y todos los que llegan aquí, de diferentes orígenes, deben considerarse a fuerza como reales. Tú ahora también lo eres.

—Pero... ¿y mi hermano? —preguntó Zera, con lágrimas recorriendo sus mejillas—. ¿Eres tú... o fue solo otro dato?

Hiro suspiró, buscando las palabras.

—Lo soy. No sé cómo explicarlo, pero cuando supe de tu existencia como Omen Phantom, incluso con mi memoria bloqueada, sentí esa familiaridad. Una necesidad de saber quién eras que me consumió. Mi investigación me llevó a ti. Fuera de este mundo, podrán vernos como creador y creación, o como cyborgs... pero para mí, aquí y ahora, somos hermanos.

Zera lo miró por un largo momento, buscando la verdad en sus ojos. Luego, una sonrisa genuina y aliviada iluminó su rostro. Se lanzó de nuevo a sus brazos.

—Entonces... ¿puedo llamarte Hiro de ahora en adelante?

—Afirmativo —respondió él, abrazándola—. Y... —Hiro titubeó mecánicamente—. ¿Te gustaría quedarte con nosotros?

—Afirmativo —respondió Zera, sin dudar—. Sí. 

En ese momento, todos los demás salieron a la azotea, con sonrisas de complicidad.

—¡Lo sabíamos! —dijo Kurenai, riendo—. ¡Ya es oficialmente parte de la familia!

El grupo se unió en un gran abrazo grupal, bajo el manto de estrellas digitales del Virtual World. La pesadilla del Metal Core había terminado. Habían llegado como forasteros y salieron con una familia más grande, habiendo enfrentado sus demonios internos y externos, y habiendo encontrado, en el corazón de un mundo de caos, la conexión más real de todas. Juntos, como una familia, miraban hacia las estrellas, listos para enfrentar lo que el futuro, les enviará.

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