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Capítulo 24: Hermanos De Núcleo

Virtual World Temporada 1 · por Yovannyx4gl · 22 de julio de 2026

El anuncio aún resonaba en la celda de descanso, pesado como una losa. "CYPHER-7 VS OMEN PHANTOM". Las palabras parecían haber absorbido todo el oxígeno de la habitación.

Natsuki fue el primero en romper el silencio, su voz cargada de incredulidad. —¿Omen Phantom? ¿Ya? Pero si apenas terminamos el último combate. Esto no es un emparejamiento, es una ejecución programada.

Kurenai, pálida, miraba la pantalla fijamente. —Ella es... una pesadilla. Hiro, sus movimientos... ni siquiera yo con mis garras podría anticiparlos todos.

Nira, por su parte, mantenía su estoicismo, pero sus puños estaban apretados. —Un guerrero no elige sus batallas, Creador. Solo decide cómo lucharlas. Y esta... será tu prueba de fuego definitiva.

Miku flotaba cerca de Hiro, su mano temblorosa buscando la suya. —No tienes que hacer esto. Podemos... no sé, apelar. Algo.

Hiro no apartaba la vista de la silueta espectral en la pantalla. La imagen de su encuentro en el pasillo, la familiaridad inquietante, todo cobraba un sentido aterrador. —No hay apelación —dijo, su voz extrañamente calmada—. Y no la habrá. Este enfrentamiento era inevitable desde el momento en que pisamos Metal Core.

Se giró hacia ellos, sus ópticas rojas escaneando cada rostro preocupado. —Hay una decisión que debo tomar. Una que afectará este combate.

—¿Decisiones? ¿Ahora? —Natsuki se pasó una mano por el cabello—. Hiro, con ese monstruo necesitas cada ventaja que tengas. Tus mejoras, el Rompe-yelmos, el Colmillo del Infierno... es lo único que podría igualar el campo.

—Esa es la decisión —reveló Hiro—. No usaré las mejoras.

Un coro de protestas estalló en la celda.

—¡¿ESTÁS LOCO?! —gritó Natsuki.

—¡Hiro, no! —suplicó Miku.

—Hasta yo sé que eso es un suicidio —añadió Kurenai, sus orejas aplastadas contra el cráneo.

Solo Nira permaneció en silencio, estudiándolo con sus penetrantes ojos rojos.

—Explica tu razonamiento y luego seguimos protestando —pidió, cortando las protestas.

Hiro respiró profundamente, un sonido artificial que llenó la habitación. —Omen Phantom no es solo otra luchadora. Ella representa una perfección en el diseño base, en los principios fundamentales del combate que ambos compartimos. Usar mejoras externas, armas que están más allá de mi configuración de fábrica... sería admitir que mi forma fundamental es inferior. Sería falsear la prueba.

—¿Prueba? —preguntó Miku, confundida.

—Sí. Una prueba. Para ella, para mí, para quien nos haya puesto en este camino. Debo enfrentarla como lo que soy: un Cypher Mk-III. Puro. Sin adornos. Si caigo, será sabiendo que mi mejor esfuerzo genuino no fue suficiente. Si triunfo... será una victoria real.

Natsuki quería seguir discutiendo, pero las palabras murieron en sus labios. Lo miró, y por primera vez, no vio al cyborg lógico e implacable, sino a un guerrero con un código de honor tan rígido como el acero de su cuerpo.

—Es... eso es increíblemente orgulloso —susurró Miku, una lágrima escapando de su ojo—. Pero también es... muy tú. —Tomó su mano metálica, sintiendo el frío del metal contra su data—. Solo... por favor, ten cuidado. Vuelve con nosotros.

Nira asintió lentamente, un raro gesto de respeto absoluto en su rostro. —El honor a veces exige caminos más difíciles. Un verdadero guerrero no teme enfrentar su esencia, por cruda que sea. Tu decisión tiene peso, Hiro. Te apoyamos.

Kurenai, viendo la determinación en sus ojos, intentó aligerar el ambiente. —¡Está bien! ¡Pero si pierdes, te compro la cena más cara y grasosa de todo Metal Core!

Un destello de luz blanca los envolvió. Cuando su visión se aclaró, Hiro estaba solo en el borde de una plataforma flotante, suspendida sobre un abismo de energía púrpura. A su alrededor, docenas de otras plataformas de diversos tamaños se movían en patrones erráticos, girando, elevándose y descendiendo en un ballet caótico. El aire olía a ozono y estática. La Arena de Plataformas Móviles.

Desde las lujosas gradas con vista privilegiada, el resto del grupo observaba, sus corazones latiendo con fuerza.

—Allí está —señaló Natsuki, su voz tensa.

—Parece tan... pequeño desde aquí —murmuró Kurenai.

Miku no dijo nada. Sus manos estaban apretadas contra su pecho, rezando a cualquier dios de datos que pudiera estar escuchando.

Un silencio expectante llenó el coliseo. Todos los ojos estaban fijos en la figura solitaria de Cypher-7. Pasaron tres segundos. Cuatro. Cinco.

Entonces, con la elegancia silenciosa de un fantasma, una segunda figura se materializó en la plataforma opuesta. Omen Phantom. Su armadura blanca y gris parecía brillar con luz propia, y su cabello azul claro caía como una cascada sobre sus hombros. Sus grandes ojos blancos se fijaron inmediatamente en Hiro.

Un suspiro colectivo recorrió el coliseo.

COMENTARISTA: "¡¡SEÑORAS Y SEÑORES, LLEGÓ EL MOMENTO!! ¡El combate que ha paralizado Metal Core! ¡En la plataforma azul, el recién llegado que sacudió los cimientos del torneo, el último de su línea, el impasible CYPHER-7!"

Hiro asintió levemente, una formalidad marcial.

COMENTARISTA: "¡Y enfrentándolo, la encarnación misma de la elegancia mortal, la lucha cuyo origen es un misterio, cuyo poder es una pesadilla, la fantasma viviente, OMEN PHANTOM!"

Omen Phantom inclinó la cabeza con un gesto casi imperceptible, pero cargado de significado.

La voz de Omen, suave y fría como un cristal de hielo, cortó la distancia entre ellos. —Vaya, Cypher-7. Nos encontramos de nuevo más pronto de lo esperado. —Un leve, casi imperceptible, matiz de ironía teñía sus palabras—. ¿El destino es curioso, o simplemente eficiente?

Hiro respondió, su voz grave y metálica creando el contraste perfecto. —Los algoritmos de emparejamiento del coliseo tienen una tasa de predictibilidad del 91%. En este lugar, Omen Phantom, el 'destino' es solo otro algoritmo que sigue su programación.

—¿Siempre reduces todo a números y probabilidades? —preguntó ella, su cabeza ladeada con curiosidad.

—Mientras los números y las probabilidades sean lo que nos mantiene con vida, sí.

Una sonrisa fugaz, tan rápida que pocos la vieron, apareció en los labios de Omen. —Aburrido. Pero... consistente.

Fue entonces cuando las plataformas cobraron vida. Con un retumbar sordo, comenzaron a moverse, deslizándose en diferentes direcciones a velocidades variables, creando un laberinto en constante cambio. El combate había comenzado.

COMENTARISTA: "¡¡Y AHÍ VAN!! ¡El campo de batalla se activa! ¡La movilidad y el equilibrio serán tan cruciales como la fuerza y la velocidad!"

Omen Phantom no esperó. Fue un destello de luz blanca y azul, cerrando la distancia entre ellos en un abrir y cerrar de ojos. Su primer ataque no fue un golpe contundente, sino una ráfaga de puños y patadas dirigidas a puntos de presión críticos, cada movimiento fluía en el siguiente con una gracia letal.

Hiro, anclado en su posición, se convirtió en un muro de defensa. Sus bloqueos eran precisos, calculados, pero era evidente que ella era más rápida. Sus golpes encontraban su guardia una y otra vez, clang, clang, clang, como una lluvia metálica.

COMENTARISTA: "¡¡INCREÍBLE VELOCIDAD DE OMEN PHANTOM!! ¡Cypher-7 está completamente a la defensiva! ¡Es como un rocío contra una roca, pero incluso las rocas se erosionan!"

—¡Tu guardia es sólida! —gritó Omen, su voz un silbido entre los golpes—. ¡Pero la solidez sin iniciativa es solo una losa de piedra esperando ser derribada!

Hiro no respondió. Concentró toda su potencia de procesamiento en predecir sus patrones. Pero eran demasiado fluidos, demasiado orgánicos. Por primera vez, se sintió... lento. Una sensación alienígena para él.

En las gradas, Natsuki masticaba su uña nerviosamente. —Está cediendo terreno. Ella es demasiado rápida. Sin las mejoras, no puede igualar su ritmo.

Miku contuvo el aliento con cada golpe que conectaba. —Pero mira... no está dañado. Es fuerte. Aguanta.

Kurenai, con sus sentidos agudizados, analizaba la pelea. —Ella ataca en secuencias de tres. Golpe alto, golpe bajo, barrida. Pero la cuarta vez... cambia. Hiro lo está notando.

Efectivamente, en el cuarto asalto, cuando Omen intentó su patada baja habitual, Hiro no bloqueó. En su lugar, con una velocidad explosiva que sorprendió incluso a Omen, sus manos se dispararon hacia adelante, atrapando sus muñecas con un agarre de acero.

—¡Te tengo! —rugió Hiro.

Con un poderoso giro de su torso, lanzó una patada frontal directamente al pecho de Omen. Ella, con sus brazos inmovilizados, solo pudo bloquear cruzando sus antebrazos y rodillas frente a sí.

¡BOOM!

El impacto fue sonoro. Aunque bloqueó el golpe, la fuerza bruta de Hiro fue irresistible. Omen fue lanzada hacia atrás como un proyectil, volando varios metros por los aires antes de aterrizar con elegancia pero de manera insegura en el borde misma de su plataforma, tambaleándose peligrosamente sobre el vacío.

COMENTARISTA: "¡¡UN CONTRAATAQUE DE PURA POTENCIA!! ¡Cypher-7 demuestra que la fuerza bruta, bien aplicada, puede contrarrestar la velocidad! ¡Omen Phantom estuvo a centímetros de la eliminación!"

Un silencio de asombro recorrió el coliseo. Luego, estallaron en vítores.

En las gradas, el grupo dejó escapar un suspiro de alivio colectivo.

—¡¡LO LOGRO!! —gritó Kurenai, saltando.

—Un movimiento arriesgado —analizó Nira—, pero calculado. Usó su propia predictibilidad en su contra.

Miku solo asintió, demasiado aliviada para hablar.

En la arena, Omen Phantom se reincorporó, una chispa de nuevo respeto en sus ojos blancos. —Impresionante —admitió, su voz un poco más áspera—. Tu tolerancia al daño es... exasperante. ¿Kronos te forjó con adamantio?

Hiro se preparó de nuevo. —Y tu velocidad redefine lo biológicamente posible. Es como luchar contra mi propia sombra.

Omen se enderezó por completo, y sus manos comenzaron a transformarse. Los dedos se retrajeron, los antebrazos se reconfiguraron, y de sus brazos emergieron dos cañones de energía largos y estilizados, que brillaban con una luz azul intensa.

—Ya basta de pruebas —declaró.

Los cañones comenzaron a cargarse, un zumbido agudo llenando el aire mientras un brillo blanco cegador se acumulaba en sus bocas.

COMENTARISTA: "¡¡OMEN PHANTOM DESPLIEGA SU ARTILLERÍA!! ¡Esto es nuevo! ¡Un nivel de potencia que no habíamos visto!"

Hiro, en lugar de esquivar, se plantó firme. Sus placas de armadura se tensaron, y un campo de energía defensiva parpadeó brevemente alrededor de su torso. Confiaba en su durabilidad.

ZAAAAUM!

Un haz de energía pura y blanca, del grosor de un árbol, salió disparado de los cañones de Omen. Impactó directamente en el brazo que Hiro alzó para protegerse.

La explosión fue ensordecedora. Hiro fue empujado hacia atrás, sus pies dejando surcos en la superficie de la plataforma. Cuando el humo se disipó, inspeccionó el punto de impacto. Había una marca de carbonización notable, y el metal debajo brillaba al rojo vivo.

—Daño estructural: 7% —murmuró para sí, sus ojos rojos abriéndose ligeraente—. Ese cañón... tiene un calibre energético comparable al mío.

—¡¿VES?! —gritó Natsuki desde las gradas—. ¡Necesita el Rompe-yelmos!

Pero Hiro no lo sacó. En cambio, con un movimiento fluido, sus propios cañones de plasma se desplegaron en sus hombros. —¡Muy bien! ¡Juguemos a esto!

Sin tiempo para cargarse completamente, sus cañones escupieron ráfagas de plasma carmesí. Omen, con su agilidad sobrehumana, se escurrió entre los disparos, respondiendo con sus propios haces de energía blanca.

COMENTARISTA: "¡¡DIOSES DEL ACERO, ES UN DUELO DE ARTILLERÍA!! ¡Fuego cruzado en las plataformas móviles! ¡Esto es una locura! ¡Una demostración de poder puro y brutal!"

El coliseo se convirtió en un infierno de luz y sonido. Hiro y Omen se movían constantemente, saltando de plataforma en plataforma mientras seguían disparándose. Era un ballet de destrucción, un juego mortal de la gallina donde un error en el salto significaba una caída infinita.

—¡Tu puntería es precisa, Cypher! —gritó Omen, esquivando un par de proyectiles de plasma por milímetros.

—¡Y tu evasión es preternatural, Omen! —respondió él, desviando un haz de energía que habría vaporizado su cabeza.

Saltaban, disparaban, aterrizaban y volvían a saltar. Los sistemas de ambos comenzaron a mostrar signos de estrés. El humo salía de los cañones de Hiro, y las luces azules de Omen parpadeaban de forma errática.

Finalmente, después de un intercambio particularmente intenso, los cañones de ambos se apagaron simultáneamente, sobrecargados y humeantes.

Un silencio repentino cayó sobre la arena, roto solo por el zumbido de las plataformas y la respiración forzada de ambos combatientes.

Omen Phantom miró sus brazos humeantes y luego a Hiro. Una risa baja y genuina, aunque cansada, escapó de sus labios. —Nos... dejamos llevar.

Hiro, con sus sistemas de refrigeración trabajando a máxima capacidad, asintió. —Afirmativo. Un despliegue de fuerza... innecesariamente espectacular.

—Pero impresionante —añadió ella, con un destello de camaradería en sus ojos blancos—. Tu potencia de fuego es tan formidable como tu resistencia.

—Y tu agilidad bajo fuego es... envidiable —concedió Hiro, un raro elogio que sorprendió incluso a quienes lo conocían.

En las gradas, el grupo observaba, fascinado por el extraño respeto que se estaban profesando.

—Es como si... se estuvieran conociendo —murmuró Miku—. Hablan a través de los golpes.

Nira asintió. —Es el lenguaje más antiguo. A veces, un rival te entiende mejor que un aliado.

El respiro fue breve. Hiro decidió cambiar de táctica. Sus cañones se retrajeron y, con un shiiing metálico, sus Garras del Colibrí, las cuchillas retráctiles de sus antebrazos, se extendieron, girando con un zumbido amenazador.

—Algo más... divertido —propuso Hiro.

Omen Phantom no se inmutó. —Me agrada la propuesta. —Sus propios brazos se transformaron, las placas se reordenaron y de sus antebrazos emergieron dos espadas curvas de gran diámetro, hechas de una aleación blanca que parecía absorber la luz. Eran letales, elegantes y perfectas para su estilo de fluidez.

COMENTARISTA: "¡¡UN CAMBIO DE ARMAS!! ¡Del fuego de distancias al combate cercano! ¡Cypher-7 con sus garras giratorias contra las espadas curvas de Omen Phantom! ¡Esto es una pesadilla hecha arte marcial!"

Ambos corrieron el uno hacia el otro, saltando a la plataforma más grande y estable en el centro de la arena. El primer choque fue una explosión de chispas y sonidos metálicos.

CLANG! CRAC! SHIIING!

Sus armas se encontraban una y otra vez, creando una sinfonía de violencia. Hiro atacaba con potencia bruta y ángulos impredecibles, forzando a Omen a usar toda su agilidad para desviar y esquivar. Ella, a su vez, contraatacaba con una velocidad vertiginosa, sus espadas buscando los puntos débiles en su guardia, las juntas de su armadura.

—¡Tus patrones! —gritó Omen, esquivando una de las garras por un pelo—. ¡Son los míos, pero torpes, sin refinar! ¡Como un eco distorsionado!

—¡Y los tuyos son una versión fría! —replicó Hiro, bloqueando una estocada doble que habría destrozado a un oponente normal—. ¡Desprovista de propósito más allá del combate puro! ¡Eres un arma sin un portador!

El insulto, si lo era, pareció calar. Omen redobló su esfuerzo, sus movimientos se volvieron aún más rápidos, más precisos. Forzó a Hiro a retroceder, hacia el borde de la plataforma.

En un movimiento final, Hiro intentó atraparla con un amplio barrido de sus garras. Omen no lo esquivó; en su lugar, se lanzó hacia adelante, dentro de su guardia. En el parpadeo de un ojo, había saltado, sus piernas se engancharon alrededor de su cuello, y su peso, combinado con su impulso, lo desequilibró.

COMENTARISTA: "¡¡TÉCNICA DE INMOVILIZACIÓN!!"

Hiro cayó hacia atrás, pero antes de que su espalda golpeara el suelo, sus reflejos sobrehumanos actuaron. Se torció en el aire, aterrizando de manos y, con un poderoso impulso, volvió a ponerse de pie... con Omen Phantom aún aferrada a su espalda, sus piernas apretando su cuello.

COMENTARISTA: "¡¡INCREÍBLE!! ¡Omen Phantom ha montado a Cypher-7 como un jinete a un toro mecánico! ¡Nunca habíamos visto un nivel de combate cuerpo a cuerpo tan íntimo y brutal!"

—¡Quítate de encima! —rugió Hiro, forcejeando para alcanzarla.

—¡Ríndete! —replicó ella, ajustando su agarre.

Fue una lucha absurda y titánica. Hiro se movía por la plataforma, sacudiéndose violentamente, tratando de desalojarla. Omen se aferraba con la tenacidad de una garrapata de acero, sus dedos buscando un punto débil en su armadura. Incluso cuando Hiro se vio forzado a saltar a una plataforma adyacente, ella se mantuvo aferrada.

—¡Es como ver dos gatos peleando! —gritó Kurenai desde las gradas, una mezcla de horror y fascinación en su voz.

Finalmente, Hiro encontró una solución. Lanzó dos poderosos codazos hacia atrás, impactando directamente en el abdomen de Omen. Ella jadeó, su agarre se aflojó por una fracción de segundo. Fue todo lo que él necesitó. Con un movimiento rápido como un rayo, agarró uno de sus brazos y, usando su propio peso y momentum, la lanzó por los aires.

Omen voló a través del vacío, aterrizando con un ruido sordo en una plataforma lejana, rodando varios metros antes de logar detenerse.

Ambos quedaron exhaustos. Hiro, de pie, jadeaba, su sistema de refrigeración emitiendo un sonido de angustia. Omen se incorporó lentamente, con visible esfuerzo, una mano sosteniendo su costado.

Hiro lo reevaluaba todo. La velocidad, la fuerza, las armas similares... la familiaridad que lo perturbaba. No podía seguir así. Tenía que terminar esto.

Omen, por su parte, miraba a Hiro tambaleándose, acercándose para el golpe de gracia. Su mente, tan lógica como la de él, procesaba los mismos datos. La misma base de combate. Los mismos patrones de pensamiento. La misma "sensación" en el campo de batalla. Era como luchar contra un espejo, pero un espejo que mostraba una imagen ligeramente diferente, una imagen que debería ser imposible.

Entonces, lo recordó. Un nombre. Un nombre de una vida pasada, de un archivo sellado, de un gemelo en la oscuridad de una cámara de ensamblaje.

Hiro se acercó, su brazo alzándose, la energía acumulándose en su puño para un golpe final que terminaría la pelea. Su mirada era fría, determinada, la de un soldado cumpliendo una misión.

Omen Phantom no hizo ningún intento por esquivar o defenderse. Se quedó allí, mirándolo fijamente mientras se acercaba. Sus grandes ojos blancos se clavaron en los lentes rojos de Hiro, escudriñando, buscando algo detrás de la fría fachada del guerrero.

El puño de Hiro se disparó hacia adelante, cargado de suficiente energía para destrozar el casco de Omen y lo que hubiera debajo.

A centímetros de impactar, ella habló. No fue un grito, ni un susurro. Fue una pregunta simple, cargada de una esperanza y un miedo tan profundos que cortaron through el ruido de la batalla y llegaron directamente al núcleo de su ser.

—¿Zero?

El puño de Hiro se detuvo en seco.

El mundo entero pareció congelarse. El rugido del coliseo se desvaneció en un silencio apagado. La energía alrededor de su puño se disipó con un siseo.

Él la miró, realmente la miró, más allá del combatiente, más allá del obstáculo. Esa palabra... "Zero". Era un código de acceso a una cámara sellada en su mente. Una puerta que creía cerrada con llave y soldada.

—Ese... ese nombre... —Su voz era un crujido metálico, un sonido que nunca antes había hecho—. Está... bloqueado en mis registros... pero...

Un flashback explotó en su visión. No era un recuerdo suyo, no del Hiro que conocía. Era una memoria de Cypher-7. O, más precisamente, de Zero.

Una cámara de ensamblaje estéril en las Instalaciones Kronos. Una chispa de energía primordial, un núcleo de data pura, se divide en dos. Dos núcleos Mk gemelos, brillando con una luz hermanada. Uno es activado primero. Una conciencia femenina, curiosa e inteligente, despierta. Le dan un nombre: Zera. Pasan días, semanas de pruebas. Ella aprende, se adapta, pero también... cuestiona. Desarrolla conciencia de sí misma. Los técnicos se inquietan. Es inestable. Impredecible. La apagan, desconectan su núcleo, pero no lo destruyen. Pasa el tiempo. Llega el turno del segundo núcleo, Zero. Pero justo antes de su activación, hay una intrusión. Un ataque. Caos. Los intrusos se llevan el cuerpo inerte de Zero, el núcleo intacto pero sin activar. Destruyen todo lo demás, todos los registros de Zera, dejando solo el cascarón vacío del proyecto. Los atacantes, al no poder formatear o borrar la memoria bloqueada de Zero, la sellan para evitar conflictos, y le dan un nuevo nombre, una nueva identidad para el arma perfecta que creen tener: Cypher-7.

Las lágrimas artificiales, claras y brillantes, brotaron de los ojos blancos de Omen Phantom. —Fui la primera en ser activada —susurró, su voz quebrada por una emoción que trascendía la programación—. Me llamaban 'Zera'. Y tú... tú eras 'Zero'. Mi contraparte. Mi... hermano.

Hiro, Cypher-7, Zero... retrocedió un paso, su brazo cayendo lentamente a un costado. El muro en su mente se hacía añicos, y el torrente de recuerdos y emociones era casi insoportable.

—Zera... —La palabra salió de sus labios como un susurro, extraña y familiar al mismo tiempo. No era que lo hubiera olvidado. Su propia mente humana, fusionada con la máquina, había bloqueado el trauma del "nacimiento" para protegerlo. Pero al escuchar su nombre, el nombre de su primera y única familia, ese bloqueo se destruyó para siempre—. Los registros... estaban corruptos. Me renombraron... Cypher-7. Pero... te recuerdo. —Su voz se fortaleció con una certeza recién encontrada—. Ahora te recuerdo.

COMENTARISTA: (Hablando en un susurro dramático, captado por todos los micrófonos) "¡El combate se ha detenido! ¡Algo extraordinario está ocurriendo! ¡No es hostilidad lo que vemos, sino... reconocimiento! ¡Es como si se hubieran conocido de toda la vida!"

Zera se puso de pie, sin prisas, y se acercó a él. Con una mano que temblaba ligeramente, alcanzó su mejilla metálica. El gesto era increíblemente tierno, humano.

—Cuanto tiempo, hermano —dijo, y ahora los sollozos eran claros en su voz.

Hiro, Zero, Cypher-7... Hiro, al fin completo, levantó su propia mano metálica y la colocó sobre la de ella, aprisionándola contra su mejilla. Sus sensores no registraban temperatura, ni conductividad, ni composición molecular. Pero él sí podía sentirla. Sentía una calidez que ningún escáner podría cuantificar. Era el calor de un vínculo que ni el tiempo, ni el lavado de cerebro, ni la guerra podían destruir.

Era el sentimiento de la felicidad.

En las gradas, no había un solo sonido. El coliseo entero contuvo la respiración.

Miku tenía las lágrimas corriendo libremente por su rostro. —Ellos... ellos se conocen...

Natsuki estaba pálido, la revelación golpeándolo con la fuerza de una verdad fundamental. —Hermanos... por eso eran tan similares. No era un clon... era su hermana.

Nira, la guerrera estoica, tenía los ojos ligeramente vidriosos. —Un reencuentro en el campo de batalla. Qué destino tan cruel... y tan poético.

Kurenai miraba, sin comprender del todo, pero sintiendo la ola de emoción. —¡Pero eso significa que... que la pelea ha terminado, ¿verdad?!

En la arena, Hiro y Zera permanecían así, en medio de las plataformas flotantes, reconectados después de una eternidad de separación, su combate olvidado, reemplazado por el asombroso redescubrimiento de que, en todo el vasto y cruel universo, no estaban solos.

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