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Lonely Is A Man Without Love. Parte 4

The Radiant Twilight | Parte 2: Nature Force · por Aldex29 · 10 de septiembre de 2026

El agua estancada corría lentamente por los túneles oscuros, arrastrando desechos y un cuerpo aparentemente inerte. Paul Brooks, envuelto en la lona que los guardias habían usado para descartarlo, quedó atascado entre los escombros. Allí, en ese rincón olvidado de la ciudad, algo comenzó a suceder. 

Dentro de su cuerpo, el Elixir reaccionaba, intensificando sus efectos ahora que Paul estaba al borde de la muerte. El líquido radiactivo que había sido diseñado para transformar y mejorar, se fusionaba con la suciedad y la inmundicia de las aguas residuales. Paul, inconsciente, empezó a moverse involuntariamente, sus músculos tensándose y retorciéndose. 

Una ola de calor recorrió su ser, seguida por un dolor indescriptible. Si hubiera podido gritar, lo habría hecho. Pero su garganta, cubierta de barro y deshechos, apenas emitía sonidos guturales. 

El cambio era violento. Su piel comenzó a desintegrarse, sustituida por una sustancia viscosa y oscura, una mezcla de barro, desechos y tejidos regenerados por el Elixir. Sus huesos se alargaban y se doblaban en ángulos imposibles, sus extremidades crecían de forma desigual, y su cabeza, antes humana, se deformaba, perdiendo rasgos faciales reconocibles. 

No era un hombre. No era una máquina. Era algo nuevo, algo nacido del dolor y la suciedad. 

Su pecho se expandió con un temblor, un intento desesperado de tomar aire. Aunque no necesitaba respirar como antes, su cuerpo parecía recordar lo que una vez fue. Finalmente, con un movimiento brusco, logró liberarse de la lona, cayendo pesadamente al suelo fangoso. 

Paul, o lo que quedaba de él, salió tambaleándose del agua. Sus movimientos eran torpes, como los de un recién nacido, pero cada paso le daba más control sobre su grotesco cuerpo. El sonido de su viscosidad resonaba en las paredes de las alcantarillas, mezclado con los ecos de sus gruñidos bajos y guturales. 

La ira y el dolor eran todo lo que sentía. Una ira que ardía profundamente, dirigida hacia todo aquel que lo había despreciado. 

Al llegar a las escaleras de una salida cercana, su cuerpo se deslizó y se tambaleó al intentar subir. Sus manos deformes y viscosas se aferraban a los escalones de metal, resbalando, pero persistía, impulsado por una fuerza que no comprendía. 

Cada movimiento era una lucha, pero también una victoria. Al final, emergió de las alcantarillas y se encontró en el exterior. La luz tenue de una farola parpadeante iluminó su grotesca figura, revelando un ser hecho de barro y suciedad, con ojos que brillaban con una furia casi animal. 

Paul miró sus manos deformes, extendiendo lo que quedaba de sus dedos. Intentó hablar, pero lo único que salió de su boca fue un gruñido profundo. Ya no era humano, pero tampoco una simple bestia. Era un ser moldeado por el sufrimiento y el rechazo, con una misión que aún no comprendía completamente. 

Mientras avanzaba tambaleándose por las calles desiertas, dejó un rastro viscoso a su paso. Era como un recién nacido que aún no entendía su lugar en el mundo, pero sabía que debía encontrar algo... 

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