**Capítulo 2**
**La Guerra del Libre Albedrío.**
El desierto comenzó a cambiar.
Lo que había empezado como un simple choque de energías celestiales comenzó a convertirse en algo mucho más grande.
El tiempo se distorsionó. El espacio se retorció alrededor de ambos guerreros. La arena dejó de caer.
Millones de granos quedaron suspendidos en el aire, atrapados por la presión de las dos fuerzas que se enfrentaban.
Las rocas comenzaron a elevarse. Algunas se partieron en el aire. Otras simplemente explotaron.
Y entonces… el cielo cambió.
El azul del firmamento comenzó a desaparecer lentamente, consumido por una tonalidad roja cada vez más intensa.
Rojo... Como sangre.
Las nubes se deformaron y comenzaron a girar alrededor del punto donde se encontraban ambos seres.
Incluso el Sol parecía perder su brillo. No porque hubiera desaparecido… sino porque la presencia de aquellos dos seres hacía que la luz misma pareciera insuficiente.
El cielo entero parecía anunciar una catástrofe.
Las estrellas comenzaron a aparecer en pleno día. No como un fenómeno natural. Sino como si el firmamento estuviera perdiendo el control. Algunas atravesaban el cielo como enormes proyectiles de luz. Otras desaparecían antes de tocar la tierra.
El horizonte comenzó a temblar.
La tierra se agrietó.
El aire se volvió pesado.
Y por un instante… parecía que la Gran Tribulación había llegado antes de tiempo. Como si el Apocalipsis entero hubiera descendido sobre aquel desierto.
Y en medio de aquel escenario…
**"Lucifer vs Guerrero Celestial."**
Dos fuerzas cósmicas se enfrentaban. Dos voluntades. Dos seres creados para combatir.
Y ninguno de los dos había lanzado todavía su primer golpe.
Jesús permanecía en silencio. No intervenía. Solo observaba.
Frente a sus ojos, dos seres celestiales estaban a punto de desatar una batalla cuya magnitud parecía superar los límites del mundo que conocía.
Lucifer tomó una postura de combate.Una sonrisa arrogante apareció en su rostro. Pero aquella sonrisa no era solamente arrogancia.
Había algo más.
Por primera vez en mucho tiempo… Lucifer estaba disfrutando aquel momento. Había encontrado algo diferente. Algo que no había visto antes. Algo que no formaba parte de la rutina que conocía.
Lucifer sabía perfectamente lo que llevaba puesto. Una armadura creada por Dios. Una armadura que alguna vez había representado su autoridad.
Una armadura que había conocido bajo otro nombre.
**La Armadura Divine Regnum.**
La Armadura Divine Regnum fue la primera forma de la armadura celestial de Lucifer.
Su nombre hacía referencia al regnum: la autoridad y potestad concedidas por Dios a uno de sus seres celestiales de mayor jerarquía.
Porque antes de convertirse en Satanás… Lucifer había sido un querubín al servicio de Dios. Un ser celestial al que el Todopoderoso había confiado una posición de autoridad.
La armadura representaba precisamente aquello. Una autoridad que no pertenecía originalmente a Lucifer, sino que Dios había depositado en él.
Lucifer gobernaba por mandato divino. Su poder era una responsabilidad. Su autoridad era un don. Su posición era un privilegio concedido por Dios.
La Armadura Divine Regnum no representaba solamente poder. Representaba poder recibido.
Pero Lucifer terminó confundiendo aquello que le había sido confiado con aquello que podía considerar propio. Y cuando su corazón se llenó de vanidad, la autoridad dejó de ser un servicio a Dios y comenzó a convertirse en una ambición personal.
Entonces ocurrió la rebelión.
Lucifer dejó de aceptar la autoridad como un don concedido por Dios. Comenzó a verla como algo que podía reclamar por sí mismo. Y aquella misma armadura comenzó a reflejar el cambio de su portador.
La luz comenzó a desaparecer. El poder recibido comenzó a convertirse en poder reclamado.
La Armadura Divine Regnum dejó de existir en su forma original.
Y de aquella misma armadura nació una nueva forma. Una nueva identidad.
Un nuevo nombre.
**"La Armadura Divine Rebellions."**
La Armadura Divine Rebellions no era una armadura diferente. Era la misma armadura. La misma creación de Dios.La misma autoridad celestial. Pero ahora había sido transformada por la voluntad de Lucifer.
La Armadura Divine Regnum representaba la autoridad que Dios había confiado a Lucifer. La Armadura Divine Rebellions representaba la autoridad que Lucifer creyó haber conquistado por sí mismo.
La primera manifestaba el poder recibido. La segunda manifestaba el poder reclamado. La primera representaba la voluntad de Dios. La segunda, la voluntad de Lucifer.
Por eso su apariencia había cambiado. La luz se volvió oscuridad. La pureza se convirtió en carmesí.
Y aquello que alguna vez había sido un símbolo de autoridad celestial terminó convirtiéndose en el símbolo de una rebelión contra el mismo Dios que había concedido esa autoridad.
Ahora esa armadura pertenecía a Lucifer.
O, al menos… eso era lo que Lucifer creía.
Su aparición provocó una nueva explosión de energía. Un resplandor oscuro envolvió su cuerpo.
La armadura se manifestó pieza por pieza, elegante y terrible, como si la propia oscuridad hubiera tomado forma divina. Su superficie estaba marcada por grietas que parecían latir con voluntad propia. Cada una de ellas parecía contener el recuerdo de una rebelión.
El cielo volvió a estremecerse. La presión aumentó.
La arena comenzó a girar alrededor de Lucifer como un torbellino. Lucifer contempló su armadura durante un instante.
Sabía el poder que había recibido por parte del Todopoderoso. Sabía quién la había forjado. Sabía para qué había sido creada.
Y precisamente por eso… sonrió.
No había olvidado lo que alguna vez había sido. Tampoco había olvidado aquello en lo que se había convertido.
Entonces… su mano derecha se cerró. Una descarga de energía atravesó el aire. Y apareció su arma.
**"La Espada de Alto Abismo."**
Una hoja negra y carmesí. Una espada creada para cortar no solo materia… sino propósito.
Lucifer levantó lentamente el arma.
Su sonrisa se hizo más grande. Ya no parecía estar conteniendo su emoción. Había pasado demasiado tiempo. Demasiado tiempo observando. Demasiado tiempo repitiendo. Demasiado tiempo esperando.
Pero ahora… había algo diferente.
Algo que podía romper aquella interminable rutina. El Guerrero Celestial.
Lucifer bajó ligeramente su cuerpo. Adoptó una postura de combate. Y por primera vez… su sonrisa dejó de parecer arrogante.
Parecía entusiasmo. Había encontrado una batalla que realmente quería pelear. Una batalla contra alguien que no era Miguel.
Alguien que no había llegado siguiendo una orden. Alguien que había recibido algo mucho más peligroso. La capacidad de elegir. Lucifer lo sabía.
Aquel ser celestial no había venido porque alguien le hubiera ordenado combatir. Había venido porque él mismo había elegido hacerlo. Y Lucifer sabía perfectamente que eso significaba una cosa.
El Guerrero Celestial no iba a detenerse.
---
**Libertad vs Rebelión**
Lucifer fue el primero en moverse.
No atacó con ira. Atacó con cálculo. Su cuerpo desapareció.
El espacio se comprimió donde había estado.
Un instante después apareció frente al Guerrero Celestial.
La Espada de Alto Abismo salió disparada hacia adelante en un corte diagonal dirigido directamente al torso.
El Guerrero Celestial reaccionó... Su mano se cerró sobre la empuñadura y desenvainó la Espada de Alto Mandato.
Al mismo tiempo, una poderosa energía cósmica celestial comenzó a liberarse desde la Armadura.
**"La Armadura Divine Liberum."**
La Armadura Divine Liberum respondió a la presencia de Lucifer. Su luz se intensificó. Cada pieza comenzó a emitir una energía contenida, como si hubiera estado esperando aquel momento para despertar.
Forjada por el mismo Dios desde el momento en que creó al Guerrero Celestial, había sido concebida para acompañarlo en el propósito para el que fue creado.
No representaba dominio.
No representaba rebelión.
Representaba algo diferente.
La libertad de elegir.
El Guerrero Celestial sujetó con ambas manos la espada divina y adoptó una postura de ataque, preparado para contraatacar el siguiente movimiento de Lucifer.
**"La Espada de Alto Mandato."**
Una espada forjada por Dios para acompañar al Guerrero Celestial, creada para canalizar su voluntad y convertir sus decisiones en una fuerza capaz de imponerse sobre aquello que intentara detenerlo.
Su hoja era de una luz sólida, blanca y dorada, pero no desprendía una energía descontrolada. Su poder permanecía contenido, esperando únicamente la voluntad de su portador.
No era una espada creada para conquistar. Era una espada creada para ejecutar una decisión. La energía celestial recorrió la hoja.
El Guerrero Celestial levantó lentamente el arma. Frente a él se encontraban ahora dos voluntades.
Armadura Divine Liberum.
Armadura Divine Rebellions.
El poder de la libertad contra el poder de la rebelión.
El Guerrero Celestial giró sobre su eje y levantó la Espada de Alto Mandato.
¡CLANG!
Las dos hojas chocaron. Pero ninguna se separó.
Lucifer apretó los dientes. El Guerrero también.
Ambos empujaron. Las espadas comenzaron a vibrar entre ellos. La presión liberada por sus cuerpos hizo que la arena explotara hacia los lados.
Lucifer aumentó la fuerza de su brazo. El Guerrero deslizó un pie hacia atrás la tierra se hundió bajo su talón.
Lucifer sonrió.
—¿Eso es todo?... Este es el poder de un legendario.
El Guerrero no respondió.
Flexionó ligeramente las piernas. Giró la empuñadura. La Espada de Alto Mandato se deslizó por debajo de la hoja de Lucifer. El Guerrero levantó el arma violentamente. Lucifer tuvo que separar su espada para evitar que el movimiento le arrancara el brazo.
El Guerrero aprovechó el instante. Giró el cuerpo. La espada describió un arco ascendente. Lucifer alcanzó a bloquear.
¡CLANG!
El impacto lo hizo retroceder varios metros. Lucifer clavó un pie en la arena. El suelo se abrió detrás de él.
Sonrió.
—¡Interesante!... ¡¡Guerrero Celestial, de verdad... vales el esfuerzo!!
El Guerrero avanzó. Lucifer lanzó otro corte. El Guerrero inclinó el cuerpo hacia un lado.
La hoja pasó rozando su armadura. Al mismo tiempo, bajó el hombro y giró la espada desde abajo. Lucifer cruzó su arma frente al cuerpo.
¡CLANG!
El contraataque chocó contra su defensa. Pero esta vez Lucifer no retrocedió.
Con la mano izquierda sujetó el lomo de su propia espada para reforzar el bloqueo.
El impacto hizo vibrar ambos brazos. Lucifer apretó los dientes.
—¡No está mal, cabrón!
Liberó la espada de Alto Abismo y giró sobre su talón.
Extendió el brazo hacia atrás. La hoja salió disparada en un corte horizontal.
El Guerrero se agachó. La espada pasó por encima de su cabeza. Mientras permanecía bajo la trayectoria del ataque, giró la Espada de Alto Mandato noventa grados y la levantó desde abajo.
¡CLANG!
El golpe ascendente obligó a Lucifer a elevar su espada para contenerlo.
El Guerrero giró nuevamente. Un golpe. Lucifer bloqueó. Otro. Lucifer desvió. Otro. Lucifer retrocedió.
El cuarto ataque cambió de dirección a mitad del movimiento. Lucifer tuvo que girar la muñeca para interceptarlo.
El quinto llegó desde abajo. Lucifer saltó. La hoja pasó bajo sus pies. Lucifer giró en el aire y descendió con la espada por encima de la cabeza.
El Guerrero Celestial cruzó su arma sobre el cuerpo.
¡¡BOOM!¡
Ambas espadas chocaron. La onda expansiva partió varias rocas a kilómetros de distancia.
Lucifer aterrizó.El Guerrero también.
Se miraron. Ninguno había conseguido imponerse.
Lucifer sonrió.
—Así que analizas... ¡Maldito infeliz!
El Guerrero avanzó un paso.
—Cada movimiento.
Lucifer desapareció. Apareció detrás.
El Guerrero giró.
Lucifer ya había cambiado de posición. Apareció a su izquierda.
El Guerrero bloqueó.
Lucifer desapareció nuevamente. Apareció arriba. Descendió con un corte vertical.
El Guerrero levantó la espada.
¡CLANG!
La fuerza del impacto hundió los pies del Guerrero Celestial en la arena.
Lucifer sonrió.
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**Dos Fuerzas Abrumadoras.**
Pero entonces… el Guerrero giró la muñeca. La Espada de Alto Mandato quedó perpendicular a la de Lucifer. Con un movimiento seco, desvió la hoja.
Lucifer perdió el equilibrio durante una fracción de segundo.
Eso era suficiente. El Guerrero levantó la pierna.
¡BOOM!
Una patada directa al abdomen. Lucifer salió disparado. Atravesó una formación rocosa.
¡BOOOOOOM!
La montaña explotó. Fragmentos de piedra salieron despedidos en todas direcciones.
El Guerrero permaneció inmóvil frente al lugar del impacto. Esperó. El polvo descendió lentamente. Lucifer no aparecía.
Entonces… una espada tocó el cuello del Guerrero.
—No deberías confiarte… Admito que me tomaste por sorpresa, cabrón.
El Guerrero abrió los ojos. Lucifer estaba detrás de él.
Pero algo no encajaba. El Guerrero Celestial miró hacia atrás de reojo.
La energía. La respiración. La presencia. No eran las mismas.
El Guerrero sonrió ligeramente.
—Vaya, vaya… así que eres un gobernante celestial. No dependes solamente de tu fuerza. Conoces secretos que utilizas para convertirlos en armas.
Giró.
Lucifer estaba detrás de él.
Pero el cuerpo que había recibido la patada continuaba entre las rocas.
El Guerrero miró hacia allá.
La figura comenzó a desintegrarse.
—Veo que tienes trucos.
Lucifer sonrió.
—¡Vaya!... Veo que, más que ser un guerrero… eres un legendario.
El Guerrero Celestial seguía inmóvil, con la hoja carmesí apoyada en el cuello.
—¿Qué fue lo que golpeé?
El cuerpo entre las rocas explotó en humo oscuro.
Lucifer continuó:
—Lo que golpeaste fue mi clon. Vi que estabas adaptándote a mi movimiento. No esperaba esa patada, así que reaccioné. Dejé que mi clon tomara mi lugar…
La sonrisa de Lucifer aumentó.
—Y me teletransporté antes de que me impactara esa patada.
El Guerrero giró lentamente la cabeza. La espada seguía junto a su cuello.
Pero ya no estaba sorprendido.
El Guerrero Celestial comenzó a hacer vibrar todo su cuerpo.
Lucifer quiso cortarle el cuello. Ya era demasiado tarde… El Guerrero desapareció.
La espada atravesó una imagen residual.
Luego otra. Y otra. No eran clones. No eran ilusiones.
Eran simples rastros producidos por una velocidad que el ojo apenas podía seguir.
Lucifer abrió los ojos.
—¿Qué carajos está pasando?
El Guerrero apareció detrás de él.
—Velocidad.
Lucifer giró.
El Guerrero Celestial ya había desaparecido. Apareció nuevamente a un costado. Después al otro. Después detrás. Cada movimiento dejaba una imagen momentánea.
Lucifer intentó seguirlo.
Giró. Atacó. Falló. Volvió a atacar.
El Guerrero Celestial apareció detrás.
Y entonces ambos se detuvieron.
Quedaron espalda contra espalda. Cada uno mirando en dirección opuesta.
Lucifer mantenía la Espada de Alto Abismo extendida, mientras el Guerrero Celestial sostenía la Espada de Alto Mandato con ambas manos. La punta de la espada descansaba sobre la arena.
El viento pasó entre ambos.
Por primera vez… el Guerrero Celestial parecía completamente tranquilo.
Lucifer frunció el ceño.
—Maldito… Eres un maldito arrogante.
El Guerrero Celestial permaneció inmóvil.
—No estoy usando trucos.
Lucifer giró ligeramente la cabeza.
—¿No?... ¿Y qué fue esa mierda que hiciste?
El Guerrero Celestial respondió con serenidad.
—Parte de mis habilidades son mi destreza y mi velocidad física.
El Guerrero Celestial cerró los ojos durante un instante.
—No necesito hacer trucos como tú.
Lucifer apretó la mandíbula.
—¡¡Pinche cabrón!!... ¿Entonces qué hiciste?
El Guerrero Celestial abrió los ojos.
—Me moví rápido... Tú simplemente no lo notaste.
Lucifer lo miró.
Y entonces comprendió.
Aquella tranquilidad no era una provocación. No era una pose de superioridad. Era algo que el Guerrero Celestial había aprendido.
Una calma absoluta. Una serenidad que no necesitaba demostrarse.
Lucifer sonrió.
—Así que esa es tu forma de pelear, maldito... Se acabó el calentamiento… ¡Empecemos a darlo todo!
El Guerrero Celestial giró. Lucifer también.
Ambos levantaron sus espadas. Las energías comenzaron a expandirse. El cielo volvió a estremecerse.
Lucifer comenzó a reír.
—¡Sí! ¡Eso, cabrón! ¡Eso estaba esperando!
El Guerrero Celestial observó la energía que lo rodeaba.
Y por primera vez desde que comenzó el combate… el Guerrero Celestial sonrió.
Lucifer lo vio.
Su sonrisa se volvió todavía más grande.
—¡Por fin!... ¡¡MATÉMONOS!!
Ambos desaparecieron.
---
Los dos seres celestiales aparecen para contratacaar. Las espadas chocaron en medio del desierto.
¡BOOOOOOM!
Y comenzó la verdadera batalla.
Lucifer atacó primero. Un corte directo al rostro.
El Guerrero giró la cabeza. La espada pasó junto a su mejilla. El Guerrero respondió con un corte ascendente.
Lucifer cruzó su espada y bloqueó. El Guerrero giró la muñeca. Lucifer bajó el hombro. La hoja pasó sobre él.
Lucifer respondió con un golpe horizontal. El Guerrero Celestial agachó el cuerpo. La espada pasó por encima.
El Guerrero Celestial atacó desde abajo. Lucifer retrocedió... Saltó... Giró... Descendió.
El Guerrero Celestial levantó la espada.
¡CLANG!
Lucifer utilizó la otra mano para empujar el lomo de su espada contra la hoja del Guerrero Celestial.
El impacto obligó al Guerrero Celestial a retroceder.
Lucifer giró sobre su propio eje y utilizó el impulso para lanzar un segundo corte.
El Guerrero dio un paso lateral. La hoja pasó frente a su pecho. El Guerrero atacó al cuello.
Lucifer inclinó el cuerpo. La espada pasó rozando su armadura. Lucifer respondió al instante. Golpe al abdomen.
El Guerrero bloqueó. Golpe al hombro. Bloqueo. Corte al rostro. Desvío. Ataque a las piernas. Salto. Ataque descendente. Bloqueo. Contraataque. Esquiva. Otro ataque. Otro bloqueo. Otro contraataque.
La velocidad aumentó. Después aumentó nuevamente. Y nuevamente.
El desierto dejó de poder contenerlos. Cada choque de espadas producía una explosión de energía.
Cada desplazamiento abría surcos en la tierra. Las montañas cercanas comenzaron a desmoronarse. El horizonte desaparecía detrás de destellos de luz y oscuridad.
Lucifer utilizaba movimientos que parecían imposibles. El Guerrero Celestial los analizaba. Lucifer cambiaba el ángulo. El Guerrero Celestial modificaba su postura. Lucifer alteraba su velocidad. El Guerrero Celestial ajustaba su ritmo. Lucifer atacaba con una técnica. El Guerrero Celestial encontraba una respuesta. Y Lucifer respondía a esa respuesta con otra técnica.
Era como si ambos estuvieran aprendiendo el uno del otro a cada segundo.
Pero ninguno estaba dispuesto a detenerse.
Lucifer lanzó un corte hacia la cabeza. El Guerrero lo bloqueó por encima. Lucifer giró la muñeca. La espada cambió de dirección.
El Guerrero Celestial inclinó el cuerpo. La hoja pasó junto a su rostro. El Guerrero Celestial utilizó el brazo izquierdo para desviar el antebrazo de Lucifer. Con la mano derecha empujó la espada hacia un lado. Y giró sobre su pie derecho. Su espada apareció directamente frente al torso de Lucifer.
Lucifer cruzó su arma.
¡CLANG!
El impacto lo lanzó varios metros. Lucifer frenó con la punta de su espada.
Levantó la mirada.
—¡Otra vez, cabrón!
Se lanzó hacia adelante.
El Guerrero Celestial hizo lo mismo.
¡BOOM!
Las dos espadas chocaron. Una. Dos. Diez. Veinte. Cincuenta.
Los impactos comenzaron a sucederse a una velocidad imposible de contar.
El cielo parecía llenarse de relámpagos. No eran rayos. Eran sus espadas. Cada destello representaba un intercambio. Cada explosión era un bloqueo. Cada onda expansiva era un contraataque.
Y aun así… ninguno cedía.
Lucifer comenzó a reír.
—¡Esto sí es una pelea, cabrón!… ¡Mucho mejor que andar tentando al Hijo de Dios con esas pendejadas! ¡¡Esto es guerra!!
El Guerrero no respondió. Solo siguió atacando.
Lucifer giró. Su espada pasó por debajo de la guardia.
El Guerrero Celestial bajó la hoja.
¡CLANG!
La detuvo.
Lucifer utilizó la fuerza del bloqueo para girar nuevamente.
El codo del ángel chocó contra el hombro del Guerrero.
El Guerrero se desplazó.
Lucifer intentó cortar.
El Guerrero levantó la espada con una sola mano. Bloqueó. Y con la otra mano empujó el pecho de Lucifer.
Lucifer salió despedido. Pero recuperó el equilibrio en el aire. Se teletransportó. Apareció detrás.
El Guerrero Celestial se agachó antes de que el ataque llegara. La Espada de Alto Abismo pasó sobre él.
El Guerrero Celestial giró.
Lucifer ya había desaparecido.
Arriba.
El Guerrero levantó la mirada.
Lucifer descendía con toda su fuerza.
El Guerrero Celestial cruzó ambas manos sobre la empuñadura.
¡BOOOOOOM!
El impacto creó un cráter gigantesco.
Pero el Guerrero Celestial seguía de pie.
Lucifer sonrió.
—¡Pinche perro, cabrón! ¡Eso quería ver!
El Guerrero empujó.
Lucifer salió disparado.
Ambos volvieron a lanzarse uno contra el otro. La batalla continuó. Durante minutos que parecían segundos… y segundos que parecían siglos.
---
**Lo Inesperable.**
Hasta que ocurrió algo diferente. Las dos espadas chocaron al mismo tiempo.
¡CLAAAAANG!
La vibración recorrió ambas armas. Lucifer sintió un estremecimiento en el brazo. El Guerrero Celestial también.
Las espadas comenzaron a vibrar violentamente. Ambos intentaron mantenerlas bajo control. La energía aumentó. El sonido se volvió insoportable.
¡CRAAAAAAACK!
Las manos de ambos comenzaron a perder el control.
Lucifer apretó los dientes.
—¡Maldición!... ¡¿Por qué no puedo controlarla?!
El Guerrero intentó recuperar el agarre.
Pero la vibración se volvió demasiado intensa.
¡PUM!
Las dos espadas salieron despedidas.
La Espada de Alto Abismo voló hacia un lado.
La Espada de Alto Mandato salió disparada hacia el otro.
Ambas cayeron sobre la arena.
Silencio.
Lucifer miró su espada.
Después miró al Guerrero.
—¿Las tomamos?... ¿O qué, perro? ¿Tienes algo en mente?
El Guerrero Celestial no respondió. Miró su espada. Después miró sus manos. Pero no fue por ella. Al contrario… comenzó a cambiar de actitud.
Lucifer frunció el ceño... Había imaginado que el Guerrero iría por su espada. Pensó que simplemente la recogería y continuaría el combate... Pero el Guerrero permaneció de pie... Entonces Lucifer comprendió que estaba preparando algo.
—¡¡Pinche cabrón loco!!... ¿¡Qué disparates vas a hacer?!
El Guerrero cerró los puños. Levantó los brazos. Realizó un pequeño movimiento con los hombros. Luego adoptó una guardia de combate.
Lucifer abrió los ojos... Su emoción aumentó todavía más.
—¡¡AY, PERRO!! ¡¡TÚ SÍ ESTÁS BIEN CABRÓN!! ¡¡TÚ SÍ TE TOMAS EN SERIO LOS COMBATES!!
El Guerrero Celestial permaneció en silencio.
Lucifer miró su propia espada y después miró al Guerrero Celestial.
Y lentamente comenzó a sonreír.
—¡¡Mmh!!... ¡¡Maldito desgraciado!!
El Guerrero levantó ligeramente los puños.
Lucifer soltó una carcajada.
—¡Jajajajajaja!... ¡Me gusta tu faceta!
Lucifer cerró los puños. Levantó los brazos. Realizó un pequeño movimiento con los hombros. Luego adoptó una guardia de combate.
—¡Uuuuyyy! ¡¡¡PUÑOS!!!
Ambos desaparecieron.
¡¡BOOOOOOM!!
El primer puñetazo chocó contra otro.
La onda expansiva abrió un círculo gigantesco en la arena.
Lucifer lanzó otro golpe. El Guerrero inclinó la cabeza. El puño pasó junto a su rostro. El Guerrero respondió. Lucifer levantó el antebrazo.
¡¡PUUUM!!
El impacto lo hizo retroceder.
Lucifer giró sobre su eje y lanzó un segundo golpe.
El Guerrero Celestial bajó el cuerpo.
El puño pasó por encima.
Lucifer lanzó un tercero.
El Guerrero Celestial lo bloqueó con el antebrazo.
El Guerrero Celestial respondió con un golpe directo al abdomen.
Lucifer cruzó ambos brazos.
¡BOOOOM!
El impacto lo arrastró varios metros.
Lucifer frenó.
Sonrió.
—¡Otra vez! ¡Cabrón!
Corrió.
El Guerrero Celestial también.
Los dos intercambiaron golpes a una velocidad absurda.
Puñetazo.
Esquiva.
Puñetazo.
Bloqueo.
Golpe.
Desplazamiento.
Otro golpe.
Otro bloqueo.
Ambos comenzaron a moverse en círculos.
Sus cuerpos desaparecían y reaparecían a cada instante.
Los impactos levantaban columnas de arena.
Las rocas explotaban cuando alguno era lanzado contra ellas.
El cielo se llenó de destellos.
Cada golpe conectado producía una explosión de energía.
Pero no había patadas.
No había espadas.
Solo puños.
Solo velocidad.
Solo técnica.
Lucifer lanzó un golpe directo.
El Guerrero lo esquivó por centímetros.
Lucifer cambió el movimiento a mitad de trayectoria.
El Guerrero volvió a adaptarse.
Bloqueó con el hombro.
Lucifer giró.
El Guerrero ya estaba detrás.
Lucifer giró nuevamente.
El Guerrero estaba frente a él.
Ambos lanzaron un golpe.
Simultáneamente.
¡BOOOOOOM!
Los dos puños impactaron directamente en sus rostros.
El mundo pareció detenerse.
Después…
ambos salieron disparados en direcciones opuestas.
Lucifer atravesó una montaña.
El Guerrero destruyó varias rocas antes de frenar.
El polvo cubrió el desierto.
Jesús seguía allí. De pie. Sereno. Intacto. Observándolo todo. No había miedo en sus ojos. No había sorpresa. Solo comprensión.
Jesús seguía mirando aquella batalla abrumadora, pero no intervenía. Su mirada no era de temor… era de discernimiento.
El polvo comenzó a desaparecer.
Lucifer salió de entre los escombros.
El Guerrero también se levantó.
Ambos respiraron.
Y entonces… vieron sus espadas.
Estaban a unos metros.
Lucifer caminó hacia la suya.
El Guerrero Celestial hizo lo mismo.
Cada uno tomó su arma.
Lucifer levantó la Espada de Alto Abismo.
El Guerrero levantó la Espada de Alto Mandato.
Se miraron.
Y nuevamente… la batalla comenzó.
---
Pero ahora Lucifer había entendido algo.
No podía vencer al Guerrero utilizando siempre el mismo método.
Así que dejó de limitarse a sus técnicas conocidas.
La energía alrededor de su cuerpo cambió.
El cielo se oscureció.
El aire comenzó a vibrar.
El Guerrero levantó ligeramente la espada.
Lucifer extendió la mano.
Una serie de símbolos oscuros aparecieron alrededor de su cuerpo.
El Guerrero los observó.
Analizó.
Lucifer sonrió.
—Hay cosas que tú no conoces.
Las sombras se expandieron.
—Secretos que pertenecieron al cielo mucho antes de que tú siquiera existieras.
El Guerrero sostuvo la espada con ambas manos.
—Entonces muéstramelos.
Lucifer sonrió.
—Con mucho gusto.
La energía explotó.
Lucifer desapareció.
Apareció arriba.
El Guerrero levantó la mirada.
Lucifer descendió.
El Guerrero bloqueó.
Pero el ataque no terminó.
Lucifer giró en el aire.
La espada cambió de dirección.
El Guerrero bajó el cuerpo.
La hoja pasó sobre su cabeza.
Lucifer apareció detrás.
El Guerrero giró.
Ataque.
Bloqueo.
Lucifer desapareció.
Apareció a la izquierda.
Ataque.
Bloqueo.
A la derecha.
Ataque.
Bloqueo.
Arriba.
Abajo.
Detrás.
Delante.
Hasta que de pronto…
Lucifer desapareció.
El Guerrero quedó solo.
Entonces aparecieron seis figuras.
Una arriba.
Una abajo.
Dos a los lados.
Dos detrás.
Seis Lucifers.
Seis espadas.
Seis ataques descendiendo al mismo tiempo.
El Guerrero cerró los ojos.
El mundo desapareció.
No escuchó las espadas.
Escuchó el aire.
Sintió el movimiento de la arena.
Sintió la presión.
El peso.
La vibración.
El Guerrero giró la cabeza ligeramente.
Encontró la presencia real.
Abrió los ojos.
Desenvainó por completo la Espada de Alto Mandato.
Y lanzó un solo espadazo.
¡BOOOOOOM!
La hoja atravesó cinco imágenes.
Las ilusiones desaparecieron.
La sexta espada chocó contra la suya.
Lucifer apareció frente a él.
Sonrió.
—Encontraste al verdadero.
El Guerrero sostuvo el bloqueo.
—No eras difícil de encontrar.
Lucifer soltó una carcajada.
—¡Entonces intenta encontrarme ahora!
El cielo se abrió.
Cadenas negras descendieron desde las nubes.
Miles.
Decenas de miles.
Cadenas infernales comenzaron a rodear al Guerrero.
Una intentó sujetarle el brazo.
Otra la pierna.
Otra el cuello.
Otra el torso.
El Guerrero no se movió.
Las cadenas se cerraron.
Lucifer levantó la Espada de Alto Abismo.
—¡Ahora!
Las cadenas comenzaron a apretar.
El Guerrero extendió lentamente la mano libre.
Las cadenas se detuvieron.
Lucifer abrió los ojos.
El Guerrero cerró los dedos.
¡CRACK!
Las cadenas comenzaron a romperse.
Una.
Dos.
Cien.
Miles.
La energía oscura explotó en todas direcciones.
No fue fuerza.
Fue autoridad.
Lucifer observó cómo sus cadenas se desintegraban.
—No…
El Guerrero avanzó.
—Tu problema es que sigues creyendo que todo se trata de poder.
Lucifer rugió.
—¡No puedes vencerme!
El cielo entero tembló.
—¡Yo soy el equilibrio!
La energía de Lucifer aumentó.
—¡Sin mí no hay bien ni mal!
El Guerrero siguió avanzando.
—Ese es tu error.
Lucifer levantó su espada.
—¡Yo soy quien mantiene este mundo en equilibrio!
El Guerrero desapareció.
Apareció frente a él.
Lo tomó del cuello.
Lucifer abrió los ojos.
El Guerrero giró sobre su eje.
¡BOOOOOOM!
Lo estrelló contra el suelo.
El impacto abrió un cráter gigantesco.
Lucifer intentó levantarse.
El Guerrero ya estaba encima de él.
—No.
Lucifer levantó la mirada.
—¿Qué…?
—Tú no eres el equilibrio.
El Guerrero lo tomó nuevamente.
Lo levantó.
—Eres una consecuencia.
Lucifer forcejeó.
—¡Suéltame!
El Guerrero apretó la mano alrededor de su cuello.
—Sin ti…
Lo lanzó contra el suelo nuevamente.
¡BOOM!
—…existe la tentación.
Lucifer intentó levantarse.
El Guerrero apareció frente a él.
—Sin tentación…
Lo golpeó.
—…puede existir la caída.
Otro golpe.
—Y sin caída…
Lucifer cayó de rodillas.
—…llega la tribulación.
Lucifer abrió los ojos.
Entonces comprendió.
El Guerrero no había venido simplemente a matar.
Había venido a probarlo.
A analizarlo.
A comprenderlo.
---
**La Ejecución Celestial.**
A descubrir qué ocurriría si Lucifer era llevado hasta el límite.
El Guerrero lo tomó del cuello.
Lo levantó del suelo.
Lucifer quedó suspendido.
Sus piernas se movieron desesperadamente.
Su respiración se volvió pesada.
El Guerrero lo observó.
No había odio en sus ojos.
Solo determinación.
—Te probé.
Lucifer dejó de forcejear por un instante.
El Guerrero continuó:
—Y ya tengo mi respuesta.
Lucifer sonrió.
Una sonrisa agotada.
Pero todavía arrogante.
—Entonces…
Intentó respirar.
—¡Mátame!
El Guerrero no respondió.
Lucifer volvió a forcejear.
—¡Mátame!
Su voz resonó en el desierto.
—¡Rompe el hilo!
El Guerrero sostuvo la Espada de Alto Mandato con su mano derecha.
Lucifer lo miró.
—¡Hazlo!
El Guerrero acercó lentamente la espada.
—Eso es exactamente lo que haré.
Pero no todavía.
El Guerrero dejó la espada a un costado.
Lucifer seguía suspendido por la mano izquierda.
El Guerrero lo miró directamente.
—Entonces…
Hizo una pausa.
—¿Cuáles serán tus últimas palabras?
Lucifer respiró con dificultad.
Miró al Guerrero desde arriba.
Intentó sonreír.
—Púdrete…
Tosió.
—…cabrón.
El Guerrero no cambió de expresión.
—Tu funeral, cabrón.
Lucifer abrió los ojos.
—¿Qué…?
El Guerrero no se movió.
Seguía sosteniéndolo del cuello con la mano izquierda.
La Espada de Alto Mandato permanecía en su mano derecha.
Entonces el Guerrero transmitió su energía a través del mismo brazo que sostenía a Lucifer.
—Fuerza de gravedad.
La energía atravesó el cuerpo de Lucifer.
De inmediato…
su cuerpo se volvió pesado.
Extremadamente pesado.
Lucifer intentó mover las piernas.
No respondieron.
Intentó levantar los brazos.
Apenas pudo hacerlo.
La arena comenzó a hundirse bajo sus pies.
Las piedras cercanas fueron atraídas hacia el suelo.
El aire alrededor de Lucifer comenzó a deformarse.
—¿Cómo…?
Lucifer intentó respirar.
—Mi cuerpo…
Su rostro cambió.
—¡Mi cuerpo pesa demasiado!
El Guerrero mantuvo la mano izquierda cerrada alrededor de su cuello.
—Es para que no te muevas.
Lucifer apretó los dientes.
—Eres…
Intentó forcejear.
No pudo.
—Eres un maldito cabrón.
El Guerrero lo observó.
Después de unos segundos…
dijo:
—Ahora sí morirás por tus pecados.
Y abrió la mano.
Lucifer cayó.
El Guerrero no se movió.
Su brazo izquierdo descendió lentamente después de soltarlo.
En su mano derecha seguía sosteniendo la Espada de Alto Mandato.
Lucifer comenzó a descender.
Lentamente.
Su cuerpo estaba completamente sometido a la gravedad.
El suelo se acercaba.
Más.
Más.
Más.
Lucifer estaba a punto de tocar la tierra.
El Guerrero levantó la mirada.
Y entonces…
en un tono firme:
—Impacto de luz.
¡BOOOOOOOOOOM!
Una columna de luz celestial explotó desde debajo de Lucifer.
El impacto lo lanzó hacia arriba.
Lucifer gritó.
—¡¡Maldición!!
¡BOOM!
Otro impacto.
Más alto.
¡BOOM!
Otro.
¡BOOM!
Otro.
La velocidad aumentó.
Los impactos comenzaron a aparecer uno tras otro.
Columnas de luz surgían desde la tierra y golpeaban a Lucifer desde abajo.
¡BOOM!
¡BOOM!
¡BOOM!
¡BOOM!
Cientos.
Miles.
Cada impacto lo elevaba más.
Lucifer intentaba moverse.
No podía.
La fuerza de gravedad mantenía su cuerpo sometido.
No podía teletransportarse.
No podía crear un clon.
No podía cambiar su trayectoria.
Solo podía recibir los impactos.
La luz celestial comenzó a cubrir todo el cielo.
El desierto desapareció debajo de las explosiones.
Lucifer era golpeado una y otra vez.
Hacia arriba.
Más arriba.
Todavía más arriba.
Hasta que finalmente…
el último impacto apareció.
¡BOOOOOOOOOOOOOOM!
Lucifer salió disparado hacia las alturas.
Silencio.
La luz desapareció.
Lucifer comenzó a caer.
Pero esta vez…
el descenso era lento.
Extremadamente lento.
Su cuerpo descendía poco a poco.
El Guerrero permanecía abajo.
Lo observaba.
Ya sabía dónde iba a caer.
Entonces comenzó a moverse.
Levantó la Espada de Alto Mandato con ambas manos.
La llevó hacia su lado derecho.
Acomodó su cuerpo.
La espada quedó preparada en una posición horizontal, ligeramente inclinada.
El Guerrero no perseguía a Lucifer.
No necesitaba hacerlo.
Solo esperaba.
Lucifer descendía.
Más abajo.
Más abajo.
El tiempo parecía detenerse.
Su rostro apareció entre las nubes.
Después su torso.
El pecho comenzó a alinearse con la espada.
El Guerrero abrió los ojos.
Calculó la distancia.
El ángulo.
El momento.
Lucifer seguía cayendo.
Hasta que…
su pecho quedó exactamente frente a la hoja.
El Guerrero dio el movimiento final.
¡CLAAAAAANG!
La Espada de Alto Mandato atravesó el pecho de Lucifer.
La hoja penetró directamente hasta su corazón.
Lucifer quedó suspendido.
El tiempo pareció detenerse.
El Guerrero sostuvo la espada.
Lucifer bajó lentamente la mirada.
Observó la hoja atravesando su cuerpo.
Después levantó los ojos.
Miró al Guerrero.
Y sonrió.
Una última sonrisa.
Arrogante.
Desafiante.
Casi divertida.
—Tú sí estás bien cabrón.
El Guerrero no respondió.
Lucifer comenzó a desintegrarse.
Primero su cuerpo.
Después su armadura.
Las piezas de la Divine Rebellions comenzaron a convertirse en partículas oscuras.
La energía que rodeaba a Lucifer se deshizo.
Su cuerpo se transformó en ceniza.
Las partículas comenzaron a separarse.
Después comenzaron a desaparecer.
Una tras otra.
Hasta que incluso la ceniza dejó de existir.
La Espada de Alto Mandato quedó suspendida en el aire durante un instante.
El Guerrero la retiró.
Su postura de ataque terminó.
Bajó la espada.
La sostuvo con la mano derecha junto a su cuerpo.
La mano izquierda quedó a un costado.
El Guerrero permaneció inmóvil.
No celebró.
No gritó.
No levantó el arma.
Simplemente observó el lugar donde Lucifer había desaparecido.
El desierto quedó en silencio.
Un silencio absoluto.
Demasiado inmóvil.
Por primera vez en milenios… el universo no tenía Adversario.
---
**El Peso del Destino.**
El Guerrero respiró lentamente.
Entonces giró.
Jesús seguía allí.
De pie.
Sereno.
Intacto.
El Guerrero comenzó a caminar hacia él.
Un paso.
Luego otro.
Jesús no retrocedió.
El Guerrero se detuvo frente a él.
Durante unos segundos…
ninguno habló.
Entonces el Guerrero levantó lentamente la Espada de Alto Mandato.
Jesús permaneció tranquilo.
—Si tú eres el eje de esta historia…
El Guerrero acercó la espada.
—Entonces ahora te toca a ti.
La espada quedó a centímetros del cuello de Jesús.
El aire vibró.
Pero Jesús no mostró miedo.
—Antes de hacerlo —dijo con soberanía—, recuerda tu conversación con Mi Padre.
La mirada del Guerrero cambió.
La espada permaneció inmóvil.
Jesús continuó:
—Él te habló del destino.
El Guerrero apretó ligeramente los dientes.
—Del peso que cargarías.
Silencio.
Jesús lo miró directamente.
—¿Lo recuerdas?
El Guerrero Celestial bajó ligeramente la espada.
—La Fe…
Jesús respondió:
—La Esperanza…
El Guerrero Celestial cerró los ojos.
—Y el Amor…
Jesús sonrió levemente.
—No están en mí.
El desierto quedó inmóvil.
Demasiado inmóvil.
El Guerrero Celestial respiró profundamente.
Por primera vez en milenios…
el universo no tenía Adversario.
Entonces giró.
Jesús seguía allí.
De pie.
Sereno.
Intacto.
El Guerrero avanzó hacia él.
Un paso.
Luego otro.
La Espada de Alto Mandato permanecía en su mano.
Su mirada se clavó en Jesús.
—Si tú eres el eje de esta historia…
El Guerrero levantó lentamente la espada.
—Entonces ahora te toca a ti.
La hoja quedó a centímetros del cuello de Jesús.
Pero Jesús no retrocedió.
No mostró miedo.
Solo levantó la mirada.
—Antes de hacerlo —dijo con soberanía— recuerda tu conversación con Mi Padre.
La espada permaneció inmóvil.
El aire vibró.
Jesús continuó:
—Él te habló del destino.
—Del peso que cargarías.
El Guerrero apretó los dientes.
Jesús lo miró directamente.
—La Fe…
El Guerrero permaneció en silencio.
—La Esperanza…
La expresión del Guerrero cambió ligeramente.
—Y el Amor…
Jesús hizo una pausa.
—No están en mí.
La espada comenzó a descender lentamente.
El Guerrero no respondió.
Simplemente observó a Jesús.
Había algo en aquellas palabras que no podía aceptar sin comprobarlo.
Si Jesús decía la verdad…
entonces debía existir una razón.
Y si mentía… la Espada de Alto Mandato lo demostraría.
El Guerrero bajó completamente el arma.
Entonces dio tres paso hacia atrás.
Se arrodilló frente a Jesús.
Con ambas manos sujetó la Espada de Alto Mandato.
Y la hundió lentamente en la arena.
La hoja penetró el suelo.
Por un instante…
no ocurrió nada.
Entonces…
MMMMMMMM…
La espada comenzó a vibrar.
La vibración recorrió la empuñadura.
Subió por los brazos del Guerrero.
Y se extendió por toda la arena.
El suelo comenzó a temblar.
Los granos de arena saltaron alrededor de la espada.
Pequeñas ondas se propagaron desde el punto donde la hoja estaba clavada.
El Guerrero cerró los ojos.
La Espada de Alto Mandato comenzó a emitir una luz tenue.
No era una luz destinada a atacar.
Era una luz destinada a leer.
A analizar.
A descubrir la verdad.
El Guerrero comenzó a percibir algo.
No palabras.
No recuerdos.
Era algo más profundo.
Una sensación.
Una esencia.
La espada comenzó a recorrer aquello que Jesús transmitía.
Primero…
pasión.
El Guerrero Celestial pudo sentirla.
Una pasión que no buscaba poder.
Una pasión por cumplir aquello que debía hacerse.
Después… entrega.
Una voluntad capaz de darse por completo sin exigir nada a cambio.
Y finalmente… sacrificio.
El Guerrero Celestial abrió ligeramente los ojos.
La espada continuó vibrando.
La arena seguía temblando.
El análisis había terminado.
Jesús poseía aquello que el Guerrero había percibido.
Poseía pasión.
Poseía entrega.
Poseía sacrificio.
Pero entonces comprendió la diferencia.
Aquellas cualidades podían existir en él…
pero no eran aquello que Dios le había pedido encontrar.
No eran el portador.
El Guerrero abrió completamente los ojos.
Había obtenido su respuesta.
Con ambas manos sujetó la empuñadura.
Y lentamente… extrajo la Espada de Alto Mandato de la arena.
La vibración cesó.
El desierto volvió a quedar en silencio.
El Guerrero Celestial bse levantó.
Su mano izquierda abandonó la empuñadura.
La espada quedó finalmente en su mano derecha.
Miró a Jesús.
Ahora ya no había duda en sus ojos.
Solo comprensión.
—Entonces… —dijo con gravedad— no soy el único ángel con libre albedrío.
Jesús sonrió levemente.
—Nunca lo fuiste.
Y entonces… en medio del silencio del desierto... quedó una última verdad.
El poder de la libertad contra el poder de la rebelión había terminado.