Saltar al contenido
Explorar novelas

Capitulo 1

Los Tres Legendarios: El Rescate Multiversal. · por Ozone Ortega Gallardo · 26 de septiembre de 2026

Capitulo 1 

El Peso de la Elección.

La Eternidad estaba en calma.

No una calma pasiva, sino una quietud absoluta, de esas que solo existen cuando Dios ha hablado… y espera una respuesta.

El Guerrero Celestial permanecía frente al Trono.

Su espada, forjada antes del tiempo, reposaba a su costado. No brillaba. Contenía su luz, como él mismo.

—Haré todo lo posible —dijo el Guerrero Celestial—. Todo lo que esté a mi alcance para detener la corrupción.

El Todopoderoso no respondió de inmediato. Sus ojos no miraban al Guerrero… miraban el final de todas las cosas.

—Puedes hacerlo —dijo Dios—. Tienes libertad para elegir.

El Guerrero levantó el rostro.

Eso no era una concesión.

Era una carga.

—Entonces dime —exigió el Guerrero Celestial—. Si desentierro al Adversario… si lo enfrento… si lo destruyo…

El cielo no tembló.

Pero la respuesta cayó como un juicio.

—Si tocas a Lucifer —dijo el Gran Yo Soy—, si rompes ese hilo antes de tiempo… el destino caerá sobre ti.

El Guerrero frunció el ceño.

—¿Qué destino?

—El que ahora sostiene el mundo —respondió Dios—. La Fe… La Esperanza… El Amor que he sembrado… no desaparecerán. Serán guardados en alguien que no te revelaré.

El silencio se volvió más pesado.

—Y tú —continuó Dios— cargarás con el peso de esa decisión. No como castigo… sino como consecuencia.

El Guerrero apretó los puños.

—¿Entonces no debo actuar?

—Debes elegir —corrigió Dios—. Eso es el libre albedrío. Y por eso eres distinto a Miguel… Él obedece… Tú decides.

El Guerrero cerró los ojos un instante.

Recordó universos ardiendo. Civilizaciones orando… y luego blasfemando. Vio el mal crecer con paciencia.

—Comprendo —dijo finalmente.

No estaba de acuerdo.

Pero comprendía.

Tomó su espada.

Cuando la desenvainó, el espacio se rasgó.

No con violencia, sino con autoridad.

Un portal se abrió como una herida luminosa en la creación.

—¿A dónde irás? —preguntó Dios.

El Guerrero no volteó.

—Al lugar donde la elección está a punto de hacerse… sin espada. Sin ejército… Solo con palabra.

___________________________________________

El Desierto.

Cuarenta días. Cuarenta noches.

El sol caía sin misericordia. Jesús permanecía de pie, debilitado en el cuerpo… pero firme en espíritu.

Entonces, una sombra se movió en la oscuridad.

Era Lucifer.

—Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.

Jesús respondió:

—Escrito está: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».

Luego Lucifer lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del Templo y le dijo:

—Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Pues escrito está:

«Ordenará que sus ángeles te protejan
y ellos te sostendrán en sus manos
para que no tropieces con piedra alguna».

—También está escrito:

«No pongas a prueba al Señor tu Dios» —contestó Jesús.

De nuevo, Lucifer lo llevó a una montaña muy alta. Allí le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor. Y le dijo:

—Todo esto te daré si te postras y me adoras.

—¡Vete, Satanás! —dijo Jesús—. Porque escrito está: …

Una fuerza celestial abrumadora interrumpió el desierto.

El aire se quebró.

El portal se abrió a un costado del desierto, invisible para los hombres, pero imposible de ocultar para el infierno.

El Guerrero Celestial emergió.

Lucifer se detuvo.

Por primera vez… retrocedió un paso.

—Tú… —escupió Lucifer—. El que duerme mientras los mundos caen.

El Guerrero avanzó un paso.

Su presencia no aplastaba… dominaba.

Jesús giró el rostro.

No con miedo.

Con claridad.

—¿Quién eres? —preguntó Jesús—. ¿Y por qué estás aquí?

El Guerrero no apartó la mirada de Lucifer.

—Soy aquel que puede elegir… Y hoy… vengo a recordarle al cielo y al abismo que no todo se decide con palabras.

Lucifer sonrió.

—¿Vienes a matarme?

El Guerrero sostuvo su espada… pero no la alzó.

—Vengo a probar algo primero.

Jesús dio un paso al frente.

—Esto no te corresponde —dijo con firmeza—. Esta batalla se libra de otra manera.

El Guerrero lo miró por primera vez.

Y algo en su interior… vaciló.

—Lo sé —respondió—. Por eso no he atacado aún.

Lucifer soltó una carcajada.

—Entonces hazlo… Ven por mí… Demuestra que tu libertad no es cobardía.

El Guerrero Celestial apretó la empuñadura.

El cielo observaba.

El infierno contenía el aliento.

Y el destino… esperaba.

Lucifer tronó los dedos y apareció la armadura oscura mientras sonreía con arrogancia.

—¡¡Por fin!!… ¡¡Algo de acción!!… ¡¡Me estoy matando de aburrimiento… y yo aquí tentando al Hijo de Dios!!… ¡¡¡HAGÁMOSLO… MATÉMONOS!!!

Jesús retrocedió diez pasos para quedar en medio del enfrentamiento. Jesús sabía que esa batalla era inevitable, mientras que el Guerrero Celestial y Lucifer liberaban sus energías cósmicas celestiales, chocando una contra la otra.

Por los dos choques abrumadores de los seres celestiales, el desierto empezó a cambiar drásticamente.

La arena comenzó a elevarse en el aire y las rocas empezaron a explotar.

Luz contra Oscuridad.

La Gran Batalla Celestial había comenzado.

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Ozone Ortega Gallardo en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: Cuentos de amor de locura y de muerte · El caso extraño del Doctor Jekyll · Sub terra