Era la hora del descanso en la preparatoria Hakuhō. Nagi estaba sentado en una pequeña banca mientras la sombra de uno de los edificios lo cubría. Había elegido ese lugar porque no hacía tanto calor.
Sostenía con ligereza su consola mientras jugaba uno de sus shooter favoritos. Reo estaba sentado detrás de él, abriendo su almuerzo.
—¿Quieres comer, Nagi?
—No, comer es un fastidio.
—Te vas a morir si sigues así.
—Cuando termine mi partida.
Comer le parecía un problema, aunque estos días lo hacía más de lo normal. ¿Era por los entrenamientos con Reo? No estaba seguro. La comida de millonarios huele bien... sintió el aroma del almuerzo de Reo a pesar de estar de espaldas.
Detuvo el juego y se giró hacia él. Reo ya le sonreía de lado.
—Sabía que no te podrías resistir.
—Agua.
—Sí, aquí tienes.
Reo estiró el brazo ofreciéndole la botella. Nagi la sostuvo con ligereza, sintiendo el frío entre sus dedos.
—Eres tan eficiente, Reo.
Reo siempre sabía lo que quería. Tal vez tenía poderes para leer la mente. Como un mago... Tomó de la botella con lentitud. El agua estaba fresca, justo como le gustaba. Reo dio un mordisco a su almuerzo; después de tragar ese pequeño pedazo, se dirigió a él.
—No me esperaba lo que sucedió ayer en el salón de juegos, ¿eh? —comentó Reo, rompiendo el silencio.
—El jugador misterioso…
Nagi fijó su mirada en la pantalla, antes de seguir jugando.
—Jugadora —corrigió Reo.
—Da igual.
—¡No es lo mismo, tonto! ¡Es una chica! —le soltó Reo con ese tono ligero.
—Mmm... —Nagi pausó el juego de nuevo.
A Nagi no le interesaba mucho si era chica o chico, pero que esa persona fuera un paso delante de él no le gustaba en absoluto.
—Es buena en lo que hace, pero no ganará siempre —comentó Nagi, más para sí.
—¿Irás de nuevo? Quizás esta vez ya no pueda alcanzarte.
—Tal vez...
—¡Pero antes de ir debemos practicar! En unas semanas se acerca un partido.
—No necesito practicar, Reo. —Nagi volvió a jugar—. Es muy fácil, solo tienes que pasarme el balón y ya.
—Lo sé, aun así…
Sintió la mirada de Reo detrás de su nuca. Él era muy diligente, pero siempre ganaban, ¿para qué iban a practicar tanto? Escuchó a Reo suspirar.
—Ok, Nagi. Pero, por lo menos, una vez a la semana para no perder la práctica. ¿Entendido?
—Ok.

Nagi entró al salón de juegos, estaba tan lleno como siempre, con todo en su mismo lugar. Y si no era así, no le interesaba. A su lado, Reo le seguía de cerca mientras leía un mensaje de su celular. Caminó a su máquina y, por suerte, estaba vacía.
—Estás de suerte, Nagi. —Reo se detuvo a su lado.
Nagi tocó uno de los botones para revisar el ranking. Otra vez, la chica lo había superado. Arrugó la frente mientras Reo se inclinaba sobre la pantalla para mirar.
—¡Eh! Esa chica... puntuó cinco veces más que nosotros —exclamó Reo con sorpresa—. Sigue siendo la número uno...
—No por mucho. —Nagi lo miró de lado—. Vamos a aplastarla, Reo.
—¿Aplastarla? —preguntó Reo, con un tono divertido.
—Sí.
Apretó el botón para comenzar la partida.
—Mejoremos, Reo.
—Ok, Nagi. —Reo sonrió con confianza—. Le ganaremos a esta chica; además, tengo una idea con la que podrás superarla.
—Ok, jefe.
Se giró y volvió la vista a la pantalla.

Tras finalizar el juego, anotó su nombre. Diez mil puntos arriba de la chica. Esto será suficiente. Nagi se separó un poco de la máquina, observando sus esfuerzos en ese ranking.
—No creo que esa chica te supere —afirmó Reo con confianza, mientras observaba la pantalla—. Su puntaje, cada vez que juega, ronda entre los quinientos y mil puntos por delante de ti.
Nagi se limitó a asentir. Estaba claro que ella ya no podría superarlo. Y si lo hace, volveré a anotar otros diez mil.
—Vámonos, Reo. Ya estoy cansado.
Miró a Reo con su desgano habitual.
—¿Me llevas de caballito?
—¡No te voy a llevar hasta tu edificio así! —le espetó Reo. —Yo también me canso, ¿sabes?
—¿Limusina?
—¿En serio?
Reo suspiró, sacando su celular con lentitud. Nagi vio que buscaba el número de Ba-ya y presionó el botón de llamada.
—Gracias, Re…
Interrumpió la frase al ver que la jugadora misteriosa se acercaba a ellos. Alzó ligeramente sus cejas. Y cuando estuvo lo suficientemente cerca... la chica pasó de largo, ignorándolos por completo, y de la máquina también.
Nagi la siguió con la mirada, con los ojos un poco más abiertos de lo normal. La chica se situó al lado… ¡en la máquina aburrida! ¿Por qué esa máquina? ¿No piensa ver los puntajes?
Siguió observándola mientras ella empezaba a jugar. Nagi se sintió incómodo, pero no supo bien por qué. Luego, Reo lo interrumpió de sus pensamientos.
—Ba-ya vendrá en unos minutos.
—Ok...
Nagi caminó unos pasos, hacia la máquina de ella.
—¡Hey! ¿Adónde vas, Nagi?
Escuchó los pasos apresurados de Reo detrás de él. La chica parecía haber terminado su juego y estaba poniendo su nombre.
Nagi se paró al lado de ella.
—Oye, jugadora misteriosa.
La chica lo miró de reojo, deteniendo sus dedos.
—¿Me hablas a mí?
—¿Por qué no has ido a la otra máquina? Te he superado.
Ella se cruzó de brazos.
—Me aburrí.
—¿Te aburriste?
Nagi pasó su mirada a la máquina. Pero está en la máquina aburrida. Eso no tiene sentido.
—Sí, ahora, si me permites...
Nagi la observó en silencio cómo volvía a apretar el botón de “start” para comenzar a jugar. Reo finalmente se acercó.
—Nagi, vamos afuera. En cualquier momento llegará Ba-ya —le dijo, asegurándose de que solo lo oyera él.
Reo se encargó de jalarlo del brazo mientras él mantenía la mirada fija en la chica.
—Ya no le importa ese juego.
—¿Mmm?
Reo se detuvo y se giró a verlo.
—No le interesa ver los puntajes. Ahora le importa la máquina aburrida.
—¿Y eso no está bien? ¡Ahora serás el número uno! —Reo le sonrió con ligereza mientras volvía a jalarlo—. Supo que no podía superarte y por eso dio esa excusa.
Nagi no estaba seguro. No le gustaba que la chica ni siquiera se dignara a jugar de nuevo. Es una fastidiosa. Suspiró, dejándose arrastrar por Reo.
