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The Hi-Hats Capitulo 10: The Composer

The Hi-Hats · por Joe · 10 de septiembre de 2026

10. The Composer.

 

El grupo llegaba a Abbey Road con toda la actitud del mundo. Sus padres estaban preocupados, probablemente, en el camino de regreso, verían fotografías suyas con «DESAPARECIDO» escrito en las fotografías con un marcador para pizarrón. Pudieron llamar a sus padres, pero la euforia y la curiosidad de tener un disco propio hizo que ellos ignoraran absolutamente todo lo demás.

Caminaban torpemente debido al sueño que tenían en ese momento, de hecho, Julian no dejó de dormitar en el autobús, por suerte, el grupo se dio cuenta de eso y lo despertó eficientemente.

El estado somnoliento del grupo quedó claro gracias a que Joseph, tropezó torpemente en el piso plano. Paul se acercó a él y le extendió la mano, Joseph la tomó y se levantó.

Por fin, después de un viaje corto que pareció interminable, llegaron exitosamente a Abbey Road, ahora tenían que cruzar ese paso peatonal, ese maldito paso peatonal en el que Lennon, McCartney y los demás Beatles aprovecharían en solo ocho años más, algo que aún no era de importancia, aún así, la calle, todos los días tenía un tráfico masivo. Al cruzarlo, había un riesgo gigantesco de que algún borracho te atropellara con su automóvil notoriamente viejo.

Afortunadamente, eso no sucedió esta vez, y lograron llegar, sanos, a Abbey Road Studios, donde, ya preparados, tendrían su segunda sesión, en la que por fin demostrarían que ellos sí podían tener una banda que realmente pudiera sobrevivir a la industria musical.

Cuando abrieron la puerta de madera natural, vieron a Richard, un tanto decepcionado y con expresión de tristeza y enojo a la vez, a sólo treinta centímetros de la puerta, con la mano extendida, a punto de abrir la puerta. Por su sorpresa, la banda se le adelantó.

Richard soltó un gritó que asustó a la banda.

—¡Porque llegaron tan tarde!

—Estuvimos como dos horas escribiendo unas canciones.

—No me interesa. Se levantan temprano y vienen acá —dijo Richard, claramente enojado—. No saben cuantas veces Michael me sermoneo por su falta de disciplina.

—Perdónanos, Richard. No era nuestra intención salvar nuestra carrera —respondió Joseph, con sarcasmo notorio.

—Pues salven su carrera, pero levántense temprano, por favor. De una forma u otra, Michael consiguió un escritor, él les escribió una canción. La van a cantar, ¿entendido?

—Pero nosotros escribimos canciones.

—Aún así, la van a cantar porque sigue siendo un tema más.

—Está bien… —dijo William.

 

Michael estaba sentado en una de las sillas, tenía los brazos cruzados y en la sien derecha, tenía una vena que sobresalía. Claramente estaba enojado, muy enojado. Su cara desprendía una sensación de intimidación y miedo, la cual también los afectó. No puede estar tan enojado, ¿verdad? Se dijo Julian.

Siguieron caminando mientras Michael los seguía con una mirada asesina digna de un depredador observando a su débil presa.

—Michael —dijo Richard.

—¿Qué pasó?

—Ellos tienen nuevas canciones.

—Vaya… conque si fueron capaces.

—Así es, por favor no vuelvas a contratar a un escritor. 

—Esa decisión no le corresponde.

—Claro que sí. Estos muchachos son capaces de todo ¿te quedo claro? —Richard empezaba a mostrar firmeza y enojo, únicamente con su mirada. Sorprendentemente, logró intimidar un poco a Michael.

—Ya veremos. En solo unas pocas semanas, usted se arrepentirá de esa brusca decisión.

Richard abrió la boca, indicando que iba a responder, pero se quedó a medio camino, produciendo un sonido de un CO, cortada bruscamente antes de finalizar la palabra. Michael murmuró una risita.

—Y… ¿Quieren escuchar las canciones, o seguirán peleando como perros? —preguntó Paul.

—Muéstrame lo que hicieron, no creo que supere lo que mi amigo escribió.

—Vas a ver que sí —contestó Richard, en un tono desafiante.

Comenzaron a tocar la canción, la cual tenía un ritmo bastante alegre. La guitarra era la estrella de la canción, haciéndose notar en cada segundo de ella. La batería tenía un compás común, de cuatro cuartos.

¿Superará las expectativas de Michael? Joseph estaba seguro de que sí. ¿Por quién nos toma? Pensó.  Pensamiento que desapareció al ver la mirada de Michael, inexpresiva, completamente inexpresiva. ¿Estará acostumbrado a ver bandas tan maravillosas? No, nosotros somos únicos. Debería de estar fascinado ¿Porque no estás fascinado? ¡Maldita sea!

Ese pensamiento hizo que Joseph cometiera un ligero error, que desencadenó en que toda la banda se descoordinara. Michael levantó una ceja y colocó su mano sobre su frente, indicando decepción.

—¿Saben que? No escribirán más canciones de ahora en adelante. Me han demostrado que ustedes no son capaces de lograrlo por su cuenta.

—Por dios, Michael, fue un maldito error en la guitarra, siempre pasa. La canción era buena. 

Michael se enojó. No supo qué responder, pero se notaba que Richard lo irritaba.

—Mierda… Los dejaré… Sigan tocando su estúpida canción.

Tocaron tres más, pero Michael estaba tan molesto que, a juicio de Richard, no supo apreciar la belleza artística de las canciones.

—¿Quieren tocar la que escribió el escritor?

—Pues…

—No, no quieren —afirmó Richard.

—Bueno, allá tú.

—¿Ya podemos grabar las que tienen?

—Sí, claro

Grabaron las canciones, afortunadamente, no tomaron más de cinco tomas para cada canción.

A las siete de la tarde, por fin decidieron marcharse de ahí. Sus padres debían de estar muy preocupados. Qué semana más pesada.

Michael seguía enojado. ¿Acaso él tiene la capacidad de ser feliz? Pensó Richard. De todas maneras, la banda logró demostrar que no hace falta contratar a escritores para ser un éxito mundial, y eso lo molestaba, había gastado dinero en esa canción para nada, absolutamente nada. Que insoportables son esos cinco. Pensó.

 

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