Han pasado cinco años, y mi corazón no ha dejado de latir por ti.
Mi mente no logra despojarse de tu recuerdo; fui una necia
al pretender que romper contigo me traería mejor fortuna.
Fue una decisión equivocada que me costará una vida entera superar.
Extraño tu voz, esa melodía tierna y dulce,
esos ojos tan expresivos que, al reflejarme en ellos,
me recordaban cuánto me amabas.
Extraño esa magia que nos envolvía en la intimidad de nuestra habitación.
Cada beso, cada abrazo, cada caricia quedaron impresos en mi memoria.
Extraño esos días en que nos quedábamos en casa, sin necesidad de salir,
como tanto anhelábamos en aquel entonces.
Daría lo que fuera por un solo día a tu lado,
porque una eternidad sin ti me deja el alma vacía.
A pesar de los años, cada noche al descansar sobre mi almohada,
puedo sentir tu perfume, un aroma que solo existe en mi mente,
pero que en ocasiones trae tu presencia etérea.
Nunca te fuiste de mi vida.
Recuerdo el día en que decidí arrojarlo todo;
fue el acto más cobarde y estúpido de mi vida.
Aquella tarde confusa, con el corazón vacío,
decidí lanzarme al mundo, olvidando que mi mundo siempre fuiste tú.
Han pasado cinco años de dolor y sufrimiento.
Estoy rota por fuera y por dentro.
Y aunque tú has rehecho tu vida con otra persona,
quisiera decirte que yo no he podido, porque solo tú eras mi mundo.
De nada sirve decirte estas cosas; al final, nada cambiará.
No quiero que pienses que no supe valorarte, que fui egoísta.
Prefiero ahogarme en varias copas, recordando los momentos que compartimos,
porque esos momentos fueron los mejores años de mi vida.
Y en este silencio, guardo confesiones que no pronunciaré,
para no perturbar tu nueva felicidad, tu nueva vida.
Callo mis lamentos, mi anhelo de volver,
pues prefiero verte feliz, aunque yo siga perdida.