Saltar al contenido
Explorar novelas

Prólogo 1: El deber del guardia

Novela: Sin Título · por firenax · 13 de septiembre de 2026

Bajo la luz de la luna, el campo de tierra que marcaba el camino, así como el césped a los costados eran manchados por grandes charcos de sangre. Era un sin parar de cuerpos. Tanto caballeros como los caballos que habían estado empujando los carruajes.

—D-Debo...

Cincuenta y dos soldados, de ellos, solo uno se dispuso a ponerse de pie. 

Los ojos blancos se fijaron de inmediato sobre él. En los rostros de los agresores, esos colmillos afilados que eran capaces de atravesar hasta la propia piedra. 

Es inútil. Mi pecho duele. Mi cabeza me da vueltas.

Nada más querer tomar firmemente el mango de la espada, su cuerpo se sumió en un intenso dolor. De sus labios cayó el líquido vital de vida. Sangre. Sus pulmones estaban llenos de ello y apenas podía respirar. Al dar vuelta la cabeza, el fondo negro del bosque lucía como un agujero sin fondo. Sin embargo, resaltaba aquella dama que juró proteger.

Había perdido la consciencia. ¿Cómo pudo permitirlo? El solo verlo lo hizo apretar los dientes. Podía sentir la sangre de su cuerpo burbujear como agua hirviendo. En ese instante todas sus preocupaciones desaparecieron.

Un pie delante, después otro. Al tomar la espada con sus dos manos, sus ojos cubiertos en sangre observaron con crueldad a los agresores. En total habían sido seis. Seis de aquellos renacidos, y aún así la superioridad numérica no bastó.

—¡Los mataré!

La hoja de la espada brilló al resplandor de la luna. Kevin, el pobre gritó con lo último que le quedaba de aliento. Por otro lado, los desgraciados aquellos fruncieron sus seños en dirección suya.

Cargó con toda su fuerza su próximo ataque. No tenía otra cosa en mente que no fueran sus enemigos. Con el corazón en la boca, corrió hacia el primero que embestía en su dirección. 

Siempre fue de los que pensaba en su próximo movimiento, pero no fue así esta vez. A unos pocos metros, saltó. El enemigo se paralizó al perderlo de vista. Antes de poder voltear, Kevin le atravesó el corazón de una puñalada. El resto lo miró con indiferente.

Si era capaz de liquidar a cada uno de ellos, entonces podría ser capaz de proteger a su familia. Al visualizar la sonrisa cálida de aquella persona que ama, hizo ver la noche como un campo despejado bajo la luz del sol.

Uno, después otro. Los cortes que recibía sobre las heridas ya existentes solo lo hacían sangrar aún más. Quedaban tres, y él casi había perdido la capacidad de respirar en su totalidad. La visión borrosa lo hizo tropezar sobre el cadáver de uno de sus compañeros. Incluso con el golpe de fortuna, no se libró de recibir un corte en la frente.

"Erick". Con el que compartía el desayuno yacía muerto bajo sus pies. Sin tiempo, puso el mango de la espada al frente suyo. Uno de los enemigos mordió el acero ferozmente. La saliva caía sobre el rostro de Kevin. 

Aguantó como pudo. Pero sus brazos ya no le daban. El resto de renacidos llegó para asistir a su compañero, cada uno comenzó a patear el cuerpo del pobre chico. Observó con ojos temblorosos la luna sobre ellos. 

Aquel día, la luna brillaba más intensa que nunca. Acompañaba a todos en sus momentos más tristes y más felices. La única amiga que alguien podría tener. El testigo que todos podrían desear. La luna, el ángel guardián de cada uno, ese día les falló.

 

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a firenax en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: Cuentos de amor de locura y de muerte · El caso extraño del Doctor Jekyll · Sub terra