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Prólogo 2: ¡Corre, hermano!

Novela: Sin Título · por firenax · 13 de septiembre de 2026

El tirar de la cuerda para subir la cubeta era una tarea pesada. Al menos hasta que cumplió los quince. Era un alivio poder terminar rápido. 

Había sido un día agotador en la granja. Cuidar de los animales y ayudar con la cocina eran cosas simples que disfrutaba hacer. 

"Espero no llegar tarde para la cena". Pensó nada más ver salir el balde lleno de agua.

Al acabar, desató con cuidado el aza de la cubeta. Se puso en marcha una vez acomodó el aza entre sus dedos. Sin más comenzó a caminar entre el pueblo en silencio. La brisa helada del invierno golpeaba su rostro, mientras percibía un olor familiar.

—¿Qué es ese sonido?

Se frenó en seco en dirección a una de las casas. Encorvó una ceja, imaginando el causante del sonido. ¿Cómo decirlo? Era como cuando alguien se muere de frío y sus dientes crujen sin parar. Solo que, este era muy desagradable.

No hay nada. El viento levantó el poncho que lo abrigaba. Sus mejillas enrojecidas parecían ser lo único de color allí. Al no haber visto nada, continuó su camino.

—¿Qué es ese olor?

Desde hace un rato le molestaba. Ya se había impregnado en sus fosas nasales. ¿Qué era? Solo recordaba algo parecido en situaciones específicas, cuando alguna vaca daba a luz, por ejemplo. 

Se volvió a detener. Ahora se fijó en el cielo. Las nubes lo cubrían, pero el brillo dejaba ver un pequeño tono anaranjado entre ellos. Al horizonte, el solo se ponía. Tal y como si el tiempo se detuviese, percibió su corazón latir más lento. 

"¿Qué es este punzón en el pecho? Mi respiración se aceleró. ¿Por qué...?" La piel también se le erizó.

El balde cayó derramando todo su contenido, mas él no se detuvo en mirar atrás. Corrió por el pueblo. Siguió hasta el campo. En ningún momento el olor cambió, seguía siendo el mismo tono desagradable, solo que ahora era cada vez más asfixiante.

Algunas historias de sus padres le cruzaron la mente. Leyendas sobre como se decía que existían criaturas con apariencia humana que solían cazar en las noches. 

"Es imposible, nada de eso puede ser verdad. Esto solo debe ser un..."

Entonces llegó hasta el maizal que dividía el dominio del hogar de su familia con el del pueblo. Era el camino más corto hasta la choza en la que vivían. Apartaba como podía tantas plantas como pudo. La inercia al soltar las hileras de maíz terminaban por golpearle el rostro.

Al final, llegó lleno de rasguños hasta el camino que llevaba a su casa. El sol ya se había puesto.

"... Se supone que esas historias eran solo para que mis hermanos y yo no nos quedáramos despiertos hasta tarde. Entonces..."

De regreso en casa. Todo era tan tranquilo y cotidiano como costumbre. Los mismos tonos marrones en los tablones de madera de la cerca. Esa calidez hogareña. De pie respiró hondo frente a la entrada. El olor se había ido, no había porqué temer. Ahora solo podía tener el olor a maíz clavado en la nariz.

A medida que se acercaba, una pequeña gota de sangre fluyó por una de sus fosas nasales. Sostuvo la puerta y la abrió tras tragar saliva.

Oscuridad. Al no ver enfocó su visión en busca de algo o alguien. 

"Es muy temprano, aún no deben haber ido a dormir"

Mientras buscaba, decidió dar un paso al frente. Nada más tocar el suelo, la madera emitió un crujido que alertó a sus oídos. Su corazón empezó a latir con fuerza otra vez. El sonido había vuelto, esta vez más claro. Más cerca. Al levantar la mirada, había alguien sentado de cuclillas. Parecía tener algo entre las manos.

Empujó su cuerpo hacia delante, pero se trabó en plena acción. Al dar un vistazo al suelo, cayó en cuentas del olor que inundaba la habitación. Provenía del charco que pisaba. El líquido rojo fluía como un río, el cual siguió con la mirada.

Al lado de la figura desnutrida hasta los huesos, había una más pequeña soltando pequeños sorbos de mocos. Estaba temblando, con la cabeza abajo contra sus piernas.

—Pá... Má...

El crujido ahogado se detuvo. Kevin dio un paso atrás. No, regresó al ver a la pequeña. La criatura entonces volteó. Sus dientes estaban manchados en rojos. 

—¡Diantha!—exclamó.
—¡Hermano!—gritó la niña.

El camino entre él y ella era corto, estaba claro por su pequeña figura, era lo único con vida en esa habitación. Kevin apretó los glúteos y se dispuso a brincar y refugiar a su hermanita.

—C...Corre

Una voz más calmada y mayor interrumpió su avance. No lo vio, pero lo reconoció. Al abrir la puerta había tapado su figura. "Sebas, hermano". No pudo evitar voltear. Se arrepintió de inmediato. El hermano al que admiraba tenía un agujero negro en el pecho. Sangre salía de él y de sus labios.

Tembló, sus piernas temblaban. Sus ojos veían borroso entre lágrimas. ¿Qué haría?

Fue inútil avanzar, pues Diantha, su hermana de seis años también terminó con el mismo destino que los demás.

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