La travesía de Kenji hacia las montañas del norte para encontrar al maestro fue sumamente pesada, pero después de días de un viaje bastante largo, por fin encontró el dojo.
Dio un par de golpes en la madera de la entrada, pero nadie respondió.
-¿Hola? ¿Hay alguien aquí? Hola... -llamó con incertidumbre.
De pronto, la puerta se abrió lentamente. Era un joven de actitud bastante relajada y tranquila, que lo miró con curiosidad.
-Hola, ¿quién eres tú? ¿Qué haces por aquí? -preguntó el muchacho con total naturalidad.
-Mucho gusto, mi nombre es Kenji y vengo desde la Villa del Sol -respondió el chico con respeto.
-¡Ah, la Villa del Sol! Eres de por allá. Bueno, ¿qué esperas? Adelante, pasa.
Kenji cruzó el umbral y entró al doyo. Al mirar alrededor, no pudo evitar sorprenderse:
-Este lugar está patas arriba.
-¿Vienes a juzgar o por qué estás tan a la defensiva? -respondió el joven con una sonrisa ligera, sin alterarse.
-No, por nada, disculpe... o sea, amigo -se corrigió Kenji.
-Y bien, ¿qué te trae por acá? ¿Tienes hambre?
-Ah, sí, muchas gracias... -admitió, sintiendo el cansancio del camino.
-Cuéntame, ¿qué te trae por acá?
-Permítame primero entregarle estas espadas.
-¿Espadas? -El joven las recibió de sus manos y se quedó viéndolas con una mirada un poco más seria
-Eres el nieto de Fuji, ¿no es así?
-Sí, soy nieto de Fuji. Lamentablemente, mi abuelo murió en un ataque a la villa.
El joven abrió los ojos de par en par, perdiendo por un momento su tranquilidad.
-¿Qué? -exclamó sorprendido-. ¿El viejo Fuji ha muerto? No lo puedo creer.
-Sí... y él me pidió que viniera a buscarlo para entrenar, señor.
-Por favor, no me digas señor, me llamo Daichi -aclaró con una pequeña mueca-. Y mira, lamento lo de tu abuelo, pero hay un problema: yo ya no soy un maestro.
-¿Qué? ¡Pero si mi abuelo me dijo que usted me entrenaría con gusto, sin dudar! ¡Fueron sus últimas palabras!
-Lo siento, niño, Tu abuelo me entrenó a mí en su momento pero yo no puedo entrenarte a ti. Para empezar, yo no tengo habilidad; no logro dominar ningún elemento. Tú eres fuego, al igual que él, ¿no es así?
-Eh... sí, lo soy -contestó Kenji dudoso.
-Bien. Hagamos algo entonces: muéstrame lo que tienes y con gusto.
-Ay, no... -pensó Kenji, sabiendo que lo difícil apenas iba a comenzar.
Ambos salen al patio trasero del dojo.
-Okay, amiguito. Adelante, muéstrame lo que tienes -dice Daichi con una sonrisa tranquila.
Kenji se pone en posición, pero duda de inmediato al no saber controlar perfectamente sus llamas. Empieza a concentrarse, soltando llamaradas a lo tonto de forma descontrolada.
De la nada, sus puños se apagan por completo. No sabe qué hacer, la frustración lo invade, se desespera y termina soltando unas lágrimas de impotencia.
Daichi se acerca con calma y le da unas palmadas suaves en el hombro.
-Ya, ya, tranquilo, tranquilo... No todos nacemos con la habilidad ya integrada. Es pura práctica. Permíteme explicarte como me explicó tu abuelo en su momento. Mira, en este mundo están la gente común como yo, que no tiene habilidades, y la gente que maneja los elementos. Tú manejas el fuego. Cada maestría se va elevando por grados, y ahorita tú te encuentras en un rango aproximado de cero punto cinco.
Daichi se cruza de brazos y continúa explicándole directamente, con calma:
-Para empezar, en el primer grado uno maneja el fuego externo y lo logra controlar de forma básica, aprendiendo a sostener las chispas elementales sin que se desvanezcan al primer intento.
-Luego, avanzando un poco más en la disciplina, el segundo grado consiste en lograr materializar el fuego directamente en el cuerpo, concentrándolo con fuerza en algunas extremidades, ya sean puñetazos o patadas, cuidando siempre que el fuego no deba extinguirse en pleno combate.
-Más adelante, al alcanzar el tercer grado, se manipulan completamente las llamas para rodear todo el cuerpo a modo de protección, aunque con la característica de que en este nivel todavía te pueden golpear físicamente.
-Dando un salto mayor, el cuarto grado transforma el cuerpo por completo, llenándolo de fuego y convirtiendo al guerrero en una persona de fuego real, eliminando por completo la posibilidad de recibir golpes físicos directos.
-Finalmente, te advierto que el quinto grado es un nivel legendario y bastante difícil de conseguir, requiriendo años o décadas incluso para poder controlarlo por completo.
Tras esa pausa, Daichi se frota la barbilla y continúa hablando sobre los demás elementos.
-Igual pasa con los demás elementos. Me has contado que tienes un amigo llamado Bruno, ¿no es así? Él maneja la roca. Los elementos de roca son un poco más fáciles de manejar, y por esa misma razón hay más grados y niveles de clasificación, dividiéndose en magnitudes como primera, segunda y tercera.
El joven Daichi suspira y prosigue:
-Pero no solo existen esos elementos. Tenemos el agua, los guerreros de las sombras que manejan y manipulan la oscuridad, los guerreros de acero -aunque el elemento acero viene siendo más bien un tipo de magnitud del de la roca, así que casi no cuenta por separado-, además del hielo, el rayo y muchos otros elementos que hay que aprender a manejar en este vasto mundo. Así que no te desespere por empezar desde cero.
-Creo que también, obviamente, un guerrero no va a poder manipular todos los elementos, ¿verdad? Es casi imposible -comenta Kenji, secándose el sudor con el antebrazo.
-Aunque... permíteme contarte una leyenda -responde Daichi esbozando una sonrisa-. Se basa en el primer portador de los elementos.
Se dice que en esta tierra no había guerreros con elementos, no existían. Una catástrofe hizo que los dioses nos permitieran tener elementos. Este guerrero obtuvo todos y al momento de morir se los repartió a los guerreros que el pensó que les daría un bien uso, y de ahí todos empezamos a tener los elementos... Aunque lastimosamente a mí no me tocaran -concluyó bromeando con una sonrisa burlona.
-Y si no tienes elementos, ¿por qué mi abuelo te entrenó? -preguntó Kenji con una duda evidente en el rostro.
Daichi solamente suelta una carcajada divertida.
-Niño tonto... Aunque no pueda manejar algún tipo de elemento, mi habilidad se basa en la energía de la tierra, en la naturalidad del combate físico. Tu abuelo me enseñó algunas técnicas para compensarlo.
-¿Así? -preguntó el chico, arqueando una ceja.
-Claro. Permíteme enseñarte un poco.
Daichi camina y se coloca en medio de la arena, justo en el centro del patio, adoptando una postura firme.
-Defensa X -pronuncia con firmeza.
De inmediato, una armadura de energía verde se materializa y se acopla a su cuerpo.
-Esta se llama Defensa X. Es un tipo de armadura que obviamente mejora la resistencia y la protección. Así, si algún tipo de guerrero de roca o acero trata de perforarme el estómago, la espalda o el corazón, se topará con esto y rebotará.
Luego, Daichi hace un par de movimientos rápidos con los pies.
-Velocidad X. Solamente son un par de botas energéticas, ¿verdad? Pero me sirven perfecto para moverme rápido o huir en un apuro.
Acto seguido, levanta los brazos y unos guanteletes sólidos cubren sus manos.
-Ataque. Son unos guanteletes de batalla para golpear con más fuerza. Ah, y te diré algo: se pueden juntar todas para crear la armadura completa, pero a su momento te la mostraré, ya que es un poquito complicado de armar en caliente.
Pero lo más impresionante está por venir. Daichi se concentra y una densa aura de poder comienza a acumularse intensamente en su puño.
-Y esta es mi técnica más poderosa. Se llama el Puño Umbral. Esta técnica canaliza toda mi energía en un solo puño, siendo capaz de lanzar un tipo de esfera o una bola de energía concentrada. En pocas palabras, si se la lanzo a un oponente, terminará muy gravemente herido, lastimado o quizá muerto... no lo sé, depende de cuánta fuerza le meta.
Daichi disipa el aura de golpe y sacude las manos.
-Bien... Pensándolo bien, aunque ya no era maestro, le haré un favor, un último favor al viejo maestro Fuji: te voy a entrenar, amiguito. Y cuando tengas la edad suficiente para participar, iremos al torneo bicentenario.
-¿Torneo bicentenario? -pregunta Kenji, ladeando la cabeza con asombro-. ¿Qué torneo es ese?
-Oh, faltan aproximadamente diez años para que se celebre; de hecho, ya han pasado ciento noventa años desde el último. En ese torneo van a participar bastantes guerreros de todos lados para probar su poder, ya que no cualquiera puede participar y hay que ganarse el derecho. Tu abuelo ni siquiera participó ahí en su época. En fin... si tú logras entrenar lo suficiente, participaremos. Aunque lo dudo muchísimo, ¿verdad?, con esa manipulación de fuego tan patética que me acabas de mostrar.
-Oye... -protesta Kenji, sintiendo que se burlaba de él.
-Tranquilo, solo bromeo, amigo -dice Daichi soltando una sonrisa relajada mientras le da una palmada en la espalda-. Bien. Ya es tarde. Vamos adentro, es hora de descansar. Por cierto, ¿dónde está tu amigo Bruno, eh? Me has contado mucho sobre él Pero bueno, ignoremos eso por ahora.
El joven maestro se dirige hacia la entrada del dojo y se voltea para despedirse por esa noche.
-Mañana
empezaremos de verdad con el entrenamiento, amiguito, así que descansa y sueña con los angelitos... O mejor aún, sueña conmigo.