Tyler abrió los ojos con lentitud, sintiendo un peso extraño en su cuerpo, como si hubiese corrido una maratón bajo el sol del desierto. Lo primero que notó fue que no estaba en un lugar familiar. Estaba en una habitación metálica, con paredes lisas y sin ventanas, apenas decorada con una silla de plástico y una pequeña mesa de metal al costado. Una fina sábana cubría su cuerpo, y a su lado, una muda de ropa negra cuidadosamente doblada.
Se incorporó con dificultad, frotándose la cabeza. Todo le dolía.
“¿Dónde demonios estoy?”, pensó.
Se vistió torpemente y abrió la puerta con cautela. El pasillo era largo y reluciente, con luces que titilaban en intervalos precisos. A lo lejos, el sonido de pasos resonaba, hasta que una figura se detuvo frente a él.
Era un hombre de cabello hecho de hojas como si fuera un arbusto con varias flores brotando de ahí, piel de un color y textura similar a la de la corteza de un árbol, ojos como si fuera el interior de un tronco y una expresión mezcla de cansancio, amabilidad y seriedad. Vestía un traje gris oscuro con varias líneas verdes y un símbolo en su hombro izquierdo con el símbolo de la OISS.
— Vaya, el dinosaurio despertó. —dijo con una sonrisa— Y sin romper nada esta vez, eso ya es progreso.
—Tyler lo miró, confuso— ¿Quién… quién eres? ¿Dónde estoy?
El hombre extendió la mano.
— Edward Miller. Algunos me llaman “El Bosque”. Estás en la sede principal de la OISS, la Organización de Investigación de Sucesos Sobrenaturales. Y tranquilo, no estás bajo custodia, aunque sí necesitábamos asegurarnos de que no te despertaras mordiendo a alguien.
—Tyler apretó los labios, sin saber si reír o temer— ¿La OISS? ¿Eso qué es? ¿Una especie de… versión del FBI para monstruos?
— Eh… más o menos. Es una organización que se fundó en 2023 a causa de sucesos de 2022 que creó que todos ya sabemos. El mundo cambió, ya sabes. Gente con poderes, criaturas extrañas… alguien tenía que organizar algo así en algún punto y el resto de las organizaciones no son del todo fiables...
Caminaron juntos por el pasillo. A medida que avanzaban, Tyler notaba que la base no era tan opresiva como parecía. Había zonas verdes bajo domos de cristal, laboratorios con puertas abiertas, y guardias y agentes que vigilaban cada rincón.
— ¿Y mis amigos? ¿Rebecca, Mike y Lucas?
— Están bien. Tu amiga estaba completamente histérica cuando te trajimos. Nos amenazó con todo lo que se te ocurra, desde denunciar a la prensa hasta prender fuego este lugar, pero después se calmó. Está en la cafetería ahora. Probablemente comiendo más de lo que debería. —respondió Edward, esbozando una leve sonrisa—
—Tyler asintió, tragando saliva— ¿Y el… Triceratops? ¿El otro?
Edward dejó de caminar y lo miró con seriedad.
— Escapó. Pero va a volver. Ese tipo es como tú, es un hecho. Y cuando vuelva lo esperaremos con un equipo completo recibiéndolo con brazos abiertos para detenerlo y ver qué clase de persona es. Además de que podríamos contar con tú ayuda si crees ser capaz de ello.
Tyler se detuvo, mirando a su alrededor, el eco de sus pisadas diluyéndose en la distancia.
— Yo... quiero ayudar, pero... no sé si puedo controlar lo que soy.
Edward se encogió de hombros.
— Bueno, nadie sabe al principio. Pero eso no te impide intentar hacerlo bien. Ven, te llevo con los demás, llevan un buen tiempo esperando que estuvieras vivo.
Y entonces siguieron caminando, uno con paso cansado, el otro con paso firme. Pero los dos sabiendo que nada volvería a ser como antes.
Tyler y Edward cruzaron el último pasillo de la sede principal de la OISS. Las paredes blancas, impolutas, se alzaban a cada lado con una frialdad casi quirúrgica, apenas interrumpida por el leve zumbido de los dispositivos de seguridad ocultos y las luces que parpadeaban al paso de ambos. Al fondo, una puerta de metal se abrió suavemente, dejando ver una sala amplia con una larga mesa de vidrio en el centro. Allí los esperaban Anne, Rebecca, Mike, Lucas y, de pie al frente, un hombre de 37 años, pelo rubio bien peinado, ojos azules y traje blanco.
— Bienvenido, señor Roberts. —dijo el hombre con una media sonrisa, acercándose con la mano extendida— Soy Alex Wilson, líder y fundador de la OISS. Es un gusto conocerte, aunque hubiese preferido que fuera bajo otras circunstancias.
Tyler, algo aturdido todavía, le estrechó la mano con duda.
— Gracias… supongo —murmuró, mientras miraba a su alrededor con cautela—
— No tienes de que preocuparte. —intervino Anne desde su asiento— Ya hablamos con Alex y el FBI, no vamos a hacerte daño ni encerrarte. Solo necesitamos entender bien qué está pasando.
Edward asintió y se acomodó en una de las sillas. Tyler hizo lo mismo, seguido por Rebecca, quien no le quitaba la mirada de encima, claramente aún preocupada.
— Entonces. —comenzó Alex— ¿Alguien puede explicarme exactamente qué está ocurriendo con todo esto? Los reportes que tengo hablan de dos criaturas gigantes enfrentándose en pleno Golden Gate Park. Y una de ellas eras tú, Tyler.
—Lucas se inclinó hacia adelante, cruzando las manos con calma— De eso queríamos hablar… hay algo que tenemos que decir. Algo que puede parecer una locura, pero que, si lo ignoramos, podríamos lamentarlo más adelante.
Todos lo miraron con atención. Lucas respiró hondo antes de continuar:
— Un amigo nuestro llamado Theodore Price puede estar relacionado con todo esto. Puede que sea él quien se transforma en ese Triceratops.
Un silencio incómodo cayó sobre la sala.
—¿Theodore? —preguntó Anne, confundida— ¿Qué te hace pensar que un amigo tuyo pueda ser esa bestia?
Lucas asintió con firmeza.
— Hace unas semanas se nos encargó ir a Sudamérica por una expedición en la que encontramos un par de fósiles fuera de lo común, uno el cuál se fusionó con Tyler dándole la capacidad de convertirse en ese tiranosaurio. Esto creemos que se debe a que Tyler estaba cerca de él antes de fusionarse con el fósil, llegamos a la conclusión de que como Theodore también estaba cerca del otro fósil y nunca está presente cuando el Triceratops se aparece solo él puede ser quién esté detrás.
Mike bajó la mirada, como si también estuviera de acuerdo, pero sin querer aceptarlo del todo.
— No queremos acusarlo injustamente, es nuestro amigo al fin y al cabo y no vemos razón alguna de que se comporte así. —añadió Rebecca— Tal y como dijisteis, esa bestia atacó de un modo bastante menos impulsivo que Tyler así que obviamente es consciente.
Alex observó a cada uno con atención. Su rostro seguía sereno, pero sus ojos mostraban que ya estaba analizando cada pieza del rompecabezas.
— Bien, haremos esto entonces. Vamos a interrogar a ese Theodore vuestro de forma discreta y si descubrimos que tenéis razón, actuaremos en consecuencia.
Todos asintieron, aunque la tensión no abandonó la sala. El peso de lo que acababan de declarar todavía flotaba en el aire. Tyler cruzó los brazos y murmuró:
— Solo espero que no sea cierto… pero si lo es, no pienso quedarme de brazos cruzados.