23 de septiembre, el sol se había ocultado completamente, y la brisa nocturna comenzaba a enfriar el aire en la pequeña jardinería de los Miller. Edward terminó de asegurar la puerta mientras Anne revisaba por última vez que todo estuviera en orden dentro del local. La jornada había sido agotadora, pero ambos ya estaban acostumbrados al ritmo de trabajo.
— y listo. —murmuró Edward, asegurándose de que el candado estuviera bien colocado. Se estiró con pesadez y suspiró— Otro día más.
Anne salió del local con las llaves en la mano y le dirigió una sonrisa cansada.
— dime que mañana podremos dormir hasta tarde.
— eso dependerá de si mamá decide mandarnos a hacer alguna otra cosa.
Anne rodó los ojos con una risa ligera.
— sabes que siempre encuentra algo que hacer.
Ambos estaban a punto de dirigirse a casa cuando escucharon unos pasos acercándose. Edward de inmediato frunció el ceño y giró la cabeza hacia la figura que se acercaba con las manos en los bolsillos y una expresión confiada en el rostro.
— vaya, vaya, justo a tiempo. —dijo el hombre con tono animado— Espero no interrumpir algo importante.
Edward y Anne se quedaron observándolo con cautela. Era un hombre de cabello rubio y un traje de agente de color blanco, con un porte relajado pero una mirada aguda que indicaba que no era alguien común.
— ¿quién eres? —preguntó Edward con desconfianza—
El hombre se detuvo a unos pasos de ellos y sonrió.
— Alex Wilson. —dijo con un gesto de la mano— Fundador y agente principal de la OISS, la Organización de Investigación de Sucesos Sobrenaturales.
Edward entrecerró los ojos.
— ¿OISS? Nunca he oído hablar de eso.
Alex se encogió de hombros.
— tiene sentido, la organización es relativamente nueva. Apenas estamos empezando, pero créanme, vamos a hacer cosas grandes.
Anne miró a Edward con una expresión de confusión antes de volver la vista a Alex.
— ¿y qué quieres con nosotros?
Alex sacó un papel de su bolsillo y lo sostuvo entre sus dedos.
— solo una pequeña invitación. Si no les importaría, me gustaría que me acompañaran mañana a San Francisco, Estados Unidos.
Edward cruzó los brazos.
— ¿y por qué iríamos contigo?
— porque tengo información interesante. —respondió Alex con un tono misterioso—
—Edward chasqueó la lengua— no me fio de ti. Para empezar, ¿Cómo sabemos que no eres solo un loco con una placa falsa?
Alex sonrió aún más.
— vaya, me lo has terminado de confirmar Edward Miller…
Edward se quedó en silencio, observándolo con más atención.
— ¿de qué estás hablando? —preguntó Anne.
— a ti no te conozco mucho como para quedarme claro, aunque lo sepa, señorita. Pero tú, señor Miller, eres idéntico en carácter a vuestro primo... —respondió Alex sin apartar la vista de Edward— Mark Rogers.
La mención de ese nombre hizo que Edward sintiera una punzada en el pecho. Su expresión se endureció al instante, y su mandíbula se apretó.
Anne, por otro lado, se quedó boquiabierta.
— ¿Espera… qué?
Edward desvió la mirada con visible molestia.
— ¿cómo sabes eso?
Alex alzó una ceja.
— por favor, Ed, desde lo del 31 de diciembre, el tiempo que me di para investigar a fondo y los estragos que ambos habéis estado causando contra esa cosa. ¿Crees que no sabría que el gran Mentalis es vuestro primo?
—Edward cerró los puños y exhaló lentamente— no hablamos de Mark.
Anne aún parecía confundida, como si su cerebro estuviera procesando la información a toda velocidad.
— espera, espera, espera… ¿Mark Rogers? ¿El tipo que salvó el mundo o algo el año pasado? ¿El que está en coma?
Edward no respondió, y su silencio fue suficiente para confirmar la verdad.
— ¡¿cómo nunca me dijisteis que era nuestro primo?!
— porque no es relevante, ese hombre en nuestra familia no merece ser mencionado —dijo Edward con aspereza—
Anne estaba a punto de decir algo más, pero Alex levantó la mano para calmar la tensión.
— de acuerdo, entiendo que el tema es complicado. Pero escucha, Edward… Ayudé a Mark cuando las cosas se pusieron feas. Estuve durante todo lo que pasó desde el 31 de diciembre de 2022 y mucho antes de ello, el día en que quedó en coma.
Edward lo miró con frialdad.
— dije que no hablamos de Mark. Ve al grano.
—Alex suspiró y puso las manos en la cadera— bien. El punto es que vi lo que hicieron con ese gigante de basura. No cualquiera puede encargarse de algo así y seguramente un ejército no habría sido suficiente para acabarlo, y no es un misterio que esa cosa lo pararon dos personas sobrenaturales, salta a la vista con tu imagen... no te lo tomes a mal.
Edward no dijo nada, pero Anne tragó saliva.
— supongo que tiene sentido... al fin y al cabo salimos en las noticias.
Alex sonrió.
— justamente señorita Miller, no fue tan difícil enterarme de algo así.
—Edward se cruzó de brazos— ¿y qué quieres exactamente?
— quiero que trabajéis conmigo. —dijo Alex directamente— La OISS necesita gente con habilidades como las suyas, además de que con ello podríamos hacer un mejor mundo para todos. Y, bueno, en este momento tengo un caso interesante…
Hizo una pausa antes de añadir:
— una amiga mía dio a luz hace unos días. Y créanme, ella va a necesitar toda la ayuda posible, por eso necesito que gente como vosotros se una a la OISS. Estoy segurísimo que ambos dos daréis ejemplo y sabréis que hacer durante todo este tiempo.
Edward miró a Anne por un momento, y luego volvió a ver a Alex con desconfianza.
— ¿tanto confías en nosotros?
— exactamente. —dijo Alex sin dudar— No me cabe ninguna duda que si los primos de mi amigo consiguieron habilidades sobrenaturales, nada de esto puede ser una simple coincidencia, estoy cien por ciento seguro. Por no mencionar, que el hijo de esta amiga es precisamente el de vuestro primo, creo que merece conoceros.
El silencio se extendió entre los tres, y la brisa nocturna volvió a soplar suavemente. Anne miró a Edward, esperando su respuesta.
—Edward exhaló lentamente y miró a Alex con el ceño fruncido— mañana a San Francisco, ¿eh?
— así es.
—Edward chasqueó la lengua— no prometo nada.
—Alex sonrió de lado— con eso me basta. Nos vemos mañana, fue un gran placer.
Dicho eso, se giró y se alejó con su paso relajado.
Anne miró a Edward con una mezcla de emoción y confusión.
— ¿Mark es nuestro primo…?
Edward suspiró y se frotó el puente de la nariz.
— hablaremos de eso otro día.
Anne suspiró también y miró hacia donde Alex se había ido.
— ¿en qué nos estamos metiendo…?
Edward no respondió. Pero en el fondo, sentía que su vida acababa de tomar un nuevo rumbo. Y no estaba seguro de si le gustaba o no, pero quitando lo que no le convencía y desagradaba, en el fondo de su corazón sentía entusiasmo y ganas de empezar esta nueva etapa de su vida.