El viento hacía estremecer las hojas de un bosque espeso, donde la hierba crecía alta. Sobre los árboles, un grupo de Caterpie y Kakuna vigilaba, mientras varios Rattata se movían alerta entre los matorrales, atentos a cualquier ataque. De pronto, una perturbación los puso en guardia: el sonido de los pastizales agitándose y una voz conocida.
—¡Bulbasaur, embestida!
De pronto, entre los pastizales, salió volando un pequeño gusano verdoso: era un Caterpie. El pequeño sapo verde con un capullo en la espalda se veía cansado; detrás estaba el chico de chaqueta y gorra rojas, con una mirada decidida.
—¡Bien, Bulbasaur, tómate un descanso. Te lo mereces!
El joven roció despacio una poción sobre su compañero y, con un suspiro, se sentó en un tronco, pensativo.
—La verdad, no pensé que esto fuera tan frustrante.
El Pokémon, con una mirada curiosa, se acercó a su entrenador.
—Tenemos que hacerte más fuerte, así no se volverá a repetir...
Al decir eso, el chico mordió su labio, con los ojos ocultos bajo la sombra de la gorra. Recordó aquella derrota vergonzosa que su rival le había infligido.
—Tengo que volverme fuerte. Creí que haber pasado por la guardería Pokémon me habría servido de algo.
Mientras permanecía en silencio, a lo lejos se escucharon las voces de varios chicos con gorras de paja. Llevaban las redes típicas de los cazadores de bichos, con una pokeball incrustada en el centro para capturar al instante a cualquier Pokémon que cayera dentro. Red, sorprendido, se acercó junto a su compañero.
—¡Esas son Poké Redes!
—¿Ah? Sí, veníamos a capturar Pokémon tipo bicho, pero cambiamos de opinión.
—¿Cambiaron de opinión?
—Sí, al parecer hay un Pikachu salvaje que roba a los visitantes del bosque.
—¿Un Pikachu? Te refieres al llamado ratón eléctrico.
—Sí, están ofreciendo una suma de dinero si lo atrapamos, jajaja.
—¿Dinero? ¡Genial! ¿Qué opinas, Bulbasaur?
El Pokémon ladeaba la cabeza, como si solo percibiera sonidos sin sentido. El joven se limitó a suspirar.
—Veo que aún no captas bien lo que te digo.
Con esperanza, el joven de la gorra roja comenzó a explorar la zona, cruzando arbustos y troncos. Los Pokémon huían asustados, como si un depredador hubiera hecho acto de presencia. Sin nada a la vista, Red consultó su Pokédex en busca de algún dato que le ayudara.
Sin nada a la vista, Red consultó su Pokédex en busca de algún dato que le ayudara
—¿Así que provocan tormentas si se reúnen? Aunque yo no veo ninguna por aquí.
El joven mostró una expresión de decepción.
Pero el grito de su Pokémon rompió su desánimo. Con mirada de halcón, señaló hacia un árbol: allí se podía ver una criatura amarilla, con las mejillas marcadas por círculos rojos y las puntas de las orejas oscuras, además de una cola en forma de rayo. Comía algo parecido a un panecillo con los ojos cerrados.
—¡Allí está! ¡Bien hecho, Bulbasaur!
—¡Bulba, bulba!
—Es hora de usarlo. Será nuestro primer Pokémon.
Red sacó una pokeball, listo para su primera captura. Apretó la esfera con fuerza y la lanzó como si fuera una pelota de béisbol, directo hacia la criatura amarilla. Pero antes de que pudiera impactar, el Pikachu detuvo la bola de un coletazo, haciéndola regresar a toda velocidad contra la cara del chico. Red cayó al suelo, adolorido, mientras se oían los chillidos del Pikachu, que se reía del golpe.
—¡Maldito, cómo te atreves! ¡Bulbasaur, muestra tu nueva habilidad: Látigo Cepa!
—¡Bulbasaur!
Unos largos látigos verdes brotaron de los costados del Pokémon y fueron directo hacia la pequeña criatura que se burlaba, pero de pronto una voz se escuchó entre los matorrales.
—¡Charmander, ascuas!
Unas pequeñas llamaradas se interpusieron entre los látigos, quemándolos en el proceso. Algunas llamas alcanzaron la rama, haciendo que se viniera abajo. El Pikachu saltó lejos, colgándose de otras ramas hasta perderse de vista. Bulbasaur bajó sus látigos, adolorido y con varias quemaduras, lo que indignó a Red.
—¿Quién anda ahí? Deberías tener más cuidado, ¿no crees? Lastimaste a mi Pokémon.
Entre los arbustos apareció su rival, aquel chico llamado Green, que veía cómo el joven al que había derrotado en su pueblo seguía adelante con su aventura.
—Ah, eres tú. Pensé que te habías rendido después de la humillante derrota que te di. Bueno, me alegra que sigas en esto; así puedo seguir probando mis nuevas habilidades.
—¿No me escuchaste? Lastimaste a mi Pokémon. Discúlpate.
—No me voy a disculpar, tú tuviste la culpa.
—¿Cómo que tengo la culpa?
—Sí, tú lanzaste la pokeball primero, ¿verdad? Todos saben que eso solo se hace cuando un Pokémon está débil. Como fallaste, decidí atacar para tener mi propia oportunidad de debilitarlo del todo. Después de todo, ese Pokémon me interesa.
—¿No me digas que tú también vas tras la recompensa?
—¿Tú también estás interesado?
—Sí, y no dejaré que lo atrapes.
—Sí, lo que digas.
El joven de la gorra roja se puso de pie y dirigió la mirada hacia su compañero, pero se detuvo un instante: Bulbasaur se acercaba a su entrenador con una expresión de dolor.
—¿Te pasa algo, Bulbasaur?
En eso, Green notó la condición del Pokémon: era evidente que estaba quemado. Si continuaba así, tarde o temprano se debilitaría.
—Dime, ¿tienes algo para las quemaduras?
—¿Está quemado? ¿Pero dónde?
—En los látigos que mantiene ocultos. ¿Eres tonto o te haces?
Red miró con enojo a aquel chico presumido. Aunque le daban ganas de discutir con él, le preocupaba más su compañero.
—Bueno, tendremos que regresar. Seguramente encontraremos más Pokémon salvajes en el camino.
Green no dejaba de mirar al Pokémon de su rival. Solo podía pensar: seguramente se debilitará antes de llegar a Ciudad Verde; es peligroso enfrentarse a Pokémon salvajes con una condición alterada como la quemadura.
Entonces, el chico de camisa verde hurgó en los bolsillos de su pantalón y llamó al de chaleco rojo.
—Toma, dáselo.
Un pequeño spray anaranjado cayó en las manos del chico preocupado.
—¿Esto es...?
—Es algo para las quemaduras, tonto. Aplícaselo.
No titubeó, aunque tenía poca confianza en aquel chico. Roció el spray sobre los costados y las lianas que brotaban del cuerpo de su Pokémon; a medida que lo aplicaba, el malestar iba desapareciendo, hasta que una sensación de calma invadió todo el cuerpo de Bulbasaur.
—Funcionó, genial.
Entonces se dio la vuelta y miró, con desconfianza, a aquel chico que siempre lo humillaba y presumía.
—¿Quieres algo a cambio, verdad?
—¿Qué? ¡Te estoy ayudando, idiota!
—Si es ayuda, nunca me habías ayudado antes. ¿Por qué ahora?
—Idiota, si seguías así con tu Pokémon, no ibas a llegar a ningún lado. Además, estamos en un bosque; tendrías que ingeniártelas para sobrevivir. Cuando peleamos es distinto. Podrías ir con mi abuelo para que tu Pokémon se recupere.
Red, al escuchar eso, suspiró y, con dificultad, dijo:
—Supongo que... gracias. Pero no creas que olvido todas las burlas que me haces.
—Aja, sí, como digas.
El joven de cabello castaño siguió su camino, mientras su compañero, la lagartija de fuego, lo seguía sin perderle el paso.
—Bueno, Bulbasaur, ya estás mejor, ¿verdad?
—¡Bulba, bulba!
—¡Bien, vamos a capturar a ese Pikachu!
El dúo corrió hacia donde el Pokémon había escapado; no iban a dejar que su rival se quedara con aquel granuja. Mientras buscaban por todas partes, se escuchaban los gritos de varios cazadores de bichos.
—¡Allí está! ¡Atrápenlo! ¡Que no escape! ¡Me robó el almuerzo!
El Pikachu llevaba un gran bocadillo en la boca mientras esquivaba cada intento de captura. Algunos incluso usaron Pokémon bicho, como Caterpie y Butterfree, para detenerlo, pero la rata amarilla, al verse acorralada, liberó una onda eléctrica que dejó fuera de combate a esos Pokémon. Aquello sorprendió a nuestro protagonista.
—¡Eso es increíble! Demasiado peligroso, diría yo...
Red tragó saliva y, en ese momento, ordenó a su Pokémon atacar. Aprovechando que el Pikachu estaba distraído, le disparó un Látigo Cepa a toda velocidad, golpeándolo antes de que pudiera notarlo. Pero de poco sirvió: el Pikachu se reincorporó y lo miró de forma amenazante, mientras chispas crepitaban en sus mejillas.
—¡Ja! Mala suerte: los tipo planta son resistentes a la electricidad. No te tenemos miedo.
—Pika, pika...
El Pikachu se lanzó rápidamente contra Bulbasaur. Cuando el tipo planta intentó atacar, el Pokémon eléctrico desapareció, para reaparecer en el aire y arrojarse contra él, golpeándolo.
—¡Qué rápido!
El Pikachu mantuvo la distancia mientras miraba a su alrededor; pudo ver que varias personas venían por él. Dio media vuelta, tomó el panecillo y trató de huir, pero Bulbasaur atrapó sus patas traseras con el látigo. Al hacerlo, recibió una corriente eléctrica que le causó poco daño.
—¡Lo tenemos! Ahora azótalo contra el suelo.
El Pokémon tipo planta lo alzó y lo azotó contra el suelo como si fuera un martillo. El Pikachu, mareado, quedó aturdido por los sucesivos ataques.
—¡Muy bien, ahora viene el cierre de tus travesuras, amigo!
En ese momento, una espesa nube amarillenta los rodeó a ambos. El simple hecho de respirarla hizo que Red sufriera espasmos por todo el cuerpo, incapaz de moverse con libertad; a Bulbasaur le ocurrió lo mismo.
—Lo siento, chico, no dejaremos que te quedes con él.
Dos chicos hicieron acto de presencia: uno con un traje parecido a un esmoquin de color blancuzco y otro con un chaleco negro con lentes y una bicicleta. Sus miradas maliciosas eran evidentes, mientras el chico de la gorra roja luchaba por moverse, no sabia que estaba pasando pero al final pudo verlo encima de el en el aire había una especie de murciélago, aspirando un humo paralizante.
—que significa esto, ustedes... ¿Por qué hacen esto?
—¿No es obvio? Esa maldita rata nos hizo mucho daño y debe pagar. Nosotros lanzamos el rumor de la recompensa; solo teníamos que esperar a que alguien lo atrapara para quitárselo después.
—Son unos... ¿Qué les hizo?
El chico del esmoquin respondió de manera tajante.
—Se robó mi pícnic y destrozó los cómics que llevaba años coleccionando.
El del chaleco negro añadió.
—Destruyó mi motocicleta con sus malditos ataques eléctricos.
Lentamente, el joven de Pueblo Paleta cayó al suelo, incapaz de sostenerse. Su Pokémon intentó arrastrarlo; si seguían dentro de la nube paralizante, no tardarían en quedarse sin aire.
—Bueno, es hora de saldar cuentas con esta rata mugrienta.
Ambos hombres, con tubos de metal en las manos, se acercaron al Pikachu, aturdido por los golpes.
—Este será tu fin, maldito.
Cuando estaban a punto de golpear a la rata amarilla, una ráfaga de fuego derritió los tubos al instante, haciendo que los maleantes gritaran de dolor.
—¡Maldito! ¡Cómo te atreves!
Un joven de cabello castaño y playera verde apareció con una mirada de enfado.
—La verdad, no me siento mal atacando a traición a basura como ustedes.
—¿Qué dices? ¿Quieres unirte a tu amigo?
—No me comparen con él. Yo no caería tan fácil en una trampa como esa.
Los dos hombres exclamaron, molestos:
—Ve, Zubat y Butterfree.
Ambos volaron contra Charmander, intentando rociárlo con su polvo paralizante, pero el entrenador y la lagartija de fuego lo esquivaron.
—Charmander, ascuas en toda la zona.
Una llamarada de fuego se extendió por toda la zona, haciendo que pequeñas llamas alcanzaran las alas del Pokémon insecto, mientras que Zubat resultó el menos afectado.
—¡Zubat, supersonónico!
Una onda de energía golpeó a Charmander de lleno, confundiéndolo y provocando que sus movimientos se volvieran erráticos.
—¡Este será tu fin! ¡Zubat, chupavidas! ¡Absórbele toda su energía!
Green, con una confianza única, sonrió y exclamó:
—Charmander: plan cabeza de roca.
Al escuchar eso, la lagartija movió la cabeza y se golpeó contra el suelo, lo que le provocó dolor y la hizo retorcerse.
El hombre del esmoquin se burló de él, pensando que estaba loco, pero entonces vio que Charmander se reincorporaba y que la confusión desaparecía de sus ojos. Sorprendidos, ambos hombres ordenaron a su Butterfree, ya recuperado del ataque de fuego, que fuera directo contra Charmander. El ataque fue detenido por un Látigo Cepa y, aunque poco efectivo, Bulbasaur logró azotarlo contra el suelo con todas sus fuerzas, causándole un daño considerable. Red, intentando reincorporarse, exclamó con una mirada de enojo:
—¡Malditos cobardes! Atacan a un Pokémon fuera de combate, pelean a traición y dos contra uno. No tienen honor.
El hombre del esmoquin respondió:
—Debiste quedarte en el suelo, maldito mocoso.
De pronto, se pudo ver cómo el Zubat caía desmayado, tras ser quemado varias veces por el Charmander de Green.
—Bien, ¿se rinden o no? Decidan.
Rápidamente, su compañero de esmoquin le gritó a su Butterfree que volara con todas sus fuerzas. El Pokémon bicho comenzó a hacer fuerza, elevando a Bulbasaur por los aires y agitándolo para que se soltara.
—¡Bulbasaur, resiste!
Mientras gritaba, el Pokémon planta, asustado y agotado, intentaba no mirar hacia abajo. Trató de morder al enemigo, pero estaba demasiado lejos; necesitaba otro tipo de ataque. Con desesperación, sintió que algo extraño se formaba dentro de su capullo y que podía expulsarlo. No dudó en hacerlo: disparó unas pequeñas semillas que golpearon a Butterfree. De inmediato, las semillas generaron enredaderas que atraparon al Pokémon y comenzaron a drenarle la energía poco a poco, hasta que dejó de volar y ambos cayeron desde el aire. Al verlo, Red corrió con las fuerzas que le quedaban. Su cuerpo seguía paralizado, y al notar que sus manos no reaccionaban, usó su propio cuerpo para amortiguar la caída de su Pokémon, que había cerrado los ojos.
—Te tengo... Bulbasaur.
El Pokémon planta abrió los ojos y, al ver a su entrenador, sonrió y le lamió la cara como si fuera un perro. En ese instante, un chorro de gotas salpicó al chico de la gorra roja: era Green, que le había aplicado un antiparalizante para neutralizar los efectos del polvo.
—Listo. No vuelvas a caer tan bajo; así solo haces que tu derrota contra mí valga aún menos.
—Eres un... bueno, da igual. Lo importante es que mi Bulbasaur está bien.
—Sí, además, ¿qué harás con el Pikachu que capturaste?
Red miró detenidamente al Pokémon desmayado, todavía fuera de combate.
—Podría liberarlo, no lo capture para tenerlo.
Green respondió:
—Pero si lo dejas aquí, hará muchos destrozos y más gente vendrá a buscar venganza. Te sugiero que lo atrapes. En fin, nos vemos.
El joven de camisa verde se alejó del lugar junto a su Charmander, no sin antes decir unas últimas palabras.
—En la siguiente ciudad hay un gimnasio. Espero que no me decepciones perdiendo ahí. ¡Ja!
—Eres un...
Red apretó los dientes mientras observaba a aquel chico alejarse. Después, el joven de Pueblo Paleta miró a su compañero.
—¿Qué opinas, Bulbasaur? ¿Lo atrapamos?
—¡Bulbasaur!
El pequeño Pokémon brincó varias veces de felicidad, dando a entender que estaba de acuerdo. En ese instante, Red lanzó una pokeball directo al Pokémon eléctrico, encerrándolo en su interior. La esfera se agitó varias veces; con nerviosismo, Red la observó moverse hasta que, por fin, se detuvo. Tenían a su primer Pokémon capturado: un nuevo compañero para la aventura.