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Preparación. Parte 3

The Radiant Twilight | Parte 4. Echo Knight · por Aldex29 · 23 de septiembre de 2026

Sam se encontraba en la plaza central, de pie junto a una farola, con los brazos cruzados y los ojos recorriendo el lugar una y otra vez. Desde el encuentro con aquellos hombres, no podía evitar que cada silueta sospechosa, cada sombra, cada mirada de más le pareciera una amenaza. Su respiración era corta y contenida, con el pulso acelerado. 

Por dentro, la ansiedad lo carcomía. “¿Y si aparecen otra vez? ¿Y si ahora vienen mejor preparados? ¿Y si hieren a Audrey por mi culpa?”. Ese pensamiento martillaba en su cabeza sin descanso. 

Sin embargo, esa tensión comenzó a disolverse en cuanto una figura conocida apareció entre la multitud: Audrey. Caminaba hacia él con paso ligero, vestida con una camisa blanca casual, un chaleco negro con las mangas subidas que dejaban ver un par de brazaletes morados en sus muñecas y unos pantalones vaqueros. Transmitía vibras sencillas, pero con un aire diferente al de la universidad. Sus facciones, normalmente cargadas de arrogancia, parecían más suaves, como si hubiese dejado su máscara habitual en casa. 

Sam esbozó una sonrisa torpe, casi automática, y al verla tan de cerca notó que el nudo en su pecho comenzaba a aflojarse. Audrey, por su parte, levantó una mano en saludo con un gesto amistoso, muy distinto al tono burlón con el que solía tratarlo. 

Hola, Sam. ¿Te hice esperar mucho? —preguntó ella, con un tono de voz extrañamente considerado 

—No… —respondió él, sacudiendo la cabeza— Recién llegué. 

Tras ese breve saludo, ambos comenzaron a caminar por las calles que llevaban hacia los barrios más decentes de la ciudad, alejándose del bullicio de la plaza. Las fachadas antiguas pero bien cuidadas, las cafeterías y pequeños restaurantes, daban un aire mucho más cálido a la caminata. 

Mientras caminaban, la conversación empezó a fluir. Primero tímida, con frases cortas y silencios incómodos, pero poco a poco fue tomando ritmo. Sam se permitió hablar de algunas anécdotas de su infancia y de la universidad, sin mencionar lo ocurrido en los últimos días. Audrey, sorprendentemente atenta, escuchaba sin interrumpirlo con sarcasmos como solía hacerlo. 

No eres tan… aburrido como pensaba. —comentó de pronto Audrey con una media sonrisa mientras mordía su helado, ganándose una mirada incrédula por parte de Sam 

¿Eso se supone que es un cumplido? —contestó él, arqueando una ceja 

Ambos rieron con suavidad, y el ambiente se volvió menos tenso, casi agradable. Entraron a un pequeño local y compartieron una comida sencilla. Durante el rato en la mesa, Sam se dio cuenta de algo que lo tomó por sorpresa: estaba relajado. Por primera vez en mucho tiempo, no pensaba en criminales, en su padre, en su origen, ni en sus poderes. Solo estaba ahí, hablando con alguien que, contra todo pronóstico, parecía interesada en escucharlo. 

Por su parte, Audrey también experimentaba un contraste fuerte con la imagen que tenía de Sam. En cada gesto, en cada palabra tímida pero sincera, descubría que no era el chico apático y gris que siempre había pintado en su cabeza. Había algo más, algo auténtico, que la hacía replantearse su conducta del pasado. 

Mientras salían del local y retomaban el paseo, Audrey miró de reojo a Sam y pensó en silencio: “Realmente… no es un mal tipo. Nunca lo fue. Yo fui la que no lo supo ver”. 

La tarde avanzaba tranquila, y aunque ambos todavía guardaban sus reservas y dudas, ese pequeño respiro marcaba el inicio de un cambio en su relación. 

Eventualmente, el Sol comenzó a descender, tiñendo el cielo con tonos anaranjados y rosados que se reflejaban en los ventanales de los edificios. Sam y Audrey caminaron sin prisa por las calles más tranquilas, las farolas empezando a encenderse poco a poco mientras avanzaban hacia los barrios que conocían mejor. 

El primero en aparecer fue el de Sam. El joven miraba distraídamente el suelo mientras avanzaban, con las manos en los bolsillos, disfrutando en silencio de la compañía inesperadamente agradable de Audrey. Ella, en cambio, parecía debatirse por dentro, como si algo la estuviera presionando a hablar. 

Finalmente, detuvo un poco el paso, tomando aire antes de decir: 

— Sam… —su voz sonó más seria de lo habitual, sin rastro de ironía— Quería… disculparme. 

Él la miró de reojo, sorprendido. 

— ¿Disculparte? —repitió, incrédulo— 

Audrey asintió, bajando la mirada con un leve rubor en las mejillas. 

— Sí. He sido una idiota contigo todo este tiempo, tratándote de formas que no merecías. —Hizo una pausa, mordiéndose el labio inferior antes de continuar— No debía haberte molestado ni burlado. La verdad es que… eres un tipo raro, fuera de lo común… pero también genial y único. 

Sam parpadeó varias veces, incapaz de procesar la confesión de inmediato. Su instinto le pedía dudar, preguntarse si era una broma más, pero la expresión sincera en el rostro de Audrey no dejaba lugar a esa sospecha. 

El silencio se alargó unos segundos hasta que, finalmente, él soltó una breve carcajada nerviosa. 

— No sabría qué responder a eso… —dijo, inclinando la cabeza mientras dejaba escapar una risa ligera— Pero gracias. 

Se encogió de hombros y añadió: 

Y, bueno… yo también creo que eres una chica genial. 

Audrey lo miró de reojo, sorprendida por la simpleza pero también honestidad de sus palabras. Una sonrisa leve se dibujó en sus labios, y por primera vez en mucho tiempo, caminaron juntos sin la sombra de la hostilidad de antes. 

El ocaso los envolvía, y aunque el día llegaba a su fin, ambos sentían que algo apenas estaba comenzando. 

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