La pesada puerta de acero del hangar se cerró detrás de ellos con un retumbo sordo. El interior era cavernoso, iluminado sólo por líneas de luz azulada en el suelo y el tenue resplandor de claraboyas sucias. Olía a aceite rancio, metal frío y quietud.
—¿Y ahora qué? —preguntó Kurenai, estornudando—. Este lugar huele a... abandono.
—Hiro, ¿qué estamos haciendo aquí? —flotó Miku, sus ojos escaneando la oscuridad con preocupación—. El torneo comienza pronto.
Nira permanecía impasible, sus brazos cruzados.
—Un refugio temporal, supongo —dijo—. Aunque las defensas son... rudimentarias.
Hiro ignoró los comentarios, caminando hacia una consola de control cubierta de polvo. La destapó con un gesto brusco.
—Explicaciones —exigió Nira, su voz un latigazo en la penumbra—. No tenemos tiempo para juegos de misterio, Creador.
Fue Natsuki quien respondió, frotándose la nuca.
—Es simple. No podemos ir al torneo así —se señaló a sí mismo y luego a las chicas—. Todas vieron lo que Hiro le hizo a esa cazarrecompensas. Azura nos derribó a los cuatro en segundos. Sin esfuerzo.
Kurenai bajó la mirada, apretando su cristal.
—Él... la destrozó. Como si fuera un juguete.
—Exactamente —continuó Natsuki—. Necesitamos ese nivel. O algo cercano. Si un oponente de nivel medio como Azura puede hacernos eso, ¿qué nos harán los campeones de este lugar?
Miku se abrazó a sí misma.
—Pero... nosotros no somos tan fuertes como tú, Hiro. Nuestros cuerpos, nuestra estructura... es diferente. Una sola de sus patadas la hizo volar. No hay forma de que igualemos esa fuerza bruta.
Nira asintió, su expresión sombría.
—Miku tiene razón. Mi katana apenas logró desviar su guadaña. Mi fuerza es insignificante comparada con la de ese ser mecánico. Luchar en igualdad de condiciones es una fantasía.
Todos miraron a Hiro, quien terminaba de teclear en la consola. Finalmente, se giró.
—Su análisis es correcto en un 80% —declaró—. En términos de densidad muscular pura, output energético y resistencia estructural, yo los supero por varios órdenes de magnitud.
—¡Entonces estamos perdidos! —gimió Kurenai.
—Sin embargo —continuó Hiro, alzando un dedo metálico—. El combate no se reduce sólo a la fuerza bruta. Es una ecuación compleja donde la velocidad, la agilidad, el conocimiento táctico, el armamento y la capacidad de aprovechar las reglas del entorno son variables igual de críticas. En todo lo que es conocimiento en combate, reflejos, velocidad de reacción y manejo de armas, ustedes cumplen, e incluso en algunos casos, superan el calibre esperado.
—¿En serio? —preguntó Miku, un destello de esperanza en sus ojos.
—Afirmativo. Nira es una maestra de la esgrima. Kurenai posee una agilidad felina excepcional. Tú, Miku, tienes una gracia y precisión que rivaliza con los mejores algoritmos. Y Natsuki... bueno, Natsuki sobrevive —una sonrisa casi imperceptible jugueteó en sus labios—. Pero sí, hay una brecha. Una brecha de fuerza y durabilidad. Un solo golpe directo de un oponente de alto nivel los dejaría fuera de combate.
Señaló la consola, que ahora mostraba un martillo y una espada cruzados.
—Por lo tanto, necesitan aumentar su masa muscular, su densidad ósea simulada y su blindaje. Necesitan equipamiento de grado militar.
—¿Y cómo pretendes lograr eso? —preguntó Nira, arqueando una ceja.
—Cuando desarrollaba Metal Core —explicó Hiro—, diseñé una gran variedad de armaduras y armas, desde básicas hasta prototipos experimentales. Pero durante las pruebas, me di cuenta de que entregar ese poder desde el inicio rompería la curva de dificultad.
En la pantalla aparecieron bocetos de armaduras increíbles.
—Implementé un sistema de desbloqueo gradual. Los jugadores más observadores encontrarían fragmentos de una contraseña. Una contraseña larga, compleja, dividida en doce partes.
—¡No me digas que...! —Natsuki soltó una risa incrédula.
Hiro se volvió con una sonrisa burlona y triunfal simuladas.
—Y para nuestra inmensa, casi insultante fortuna... Yo, como su arquitecto original, sí tengo la contraseña completa.
Golpeó una última tecla. Un sonido profundo retumbó en el hangar. Al fondo, una sección de la pared se retrajo, revelando una grieta de luz blanca que se ensanchó hasta mostrar una cámara oculta.
—Adelante —dijo Hiro.
Hesitantes, se acercaron. Lo que vieron los dejó sin aliento. Era una sala de exposiciones de otro mundo, llena de armaduras y armas de diseños imposibles.
—Por los dioses del código... —murmuró Natsuki.
—¿T-Todo esto...? ¿Para nosotros? —Kurenai dio un paso atrás, sus ojos como platos.
Nira parecía genuinamente impresionada.
—Es... un arsenal digno de una legión de dioses de la guerra.
Miku se llevó las manos a la boca, incapaz de articular palabra.
Hiro caminó entre ellos.
—Como dije, elijan. Cada armadura, cada arma, fue diseñada con una filosofía de combate específica. Encuentren la que se acople a sus estilos. No se dejen deslumbrar por el poder bruto; la sinergia es más importante.
El grupo se dispersó.
NATSUKI: EL ARQUITECTO DEL CAOS
Natsuki se dirigió a una armadura azul noche con líneas neón.
—Interfaz de análisis táctico en tiempo real... sí, esto es útil.
Tomó una katana de luz azul estable.
—"Filamento de Coherencia" —leyó—. No corta con energía, sino con... ¿vibración molecular estabilizada?
Hiro se acercó.
—Afirmativo. Induce una resonancia a nivel atómico. Ignora la dureza y secciona los enlaces moleculares. No bloquearán este filo. Sólo pueden esquivarlo.
Natsuki esbozó una sonrisa.
—Como programar un 'error' en la realidad del objetivo. Me gusta.
NIRA: LA FURIA ALADA
Nira encontró su armadura plateada con acentos rojos y alas mecánicas. Las desplegó con un shiiing metálico.
—Movilidad tridimensional —murmuró, flotando—. Cambia por completo el campo de batalla.
Tomó una espada roja pulsante.
—Mi hoja... siente más hambrienta.
—Absorbe energía cinética con cada golpe bloqueado —explicó Hiro—. A más te golpeen, más fuerte será tu contraataque. Es la encarnación de la paciencia y el contraataque devastador.
Nira asintió, con feroz satisfacción.
—Perfecto.
MIKU: LA SIRENA DE LA ANIQUILACIÓN SÓNICA
Miku se puso un traje negro y gris con alas mecánicas azules.
—El "Concierto de la Aniquilación" —susurró.
Las alas respondieron a su voz, emitiendo un patrón de luz.
—Mis alas... responden a mi voz.
—Puedes modular tu canto en ondas sónicas focalizadas —dijo Hiro—. Desde proyectiles que destrozan armaduras hasta barreras de frecuencia impenetrables. Tu voz es ahora tu arma definitiva.
Miku cantó una nota baja, creando un escudo sónico.
—Nunca pensé... que podría defenderme así.
KURENAI: LA SOMBRA PRESCIENTE
Kurenai miró unas garras rojas brillantes.
—Amplifican tu conexión —dijo Hiro—. Sentirás el 'latido' de tus enemigos: sus intenciones, sus puntos ciegos. Como el susurro del viento, pero el bosque es ahora el campo de batalla.
Kurenai se puso las garras. De repente, esquivó un movimiento que Nira ni siquiera había iniciado completamente.
—Lo... lo sentí —susurró, asombrada—. Antes de que movieras el hombro. Un vacío... en el aire.
Nira bajó la mano, impresionada.
—Increíble.
HIRO: EL TITÁN RENACIDO
Hiro se equipó con un cañón de riel en el hombro y una sierra circular en el brazo.
—"Rompe-yelmos" y "Colmillo del Infierno" —anunció—. Proyectiles de tungsteno a velocidad hipersónica y capacidad de triturar cualquier aleación. Consumo de energía: crítico. Se usarán con moderación.
El grupo transformado se reunió. En ese momento, un mensaje del sistema reverberó:
—"Cypher-7 y clan asociado. Primera ronda del Torneo de Expiación en 10 minutos. Modalidad: Supervivencia en equipo. Reportarse a plataforma de teletransporte. Incumplimiento: aniquilación inmediata."
Hiro miró a su equipo.
—Olviden todo lo que saben sobre pelear contra la Corrupción. Aquí, las reglas son todo. Confíen en su equipo. Confíen en su nuevo poder. Sobrevivan.
La luz del teletransporte los envolvió. La partida había comenzado.