Nicholas condujo su coche por las calles de San Francisco, las luces de la ciudad reflejándose en la carrocería negra. Su mente estaba afilada, concentrada en el próximo paso de su plan. El maletín con el suero descansaba en el asiento del copiloto, un recordatorio constante del poder que estaba a punto de desatar.
Se detuvo frente a un modesto edificio de apartamentos donde vivía Oliver. Sabía que Oliver lo admiraba y confiaba en él sin reservas, lo que lo convertía en una herramienta perfecta para lo que estaba por hacer.
Nicholas tocó el claxon suavemente, y unos momentos después, Oliver apareció, cargando una mochila con sus instrumentos de trabajo. El joven subió al coche con una sonrisa entusiasta, sin tener idea de lo que estaba a punto de involucrarse.
― gracias por venir, Oliver ―dijo Nicholas con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos― tenemos un trabajo importante que hacer esta noche. Algo que podría cambiar nuestras carreras para siempre.
―Oliver, siempre dispuesto a impresionar, asintió con entusiasmo― lo que sea necesario, señor Foster. Estoy aquí para ayudar.
Nicholas arrancó el coche y comenzó a conducir hacia su casa. Mientras lo hacía, decidió preparar a Oliver para la tarea que le tenía reservada.
― lo que vamos a analizar es algo especial, Oliver. Algo que podría redefinir los límites de lo que conocemos en la ciencia.
― ¿de qué se trata? ―preguntó Oliver, intrigado―
― es un suero ―respondió Nicholas, sin desviar la mirada del camino― lo recuperé de una base destruida hace poco. Es un compuesto basado en radiación que, hasta donde sé, no es dañino para los humanos. Pero necesito que tú lo analices y me digas exactamente cómo funciona.
Oliver abrió los ojos con asombro.
― ¿radiación que no hace daño? Eso es... increíble. Nunca había oído hablar de algo así. ¿Podría ver la muestra?
―Nicholas asintió― por supuesto, una vez que lleguemos a mi casa. Hay algo más que quiero discutir contigo. He estado trabajando junto con Evelyn en un proyecto de genética celular. Quiero saber si crees que podríamos combinar este suero con las muestras que recolectamos en el laboratorio.
Oliver se quedó pensativo por un momento.
― ¿genética celular? Bueno, si el suero tiene propiedades que afectan a nivel cuántico, es posible que podamos fusionarlo con alguna manipulación genética para... bueno, para quién sabe qué. Podría abrir un campo completamente nuevo de estudio.
― exactamente ―dijo Nicholas, permitiendo que una sonrisa genuina cruzara su rostro― y es por eso que te necesito a ti, Oliver. Nadie más en Eclipse podría manejar algo tan delicado. Si lo hacemos bien, seremos los pioneros de un nuevo tipo de ciencia.
Oliver no pudo evitar sentirse honrado por la confianza que Nicholas estaba depositando en él.
― haré lo que pueda, señor Foster. Estoy seguro de que juntos podremos descubrir algo asombroso.
Nicholas asintió, satisfecho con la respuesta. Mientras continuaban conduciendo, sabía que estaba un paso más cerca de alcanzar su meta. El suero, las muestras genéticas, y el joven científico a su lado eran las piezas clave de un rompecabezas que solo él podía completar.
Finalmente, llegaron a la elegante casa de Nicholas. Bajaron del coche y entraron en el laboratorio privado que Nicholas tenía en el sótano. Oliver comenzó a preparar su equipo, mientras Nicholas sacaba el maletín y lo abría con un cuidado casi reverencial.
Dentro, el suero brillaba tenuemente bajo la luz del laboratorio. Nicholas lo levantó y lo colocó frente a Oliver, que lo observó con una mezcla de asombro y curiosidad.
― empecemos ―dijo Nicholas, su voz baja pero cargada de determinación― quiero saber exactamente qué es lo que tenemos entre manos, y cómo podemos utilizarlo para algo mucho más grande.
Oliver asintió y comenzó a trabajar, mientras Nicholas lo observaba, su mente ya maquinando los próximos pasos. Este era solo el principio, y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para asegurarse de que todo saliera según sus planes.
Oliver continuaba trabajando intensamente en el laboratorio de Nicholas, desentrañando los secretos del suero que Reynard había entregado. Los análisis revelaban que este compuesto poseía propiedades inusuales, permitiendo la manipulación de la energía y la materia a nivel molecular, pero no había nada en su composición que sugiriera una capacidad regenerativa.
― es fascinante ―dijo Oliver, sin apartar la vista de las pantallas llenas de datos― este suero es capaz de alterar la forma en que las células interactúan entre sí. Es como si reconfigurara las leyes naturales que gobiernan la materia, pero no hay señales de que pueda regenerar tejido dañado.
Nicholas, que había estado observando desde la sombra, dio un paso adelante. Sabía que Oliver estaba cerca de comprender la clave del suero, pero aún faltaba una pieza importante del rompecabezas.
― eso es exactamente lo que necesitamos cambiar ―comentó Nicholas, sacando un pequeño frasco de su bolsillo― este es el componente que lo completará.
―Oliver lo miró con curiosidad― ¿qué es eso?
Nicholas abrió el frasco y dejó que Oliver viera su contenido: una muestra genética que había recolectado junto con Evelyn durante sus experimentos en el ala de biología. Era un compuesto basado en las capacidades regenerativas observadas en ciertas especies, como lagartos y pulpos, capaces de regenerar extremidades y órganos.
― esto, ―se preparó Nicholas― es la clave para desbloquear la regeneración celular. Si podemos combinar las propiedades del suero con este material genético, podríamos crear algo que no solo altere la materia, sino que también regenere tejido humano como nunca antes.
Oliver quedó asombrado ante la posibilidad.
― pero… ¿Es seguro combinar estos dos compuestos? No sabemos cómo interactuarán.
―Nicholas sonrió con frialdad― esa es la parte emocionante, Oliver. Estamos entrando en territorio inexplorado. Es un riesgo, pero los beneficios podrían ser inimaginables. Necesito que me ayudes a fusionarlos.
Oliver, motivado tanto por su deseo de aprender como por su admiración hacia Nicholas, comenzó a preparar la combinación. Utilizó una técnica precisa para mezclar las muestras del suero con el material genético regenerativo, cuidando cada detalle para asegurar que los compuestos se unieran de manera estable.
Después de varias horas de trabajo meticuloso, Oliver finalmente completó la fusión. El nuevo suero resultante tenía un brillo peculiar, como si conteniera una vida propia, pulsando con energía.
― lo logré ―dijo Oliver, sus ojos brillando con asombro― hemos creado un compuesto que no solo altera la materia, sino que también tiene el potencial de regenerar tejido vivo.
Nicholas tomó el frasco con manos firmes. Lo observó durante unos momentos, reflexionando sobre el poder que ahora tenía en su posesión. Sin dudarlo, preparó una jeringa con el nuevo suero y, bajo la atónita mirada de Oliver, se la inyectó.
― ¡señor Foster, espere! ―exclamó Oliver, preocupado― ¡aún no sabemos los efectos secundarios!
Pero Nicholas estaba decidido. Sentía que este era el siguiente paso hacia la culminación de sus ambiciones. El suero recorrió su cuerpo, y Nicholas cerró los ojos mientras una ola de calor se extendía por sus venas. De repente, sintió un dolor agudo en su mano izquierda, como si su cuerpo estuviera reaccionando al nuevo compuesto.
Sin dudarlo, Nicholas tomó un cuchillo que estaba en la mesa cercana y se hizo un corte en la palma de la mano. Oliver observó con horror y fascinación mientras la herida comenzaba a cerrarse lentamente, regenerándose ante sus ojos. No fue instantáneo, pero la regeneración estaba ocurriendo, confirmando que el suero había funcionado.
Nicholas sonrió con una mezcla de triunfo y satisfacción. Aunque la regeneración no era inmediata, sabía que había dado el primer paso hacia algo mucho más grande. Ahora tenía en su poder un suero que no solo alteraba la materia, sino que también le otorgaba la capacidad de regenerarse.
― esto es solo el principio ―dijo Nicholas con voz suave pero decidida, mirando a Oliver con una intensidad que dejaba claro que ya estaba pensando en sus próximos movimientos― pronto, nada podrá detenernos.
Oliver, aunque impresionado, sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sabía que había cruzado una línea peligrosa, pero también que no había marcha atrás. Estaba inmerso en algo mucho más grande de lo que jamás había imaginado.