Capítulo 17:
Han pasado diez días desde aquella noche que cambió todo. Diez días en los que siento que he vivido más que en los tres años anteriores juntos. Todavía hay momentos en que me despierto sobresaltada, con el corazón a mil por hora, esperando sentir esa pesadez extraña en la cabeza o escuchar su voz suave diciéndome que todo está bien cuando nada lo estaba. Pero entonces abro los ojos y lo veo a él: a Mateo, dormido a mi lado, con la mano suavemente sobre mi cintura, y todo el miedo se desvanece como humo al viento.
Todavía me cuesta asimilarlo todo. A veces me quedo mirando al vacío y me pregunto cómo pude estar tan ciega. Cómo pude confiar en alguien que construyó toda una vida sobre mis recuerdos perdidos, que jugó con mi dolor y mi miedo para tenerme a su lado como si fuera un trofeo. Me duele el alma al pensar en todo lo que me ocultó: las fotos falsas, las mentiras sobre nuestro pasado, esa sustancia que me daba para mantenerme confundida y dependiente de él. Pero lo que más me duele, lo que todavía me hace llorar en silencio algunas noches, es la traición de mis padres.
Ellos… las personas que más deberían haberme cuidado, que deberían haberme protegido de cualquier daño… decidieron por mí. Decidieron que era mejor que viviera en una mentira antes que enfrentar una verdad que les pareció demasiado dolorosa. Me dicen que lo hicieron por amor, que estaban tan asustados al verme casi morir que creyeron que borrar el pasado era la única forma de que pudiera volver a ser feliz. Pero ¿cómo se puede ser feliz sin saber quién eres? ¿Cómo se puede amar sin saber si lo que sientes es real o te lo han implantado a fuerza de palabras y silencios? Me duele verlos arrepentidos, me duele escuchar sus perdones entre lágrimas… pero todavía no puedo acercarme a ellos como antes. Hay una distancia que ellos mismos crearon, y tardaré tiempo en volver a cruzarla.
Sin embargo, en medio de todo ese dolor, hay algo que crece más fuerte cada día: la certeza absoluta de que mi lugar, mi único lugar seguro, es al lado de Mateo. Él no me pide que crea en sus palabras a ciegas. Él no me oculta nada. Al contrario: me va contando las cosas poco a poco, con paciencia infinita, respetando mis tiempos, mis dudas y mis silencios. Me lleva a los lugares que solíamos frecuentar, me muestra fotografías reales, me cuenta anécdotas que me hacen reír y a veces llorar… y aunque mi mente todavía no recupera todos los recuerdos, mi corazón los reconoce al instante. Es como si todo hubiera estado guardado ahí, esperando solo el momento adecuado para volver a salir.
Han pasado cinco días sin saber nada de Lucas. Luego diez. No ha llamado, no ha venido, no ha dejado ningún mensaje. A veces me pregunto dónde estará, qué estará pensando… pero ya no siento miedo. Sé que lo que hizo no fue amor, y por más que me duela reconocerlo, sé que alejarme de él fue lo único que me devolvió la vida. Mateo me dice que no me preocupe, que él se encargó de que nadie nos moleste, que Lucas tendrá que responder por lo que hizo, pero que por ahora lo único que importa es que yo esté bien.
Y lo estoy. Por primera vez en mucho tiempo, realmente estoy bien. Me levanto cada mañana sin esa sensación de vacío y confusión. Trabajo en el taller con calma, y cuando salgo, él siempre está ahí esperándome. Caminamos de la mano, comemos juntos, nos quedamos horas hablando o simplemente mirando el atardecer como hacíamos antes. Me he dado cuenta de que no necesito recordar cada detalle para saber que esto es lo correcto. Lo siento en cada latido, en cada caricia, en cada vez que me mira y siento que el mundo se detiene.
Todavía queda mucho camino por recorrer. Todavía hay heridas que sanar, preguntas que responder y miedos que superar. Pero ya no camino a ciegas. Ya no estoy sola. Y sé que pase lo que pase, mientras estemos juntos, podremos con todo. Porque lo que nos une es más fuerte que cualquier mentira, más fuerte que cualquier olvido, más fuerte que cualquier sombra del pasado. Porque lo que el alma no olvida, siempre encuentra la forma de volver a casa. Y al fin, yo he vuelto a la mía.