El choque entre las bestias continuaba, sacudiendo la tierra con cada impacto. El triceratops, Theodore, aún dueño de sí mismo, avanzaba con precisión. El tiranosaurio, salvaje, descontrolado, embestía con fuerza bruta, pero sin táctica.
Entonces, desde la espesura, tres figuras emergieron jadeando, cubiertas de hojas. Rebecca, Mike y Lucas se detuvieron en seco al presenciar la escena. Sus ojos se abrieron como platos.
— ¡¿Qué demonios es eso?! —exclamó Mike, dando un paso atrás con el corazón palpitando—
Lucas, en cambio, se quedó paralizada. Aunque el miedo la tomaba por sorpresa, sabía que quien estaba detrás del tiranosaurio era Tyler, pero trataba de indagar en el otro individuo.
Theodore los vio. Incluso bajo su forma monstruosa, su mente no perdió detalle. Era su equipo. Sus compañeros. Y al verlos, todo encajó. Si los tres estaban ahí excepto Tyler eso quería decir que estaba luchando todo este tiempo contra su amigo.
La certeza le golpeó como un trueno. El rugido que había oído, los síntomas previos, todo. El tiranosaurio era Tyler. Pero no había tiempo para explicaciones, ni palabras. Solo una cosa era clara en su mente: quería detenerlo, rápido y sin matarlo. Quería vencerlo.
Con una embestida feroz y aplastante, Theodore cargó con todo su peso, impactando al tiranosaurio de lleno en el costado. Tyler fue arrojado contra un peñasco, rugió de dolor, y luego cayó. No se movió más.
Rebecca gritó, pero Theodore no se acercó. Solo lo observó por un segundo. Sabía que estaba vivo. Respiraba. Solo estaba inconsciente o agotado. La transformación, seguramente, le había cobrado factura.
"Esto no tienen por qué saberlo aún..." pensó Theodore, con un resoplido pesado.
No podía ni quería arriesgarse a ser reconocido todavía. Demasiadas preguntas, demasiado caos. Así que, sin emitir más rugidos, se dio la vuelta y se internó de nuevo en la espesura, desapareciendo entre los árboles, dejando tras de sí solo huellas profundas y la silueta de una criatura que nadie podría olvidar.
Rebecca corrió hacia el tiranosaurio inconsciente, que comenzaba a encogerse, su forma bestial desvaneciéndose poco a poco, revelando, entre jadeos y sudor la verdadera forma de Tyler.
— ¡Tyler! —gritó Rebecca, arrodillándose junto a él—
Lucas y Mike se miraron entre sí, sin poder articular palabra. Salvo que Lucas solo pensaba en la otra bestia que había huido y aunque nadie tenía respuestas aún, una cosa era segura, sus vidas acababan de cambiar para siempre.
El cuerpo de Tyler, ya en forma humana, yacía inconsciente, cubierto de heridas menores y un sudor frío que aún perlaba su piel. Lucas y Mike lo cargaban con esfuerzo por entre la selva húmeda, mientras Rebecca abría paso, lanzando miradas constantes hacia atrás, aún en shock por lo vivido.
— ¿Cómo pudo pasar esto...? —murmuró Mike, su voz quebrada por la confusión—
— No lo sé, —respondió Rebecca sin girarse— pero lo importante ahora es que esté bien. Lo llevaremos a la base y averiguaremos todo. Aún tenemos que encontrar a Theo...
Nadie dijo más. La caminata de regreso fue silenciosa, pesada, como si el aire mismo estuviera lleno de preguntas sin responder.
Muy lejos de ahí, oculto entre la espesura de la selva, Theodore contemplaba sus propias manos ahora humanas, aún temblorosas por la transformación.
Su respiración era profunda, controlada. Se había recostado contra una piedra mientras el sol atravesaba las ramas sobre su cabeza. El calor le daba en el rostro, y aun así no podía borrar la sonrisa que se había formado en sus labios.
Había sentido el poder y la perfección.
El tamaño, la fuerza, la velocidad y aún más: la claridad. Durante la transformación no se había sentido como un monstruo descontrolado, sino como un dios despierto después de milenios.
— Los demás... tienen miedo. Dudan. Se esconden —murmuró para sí, alzando la vista— Pero yo... yo nací para esto.
Las palabras salían sin culpa. En su mente no había lugar para dudas. Para él, todo tenía sentido ahora. Todo, que su horrible infancia y futuro en las sombras fueron necesarios para llegar hasta este punto.
— No fue coincidencia, me niego a pensarlo. Ese fósil... ese poder... estaba esperando por mí. —continuó, su tono creciendo con cada palabra— No fue suerte. No fue azar. Fui elegido. El mundo me dio este regalo.
Y entonces, la sonrisa se hizo más ancha.
— Ni Mark Rogers, Nicholas Foster, los hermanos Miller o el propio Tyler son capaces de igualar algo como lo que acabo de hacer. En un par de días me he convertido en el sobrehumano más fuerte de todos y pienso reclamar el premio que me merezco por ello.
Se incorporó con energía, alzando el rostro hacia el cielo. Por primera vez en su vida, se sentía completo, invencible e imparable. Pero, sobre todo, feliz con lo que había hecho y solo quería disfrutarlo mucho más.
— Voy a tomar todo lo que siempre debió ser mío. —dijo, apretando los puños— No importa quién esté en el camino.
Con paso firme, se adentró en la selva. Dirigiéndose a la base para reunirse con quienes ya no consideraba iguales y volver cuánto antes a San Francisco.