¿Quién dijo que era necesario escribir una carta como despedida? La idea de haber tenido que leerla me hervía la sangre. Tenía más cosas importantes qué hacer, pero de cualquier forma, supongo que me convencí de leer la nota.
Mis padres murieron. Mi abuela y hermano. Todos en la misma casa de la que escapé hace años. ¿Cómo debía reaccionar? Recuerdo que al leerla, mi cuerpo no se movió, tampoco emitió algún ruido. Estaba de pie tras el mostrador de la tienda con ojos bien abiertos. Cuando alguien entró fue que reaccioné. Arrugué la carta y la tiré al suelo.
Ahora, tras el funeral, debía recoger las cosas dentro de la casa que odiaba.
El crujido al abrir la puerta era el mismo de cuando niña. Dentro todo estaba igual. Oscuro, viejo y mal oliente. El escalofrío nada más cruzar la entrada era una sensación que creí nunca más volver a sentir