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CAPÍTULO 7: ROSTROS

TÚ EL LIENZO, YO EL PINCEL · por tintadoradamj · 06 de agosto de 2026

 

—No puede ser…

Cuando Benjamín por fin llegó a la galería, el evento ya había comenzado y estaba bastante lleno. En realidad, eso no le importó demasiado; lo único que quería era comprobar que todo estuviera bien con su pintura y encontrarse con Andrew.

Avanzó entre la multitud, dirigiéndose a la sección que le había sido asignada. Pero, al llegar, se encontró con un muchacho solitario observando su obra.

Sentir que alguien contemplaba su pintura con tanto detenimiento fue como recibir un premio al final del túnel.

Se acercó un poco más, no solo para agradecerle los minutos dedicados a su trabajo, sino también por curiosidad. Sin embargo, a medida que distinguía el perfil del muchacho, su corazón dio un brinco.

—No puede ser… —balbuceó para sí, abriendo los ojos con asombro.

Antes de darse cuenta, una sonrisa cargada de ilusión brotó en su rostro.

 

🖌︎

 

Los ojos de Rey se abrieron con sorpresa al encontrarse con el chico que lo llamaba a su costado. La sonrisa diminuta pero amable le recordó su pequeño momento en el pasado. Él todavía parecía brillar como un sol.

—¿Benjamín? —pronunció su nombre como si todavía no pudiera creer que estaba allí.

—¿Cómo estás? —respondió, llevándose el puño a la boca—. Parece que viste un fantasma.

El otro recompuso su postura pese al leve nerviosismo.

—Lo siento. Estoy bien… ¿y tú?

—Mucho mejor ahora —aseguró, con cierta picardía.

Aquella expresión tenía un valor especial, sobre todo después de haber atravesado uno de esos días en los que la suerte parecía haberse ensañado con él y llegar casi a trote, luego de que el mismo taxista le aconsejara bajarse en la siguiente intersección y correr hasta la galería.

—Veo que te gustó mi pintura. —Benji ladeó la cabeza con dulzura, esperando la respuesta del muchacho.

Rey echó un vistazo breve a la pared y luego regresó su atención a él.

—¿Tú pintaste eso?

—Sí. —Benjamín señaló el letrero bajo el cuadro—. Allí dice: B E N J A M Í N. ¿Lo viste?

Rey tardó un segundo en reaccionar. Solo había visto la pintura y el título, no al creador de la pieza.

—No… perdona, olvidé ese detalle.

Benjamín sonrió con sutileza.

—No pasa nada, lo importante es que te gustó.

Él no dijo nada. Tenerlo tan cerca volvía difícil poner en palabras lo que realmente pensaba y lo que había admitido, sin darse cuenta, apenas segundos atrás.

Por otro lado, Benji estudió con atención sus gestos: la forma en la que no lo miraba directamente, el leve sonrojo en sus mejillas y cómo intentaba esconderse bajo su flequillo al peinarlo con insistencia. Cada detalle le pareció tierno, pero no por eso vulnerable. Rey, pese a todo, mantenía su postura erguida, con una mano dentro del bolsillo.

—Rey… —pronunció su nombre en un susurro, pero las palabras se cortaron cuando un chico rubio llegó alegremente, alzando la voz.

—¡Allí estás! —Khai rodeó con un brazo los hombros de su amigo—. Al final me dejaste solo, igual que Haru. Ustedes son perversos.

Como siempre, Khai dramatizó el encuentro con un fingido llanto de dolor, y el pelinegro, atrapado una vez más en sus tonterías, cerró los ojos, incómodo por la interrupción.

—Disculpa… —Khai frunció el ceño al percatarse del chico que acompañaba a Rey—. No sabía que estabas con alguien. ¿Quién es?

Rey se apartó con suavidad, acomodándose la chaqueta.

—Te presento a Benjamín. Benjamín, él es Khai, un amigo de la universidad.

Benji extendió la mano para saludar, pero Khai, una vez más, saltó con sus ocurrencias.

—¿Cómo que «un amigo de la universidad»? —Hizo una mueca de reproche, echando el cuerpo hacia atrás—. Tú y yo somos más que solo compañeros, ¿no? —Recostó la cabeza en su hombro mientras sonreía.

¡Mierda! Khai era más alto que él y mucho más robusto, pero a veces simplemente se comportaba como un tonto.

—Dios mío, Khai… —chistó Rey—. Compórtate.

Tal vez fue la impresión, pero Benji retrajo su mano. No sabía dónde poner la cara y todo se sentía como si estuviera en medio de una discusión de pareja.

—Ya, ya… —murmuró Khai, extendiendo el brazo hacia el castaño—. Un placer.

—Igualmente… —Benjamín estrechó su mano con gentileza—. El gusto es mío.

Echó un vistazo rápido a Rey, que ahora parecía un poco molesto. Trató de recuperar su sonrisa habitual, buscando más que nada aligerar el momento incómodo.

—Cuéntenme, ¿cómo se enteraron del evento? —preguntó con naturalidad.

—Ah, bueno… —Khai se llevó los dedos al mentón, pensativo—. Un amigo de un amigo nos invitó.

La forma en que el chico dio su explicación le pareció bastante graciosa. Benji soltó un resoplido sonriente antes de hablar:

—Ya veo…

—¿Y ustedes de dónde se conocen? —preguntó Khai, apuntando a Rey con el pulgar.

«¡Demonios!»

Rey presionó los labios en una línea recta. Sabía lo que iba a ocurrir cuando su amigo se enterara de cómo había sucedido todo.

—Técnicamente… —comenzó Benjamín—, lo conocí en el metro, cuando le pedí permiso para dibujar su rostro.

—¿¡Qué!? —exclamó Khai al escuchar su respuesta.

Rey levantó la barbilla hacia el cielo al intuir lo que le esperaba ahora que Khai sabía la verdad.

«¿Por qué?», pensó, rogándole a todos los dioses de todas las mitologías que terminaran con su existencia.

—¡Entonces! —gritó el rubio, asustando ligeramente a Benjamín—. ¡Tú eres el responsable de esa ilustración! ¿Sabes lo difícil que ha sido sacarle esa información?

—Pues… no… —respondió, sin saber exactamente qué decir.

Khai se adelantó unos pasos y, sin permiso alguno, tomó al muchacho por los hombros con una confianza que nadie le había dado.

—Oye, Benjamín, esa ilustración está increíble. ¿Crees que puedas hacerme una a mí también? Te aseguro que soy mejor modelo.

El aludido parpadeó ante aquella invasión de confianza, pero aun así esbozó una pequeña sonrisa educada; no parecía saber cómo apartarse sin resultar brusco.

El comportamiento de Khai no era ninguna novedad para Rey, pero esta vez le costó encontrarle la gracia. Benjamín seguía sonriendo, aunque Rey ya no estaba seguro de qué significaba exactamente aquella expresión. ¿Se sentía incómodo? ¿Le molestaba? ¿Solo estaba siendo amable? No lograba descifrarlo.

—Khai, ¿crees que podrías soltarlo? —preguntó.

—Espera un momento, Rey. —Apartó una mano en el aire sin dejar de sujetar a Benjamín—. Estoy tratando de negociar con este chico.

—Khai… hablo en serio. Esa no es la manera de pedir las cosas.

Los ojos de Benjamín no sabían a quién mirar: si al chico de cabello dorado, todavía aferrado a él esperando una respuesta, o a Rey detrás, intentando convencer a su amigo de que se apartara.

—Este… —titubeó—. Yo realmente podría…

—¿Ajá? —lo presionó Khai.

—No tendría problemas en intentarlo, supongo.

—¡Ja! —Khai volvió a girarse hacia Rey con una sonrisa triunfal—. ¡Ves! Aceptó.

Rey cerró los ojos por un instante, sintiendo algunas miradas de los presentes sobre ellos.

—Ya cállate, Khai.

—¿Qué pasa? ¿Acaso no te gustaría que este chico te regalara una ilustración de mi hermoso rostro?

—No seas tan idiota.

Khai soltó una carcajada y continuó haciendo preguntas sobre poses y dibujos mientras Benjamín respondía con la misma educación paciente de siempre.

Rey observó la escena desde atrás. No entendía muy bien qué era lo que le molestaba tanto. Khai siempre había sido así: exagerado, invasivo y completamente incapaz de medir la confianza que se tomaba con otras personas. Lo había visto actuar de esa manera decenas de veces sin darle demasiada importancia.

—Ven, Rey. —Khai trató de tomarlo del brazo, pero él apartó la mano de inmediato.

—No es necesario que me abraces.

—Vamos, Rey. ¿En serio estás molesto? —Volvió a intentarlo, esta vez buscando rodearlo por los hombros, pero Rey se apartó nuevamente.

—Khai…

—¿Qué?

—Ya basta.

—Oye, yo solo…

—Te dije que pares.

Nunca había escuchado a Rey hablar con tanta brusquedad.

El moreno se llevó los dedos al entrecejo, arrepintiéndose de inmediato de su comportamiento.

—Lo lamento —dijo.

Benjamín no apartaba la mirada de él, sin saber exactamente cómo actuar.

—Rey… —Khai se agachó un poco hasta quedar a su altura—. ¿Qué te pasa?

—Nada, es que… —suspiró, frustrado—. Te dije que te comportaras, pero siempre tienes que convertir todo en una broma. A veces no es el momento de hacer cosas así.

—Bueno, es que yo… —murmuró Khai, incapaz de responder. No era novedad que Rey lo regañara de vez en cuando, pero esta vez se veía más molesto de lo habitual.

—Olvídalo. —Rey giró hacia Benjamín, inclinándose con exageración—. Siento mucho haberte incomodado de esta forma.

—No… no pasa nada. —Benji mostró las palmas.

Y posiblemente era cierto que todo estaba bien y él solo estaba exagerando. Pero el nudo de vergüenza que se le quedó atascado en el pecho hizo que simplemente no quisiera seguir allí. Rey se incorporó y, acomodándose un poco el cabello, dijo:

—Voy a salir un rato. Con su permiso.

Fue lo último que alcanzó a decir antes de alejarse con rapidez. Al darse la vuelta, alcanzó a ver la expresión confundida de Benjamín, lo que solo consiguió hacerlo sentir peor.

Aceleró el paso, incapaz de apartar aquella sensación molesta del pecho. Tal vez solo estaba cansado. Tal vez le fastidiaba que Khai no supiera cuándo detenerse. O tal vez le molestaba que, sin importar cuánto tiempo hubiera pasado, siempre terminaba sin comprender ciertas situaciones.

Khai, aún sin comprender del todo, se sintió responsable por su enojo.

—Rayos… —chistó antes de seguir a su amigo.

Benji solo alcanzó a girar el rostro al ver las figuras de Rey y el rubio alejarse. Todo fue tan rápido que no lograba procesar lo que estaba pasando.

—Benjamín.

Escuchó que lo llamaron. Andrew se acercó con un chico que no reconoció.

—¿Está todo bien? ¿Por qué tienes esa cara? —preguntó Andrew, colocándole una mano en el hombro, preocupado.

Ni siquiera él sabía qué acababa de pasar. Miró hacia la multitud y vio a Rey apartar a Khai y encaminarse hacia la puerta.

«¿Por qué siento que no debería dejarlo ir?», pensó.

—Benji —insistió Andrew al no recibir respuesta de su parte, y el castaño, en vez de darle una explicación, solo se quitó la mochila y se la pasó a su amigo.

—¿Puedes cuidarme esto?

—¿A dónde vas?

Otra vez no dijo nada. Benjamín aceleró el paso, pidiendo permiso a las personas que se le atravesaban sin apartar la atención del muchacho de cabello negro que caminaba hacia la salida.

—¡Rey! —gritó al verlo tratar de abrir la puerta. Este se detuvo al oír su nombre.

Benji pasó rápidamente junto a Khai, quien lo vio avanzar hasta alcanzar a Rey en el vestíbulo.

Ese día ya había tenido que correr dos veces: primero por la lluvia y ahora por un chico del que apenas conocía el nombre. Se llevó una mano al pecho, aún sin recuperar el aliento, mientras el otro permanecía inmóvil. Rey no entendía por qué lo había perseguido con tanta urgencia, como si lo que estuviera a punto de decir fuera extremadamente importante.

—Puedo… —carraspeó el artista—. ¿Me permitirías dibujar tu rostro una vez más?

«¿Es en serio?»

La impresión que sintió Rey ante esa pregunta fue incluso más intensa que la primera vez.

Benji enderezó los hombros al notar aquella expresión de asombro en Rey, que le permitió distinguir, una vez más, el brillo sutil de sus ojos oscuros, resaltando bajo ese tono de piel canela que había considerado precioso desde el inicio.

Se sintió como un tonto, por supuesto que sí. Pero no quería perder esa oportunidad.

Un día terrible lo había conducido a ese momento, uno que creyó que jamás volvería a repetirse. Aquel rostro que lo había inspirado estaba nuevamente frente a él, con la misma expresión aturdida, despertando en su interior un hormigueo que llevaba tiempo sin sentir.

Rey, por su parte, no sabía qué decir. Una vez más, se sintió atrapado por la espontaneidad de aquel chico que nunca había logrado borrar de su mente.

No dejaba de observar esa sonrisa pequeñita y nerviosa, todavía esperando una respuesta.

Y entonces ninguno de los dos habló.

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