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Prologo

Ren debe saber amar · por donhystex · 25 de julio de 2026

CAPITULO 1 PROLOGO

 

 

El sol de primavera se reflejaba sobre el letrero de entrada de la preparatoria.

​—Respira, Ren. Primer día. Todo bajo control —se dijo a sí mismo Ren Fujimoto mientras ajustaba impecablemente el cuello de su uniforme.

​Por fuera, Ren lucía impecable: una postura recta, una sonrisa leve y afable, y la mirada de un estudiante ejemplar. Pero por dentro...

​(Pensamiento de Ren: "Bien, si un meteorito cae justo en el ala este del colegio, mi opción más eficiente es usar el bote de basura como escudo, saltar por la ventana y fingir que soy un extra de una película de acción. Por cierto, ¿por qué el director tiene un bigote que parece un gato dormido? Si estornuda, ¿se le caerá? Dios, si abro la boca ahora mismo me voy a reír como un villano de anime").

 

​—Oye, Ren, estás poniendo tu cara de 'estoy calculando cuántos pasos faltan para el apocalipsis' —dijo Danx, dándole un codazo amistoso a su hermano.

​Ren parpadeó, volviendo a su fachada calmada al instante.

​—Solo estoy asegurándome de que lleguemos a tiempo al aula, Danx. Es importante dar una buena primera impresión —respondió Ren con voz suave y profesional.

​—Sí, claro. Y yo soy el rey de Inglaterra —se burló Danx, soltando una risotada—. Relájate un poco, apenas cruzamos los portones.

​Antes de que Ren pudiera responder en su mente con un análisis de tres páginas sobre la puntualidad, dos chicos los abordaron cerca de la entrada.

​—¡Bienvenidos a la preparatoria! —dijo Alex, luciendo una diadema y broches coloridos en su uniforme. Tenía una sonrisa tranquila y voz relajada—. No muerden en la dirección, así que pueden pasar sin miedo.

​A su lado, Peter saltó de emoción luciendo una falda escolar combinada y calcetas altas, sosteniendo un megáfono de juguete.

​—¡Y yo soy Peter! —exclamó con energía volcánica—. Si necesitan saber dónde están los baños, dónde comprar el mejor pan de melón o cómo sobrevivir a la primera semana, ¡yo soy su femboy de confianza! Por cierto, Ren, ¿por qué parece que estás intentando descifrar el sentido del universo con la mirada? ¿Te dio un calambre mental?

​Ren parpadeó. (Pensamiento de Ren: "¿Cómo supo que estaba analizando si el megáfono tiene baterías o es solo de plástico barato? Espera, ¡este tipo es tan caótico como yo pero no tiene filtro! ¡Alerta roja!").

​—Para nada, Peter. Solo apreciaba la excelente organización del evento —contestó Ren, manteniendo su sonrisa serena, aunque una gota de sudor frío recorría su nuca.

​—Me caes bien, Ren. Tienes energía de robot sofisticado, pero siento que por dentro estás gritando —se rió Peter, guiñándole un ojo de forma sorpresivamente empática.

​Danx no pudo contener la carcajada.

​—¡Ja! ¡Te leyó como un libro abierto en diez segundos!

 

¡Excelente decisión! Tómense su tiempo. Hacer que primero se construya una amistad sólida entre los cuatro le da mucho más peso a la comedia y a la historia. Además, cuando las chicas empiecen a aparecer, tendrán un grupo de amigos establecido que reaccionará a todo con dinamismo.

Aquí tienes la continuación para afianzar esa amistad sin prisas, durante el almuerzo de ese primer día:

 

La primera mitad de las clases pasó como un suspiro. Mientras la mayoría de los alumnos nuevos aún se miraban con timidez, el grupo de Ren, Danx, Alex y Peter ya parecía llamar la atención de todos en el pasillo.

Al sonar el timbre del receso, Alex se acercó al pupitre de Ren con dos refrescos en la mano.

—Sobrevivieron a las primeras tres horas —dijo Alex con su habitual tono sereno y una sonrisa divertida—. Soborno de bienvenida: té helado para el Señor Eficiencia y refresco de naranja para el hermano ruidoso.

—¡Hey! Oye la difamación —se quejó Danx riendo, agarrando la lata—. Pero acepto el soborno. Gracias, Alex.

—Muchas gracias, Alex. Es un gesto muy atento de tu parte —respondió Ren impecablemente, inclinando la cabeza con educación.

(Pensamiento de Ren: "Dios mío, té helado. Mi combustible supremo. Si Alex me pidiera ayuda para ocultar un cuerpo en este momento, diría que sí por puro agradecimiento. Espera, ¿dónde ocultaría un cuerpo en la escuela? La bodega del club de botánica tiene compost... NO, Ren, concéntrate, sé un ser humano normal").

De pronto, la puerta del salón se abrió de golpe. Era Peter, quien venía corriendo con cuatro bandejas de la cafetería equilibradas acrobáticamente en sus brazos.

—¡Apártense, abrió la cafetería y conseguí el legendario pan de croqueta! —anunció Peter, frenando en seco frente a ellos sin tirar un solo plato.

—Impresionante centro de gravedad, Peter —comentó Danx, dándole un aplauso exagerado.

—Años de práctica usando tacones y faldas en eventos de cosplay, mi estimado Danx —respondió Peter guiñando un ojo. Luego miró a Ren, que estaba limpiando una manchita invisible en su escritorio antes de comer—. Ren... estás ordenando tus lápices por color y milímetros de punta. ¿Tanto estrés te da el primer día?

Ren dio un pequeño brinco interno, pero mantuvo la compostura.

—Es solo un hábito de organización, Peter. Facilita el flujo de trabajo —dijo Ren con tono diplomático.

—Ajá... —Peter se inclinó, quedando cara a cara con él, mirándolo fijamente a los ojos con esa empatía casi mística que tenía—. O estás pensando en cómo calcular la trayectoria si alguien te tira una croqueta a la cabeza.

Ren se congeló por medio segundo. (Pensamiento de Ren: "¡ES UN VIDENTE! ¡SABE LO DE LA CROQUETA! ¿Acaso lee la mente? ¿Tengo que ponerme un casco de papel aluminio?!").

—Bueno... la física del pan de croqueta es fascinante —improvisó Ren sin perder la compostura, sacando una leve sonrisa.

Danx se echó hacia atrás riéndose a carcajadas.

—¡Lo sabía! ¡Está pensando cosas raras otra vez! —exclamó Danx—. Chicos, no se dejen engañar por la fachada de modelo perfecto de mi hermano. Cuando éramos niños, organizó sus juguetes por nivel de peligro nuclear.

—Oye, Danx, la seguridad del hogar era una prioridad —protestó Ren, aunque esta vez se le escapó una pequeña risa genuina.

—A mí me parece adorable —dijo Alex, dándole un sorbo a su bebida—. Es mejor tener a un loco ordenado de nuestro lado que a un loco desordenado... como Peter cuando no ha tomado café.

—¡Oye! Mi caos está fríamente calculado —dijo Peter indignado, aunque terminó sonriendo mientras le repartía un pan a cada uno—. En fin, salud por el nuevo grupo. Prometo ser el mejor guía y amigo que tengan en esta preparatoria.

Los cuatro chocaron sus latas en el centro del escritorio. Pese al torbellino desordenado que era la mente de Ren, en ese momento sintió una extraña calidez: por primera vez en mucho tiempo, no sentía la presión de ser 100% perfecto.

 

​Al día siguiente, durante el descanso de la tarde, Rin caminaba por el pasillo sosteniendo su billetera con fuerza. Tenía las mejillas ligeramente sonrojadas y la mirada fija en el suelo mientras ensayaba mentalmente.

​(Pensamiento de Rin: "Bien, el plan es perfecto. Iré a las máquinas expendedoras cuando él esté ahí, compraré una sola lata y le diré: 'Vaya, qué torpeza la mía, no me alcanzó el cambio para dos... supongo que no queda más remedio que compartirla'. ¡Y PUM! ¡Beso indirecto! Demostraré que no le debo nada por lo de ayer y... ¡espera! ¿Por qué estoy pensando en besarlo indirectamente?! ¡N-No es que me guste! ¡Solo quiero ser una buena representante de clase!").

 

​Divisó a Ren junto a las máquinas de refresco, revisando tranquilamente la lista de bebidas.

​Rin se acercó con paso firme, tratando de proyectar la mayor elegancia posible.

​—F-Fujimoto-kun —llamó Rin, aclarándose la garganta para sonar autoritaria—. Veo que estás aquí. Casualmente yo también quería tomar algo.

​Ren se giró y le dedicó su habitual sonrisa impecable.

​—Buenas tardes, Rin-san. ¿Vas a comprar una bebida? Te cedería el turno, pero acabo de notar que la máquina tiene un ligero retraso de dos segundos en dispensar.

​—No necesito tus análisis técnicos, gracias —respondió ella, sacando una moneda con dedos temblorosos debido a los nervios—. De hecho... iba a comprar algo para los dos como agradecimiento por lo de ayer. Pero... ¡oh, vaya! —dijo Rin, poniendo una actuación deliberadamente exagerada mientras miraba su billetera—. Qué lástima. Parece que solo me alcanza para una lata.

​Ren la miró con atención.

​(Pensamiento de Ren: "Un momento... según la tabla de precios de la máquina, todas las bebidas cuestan 120 yenes. Rin tiene un billete de 1000 yenes doblado claramente visible en el compartimento transparente de su cartera. Además, hay al menos tres monedas de 100 yenes en su bolsillo. ¿Acaso sufre de discalculia temporal? ¿O es una prueba de la junta estudiantil para evaluar mi capacidad de ahorro? ¡DEBO ACTUAR CON DIPLOMACIA!").

 

​—Entiendo la situación, Rin-san —dijo Ren con tono comprensivo—. Si solo alcanza para una, no te preocupes por mí, tú eres la que...

​—¡N-No! —interrumpió Rin rápidamente, sintiendo que su plan se le escapaba de las manos—. Quiero decir... podemos simplemente... compartirla. Ya sabes, para no desperdiciar. Tú bebes un poco y luego yo...

​Sosteniendo la lata recién salidita de la máquina, Rin trató de entregársela con una sonrisa nerviosa. Pero el exceso de sudor frío en sus manos, sumado a la condensación del aluminio helado, le jugó una pésima jugada.

​¡Sliiiiip!

​La lata se le resbaló de los dedos.

​—¡Aah! —gritó Rin.

​(Pensamiento de Ren: "¡ALERTA MÁXIMA! La lata de aluminio cae a 9.8 m/s². El impacto contra el suelo de azulejos presurizará el gas carbónico a niveles críticos. Si se perfora, rociará un radio de dos metros con líquido pegajoso. ¡EL UNIFORME DE RIN SERÁ DESTRUIDO! ¡ACTIVANDO MODO RESCATE!").

 

​En un movimiento casi invisible por lo rápido y fluido, Ren se agachó, atrapó la lata a un milímetro del suelo, absorbió el impacto con las muñecas para que no se agitara el gas y volvió a ponerse de pie en perfecta postura, sin perder la sonrisa.

​Rin se quedó con la boca abierta, petrificada.

​—Casi ocurre una tragedia, Rin-san —dijo Ren, colocando la lata con suavidad sobre la repisa de la máquina—. Afortunadamente, la presión del gas se mantuvo estable. Sin embargo, noto que estás un poco tensa y tus manos están frías.

​Antes de que Rin pudiera procesar lo que acababa de pasar, Ren sacó su propia billetera, introdujo las monedas exactas en la máquina a una velocidad sobrehumana y presionó los botones.

​¡Clonk! ¡Clonk!

​Dos latas heladas cayeron en la bandeja. Ren las tomó, abrió una con delicadeza para no lastimarse las uñas y le entregó ambas a Rin con una reverencia impecable.

​—No podías permitirte dos latas, así que me he tomado la libertad de invitarte yo. Una es de té de jazmín para relajar tus nervios y la otra es el refresco que querías. Consideralo mi agradecimiento por tu arduo trabajo como representante.

​Rin se quedó sosteniendo las dos latas, con la cara completamente roja, echando humo por las orejas.

​—¡F-Fujimoto... eres un... ERES UN COMPLETO IDIOTA! —gritó Rin, completamente avergonzada, dando media vuelta y echándose a correr por el pasillo con las dos latas apretadas contra su pecho.

​Ren parpadeó desorientado, rascándose la nuca mientras la veía huir.

​(Pensamiento de Ren: "¿Eh? ¿Idiota? Le ahorré dinero, evité una explosión de gas carbónico y le conseguí su bebida favorita... ¿Acaso el té de jazmín era un insulto en algún código social antiguo del que no me enteré? Definitivamente, mi margen de error con las mujeres sigue siendo del 99.9%").

 

​A unos metros de ahí, escondidos detrás de una columna, el resto del grupo observaba la escena.

​—Es un maestro desmantelador de momentos románticos sin darse cuenta —dijo Alex, negando con la cabeza con una sonrisa compasiva—. Pobre Rin, su plan perfecto cayó ante la supremacía de la eficiencia.

​—¡Ja, ja, ja! ¡Aniquiló el beso indirecto con pura caballerosidad técnica! —se burló Danx entre risas ahogadas—. Mi hermano es letal.

​—Pobrecita... —suspiró Peter, secándose una lágrima imaginaria—. Rin solo quería un poco de romance de anime y terminó recibiendo un servicio de atención al cliente de cinco estrellas. Pero bueno... ahora seguro está en su salón abrazando la lata que Ren le abrió. ¡Es cuestión de tiempo!

 

Tan pronto como Rin desapareció al doblar la esquina del pasillo, los tres chicos salieron de su escondite detrás de la columna.

​Ren seguía ahí de pie, sosteniendo la lata de refresco sobrante, con una expresión de desconcierto absoluto.

​—Chicos —dijo Ren con tono grave y solemne—. Creo que he cometido un error de proporciones catastróficas. ¿Acaso el té de jazmín es un símbolo de insulto en la familia de Rin-san? ¿Debería presentar un formulario de disculpa por escrito en papel membretado?

​Peter se llevó una mano al pecho, soltando un suspiro dramático.

​—Ren, mi querido, hermoso e inocente robot de combate... ella no estaba enojada por el té —dijo Peter, dándole palmaditas en el hombro con lástima—. Ella quería un beso indirecto. Planeó la caída de la lata para que bebieran de la misma. ¡Era romance puro! ¡El clásico cliché del manga!

​Ren se quedó estático. Sus ojos se abrieron un milímetro más de lo normal.

​(Pensamiento de Ren: "¿Un beso indirecto? ¿Transferencia de saliva a través de una superficie de aluminio pulido? ¡Eso implica un intercambio bacteriano directo sin filtración previa! ¡Es una violación total de los protocolos de higiene de la OMS! Espera... ¿Rin-san intentaba iniciar un ataque biológico contra mi sistema inmunológico? No, imposible, ella es la representante... ¡¿Acaso el romance adolescente es en realidad una guerra química encubierta?!").

 

​—Creo que acabas de ver cómo se le quemaba un fusible en tiempo real —susurró Alex divertido, mirando la cara congelada de Ren.

​—Dejen que se procese la información —dijo Danx, soltando una risotada y dándole un buen golpe en la espalda a su hermano—. Vamos, hermano. Rin no es un arma biológica, solo le gustas un poco. O al menos le pareces interesante.

​—No puedo dejar las cosas así —declaró Ren, recuperando la compostura como si fuera un soldado en misión de paz—. Si herí sus sentimientos por ser demasiado eficiente, debo reparar el daño institucional antes de que termine el día.

​Tarde: El turno de limpieza

​Al finalizar las clases, el destino (y la tabla de turnos que el mismo Ren había organizado) los reunió a ambos. El salón de clases estaba vacío, iluminado por el cálido tono anaranjado del atardecer.

​Rin estaba barriendo cerca de la ventana. A un lado de su pupitre, impecablemente cuidada, estaba la lata de té de jazmín que Ren le había comprado. Ya estaba vacía.

​Ren caminó hacia ella con una escoba en la mano y una pequeña bolsa de papel de la panadería local en la otra.

​—Rin-san —dijo Ren, inclinándose noventa grados con una compostura impecable—. Vengo a disculparme formalmente por mi comportamiento de esta tarde.

​Rin casi salta del susto, dejando caer la escoba. Se le subieron los colores a la cara al instante.

​—¡F-Fujimoto! —exclamó, apretando las manos contra su falda—. ¡N-No tienes por qué disculparte por nada! ¡Yo solo... estaba cansada! ¡No le des vueltas a las cosas, idiota!

​—No puedo ignorarlo —respondió Ren con voz suave y seria, levantándose de la reverencia—. Analicé la situación y me di cuenta de que arruiné tu momento de descanso. Como compensación, compré este pan de crema pastelera. Según las estadísticas de la cafetería, tiene un 98% de aprobación en control de calidad.

​Rin miró la bolsa de papel y luego a Ren. La mirada de Ren no tenía un solo rastro de burla; era completamente pura, honesta y atenta.

​(Pensamiento de Rin: "Es un tonto... Un tonto hiperactivo y perfeccionista. Pero... se molestó en ir a la panadería solo porque pensó que me había hecho sentir mal").

 

​Rin cruzó los brazos y miró hacia la ventana, intentando con todas sus fuerzas ocultar la sonrisa que se le escapaba en los labios.

​—Hmpf... Eres realmente molesto, ¿sabías? —murmuró con voz suave, tomando la bolsa de pan—. Pero... supongo que sería de mala educación rechazarlo. Solo lo acepto para que no sigas haciendo reverencias raras en medio del salón.

​—Agradezco tu magnanimidad, Rin-san —dijo Ren, sacando un trapo limpio—. Ahora, si me lo permites, limpiaré los ventanales en un tiempo récord de cuatro minutos para que puedas irte temprano a casa.

​Rin dio un pequeño sorbo a sus pensamientos, observando cómo Ren comenzaba a limpiar el vidrio con una precisión casi quirúrgica.

​—Oye, Fujimoto... —murmuró ella, jugando con el borde de la bolsa de papel.

​—¿Sí, Rin-san?

​—El té de jazmín de esta tarde... —Rin se mordió el labio inferior, con las mejillas ardiendo—. Estaba... muy rico. Gracias.

​Ren se detuvo un segundo, sorprendido. Luego, una sonrisa cálida y genuina —sin su máscara de diplomacia rígida— apareció en su rostro.

​—Me alegra mucho haber acertado, Rin-san.

​(Pensamiento de Ren: "Bien. Crisis geopolítica evitada. El té de jazmín no es un insulto y no hay guerra biológica. Definitivamente, la paz en la preparatoria se ha mantenido por un día más").

 

​Desde la ventana de la puerta del salón, tres pares de ojos observaban la escena.

​—Puntaje de la cita improvisada: 8 de 10 —susurró Peter anotando en una libreta imaginaria—. Rin se está ablandando más rápido que mantequilla al sol.

​—Lo que me da miedo es que Ren piensa que acaba de firmar un tratado de paz nuclear —comentó Danx entre risas contenidas.

​—Déjalos —sonrió Alex plácidamente—. Van a su propio ritmo. Y parece que funciona.

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