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Bestias Ancestrales. Parte 4

The Radiant Twilight | Parte 3. Prehistoric Rage · por Aldex29 · 20 de septiembre de 2026

El asfalto temblaba bajo el peso de la batalla. Edward se sostenía con dificultad apoyado en una farola doblada, su traje rasgado y herido. A pocos metros, Anne intentaba levantarse de entre un montón de escombros y bolsas de basura, jadeando con esfuerzo, el cuerpo mojado y magullado. 

En medio de la calle, bajo la luz parpadeante de los postes, Triceratops resoplaba como un toro. Su pecho subía y bajaba con violencia. Tenía las marcas de ramas rotas en los brazos y el rostro ligeramente mojado, pero ni siquiera parecía cansado. 

Debiluchos... —gruñó con voz deformada, los ojos encendidos— Sentiros agradecidos. 

Con un rugido, se giró dispuesto a marcharse, sus pisadas hacían vibrar los vidrios aún enteros de los edificios aledaños. Pero apenas dio tres pasos una bola gigantesca de escombros comprimidos voló a toda velocidad desde un edificio lejano y se estrelló brutalmente contra su espalda, haciéndolo gritar de dolor. El impacto lo lanzó hacia adelante, arrastrándose por el suelo y destruyendo un coche estacionado. 

¡¿QUÉ…?! —gruñó Theodore, forcejeando para levantarse, con la espalda sumamente dañada 

Desde la calle, una figura colosal emergía entre los restos de concreto y escombros. Siendo este Tyler transformado, pero ahora era diferente. Sus movimientos eran precisos. Su respiración controlada. Y en sus ojos dorados no había furia animal, sino decisión. 

¡Theodore! —rugió Tyler con fuerza, su voz haciendo eco por las avenidas vacías— 

Theodore lo miró, jadeando con rabia. Por un instante, la sorpresa se dibujó en sus facciones mutadas. 

Así que… al fin eres consciente… —escupió— ¡Vaya sorpresa tan grande! 

Los músculos del Triceratops se tensaron, sus cuernos brillaban bajo la luz de la luna. A pesar del golpe, su sed de combate se encendía como un fuego inextinguible. Edward y Anne, aun dañados, alzaron la mirada desde el suelo. La escena frente a ellos era monstruosa, dos titanes con una relación y pasado en común, pero con una sola verdad que los enfrentaba ahora como enemigos. T-Rex rugió, clavando sus garras en el suelo mientras adoptaba una postura de ataque, Triceratops hizo crujir su cuello, herido pero desafiante, mientras daba un paso al frente listo para cargar contra él. 

Por lo que sin más espera ambas bestias se abalanzarían como si dos balas de cañón estuvieran a punto de colisionar, su choque fue bestial y mucho más fuerte que cualquiera de las otras veces que se habían enfrentado. El asfalto se partía a su paso. El aire retumbaba con cada movimiento. 

Un cabezazo de Theodore fue bloqueado por el brazo de Tyler, que gruñó mientras resistía la fuerza brutal del impacto. Tyler, con un giro rápido, usó el impulso para lanzar al Triceratops por encima de un camión de reparto, haciéndolo estrellarse contra una panadería cerrada. El cartel cayó de inmediato, y la calle quedó envuelta en polvo y fragmentos de ladrillo. 

Numerosos agentes de la OISS gritaban por los comunicadores, guiando a los civiles para que se pusieran a salvo. Algunos helicópteros de vigilancia sobrevolaban la zona, alumbrando con focos el enfrentamiento titánico. Anne, herida, pero en pie, guiaba a un grupo de civiles entre callejones. Edward se unía al operativo transformando sus brazos, formando barricadas y desviando objetos caídos para despejar caminos. 

Mientras tanto, Tyler no solo luchaba… defendía. 

Cada golpe que lanzaba era medido. Cada bloqueo, estratégico. Ya no era la bestia que rugía sin pensar era un hombre dispuesto a luchar. Uno que entendía sus límites. Cuando Theodore volvió al ataque con sus cuernos listos para embestir, Tyler no lo recibió con garras sino con astucia. 

Hizo caer una farola con un codazo, dejándola caer frente al avance de su enemigo. Triceratops tropezó apenas un segundo, y ese segundo fue suficiente. Tyler cargó un montón de escombros en sus brazos, giró sobre sí mismo y los lanzó como una lluvia de proyectiles. Impactaron en los hombros, las piernas, el torso, haciendo retroceder al rival con gruñidos llenos de furia. 

La calma que Tyler mostraba a la vez que sabía cómo atacar, el dominio sobre su cuerpo todo eso encendía una ira más profunda en Theodore. Los ojos de Triceratops ardieron. Golpeó el suelo con su puño, abriendo grietas que se extendieron por la calle. 

¡BASTA! —gritó con rabia ciega— ¡TÚ NO DEBERÍAS SER CAPAZ DE HACER ALGO ASÍ! 

Y se lanzó con todo su poder, pero lo hizo mal. Desesperado y cegado por el orgullo herido. Tyler giró el torso, esquivó el golpe y usó el mismo impulso de su oponente para arrojarlo contra una valla de hierro. Esta vez, no fue fuerza bruta, fue estrategia. Desde la distancia, Edward observaba la escena, impresionado. 

Está… ganando. Está ganando de verdad... —susurró, atónito pero no debemos darlo todo por terminado... 

Anne, a su lado, solo asintió, con una mezcla de alivio y una ligera preocupación Tienes razón... 

Aún no habían terminado, Tyler rugió con toda su fuerza, preparándose para cerrar el combate.

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