Varias horas después de haber sido secuestrado sin que nadie se enterase, Mark abrió un poco los ojos y se dio cuenta que el lugar en el que estaba temblaba, lo que parecía ser un avión en movimiento. Mientras aún recuperaba el conocimiento llega a escuchar una conversación entre el Criminal Jefe y el piloto del avión que la organización criminal había conseguido.
― entonces, él dijo que no podemos matarlo aún, ¿no, Reynard?
― exacto, es todo parte del plan que lleva ideando por años, una vez consigamos lo que él quiere supongo que ya nos podremos deshacer de Rogers.
Mark antes de poder decir algo volvió a quedarse inconsciente al sentir otro pinchazo en su cuello, pues le volvieron a inyectar el suero.
Tras unas horas, Mark despertó con un dolor punzante en la cabeza. La habitación estaba en penumbras, iluminada solo por una luz que se filtraba a través de una pequeña ventana con barrotes. Intentó moverse, pero sus brazos y piernas estaban atados a una silla. El aire olía a humedad y descomposición, con un toque ácido.
A su alrededor, las paredes de la habitación estaban descascaradas y cubiertas de moho. El suelo de concreto estaba sucio, lleno de manchas y basura. Podía escuchar ruidos lejanos, y el zumbido constante de un generador cercano.
Después de unos momentos, una puerta oxidada se abrió con un chirrido, y una figura entró en la habitación. Era un hombre de unos 50 años aproximadamente con rasgos duros y una cicatriz que le cruzaba el rostro. Llevaba ropa oscura desgastada y una máscara que cubría su boca y nariz, probablemente para filtrar el aire contaminado.
― veo que ya despertó, Sr. Rogers, lamento lo rudo que fue su llegada hasta aquí, pero no había más remedio. ―dijo Reynard―
― quiénes sois... y qué hago aquí... ―responde sin importar las palabras que le dijo Reynard―
― tranquilo, este lugar puede tener mala pinta, pero estás en nuestra base: un laboratorio que ya no fue usado hace tiempo, pero que logramos restaurar... con un poco de ayuda... Me llamo Will Reynard, pero puedes llamarme Reynard, un placer conocer a la “mente maestra” de Eclipse Laboratories.
Reynard se acercó y se agachó para mirarlo directamente a los ojos.
― tienes conocimientos que necesitamos. Tu trabajo en física cuántica y tu capacidad para resolver problemas complejos te hacen valioso para nosotros. Aquí, en las sombras, fuera del alcance de los gobiernos y corporaciones, tus habilidades serán puestas a prueba.
― ¿y si me niego? ―desafió Mark, tratando de mantener la calma―
―Reynard sonrió bajo la máscara― no tienes esa opción. Aquí, será mejor que hagas lo que se te dice. Además... ―añade, mirando alrededor de la habitación― dudo que quieras quedarte mucho tiempo en un lugar como este.
Mark miró a su alrededor nuevamente, tomando nota de los detalles de su prisión improvisada. No era solo la suciedad y la decadencia lo que le preocupaba; era la sensación de aislamiento y desesperanza que emanaba de cada rincón.
― ¿qué es lo que esperáis que haga? ―preguntó Mark finalmente―
―Reynard desató los brazos de Mark, se puso de pie y se dirigió hacia la puerta― Todo a su tiempo, Dr. Rogers. Por ahora, descansa y recupera tus fuerzas. Te necesitamos en plenas condiciones para lo que viene.
Con eso, Reynard salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de él. Mark se quedó solo, sus pensamientos corriendo a mil por hora.
Respiró hondo, tratando de calmarse. Sabía que necesitaría toda su inteligencia y recursos para sobrevivir a esta situación y encontrar una manera de escapar. Pero por ahora, todo lo que podía hacer era esperar y observar, buscando cualquier oportunidad que pudiera presentarse.
El sonido distante de la calle continuó, un recordatorio constante de que estaba en un lugar extraño y peligroso. La luz del sol se desvaneció lentamente, sumiendo la habitación en la oscuridad. Mark cerró los ojos, tratando de reunir fuerzas para enfrentar lo que sea que el futuro le deparará en este rincón olvidado del mundo.
Al día siguiente Mark fue despertado cuando le echan un cubo lleno de agua helada por uno de los criminales.
― levanta Mente-Maestra tienes un largo día por delante.
Mark despierta inmediatamente angustiado por el repentino despertar, al ser sacado de pronto de su rutina que llevaba haciendo tanto tiempo. Mark vio cómo había un grupo de hombres armados a su alrededor y caminó por donde le indicaban, hasta llegar a una gran habitación con un gran reactor nuclear en donde se encontraba Reynard.
En el centro de la habitación había un enorme reactor nuclear, rodeado de maquinaria y cables que se extendían por todo el lugar. La radiación era palpable, y el zumbido del reactor resonaba en el aire, creando una sensación de inminente peligro.
Cerca del reactor, Reynard lo esperaba con los brazos cruzados y una expresión de satisfacción en su rostro.
― bienvenido, Dr. Rogers ―dice, extendiendo una mano hacia el reactor― este es el corazón de nuestro proyecto.
Mark sintió una mezcla de fascinación y terror mientras miraba el reactor.
― ¿Qué estáis haciendo aquí? ¿Sabéis lo peligroso que es esto?
―Reynard asintió― lo sabemos muy bien. Estamos en un lugar donde las leyes no significan nada, donde podemos hacer lo que queramos sin la interferencia de gobiernos o corporaciones. Y tú, Mark Rogers, eres la pieza que faltaba en nuestro rompecabezas.
― ¿qué es lo que queréis de mí? ―Mark pregunta, tratando de mantener la calma a pesar de la creciente ansiedad―
―Reynard camina hacia una consola cercana y activa una serie de pantallas que muestran datos y gráficos complejos― tu trabajo en física cuántica y tu conocimiento en la manipulación de partículas nos permitirá llevar este reactor a su máximo potencial. Estamos trabajando en algo que va más allá de la comprensión común, una fuente de energía ilimitada, y posiblemente la salvación de la raza humana. Queremos que tú, Mark Rogers, conviertas la radiación nociva para el ser humano en la salvación y la mejora de la especie.
―Mark frunce el ceño, tratando de procesar la información― eso es imposible. Por más listo que yo pueda ser, yo no hago milagros, Reynard.
―Reynard sonrió de manera enigmática― eso es lo que tú crees. Pero con tu ayuda, podemos superar esos obstáculos. Imagina el poder que podríamos desatar. Imagina lo que podríamos lograr.
Mark es llevado hacía Reynard con una máscara bruscamente.
― muéstranos que puedes hacer. ―Reynard señaló el panel de control del reactor―
― lo que queréis que haga es imposible en varios aspectos, esto podría acabar bastante mal para todos si me equivoco en algo.
― no lo sabremos si no lo intentas, ¿no crees? Tienes todo el tiempo del mundo para hacer algo.
Mientras se ponía el equipo de protección y se preparaba para comenzar a trabajar, su mente ya estaba calculando cada posible movimiento, cada oportunidad de escapar. Sabía que estaba caminando por una delgada línea entre la cooperación y la rebelión, y que cualquier error podría ser el último. Pero también sabía que no tenía otra opción. Tenía que encontrar una manera de sobrevivir y, con suerte, de poner fin a esta locura antes de que fuera demasiado tarde. Así que se preparó y se puso a experimentar por todo el equipo, teniendo gran cuidado de no hacer malos movimientos.
Pasaron días, quizás semanas, desde que Mark fue llevado a la fuerza a la instalación subterránea de The Crimson Order (TCO), un grupo de criminales sin escrúpulos que operaba fuera del radar de cualquier gobierno o autoridad. Encerrado en la decadente habitación, Mark trabajaba sin cesar bajo la constante supervisión de los guardias, siempre vigilado, siempre amenazado.
Su rutina diaria se había convertido en un ciclo de trabajo agotador, maltrato y escasas horas de sueño. Su cuerpo estaba cubierto de moretones y cortes, resultado de la brutalidad con la que TCO se aseguraba de su cooperación. El dolor físico era constante, pero lo que más lo atormentaba era la desesperación y la sensación de impotencia.
Mark pasaba la mayor parte del día en el laboratorio improvisado, rodeado de equipos obsoletos y maquinaria rudimentaria. El reactor nuclear seguía siendo el centro de su investigación. Cada día, Reynard venía a supervisar su progreso, siempre acompañado de dos guardias armados. La presión era inmensa y el margen de error inexistente. Reynard no toleraba retrasos ni fracasos.
― ¿cómo va el proyecto, Dr. Rogers?
Mark, con ojeras profundas, una barba crecida y manos temblorosas, levantó la vista de su trabajo.
― he logrado algunos avances teóricos, pero necesitamos más tiempo y mejor equipamiento para asegurarnos de que los resultados sean seguros y efectivos...
Reynard frunció el ceño, su paciencia claramente agotándose.
― no tenemos tiempo, ni recursos adicionales. Tienes que hacer que funcione con lo que tienes.
Mark asintió, sabiendo que cualquier protesta sería inútil. Volvió a su trabajo, ajustando fórmulas y calibrando equipos, tratando de convertir lo imposible en posible. Los días se desdibujaban en una monotonía de sufrimiento y esfuerzo constante.
Por las noches, después de ser escoltado de regreso a su celda, Mark se desplomaba en el incómodo catre que se le había asignado. Las paredes sucias y el aire viciado eran un recordatorio constante de su cautiverio. A veces, se permitía unos momentos de reflexión, pensando en su vida antes de este infierno, en la gente que conocía que había dejado atrás, y en lo mal que se comportó con su vida anterior.
En una de esas noches particularmente duras, mientras trataba de ignorar el dolor en sus costillas, la puerta de su celda se abrió de golpe. Un par de agentes del TCO entraron completamente ebrios y comenzaron a golpear a Mark mientras le insultaban.
El laboratorio improvisado estaba sumido en una actividad frenética. Mark había estado trabajando sin parar durante días, agotando todas sus fuerzas y conocimientos en un intento desesperado por satisfacer las demandas de TCO. La presión era abrumadora, y cada día que pasaba, la amenaza implícita de Reynard y sus hombres se volvía más tangible.
Trabajaba en una nueva fórmula, un compuesto químico que, en teoría, podría interactuar con la radiación y transformarla en algo beneficioso. La sustancia era volátil y requería una manipulación precisa. Mientras Mark transfería la sustancia a una pequeña cápsula, una de las válvulas de control falló. El compuesto comenzó a burbujear y cambiar de color, emitiendo un brillo esmeralda inquietante.
― ¡no puede ser...! ―murmura, tratando de ajustar la presión en la válvula―
Pero era demasiado tarde. El compuesto reaccionó de manera inesperada, liberando una explosión de ese líquido brillante que envolvió a Mark. Intentó retroceder, pero el gas y trozos de cristal manchados de esa sustancia lo alcanzó antes de que pudiera reaccionar. Sintió un dolor agudo en todo su cuerpo y un intenso calor en su cabeza antes de que todo se volviera negro y las válvulas de la formula en la que Mark estaba trabajando estallasen.