Las clases de ese día habían terminado. Reo miró por la amplia ventana; el sol de la tarde iluminaba el salón que empezaba a vaciarse. Afuera, los alumnos salían del edificio, algunos se quedaban a platicar, otros iban a sus clubes y los demás caminaban a la salida.
Reo bajó la mirada y empezó a guardar sus materiales con sumo cuidado. Sus compañeros se despedían de él y, como de costumbre, sonreía con ligereza. Tan predecibles y aburridos.
Reo salió de su salón, caminando por los pasillos. Giró a la izquierda, donde se encontraba el salón de Nagi, y se acercó a él.
Estaba dormido sobre sus brazos, arriba del pupitre. De nuevo durmiendo, ¿eh? Sonrió levemente y negó con la cabeza. Siempre dejaba el libro abierto y levantado, para que el profesor no lo viera dormir.
—Oye, Nagi —Lo movió del brazo—, ya es hora de salir.
Nagi levantó la cabeza con pereza y entreabrió los ojos.
—¿Ya es hora? —Nagi bostezó.
—Sí. Ahora levántate.
Reo ayudó a guardar el libro de Nagi en su mochila.
—Ah, qué flojera...
Nagi se levantó despacio y se estiró. Siempre era lo mismo, pero ya se había acostumbrado a ese comportamiento. Luego, vio que Nagi se detenía mientras abría muy grandes los ojos.
—¿Nagi...?
—¿Qué hora es, Reo?
Nagi miró a la ventana, como intentando adivinar el horario, basándose en la posición del sol.
—Son las... cinco cincuenta. —Reo miró la pantalla de su celular—. ¿Por qué?
—Vamos al salón de juegos.
Nagi se colgó su mochila y empezó a caminar con pasos rápidos a la salida.
—¿Otra vez? —dijo Reo mientras acomodaba su mochila en el hombro—. Fuimos ayer.
—Quiero ir de nuevo.
Reo levantó una ceja y lo siguió. ¿Qué le pasaba? Nagi no solía ir días seguidos al salón de juegos. Él prefería jugar en su consola.
Se adelantó para caminar al lado de Nagi, que se veía apresurado.
—El salón de juegos no va a desaparecer, Nagi. —Sonrió Reo, mirándolo de lado.
—Lo sé, pero...
Nagi miró al suelo por un momento.
—¿Pero...?
—Después te digo, Reo.
Nagi lo miró de frente. Él le dedicaba esa mirada seria cuando quería que confiara en él. ¿Qué traerá entre manos? Decidió no cuestionarlo, mientras caminaban juntos por los pasillos de la preparatoria.

Llegaron al salón de juegos y Nagi fue directamente a la máquina con pasos rápidos, pero se detuvo a unos metros de ella. Reo se detuvo detrás de Nagi.
En la máquina no había nadie. Nagi volteó a ver a la “máquina aburrida” y luego su mirada divagó a otros lados, como si buscara a alguien.
—¿Que no vas a jugar, Nagi? Ya está sola la máquina.
—Voy a esperar a la chica misteriosa.
Nagi miró a Reo con seriedad.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Quiero retarla. Voy a demostrarle que soy el mejor.
Reo alzó las cejas al escucharlo. Nunca había visto a Nagi así. Debe gustarle mucho ese juego para no dejar a esa chica en paz. Dejó salir un suspiro. Si tan solo pudiera hacer que se interesara así en el fútbol.

Habían pasado unos cinco minutos esperando frente a la máquina, y Nagi se giró hacia él.
—Vámonos, Reo.
—¿Ah? ¡Acabamos de llegar, Nagi! ¿No dijiste que ibas a esperarla?
—Ya tardó, así que no tiene sentido estar aquí.
Nagi empezó a caminar en dirección contraria.
—Oye, espera un momento...
Reo se giró y lo siguió. ¿En serio vinimos a este lugar para nada? Había veces que no podía entenderlo. Finalmente se había decidido… ¡Y se rinde tan fácil! Reo decidió que quería arreglar ese defecto suyo.
—¿Y si viene más tarde?
Reo se adelantó y se detuvo frente a él. Nagi se paró en seco.
—Entonces vendré mañana. —Nagi lo miró con su postura encorvada y esa mirada inexpresiva.
—¿Y si no la encontramos porque se va antes que nosotros? ¿O llega más tarde?
—Un día la encontraré.
Pero Reo no pensaba rendirse tan fácilmente. Sonrió de forma amplia.
—¡Vamos, Nagi!
Reo puso su mano en su hombro.
—¡Podría ser que nunca la volvamos a ver! ¡Es ahora o nunca!
Nagi lo miró con curiosidad.
—¿Qué pasa, Reo? Estás muy escandaloso hoy.
Este chico no se anima con nada. Sonrió con resignación.
—Ok, Nagi, vámonos. ¡Pero mañana no vendré a acompañarte! ¿Entendiste? —le regañó con supuesta indiferencia.
—Ajá…

Al día siguiente, Reo y Nagi estaban de vuelta en el salón de juegos. No sé por qué terminé viniendo... Reo observó cómo Nagi se adelantaba y giró a la máquina.
Cuando lo alcanzó vio que no estaba nadie. Posó su mirada en Nagi y lo vio suspirar. ¿Está decepcionado? De verdad que le apasionan los juegos...
Se acercó a Nagi, pasando un brazo por su hombro.
—¿Qué pasa, Nagi? ¿Te rompe el corazón no verla de nuevo? —rio un poco al decirlo.
Nagi lo miró de lado.
—No. Solo quiero ganarle.
—¡No te preocupes! Tu amada gamer volverá algún día.
Reo le dio un codazo en el brazo, pero Nagi apenas se movió.
—Se está tardando...
Nagi miró la pantalla de la máquina, donde la palabra “start” se podía visualizar al instante.
Reo sonrió y se separó de él. Era raro verlo así.
—¿Seguro que es solo por eso? Esa máquina va a destruirse de tanto que la ves, Nagi.
—Se va a destruir de tanto que hablas, Reo.
—¡Oye!
Reo le desacomodó el cabello con su sonrisa ligera.
—¿Desde cuándo eres tan grosero, eh?
Nagi hizo un puchero, mirando a Reo de reojo.
—Me duele, Reo.
Reo soltó una carcajada y se separó de Nagi.
—¿Practicamos un rato? Solo una partida. Ven.
Reo lo jaló del brazo.
—Juguemos al de fútbol.
—Ok... —dijo con desgano.
Lo arrastró hasta una máquina vacía al otro lado del local. Ese lado era el más concurrido del lugar. Los jóvenes de al lado celebraron ruidosamente cuando anotaron un gol, mientras las luces se encendían y apagaban.
Reo sonrió. Por eso el fútbol es divertido. Reo metió una moneda, era el momento de animar al perezoso Nagi.
—Intenta ganarme, Nagi. —Sonrió de lado.
Nagi no dijo nada y puso las manos sobre el tablero.
—Lo haré.

Aunque el partido avanzaba normal, sintió que Nagi no estaba completamente concentrado. Lo miró de reojo; tenía esa mirada típica de cuando estaba pensando en otra cosa.
—¿Pensando de nuevo en tu novia gamer, Nagi?
—No es mi novia. —Nagi no dejaba de mirar la pantalla, sin dejar de apretar los botones.
—¡Ah! Pero entonces sí piensas en ella, ¿eh? —Reo sonrió de lado mientras movía sus manos por el tablero.
—Para ganarle.
—Ajá, como tú digas —dijo con burla.
—Tal vez tú estás enamorado de ella y me culpas a mí, Reo —contraatacó Nagi.
—¿¡Eh!? ¿De qué hablas? —Reo falló un botón, pero recuperó la compostura en un instante—. Ni siquiera es mi tipo.
—Sí es tu tipo —dijo con voz plana.
—Qué tonto eres, Nagi. —Negó con la cabeza, con una sonrisa en sus labios.
Nagi parecía más relajado ahora.

Continuaron jugando, pero notó que Nagi miraba la puerta de vez en cuando. Él seguía esperándola. Rio a sus adentros. Es bueno que Nagi se motive, si tan solo pudiera encontrar una forma de...
Reo dejó de pensar un momento, adentrándose en una idea.
Si tan solo esa chica fuera un chico, podría unirlo a mi equipo; Nagi vería a su rival todos los días y podría estar animado todo el tiempo...
Miró la pantalla, llevaba la delantera. Qué desperdicio. Sería el rival perfecto para mantener a Nagi en forma. Movió la palanca con agilidad, apretó el botón rojo y anotó un gol.
—¡Ja! ¿Creíste que me ibas a ganar? —gritó Reo, volteando a ver su perfil.
—Solo va un gol, te ganaré el siguiente —dijo, sin voltear a verlo.
—¡Ya veremos!
Reo apretó el botón para volver a iniciar un partido, pero Nagi no movió las manos. Reo lo miró con curiosidad.
—Nagi, ¿qué...?
—Ya llegó.
Alzó la mirada y vio cómo la chica iba directo a la máquina aburrida. En un cerrar de ojos, Nagi se alejó y caminó directo a la chica.
—¡Oye, Nagi!
Pero Nagi siguió caminando como si no lo hubiera escuchado. Reo se sorprendió. ¿Tanto quiere ganarle a esa chica? Se apresuró a seguirlo, pues caminaba anormalmente rápido. Nagi se detuvo a un lado de ella.
—Oye, chica misteriosa. Te reto a jugar.
La chica lo miró de reojo pues estaba a punto de iniciar su partida.
—¿Qué juego...?
—El que quieras. El resultado será el mismo —soltó Nagi.
—Te crees mucho. —La chica sonrió. —Acepto tu desafío.
Reo estaba detrás de ellos, escuchándolos. Nagi había ido directo al grano. Típico de él.
La chica siguió hablando.
—Bien... te reto a jugar Dance Dance Revolution.
La chica estiró el brazo a la izquierda. Era una máquina nueva. Tal vez la única en este lugar. Volteó a ver a Nagi, quien se había congelado en su lugar. Ese no era el tipo de juego que le gustaba.Y Nagi no tardó en contestar.
—No, ese no —dijo con una mueca graciosa.
—Dijiste que el que yo quisiera —protestó la chica, cruzándose de brazos.
—Pero ese no. —Nagi continuó haciendo su mueca.
—¿Por qué no?
—Porque me tengo que mover mucho. Es un fastidio.
—¿Y eso qué?
Reo rio por el intercambio. Nagi no se esperaba en absoluto ese tipo de juego. Aunque él se negara, Reo estaba seguro de que podría con ese juego y con cualquier otro. Nagi es especial, lo supe desde el momento en que lo vi.
—Elige otro —insistió Nagi.
—Ni hablar. —La chica volvió a girarse hacia la pantalla, moviendo su mano para iniciar su partida. —Miedoso.
Nagi movió su mano para detener su brazo.
—Lo haré.
—¿Qué? ¿En serio? —Reo alzó las cejas.
—Bien.
La chica se soltó del ligero agarre de Nagi y empezó a caminar unos pasos al lado izquierdo del salón de juegos.
Reo los siguió. La máquina estaba casi nueva, pero más grande de lo normal; el sonido de la música retumbaba con fuerza y las dos pantallas coloridas mostraban un dibujo animado. Ella subió a la plataforma izquierda.
—¿Estás listo? —preguntó la chica, mirando de reojo a Nagi.
—Sí.
Nagi subió al otro lado, como esperando las instrucciones que le pudiera dar ella.
Reo estaba sorprendido. ¿Por qué no se niega? Nagi no era un tipo tan sensible como para herirse por decirle “miedoso”. Se lo está tomando en serio...
—¿Qué nivel quieres?
Ella miraba la pantalla, moviendo la punta del pie sobre una de las flechas de metal de la máquina, emitiendo un pitido cada vez que pasaba por la lista de canciones con diferente dificultad.
Nagi tardó un segundo en responder.
—El que te haga perder —dijo sin dejar de mirarla.
—Hmp... —refunfuño la chica.
Reo sonrió de lado. Si se lo está tomando en serio, es porque va a derrotarla. La chica empezó a buscar entre las canciones de nivel difícil. Por su postura, se veía algo tensa. Quiere hacerlo perder. Una leve sonrisa se dibujó en el rostro de Reo. Pero no lo logrará, Nagi no es cualquiera.
La chica se sujetó de la barra trasera antes de comenzar la partida. Nagi la imitó, sujetándose con pereza y giró la cabeza hacia la pantalla.
La canción inició. La chica seguía el ritmo rápido sin pestañear, pero Nagi era un completo desastre. Vio cómo no lograba dar algunos pasos a tiempo. A veces miraba a sus pies y perdía de vista la pantalla.
Esta chica... Reo sintió que le sudaban las manos, su corazón latió rápidamente y se detuvo en el momento en que escuchó un sonido molesto. La pantalla del lado de Nagi marcaba con letras grandes: “PERDEDOR” de rojo, proyectando la luz roja sobre ellos.
—¿Quién es el que perdió? —dijo la chica con una sonrisa burlona.
—Solo fue suerte.
Nagi la miró un momento sin expresión, luego desvió la mirada a la pantalla, frunciendo el ceño.
—Sí, claro —ella lo miró de reojo—. Acepta que perdiste.
Reo apretó los labios y frunció el ceño. Esta chica… Se aprovechó de que Nagi no sabía jugar.
La chica bajó de la máquina con cuidado y Reo dio un paso adelante.
—Nagi podrá superarte.
La chica giró la cabeza para verlo.
—¿Qué?
—Tres días. —Sacó tres dedos, frente a la cara de la chica—. En ese tiempo, Nagi podrá superarte.
—Reo, espera, yo no quiero… —Escuchó protestar a Nagi detrás de él, pero Reo ya lo había decidido.
La chica levantó la ceja, escéptica.
—Lo dudo.
—Nagi no es un tipo cualquiera. —Amplió su sonrisa—. Te lo demostraré.
Nagi era su tesoro.
Esta chica no sabía en dónde se estaba metiendo. Reo giró la cabeza para mirar a Nagi que ya bajaba de la máquina. Voy a demostrarle que Nagi va a superarla.
Se había metido con el dúo equivocado.
