El Triceratops resopló con fuerza, sus ojos bestiales clavados en los dos nuevos oponentes frente a él. La forma en que el agua se movía como una extensión de Aquaria, y cómo la tierra respondía al poder de El Bosque, no era normal. No eran simples soldados o agentes con armamento, eran sobrehumanos tal y como él y Tyler.
Y, peor aún, sabía de qué eran capaz, ya los había visto en múltiples noticas y artículos.
— Edward y Anne Miller. —murmuró dentro de su mente, la voz de Theodore retumbando como un eco animal— Maldita sea… no puedo enfrentarme a ellos así como así...
La presión era clara: si se quedaba demasiado tiempo, si uno solo lograba llevar la delantera sobre él… su identidad se vería comprometida. Y él no deseaba terminar pudriéndose en una cárcel después de lo mucho que había anhelado tener una habilidad tan prometedora. Así que tomó uno decisión.
Triceratops golpeó el suelo con fuerza, levantando una densa nube de tierra y escombros. Al mismo tiempo, que se preparaba para correr con una velocidad sorpresiva para su tamaño, se lanzó por entre los árboles destrozados y los vehículos destruidos, huyendo.
— ¡Se está escapando! —gritó Anne, lanzando un chorro de agua a presión hacia donde corría—
— ¡Déjalo! —respondió Edward, clavando sus raíces en el suelo para detener al T-Rex que venía justo detrás— ¡Este está fuera de control!
La criatura rugió, embistiendo con una fuerza demencial. Sus fauces abiertas, sus ojos inyectados de rabia. Las raíces envolvían sus piernas, pero las destrozaba sin esfuerzo, hundiendo sus garras y mordiendo lo que se interpusiera.
Anne creó una muralla de agua, intentando empujarlo hacia atrás, pero era inútil. Cada movimiento del T-Rex era un temblor. Cada golpe de su cola, un martillazo en el suelo.
— ¡No nos entiende! ¡Solo nos ve como una presa más! —gritó Anne, agitando sus manos para mantener la muralla—
— Bien criatura... —murmuró Edward, retrocediendo— No quería llegar a esto...
En ese instante, desde un rincón del parque, Rebecca, Mike y Lucas observaban con ansiedad. El suelo bajo ellos temblaba y el aire ardía de tensión.
— ¿Ese… ese sigue siendo Tyler? —preguntó Mike, sus palabras entrecortadas—
— Sí… —dijo Lucas, con la mandíbula tensa— Pero está completamente consumido. Ya no está al mando.
— ¿Y si no logran detenerlo?...
Rebecca no respondió, nadie lo hizo. El caos continuó, pero una cosa ya estaba clara: Theodore había escapado sin dejar rastro, y ahora el único objetivo era frenar a una criatura que no entendían del todo antes de que algo irreversible sucediera.
El T-Rex rugía con una furia primitiva, arrasando el terreno mientras el césped y los árboles caían a su paso. Su respiración era pesada, cada exhalación una bocanada de vapor salvaje. Su instinto lo guiaba, ya no era Tyler, sino una bestia despierta que solo conocía el caos.
— ¡Anne, ahora! ¡Yo lo inmovilizo! —gritó Edward, hundiendo ambas manos en la tierra—
Desde el suelo, un enjambre de raíces gruesas y retorcidas emergió como serpientes enfurecidas, enredándose en las patas traseras del dinosaurio. El T-Rex forcejeó, pero más raíces brotaron, envolviendo sus brazos, su cola, su torso. Troncos completos se alzaron como columnas para bloquear su avance, reforzados por enredaderas que se tensaban como sogas de acero.
— ¡No me aguanta mucho tiempo! ¡Hazlo ya! —bramó Edward, con la frente empapada en sudor—
Anne no dudó. Sus ojos verdes brillaban con un azul marino profundo mientras elevaba los brazos. El agua del ambiente, la humedad del aire, incluso el vapor de la tierra rota se condensó sobre la cabeza del T-Rex, envolviéndola como una esfera líquida perfecta.
Una burbuja de agua comprimida cubrió la cabeza de la criatura, silenciando su rugido. T-Rex intentó zafarse, sacudiéndose con violencia, lanzando espasmos, pero la presión aumentaba lentamente.
— ¡Solo un poco más! —gritó Anne, con los dientes apretados—
El monstruo se retorcía, las raíces crujían como madera quebrándose bajo presión. Edward apretó los dientes y hundió más sus piernas en la tierra, extendiendo su poder al límite.
— ¡Vamos, bestia! —gruñó— ¡Cae ya!
Los segundos se alargaban. El T-Rex golpeaba el suelo con la fuerza de un sismo, pero poco a poco su fuerza se desvanecía. Sus movimientos eran más lentos, torpes, erráticos. Sus garras dejaron de arañar las raíces. Su cola ya no se agitaba como un látigo furioso.
La burbuja de agua burbujeó lentamente hasta que quedó en calma. La bestia, agotada, finalmente se desplomó, sacudiendo el suelo con un golpe seco.
Anne soltó la burbuja, dejándola explotar en un estallido de agua cristalina. Edward liberó las raíces, jadeando. El parque, por un momento, quedó en silencio. Solo el sonido de las sirenas lejanas y los gritos de civiles se escuchaban a lo lejos.
—¿Lo logramos? —preguntó Anne, con voz temblorosa—
—Edward asintió, aun mirando al T-Rex inconsciente— Sí. Pero… Por cuánto...
Desde la distancia, Lucas, Mike y Rebecca corrieron hacia ellos, sus ojos fijos en la forma caída de Tyler. Nadie dijo nada, no aún, pero todos sabían que aquel caos no había terminado.