
La anciana cerró los ojos y comió en silencio. Y luego los abrió.
La joven y su amigo la miraron muy expectantes.
—El director William me llamó y me dijo que tienes unas notas muy bajas en los cursos de letras y números.
—¿Eh?... Pero que raro. Si estoy yendo a las clases. —dijo sorprendida Luz.
—Dijo que estás asistiendo, pero no estás atenta en clase. Además me dijo que estas ignorando la ayuda de los profesores y luego te metes en tu mundo imaginario, y no prestas atención a nada.
—¡Eh! eso… ¡Ay!. Abuela, lo que pasa… es que no saben que doy lo mejor que puedo. Además estoy mejorando un poco cada día, solo que los profesores no ven mi esfuerzo interno. Eso es lo que vale ... es difícil de comprender, pero mi amigo Andrew nunca miente ¿no es cierto Andrew? ¿¡Andrew!?
—Señora muchas gracias por el desayuno, ¿por donde es el baño?
—Es a la izquierda querido
—¡Gracias! No sabe cuanto me lo estaba aguantando.
Dijo el joven mordiéndose la lengua, entre risas y la seriedad yendose al servicio.
—Ahmm, hummp —profirió la joven rubia, poniéndose nerviosa y serena, viendo a la abuela que estaba con una actitud muy diferente.
La señora suspiró.
—¿Qué hemos dicho? Luz de todo esto. Me prometiste que ibas a poner más énfasis en el estudio. Pensaba que estabas mejorando.
—¡Si! lo estoy haciendo abuela. Pero me es muy difícil estudiar. Quisiera explicarte pero no sé como…
—Será que estás soñando otra vez. ¿no es cierto?. Y le pones mas tiempo en eso que concentrarte en lo otro ¿verdad?
—Ehmm. ¿siii?. Si.
—No Luz, lo siento. Todo en su lugar. Hay cosas que debes remediar primero. Los sueños vienen y van.
—Abuela, estoy realizando mis sueños de ser una gran artista. Tengo ideas que pueden cambiar a la humanidad. Mis sueños funcionan.
Andrew se tapó la boca, pero fue inutil. Aquel joven se habia quedado con curiosidad escuchandola, tragándose una risa, pero la abuela de Luz en cambio simplemente se volvió más seria.
—Oye Andrew... ¿¡Que no te ibas al baño!? —exclamo la joven rubia
—Luz... ¿Cambiar a la humanidad? Pero ni siquiera puedes cambiar tus notas, obedecer a tu abuela, ni cambiarte tu pijama al despertarte. Escúchame bien Luz, la realidad es ahora. Hoy irás a las clases de recuperación. Si o si, pues si no vas. Vas a reprobar el año escolar.
—¡Que! Nooo, no es cierto.
—Me lo dijo el director.
—Ah… ahora sí. —dijo Luz bajando la mirada al suelo.
—Luz hija, voy a hacer lo imposible por ti. Voy a contratar profesores para que vengan a la casa, y te refuercen lo aprendido en el colegio. Así estarás en entrenamiento en las vacaciones, que no son vacaciones para ti. Y así todo el siguiente año escolar.
—¡Cómo! ¿¡Todo el día y este año!? ¡Ohhh!
—No hay de otra, Luz. Primero ahora tus estudios, luego cuando termines el colegio lo que quieras. Seas soñadora, cantante, dibujante, etcétera. ¡Pero con los pies en la tierra! ¡Nada con la cabeza con alas! Si priorizas eso, será doloroso.
La joven bajó la cabeza muy contradecida, pero no dijo nada. Parecía algo triste pero molesta.
Su amigo Andrew la miraba acercándose a ella. La joven ocultaba su rostro, ella la escuchaba pero sonreía de lo que decía su abuela.
—Así que, irás a las nueve. Ya falta una hora. Anda, esfuérzate. Tu sabes que te quiero Luz, pero tengo que hacerlo. Por el bien de mi hija. Los sueños se construyen con las manos y los pies, con sacrificios y esfuerzo, dejando oportunidad a otras materias de estudio. El esfuerzo te bajara las alas y el sacrificio te volverá sencilla. No volando ni soñando despierta en un mundo de fantasía. Eso te destruirá.
—Abuela, eso no es así. Es parte de mi, eso nace de mi. Por eso he nacido. Esos sueños me hacen pulir y cumplir mis talentos. La música y las demás artes son el medio de esos sueños. Tengo un deseo y lo haré realidad. Estoy en desarrollo y luchare ¡Cueste lo que me cueste!
—Luz, la música, el talento, las artes están bien. No hay problema en eso. Sino ese mundo onírico excesivo, que se vuelve injusto con las demás experiencias que debes aprender y que son necesarias. Incluso para esas artes es necesario. ¡estudiar! Nadie te quita aquellos deseos, pero debes ser justa y madura. Escuchaste bien… Ma du ra. ¡No todo va a pesar por un plato de la balanza! No ves que estás yendo al extremo.
—Mmmm
—¿Luz?
—...Sí abuela. Está bien. Lo acepto. Aunque no esté de acuerdo con ello.
—¿Eso significa? que no lo aceptas… ¿verdad? —dijo Andrew regresando a su asiento sonriendo y haciendo un gesto gracioso con el rostro, levantando los hombros y las manos.
Luz, se volvió a verlo y lo miró con una actitud molesta pero mezclada con alegría sacandole la lengua.