La noche cubría la ciudad con un manto de sombras pesadas, y Nicholas, oculto entre los restos de un edificio abandonado, intentaba calmar su respiración agitada. Su cuerpo estaba destrozado después de la brutal pelea contra Mark, pero ya sentía el lento proceso de regeneración tomando lugar. Las heridas se cerraban despacio, sus músculos se recomponían con una dolorosa tirantez que lo hacía rechinar los dientes.
El lugar donde se encontraba era uno de los rincones más oscuros de la ciudad, donde las almas perdidas y marginadas se reunían. Alrededor de él había restos de vida: un grupo de indigentes dormían sobre cartones y harapos, mientras otros compartían agujas o inhalaban sustancias tóxicas para olvidar el frío y la desesperación. La estructura que lo ocultaba apenas se mantenía en pie, con paredes derrumbadas y escombros esparcidos por doquier. Nadie prestaba atención a Nicholas; para los que habitaban esa zona, él no era más que otro desecho humano.
Sentado contra una columna rota, Nicholas mantenía una mano sobre su costado, donde Mark lo había golpeado con fuerza sobrehumana. Las venas de su torso seguían marcadas, hinchadas por la mutación que el suero había provocado. No podía moverse con normalidad aún, pero cada minuto que pasaba lo acercaba a la recuperación total.
A pesar del dolor, su mente era un torbellino de pensamientos. Lo había subestimado. Pensó que Mark era solo otro obstáculo, algo que podía manejar con facilidad. Sin embargo, se había encontrado cara a cara con el límite de su propio poder, y Mark lo había expuesto brutalmente.
― el suero… ―pensó mientras su mandíbula se apretaba―
Ese era su único recurso, su verdadera salvación. En cuanto sus heridas sanaran lo suficiente, volvería a su apartamento. No le importaban las autoridades ni las patrullas policiales que pudieran estar vigilando. Lo único que le importaba era recuperar el suero. El suero era lo que le daba el poder de un tardígrado, lo que lo hacía inmortal, invencible.
― sin él… no soy nada
Cerró los ojos y respiró hondo, tratando de concentrarse en el siguiente paso. Lo necesitaba. No solo para sobrevivir, sino para continuar con su plan. No podía permitirse ser derrotado. Él era el único capaz de salvar a la humanidad de su decadencia. En su visión, él era el salvador, el arquitecto de una nueva era. Mark y cualquiera que se interpusiera en su camino eran obstáculos que debían ser eliminados.
Entre sus pensamientos, escuchaba a lo lejos murmullos y risas débiles de los vagabundos. Alguno de ellos tosía de manera asmática, otros susurraban incoherencias al viento, perdidos en su propio mundo de desesperación. Nicholas los miró con indiferencia. Para él, esas personas ya estaban perdidas, condenadas a la decadencia que la humanidad había permitido crecer. Si su plan tenía éxito, estas mismas almas podrían ser salvadas, transformadas en algo superior. Pero por ahora, no eran más que ruido en el fondo de su mente.
― cuando regrese, tomaré lo que es mío… y luego terminaré lo que empecé ―se dijo a sí mismo―
La regeneración continuaba, y cada minuto lo hacía más fuerte. Miró hacia el horizonte, hacia la dirección en la que estaba su hogar. No importaba cuánto lo vigilasen, no importaba si Mark intentaba detenerlo otra vez. Volvería. Recuperaría el suero. Y entonces, nadie podría detenerlo.
A medida que la noche avanzaba, su cuerpo recuperaba fuerza. Los cortes profundos en su piel cicatrizaban lentamente, dejando solo rastros de sangre seca. Sus músculos, tensos y adoloridos, comenzaban a responder mejor. Sabía que no podía apresurarse, pero tampoco podía permitirse quedarse mucho más tiempo en aquel basurero. Pronto, cuando estuviera listo, volvería a moverse.
― Mark Rogers… muchas gracias, sin ti no sabría cómo arreglar mis errores... prometo no defraudarme en nuestro próximo encuentro...
Nicholas sonrió, aunque el dolor aún lo atormentaba. Tenía un plan, y nada, ni Mark ni nadie más, lo detendría. El mundo aún no estaba listo para lo que él tenía preparado. Pero pronto lo estaría, y la humanidad no tendría otra opción más que someterse a su visión o perecer.
La noche apenas había caído cuando Nicholas, envuelto en sombras, decidió moverse. La regeneración en su cuerpo seguía avanzando, pero aún no era suficiente para restaurar del todo su fuerza. Sin embargo, la urgencia lo llamaba. El suero con ADN de tardígrado era lo único que importaba. No tenía tiempo que perder pensando en estrategias cuidadosas o en lo que había dejado atrás en su apartamento. Nada más que ese suero tenía valor.
El área alrededor de su hogar estaba bajo vigilancia policial. Un cordón había sido colocado alrededor de la zona tras el combate con Mark, y los curiosos seguían hablando en susurros mientras observaban desde lejos. Nicholas, sin camisa, caminaba con paso firme, su torso desnudo mostrando las venas hinchadas y los bultos que crecían a ambos lados, deformando su figura. Cada vez más, el suero lo estaba transformando. Pero no le importaba lo que sucediera con su cuerpo en ese momento; su mente estaba enfocada en un único objetivo.
Con una calma inquietante, atravesó las líneas de investigación. Los policías lo vieron, pero el terror en sus ojos los congeló. Era como si hubieran visto a una bestia suelta, algo que no comprendían. Ninguno de ellos levantó un arma, ninguno se movió. Nicholas no los miró siquiera. Para él, eran simplemente otro obstáculo irrelevante.
Entró por la puerta principal de su edificio, ignorando los murmullos que se elevaban a su alrededor. Subió las escaleras de su edificio, con cada paso resonando en su mente como el preludio de lo inevitable. Abrió la puerta de su apartamento, indiferente al hecho de que la policía podría haber estado revisando el lugar en su ausencia.
Dentro, todo seguía igual. El laboratorio improvisado, las muestras y su equipo esparcido por doquier. Los sueros que había creado estaban cuidadosamente almacenados, pero su atención no se desvió hacia ellos. Solo había un frasco que le interesaba: el suero que le otorgaba el poder del tardígrado, su fuente de invulnerabilidad. Lo tomó sin dudar. Los otros frascos, las pruebas, incluso el diario que contenía su visión y los secretos que había guardado, todo eso quedó atrás. No le importaba nada más. La transformación que necesitaba para el siguiente paso ya estaba en marcha.
Con el suero en la mano, salió del edificio sin mirar atrás. La noche lo envolvió nuevamente mientras recorría las calles buscando otro refugio. Ya no podía volver allí. Nicholas sabía que su tiempo en la ciudad estaba contado, pero aún había cosas que debía hacer antes de ejecutar su plan. Con el suero en su poder, se sentía invencible, pero su cuerpo aún no estaba listo para el golpe final. Necesitaba tiempo.
A medida que se adentraba en los barrios más oscuros y olvidados, notó un grupo de personas en la calle. Drogadictos, criminales, y otros que apenas se mantenían en pie por su propia cuenta. Nicholas los vio como el peor tipo de humanidad, los verdaderos despojos de la sociedad.
― oye, amigo ―uno de ellos se le acercó con tono burlón― ¿qué tienes ahí? ¿Te crees invencible o algo?
Nicholas no respondió. No sentía la necesidad de hablar con aquellos que consideraba por debajo de él. Sin embargo, el hombre lo empujó, intentando intimidarlo. Otros del grupo se acercaron, viendo en Nicholas a una posible víctima. Quizás lo vieron débil por las marcas y bultos en su cuerpo, o quizás pensaron que lo podían someter como a cualquier otro.
― mira a este bicho raro. ―dijo uno de ellos con una risa burda― Deberías estar escondido, no en nuestras calles.
Nicholas, con el suero firmemente agarrado en una mano, miró al hombre que lo había empujado. No era ira lo que sentía, sino desprecio. En su mente, estas personas no merecían el mundo que él estaba a punto de crear. La nueva humanidad que imaginaba no tendría lugar para los débiles, los sucios y los inútiles.
― no merecéis salvación alguna… ―susurró Nicholas―
Antes de que pudieran reaccionar, Nicholas se movió con una velocidad inhumana. Sus golpes eran letales, brutales, aplastando cráneos y quebrando huesos. No mostró piedad alguna. A cada uno lo derribó con precisión, sintiendo el poder del suero acelerando su regeneración, fortaleciéndolo más. No eran rivales para él.
Uno a uno cayeron, sus cuerpos retorciéndose en el suelo mientras Nicholas permanecía inmutable, sin siquiera mostrar signos de cansancio. No les dio la oportunidad de escapar ni de suplicar por sus vidas. Para él, ya estaban muertos mucho antes de que alzaran un solo puño contra él.
Cuando la calle quedó en silencio, Nicholas se detuvo. Sus ojos encontraron a una chica, joven, que había estado observando desde un rincón, aterrorizada. No había participado en el ataque, pero era evidente que estaba en medio de esa multitud por necesidad, no por voluntad.
― por favor… no me hagas daño… ―susurró ella, temblando―
Nicholas la miró, y por un breve momento, algo parecido a la compasión cruzó su mente. Ella no era como ellos. Había caído en desgracia, sí, pero no por sus propias decisiones. Se acercó a ella encorvado y comenzó a hablarle.
― como te llamas jovencita... ―dijo mientras acariciaba su rostro―
― E-Emily... n-no me hagas nada p-por favor... ―dijo temblando―
― tu... no eres más que una pobre víctima de esté horrible planeta. No merecías juntarte con esos animales, tranquila Emily, yo te apoyaré si tú me apoyas... ¿No conoces algún lugar en el que pueda descansar un poco? He tenido unos días bastante cansados.
Con ello, la chica guió a Nicholas a otro edificio en ruinas en donde había también más gente que cayó en lo peor, drogadictos y gente marginada por la sociedad. Nicholas se veía a sí mismo como aquél que les daría una salvación para ellos.