Tras una semana de preparativos, el equipo y lo demás estaba listo para la expedición. El sonido constante de las hélices cortando el aire se mezclaba con el zumbido suave de la cabina, creando un fondo rítmico que acompañaba el viaje. El helicóptero, un modelo ligero y robusto cedido a Eclipse por convenios del pasado, surcaba los cielos rumbo al corazón de Sudamérica. Abajo, las nubes eran apenas retazos, y más allá de ellas, un tapiz infinito de selva se extendía como una manta viva de tonos verdes oscuros y húmedos.
Dentro del helicóptero, el ambiente era una mezcla de expectativa, incomodidad y tensión contenida.
Tyler, sentado junto a una pequeña ventana, observaba el horizonte mientras repasaba mentalmente cada detalle de la misión. No solo por la importancia que tenía para Eclipse, sino porque intuía que algo en esa expedición iba a cambiar sus vidas para siempre. A su lado, Rebecca hojeaba un pequeño bloc de notas, aunque estaba más atenta a los rostros que a las palabras.
Al otro lado de la cabina, Lucas y Theodore intercambiaban miradas punzantes cada tanto. No había necesidad de palabras para notar que entre ellos la paciencia era escasa. Las diferencias entre ambos no eran recientes, y aunque durante años habían trabajado juntos sin conflictos serios, algo en esta misión parecía despertar fricciones más profundas.
— Te lo digo de nuevo, la teoría del colapso energético no aplica a estructuras milenarias si no hay evidencia de civilización cercana. —soltó Lucas, cruzado de brazos y con una ceja alzada—
Theodore apenas giró el rostro hacia él.
— Lo que no aplica es tu empeño por reducir todo a fórmulas. No vamos a una instalación, Lucas. Vamos a lo desconocido.
— No todo lo desconocido es mágico, Price. —respondió Lucas, con sarcasmo ácido—
Antes de que la conversación escalara, Rebecca alzó la voz, suave pero firme.
— Chicos. Por favor. Quedan aún varias horas de vuelo. No tiene sentido desgastarse ahora.
Tyler apoyó su espalda contra el asiento y giró ligeramente hacia ellos.
— Tenéis derecho a discutir vuestras ideas, pero no a convertir esto en un ring de combate. Si vamos a hacer que esto funcione, cada uno tendrá que ceder algo. Incluyéndome a mí.
Mike, quien había permanecido callado en una esquina del helicóptero, levantó apenas la voz.
— Yo... creo que todos estamos algo tensos. Es normal. Solo que... no sabemos qué esperar allá, ¿verdad?
Rebecca le sonrió con calidez.
— Exactamente. Y por eso tenemos que llegar como equipo, no como enemigos.
Los minutos siguientes transcurrieron en relativo silencio. El piloto les informó por radio que se acercaban a la zona de descenso. A través de las ventanas, comenzaron a distinguirse detalles del terreno: la selva densa, salpicada por formaciones rocosas que no parecían naturales, y una apertura en medio de la vegetación que servía como punto de aterrizaje improvisado.
Tyler suspiró hondo mientras sentía el descenso comenzar.
Aún no habían puesto un pie en tierra, pero todos sentían que lo que encontrarían abajo no sería solo unas ruinas más. Y aunque los desacuerdos amenazaban con quebrar al grupo desde dentro, el grupo sabía que debían mantenerse firmes si querían mantener la cohesión que esta misión requería.
Porque al fin y al cabo, lo que estaba en juego no era solo el nombre de Eclipse, sino algo que, de alguna forma, aún no podían comprender del todo.
El helicóptero tocó tierra con un estruendo leve, levantando polvo rojizo y hojas secas del claro improvisado. A lo lejos, las ruinas apenas se dejaban entrever entre la vegetación espesa, cubiertas por siglos de olvido. No eran estructuras monumentales ni templos en pie, pero había algo en su disposición, en la forma en que la piedra parecía resistirse al paso del tiempo, que transmitía una sensación de misterio primitivo.
El equipo descendió con cuidado, ajustando mochilas y cajas que traían consigo. En poco tiempo, habían establecido un campamento funcional a escasos metros del límite de la zona selvática. Las tiendas de campaña se alineaban en un semicírculo abierto hacia una pequeña fogata que Mike intentaba encender sin mucho éxito. Tyler y Rebecca distribuían los equipos de análisis, mientras Lucas revisaba por tercera vez su inventario personal. Theodore, por su parte, se limitaba a inspeccionar los alrededores en silencio, como si ya intentara leer los secretos que escondía el lugar.
El piloto, un hombre de rostro curtido por los años y el sol, se acercó con paso firme mientras sostenía una pequeña caja de madera.
— Aquí tienen medicina básica, repelente, comida enlatada y deshidratada. Lo necesario para mantenerse con vida. —dijo con tono directo— Nada gourmet, pero los mantendrá de pie.
—Tyler asintió, agradecido— ¿Algo más que debamos saber?
— Solo lo que ya les dijo Campbell, dos semanas de investigación. —respondió el piloto mientras miraba el cielo, evaluando el clima— Volveré por ustedes después de ello. Ni un día antes, ni un día después. Si pasa algo… —hizo una pausa, como buscando las palabras— mantengan la calma y avísennos por el número de emergencia de la empresa. Este sitio es duro de encontrar por lo que traten de no perderse.
Rebecca cruzó los brazos con gesto escéptico.
— ¿Eso es una advertencia?
El hombre esbozó una sonrisa seca.
— Es solo sentido común. Hay lugares en los que la selva no quiere que uno esté. Y este es uno de ellos.
Dicho eso, dio un par de palmadas en la puerta del helicóptero y subió de nuevo a bordo. El rugido del motor volvió a llenar el ambiente y, tras un último vistazo al grupo, el aparato se elevó y desapareció entre las nubes de hojas. El silencio que dejó tras de sí fue casi inmediato, denso, como si la selva se hubiera tragado el sonido.
Tyler observó a su equipo. Las dos semanas empezaban ahora. Sin posibilidad de retroceso, sin refuerzos ni caminos de vuelta.
— Bueno. —dijo, ajustando su mochila y mirando hacia las ruinas cubiertas de vegetación— Es hora de ver qué tanto de lo que nos dijeron era cierto.
— Y qué tanto nos ocultaron. —añadió Theodore, caminando a su lado—
El grupo comenzó a prepararse para su primera incursión al sitio. Sin saberlo aún, estaban a punto de despertar algo mucho más antiguo de lo que cualquier libro de historia podría narrar.