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Capítulo 5: Lo que está oculto

Quien caza en las sombras · por HomerWorld · 11 de septiembre de 2026

 

Nashar apartó de mala gana la maleza que le estorbaba, se habían salido del camino tras hacer muchas preguntas algunos cazadores por el sendero. Nadie tenía motivos por los que atender una mazmorra vieja y aislada, pero allí estaban ellos dos, preparándose para lo peor por una buena recompensa. 

 

Ezequiel parecía bastante distraído, revisando hierbas medicinales y flores venenosas a simple vista, con calma, sin muchas ganas aparentemente de avanzar. El médium se miró los zapatos, hechos un asco tras salirse del sendero polvoriento norte, se estaban dirigiendo al corazón de las montañas, subiendo cuestas espantosas. Le habían contado más de una vez que las peores bestias se escondían en el corazón del bosque, donde los manantiales, pantanos, allí donde había monstruos poderosos.

 

Escalar el monte era todo un tema, más si uno no tenía botas especializadas, que suerte tenía el peliverde, que siempre llevaba lo que tenía que llevar. Era de aquellos hombres callados y currantes, como el mundo mandaba. Para el infortunio del novato, Nashar era de todo menos productivo cuando de escalar montañas se trataba, estaba más hecho a las dunas y ciudades que a otra cosa. 

 

Dio un resbalón, y mientras Ezequiel miraba una de las extrañas plantas florecientes de un pino, le agarró del antebrazo antes de que sé despeñarse cuesta abajo. El vidente se sorprendió de sus reflejos, era muy considerado para ser el hombre gruñón que aparentaba ser.

 

—Considerando la latitud, tiempo y frecuencia con la que pasan herbívoros en esta zona, es raro que una Ferponia Roja Sangre esté intacta. Estas plantas matan a los humanos, pero dan poder a las bestias que saben usarlas. —Ezequiel cerró su diario y lo llevó al cinto. Fue lo segúndo que se compró en toda la ciudad.

—Pues arranca esa cosa y lanzarla lejos. ¿Cómo sabes tanto sin ser norteño? ¿No eras un novato en el norte? 

—En el este, en las pequeñas islas de Buford Rye, hay estos entornos a patadas también Allí donde el mar rojo tiñe las costas estas flores crecen. ¿Qué hacen en un sitio como este, tan lejos del mar? Deduzco que los herbívoros son peligrosos aquí por flores como estas. —Cortó la flor y se la llevó a un bolsillo. —Estas cosas vendrán bien para el diario. Si cae en manos de un animal, estamos muertos ¿Cómo que crecen aquí? Ha de haber una caverna de agua roja debajo, o… Ni idea. ¿Conoces si hay alguna cascada o lago cerca?

—¡No estamos para hacer senderismo y jugar a los exploradores, hay una mazmorra que saquear y muchas recompensas que cobrar! —Nashar se frotó las manos.

—¿Seguro que vamos bien?

—El viejales veterano al fondo de la taberna el Cuenco Vacío, que es expedicionista del monte y buen cazador de venado, me explicó que la encontró haciendo esta ruta. Todo el mundo que le ha dado curiosidad ha ido por aquí, hasta los cazadores que no han regresado para contarlo.

—Ya podrían meter presupuesto para hacer un sendero. ¿Por eso me has estado haciendo dar tumbos todo el día? Sé que hay que ir preparado, pero te has tardado lo tuyo.

 

Los dos avanzaron con cuidado, la pendiente extremadamente angosta presenta algunas diferencias nuevas con el pasar del trayecto, cuchilladas en los árboles, pisadas frías en el suelo embarrado, era una buena señal. ¿Cuánto frecuentaban la mazmorra? Había restos de tela húmeda atada a troncos, ramas, alguna flecha clavada en un pino. 

 

Era la señal de que estaban pasando por un buen sitio. A las faldas de la montaña empezaba a hacerse una planicie poco a poco, la humedad de un río se notaba cerca. No parecía mala idea descansar, en principio, por experiencia del vidente, los monstruos solían acechar a lugares concurridos por humanos para comer residuos o capturar a algún despistado, pero muy mala suerte tenían que tener para llegar a las cercanías de un nido. 

 

El cazador de monstruos nada más sentarse bajo un pino encendió un fuego a sabiendas de que tendrían que avanzar bajo la noche. No es que necesiten luz, la luna ya era suficiente como para alumbrar el sitio más oscuro de Picos Marrones, pero si hacía falta algo para mantenerse caliente ante el entorno frío norteño, más el fuego espantaba a muchos de los monstruos de río.

 

Fue en ese tiempo de descanso cuando se percataron de un aroma penetrante en las cercanías a la hoguera improvisada, el ocaso se fundió rápidamente y la luna se alzó tan veloz como de costumbre. Ezequiel a diferencia de Nashar siempre permanecía alerta, mientras que el vidente jugaba con su baraja de la suerte. Una corriente perteneciente al sur les hizo temblar, debieron ir mucho más abrigados, pero no se morirían.

 

—Huele fatal, desde que nos hemos asentado aquí la peste es peor ¿No tienes algún aromatizante? —Nashar le miró de arriba a abajo, no tenía pinta de que se pusieran perfumes o algo para aliviar el mal olor. Otro bruto isleño. —Déjalo… ¿Qué haces tan serio?

—El mal olor es causa de una descomposición ¿No te has fijado? —Dijo grave.

—Pues… Será un venado. ¡Yo digo irnos ya! —El estar sentado con un desconocido sin mediar palabra era todo un tema, al menos él daba algo de información útil cada tanto, semejante a una biblioteca con patas. ¿Cómo alguien tan fuerte tenía una actitud tan de pardillo? Era el Cazador de Lobos, un hombre libre, salvaje ¿Quién le había civilizado tanto?

—La descomposición causa mal olor —repitió con paciencia, lento, no tenía prisas, se levantaba con cautela y se llevaba la mano diestra a la espada. —El mal olor trae a animales, los animales mueren por la exposición a plantas venenosas y acaban muriendo, la muerte atrae a las bestias. —Hizo una pausa y anduvo hasta el árbol donde estaba apoyado el vidente. —¿Has visto un cementerio de animales? Montañas acumuladas de carne, torres que muestran el triunfo de un superdepredador. Son conscientes los animales capaces de construir con la carne y piel de sus presas, entre ellas, humanos.

Nashar tragó saliva ¿Cómo se había puesto tan siniestro de golpe? Tenía que responder, pero no sabía cómo.

—Pero… ¿Eso no nos va a pasar, verdad? —Sonó un timbre aterrado.

Ezequiel esbozó una sonrisa, la de un bromista, o la de un depredador, el joven no estaba muy decidido.

—Hay un cuerpo humano cerca, eso significa que la mazmorra que buscamos no está nada lejos. Vámonos ya, tenemos una misión pendiente.

 

Pasaron pendiente abajo siguiendo el sonido de un calmado río, Nashar se sorprendía al poder ver perfectamente de noche, Picos Marrones estaba en una altitud tan extrañamente rara que la misma luna deslumbraba, como si pudieran tocarla, tan altas eran las enormes montañas oscuras que parecía mentira. Todo aquello humillaba a las enormes dunas kilométricas de Visstolé.

 

 A lo lejos se pudo avistar lo que quedaba de un sendero rocoso, los restos ocultos de unos adoquines carcomidos por el tiempo, pequeñas estructuras a ras del río secreto, solo accesible desde el camino que recorrieron. No fue especialmente complicado llegar a las rubias, tampoco tardaron tanto, raro era que no conectaran caminos hasta la ciudad sabiendo que era un lugar donde se hacían expediciones cada mucho tiempo. 

 

El olor a descomposición se hizo más agudo, penetraba cada vez más en las fosas de Nashar, este otra vez sacó la baraja y jugó con las cartas. Se prometió a sí mismo dejar aquel nervioso jugueteo con sus cartas, daba igual cuánto lo intentará, desde que dejó de tener acceso al opio no podía parar de hacer aquel puñetero gesto. Se distrajo, Ezequiel parecía también distraído con algo, no se movía.

 

—¡Vamos hombre! ¡No tenemos todo el día! —El adivino sonó nervioso, de hecho lo estaba. ¿Otra broma pesada?

Ezequiel se llevó la mano a la empuñadura del arma, la desenfundó con lentitud, el acero resbaló por la funda de cuero y destelló al acabar de salir. Acero ¿Quién se permitía acero en Picos Marrones? Solo era algo reservado a la milicia, pero cabía la opción de que llevase aquella arma desde el extranjero. Raro que no se la hayan quitado.

—No te muevas, si tienes armas, úsalas, pero no parece ser el caso. Si te digo que huyas, serás un buen hombre y escaparás. —Hizo una pausa, su íris verdoso y brillante le miró a los ojos, la mirada de una bestia. —No mires al suelo por nada del mundo.

 

¿No mirar al suelo? ¡Imposible! ¡Aquello era imposible! El médium prometió no hacerlo, como con lo de las cartas, pero menuda putada, lo hizo de todas formas. Sus ojos se movieron un instante hacia abajo, nada, un vistazo rápido, que fue suficiente para hacerle pasar por un muy mal trago. 

 

Daba igual cuánto de iluminada estuviera la luna, noche era noche, así que entre matorrales, hierbajos y piedras no vieron bien lo que estaban pisando mientras andaban. Estaban encima de un montón de carroña húmeda, costillas expuestas, huesos quebrados, montones de heces de un color semejante al del hueso, pálidas entremezcladas con el rojo sangre del suelo ¿Qué era todo aquello? Había restos animales como ciervos y algún caballo, pero abundaban… Humanos.

 

Nashar sacó un puñado de cartas de la baraja echando un grito, miró casi histérico a su alrededor, como lo hacía Ezequiel cada tanto, ahora lo entendía todo. El caza monstruos de pelo verde empezó a andar lentamente, con el cuerpo gacho, algo curvado. La imponente criatura que tenía delante no se le podía dar nombre, Nashar, en meses de oficio jamás vio semejante tipo de monstruo. Ezequiel solo pudo decir una palabra que le llevó al punto de la náusea a Nashar.

 

—En mi vida no he visto nada igual. —Declaró Ezequiel. —¿Estos bichos son muy típicos en los ríos? Me hago a la idea. Será divertido de cazar si tenemos cuidado.

 

Un Excavatripas, de pie sobre los restos de un hombre que había sido abierto, vaciado y extendido casi como una sábana sobre el suelo. Sus características resaltaban, Nashar cazó monstruos en las dunas, dos o tres criaturas a buen precio mientras llegaba al norte, pero en su vida algo así. Parecido a un topo y del tamaño de un pre adolescente, aquella criatura tenía la silueta de un tálapido bípedo y unos ojos inyectados en sangre. 

 

El elemento que más le resaltó a Ezequiel, quien estaba en primera línea de batalla era su increíble exoesqueleto, una enorme armadura natural sobre su fina piel carnosa, su cabeza parecía un yelmo picudo de hueso expuesto, cualquiera diría que sus cuencas bailarán en el interior, sus ojos parecían sueltos. El monstruo abrió el pico para rugir, uno muy rígido, sus dientes eran púas afiladas, como agujas de hueso. ¿Cómo era capaz de causar tanto destrozo a un cuerpo con aquella dentadura que solo servía para atrapar? El monstruo se abalanzó hacia Ezequiel de un salto, extendiendo sus enormes garras.

 

Aquellas garras se abrieron, el cazador evitó al monstruo y Nashar retrocedió lanzando una carta a gran velocidad, imbuida con magia, la pequeña roca carmesí en su bajará brilló causando un hechizo con un efecto aleatorio. La carta impactó en el hueso del monstruo, se quedó clavada y no atravesó el exoesqueleto duro como una armadura de acero. 

Ezequiel analizó al monstruo, las garras de la criatura quedaron clavadas en el suelo fangoso y rojizo, con un tirón las sacó de un cadáver, dejándolo aún más destrozado de lo que estaba. Era de aquellas criaturas tan peligrosas, una capaz de romper el cuerpo en pedazos de un buen tajo o puñalada. El cazador mantuvo una postura recta, el vidente volvió a retroceder pensativo ¿Qué diablos hacía un bichejo de esos allí? Parecía haber tomado la entrada del sendero hacia la mazmorra como un refugio propio.

 

La criatura analizó por sí misma la situación, Nashar pudo ver algo de inteligencia y malicia en los ojos sueltos de aquella cosa, le estaba mirando. Lanzó una carta con efecto aleatorio, su magia era en sí una ruleta de la suerte, no era su culpa, era la puñetera baraja, que se la dieron rota cuando salió del gremio de asesinos a sus quince años. Una carta color rojo impactó contra el cuerpo del monstruo, una llamarada pareció asustarlo. 

 

Ezequiel atacó por detrás sin esperar más, la criatura, aún siendo tan pequeña, le repelió el tajo, seguidamente le devolvió una apuñalada que el cazador evitó con agilidad. ¿Sabía esgrima el monstruo aquel? ¿Cómo era tan veloz? El vidente lanzó otra carta por si acaso, movido más por la impresión que por la lógica. Aquello fue sin efecto secundario alguno, una carta a gran velocidad rebotó en la armadura de huesos del monstruo y Ezequiel, asustado, la repelió por instinto ¡Casi lo mata sin querer!

 

Nishar se disculpó, Ezequiel rugió con incordio y empezó a encadenar tajos, un corte lo suficientemente contundente pudo aturdir al monstruo, una patada baja lo empujó para evitar ser cortado. Otra carta silbó, esta vez con un efecto distinto, el de viento. Una pequeña corriente hizo que la carta atravesase un hueco entre su armadura esquelética. Las garras se abrieron y se cerraron de dolor, el pequeño monstruo soltó un chillido potente.

 

 Ezequiel hizo el amago de atacar con un tajo alto, el monstruo se cubrió con las tenazas que tenía por manos hacia la cabeza, era muy muy listo, tanto que era capaz de desarrollar actitudes defensivas propias, pero la presa mordió más fuerte que el depredador. 

 

La espada serrada de Ezequiel atravesó la pequeña capa de protección que poseía el monstruo en la parte del cuello, era como un cartílago denso, hizo fuerza, subió y bajó la espada como si estuviese cortando un leño a la mitad y acabó no por decapitarlo, que sería demasiado esfuerzo, sino de desangrarlo. Como si cortará un árbol con una sierra y salpicarse sabía espesa por doquier.

 

La criatura cayó a los pies del cazador verde, este comprobó que estuviera muerto del todo con una buena patada en la cabeza. Nada mal para ser la primera vez peleando en el norte, tenía que mejorar un poco lo de romper huesos y tener mejor contundencia en puntos fuertes. Exequiel se agachó, tomó el cuerpo del monstruo y lo arrastró hasta el camino de adoquines quebrados. Sacó el diario y miró a Nasahr.

 

—Has sido de gran ayuda, me he fijado en que tu carta atravesó el cartílago, pensé que era todo armadura, está cerrado de pies a cabeza, pero necesita de flexibilidad para moverse, así que puntos blandos tenía que haber. ¿Cómo haces eso con las cartas? En mi vida he visto a ningún mago hacer nada parecido.

—Cosas que aprendes de forma autodidacta, es tener una buena Rocánima y… No entro en detalles, esta baraja de hierro tiene mucho mecanismo mágico para lanzar cartas indefinidamente. Esto… ¿Me estás escuchando?

Ezequiel apuntaba algo en el diario, un esquema del monstruo. Por la gloria del imperio, que mal dibujaba, Nashar se sorprendió y todo.

—Perdón… Esto… ¿Vamos a la mazmorra? Aunque antes… He de comprobar una cosa.

 

El cazador agarró la espada, puso la punta de la hoja entre una placa de hueso del monstruo e hizo palanca para separarla, sonó un crujido, después el espantoso sonido de la carne separándose de la carne, uno extremadamente pegajoso y nauseabundo. El pecho del monstruo quedó abierto enseñando una superficie roja, pero… Nada pringosa, hasta parecía piel más que músculo.

 

—Como imaginaba. —Dictó Ezequiel. —Estos monstruos… Incuban en el interior de los animales tras abrirlos, aprovechan sus huesos para tener material orgánico resistente y formar sus armaduras propias pegandolas a su carne, es decir, son armeros naturales de hueso. ¡Fijate! La piel es un poco pegajosa, ha de tener algo para activar un superpegamento para adherir el hueso, moldearlo artesanalmente y obtener una armadura completa de huesos animales y humanos. ¡Es genial! Si te fijas en las patas, estaba torpe, eso es porque posee unas aletas que le hacen ser menos ágil en tierra.

Nashar se hizo el loco y le siguió el juego.

—¿Si…?

—Estos monstruos son de agua, pero en temporadas altas, cuando ven que no hay peces, se adaptan a tierra firme y crean una armadura propia, como un semi-exosqueleto artificial. Sus garras son naturales, no pesan, puede que tengan la resistencia del acero… ¿Por eso van con armas de huesos en el norte? ¡Impresionante!

 

Nashar se sentó en el suelo, suspiró. En aquel momento se percató de que El Cazador de Lobos del este era un loco de los monstruos. Hizo bien en engatusar, haberle intentado robar no hubiese sido buena idea.

 

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