Anne estaba en el laboratorio, rodeada de su equipo, mientras organizaba los frascos y materiales recién traídos del mar. La válvula oxidada que había encontrado en el fondo del océano reposaba en una mesa, cubierta por una capa de plástico transparente. Anne observaba con atención, claramente intrigada, pero sin tener la menor idea de lo que realmente habían encontrado.
― esto es... extraño. ¿Qué creéis que puede ser? ―preguntó Anne, mirando a su equipo mientras registraban los frascos destrozados y que aún contenían un poco del líquido―
Raymond, el investigador principal, se acercó a la válvula con una expresión pensativa.
― es difícil de decir, Anne. Lo que está claro es que esto no es algo que hayamos visto antes. ―se acercó a la válvula con cuidado, observando los detalles― parece una válvula de un sistema de contención, pero ¿por qué estaría aquí, en el océano, y con este estado?
Anne asintió, sintiendo que la pieza del rompecabezas aún no encajaba. De repente, el sonido del teléfono móvil de Raymond rompió el silencio. Este contestó rápidamente, mientras Anne observaba a su equipo trabajando en silencio.
― ¿Raymond? ―preguntó Anne cuando él colgó― ¿Quién era?
― el FBI... ―respondió Raymond, con un tono serio― han estado buscando algo por el estilo que esta válvula contiene desde el 31 de diciembre del año pasado.
Anne frunció el ceño, confundida.
― ¿31 de diciembre? ¿Qué tiene que ver esta válvula con eso?
Raymond intercambió una mirada rápida con los otros miembros del equipo. Sabían algo que ella no. Después de un largo suspiro, Raymond habló.
― seguramente lo habrás visto por televisión y no te acuerdes... pero, ese fue el día en que se desató una especie de combate en un cohete. Un cohete secuestrado por un tipo llamado Nicholas Foster, que actualmente está en prisión, lo que sea. Fue el mismo día en que, según los informes, una sustancia fue liberada en la atmósfera.
Anne frunció el ceño. Los recuerdos de aquel día eran borrosos, pero algo de esa información le parecía familiar.
― ¿qué sustancia? ―preguntó, alzando una ceja―
― lo conocen como El Elixir. ―respondió Raymond, con una mirada grave― Una sustancia creada por un científico llamado Mark Rogers. Al parecer, este fue el producto de la experimentación con la radiación que causó los poderes de este individuo, al que actualmente llaman “Mentalis”. Nicholas Foster, el líder de una especie de organización supremacista llamada The Crimson Order (TCO), modificó la sustancia a su propio gusto, pero en el enfrentamiento con Mark en dicho cohete, una de las válvulas fue neutralizada. Y esta, la que poseemos aquí, fue liberada hasta que acabó cayendo en el Mar del Norte.
Anne miró fijamente la válvula. No podía creer lo que estaba escuchando.
― ya había oído algo parecido, pero nunca me lo llegué a creer del todo... El Elixir... ―dijo, con incredulidad― ¿Entonces estamos ante sustancia que… que causó todo lo que pasó en ese cohete?
Raymond asintió lentamente.
― sí. Todo encaja. Estos frascos... son lo poco que queda del Elixir. Y parece que se filtró al océano hace meses. Lo que quiere decir que esta sustancia fue la causante de que esas plantas se alterasen...
Anne se quedó en silencio, procesando la nueva información. Había oído hablar del enfrentamiento de Mark y Nicholas en los informes, pero nunca imaginó que podría haber una conexión con algo tan peligroso y extraño como el Elixir.
― no podemos quedarnos con esto, Anne. ―dijo Raymond, tomando una respiración profunda― Esto no es solo una muestra biológica. Es mucho más. Necesitamos investigar y asegurarnos de que no llegue a las manos equivocadas.
Anne asintió, tomando una decisión rápida.
― sí, tenemos que descubrir más. Este Elixir... no sabemos qué efectos pueda tener, pero lo que sí sabemos es que puede ser mucho más peligroso de lo que parece.
El equipo de Anne comenzó a movilizarse con un sentido renovado de urgencia, sabiendo que lo que tenían entre manos era mucho más grande de lo que inicialmente imaginaron.