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Epílogo: Una Carta de Esperanza

La Loba y El Maquinista · por Tália The Crimson Wolf · 13 de agosto de 2026

(Tália, 1923 D.G.R)

 

Ayer en la noche, Jimm, del Gremio de Comercio vino a entregarme una carta de Bullet... 

Aún no me he atrevido a leerla. Junto con la carta, también llegó la noticia de la captura de varios túneles y puntos fronterizos por parte del Imperio. Una declaratoria de guerra en toda regla. Sería cuestión de horas para que se formalice y se anuncie públicamente el nuevo estado de guerra.

Jimm me explicó que, por ahora, solo el Gremio, los líderes de las ciudades y el propio ERENOR están al tanto. Me pidió encarecidamente guardar silencio para evitar una histeria colectiva... aunque, sinceramente, ni siquiera sé qué es eso.

Muchos ya lo sospechábamos, pero cuando la realidad te golpea, cuando sabes que la guerra ha comenzado, todo se siente extraño. Es como si nada cambiara realmente: la vida sigue su curso, las calles lucen igual, y puedes continuar con tu rutina diaria. Sin embargo, sé que, en este preciso momento, hay personas muriendo o heridas por los ataques del Imperio. 

Estar lejos del frente te impide comprender completamente la magnitud de lo que sucede...

Y, para colmo, Bullet es quien está más cerca de todo otra vez. Me aterra leer su carta, temiendo que contenga sus últimas palabras. Saber que ha muerto me destrozaría el alma, y enterarme semanas después llenaría mi corazón de rabia. 

¿Y si hubiera podido hacer algo si lo hubiese sabido antes? Ese tipo de pensamientos me consumiría por completo, arrastrándome a un abismo del que sería difícil escapar.

El único consuelo que tengo, además de mi fe en su habilidad para sobrevivir a la guerra, es lo que he presenciado de él. He visto a Bullet enfrentarse a bestias legendarias como los Gran Colmillos armado solo con un rifle. He sido testigo de cómo se aplicaba primeros auxilios de forma casi primitiva, como cuando arrancó un vidrio incrustado en su mano usando únicamente la boca. 

Confío plenamente en que puede sobrevivir, pero el miedo nunca se va del todo.

Antes de irse, Jimm me pidió que fuera cuanto antes al Gremio de Comercio. No fue muy claro en sus motivos, pero mencionó que el ejército necesita transportar materiales y suministros hacia el frente, y para eso necesitan trenes... muchos trenes.

En estos últimos dos años, nunca me preocupé demasiado por cuánto me pagaban por los envíos; siempre era suficiente para vivir y mejorar a Edelweiss. Pero ahora que la guerra ha comenzado, si he de arriesgar mi vida sin ser una soldado, quiero que me paguen bien. Estoy poniendo en juego mi vida y las posesiones que Bullet me dejó. 

Perderlas sería algo que jamás me perdonaría.

Con esa determinación, me preparé para ir al Gremio: tomé la pistolera que Bullet me dejó y me la coloqué en el pecho. Desde que me la dio, nunca salgo sin ella, sin importar el destino. Luego me puse mi poncho favorito, los guantes y la boina para cubrir mis orejas. Estaba lista para salir, salvo por algo: la carta de Bullet. 

Decidí que la leería en el camino al Gremio.

Cuando salí a la calle, noté que todo en la ciudad había cambiado. Aunque las personas seguían comportándose como siempre, recorriendo la avenida principal y comprando en las abarrotadas tiendas, el clima había tomado un giro sombrío. Los días anteriores, el cielo estuvo despejado, pero ahora estaba cubierto de nubes grises. Los pocos rayos de sol que se filtraban apenas lograban dar color a las cosas, y el aire parecía cargado de una pesada melancolía. Era como si la guerra ya estuviera dejando su marca en el ambiente.

Mientras esperaba el tranvía, la avenida principal comenzó a vaciarse poco a poco. Para cuando me di cuenta, un contingente de soldados apareció al final de la avenida, marchando en formación. Los seguían unas máquinas de metal con orugas en lugar de ruedas. 

Era la primera vez que veía esas máquinas en persona. Recordaba haber leído sobre prototipos similares en la guerra anterior, pero estos eran diferentes. Tenían chasis de metal remachado, pequeños cañones montados y dos orugas a los lados. Por fin veía uno de esos famosos "tanques" que antes solo conocía por los libros.

Cuando el tranvía llegó, me subí y me senté mientras resonaba la campanilla dorada con cada traqueteo sutil. Durante el recorrido, finalmente abrí la carta de Bullet. Mis manos temblaban mientras temía que mis peores pensamientos fueran ciertos, que ya nunca volvería a verlo...

Las primeras palabras hicieron que mi corazón se detuviera.

— Está aquí —murmuré, incrédula—. ¡Está aquí! ¡Bullet está en la ciudad! —grité emocionada, olvidándome de todo a mi alrededor.

Todos los pasajeros me miraron, sorprendidos. Al darme cuenta de las miradas, me sentí abrumada por la vergüenza. Había quedado como una loca, pero eso no importaba. ¡Iba a reunirme con él! La fecha estaba borrosa, pero decía que vendría a Eichernberg...

Leer esas palabras fue como un soplo de aire fresco en medio de la tormenta. Entre tantas malas noticias, finalmente algo positivo. Sentí una energía renovada desbordando mi cuerpo. Me sentía capaz de todo ¡Incluso para pelear con un Gran Colmillo! 

Ahora tenía un verdadero motivo para ir al Gremio: allí debía estar Bullet esperándome.

El resto del trayecto no pude pensar en otra cosa que en cómo se vería Bullet después de estos dos largos años.

— Espero que esta vez podamos seguir juntos... —susurré, mientras seguía leyendo su carta con una mezcla de emoción y ansiedad.

Cuando el tranvía se detuvo frente al Gremio de Comercio, bajé apresuradamente y crucé la avenida a toda velocidad. 

La emoción me hacía temblar las manos, y mi cola se movía incontrolable bajo la ropa. Por fin, después de tanto tiempo, iba a verlo de nuevo. Pensar en hablar con él, abrazarlo, sentir su mano en mi cabeza, dormir a su lado otra vez... incluso volver a besarlo, hacía que mi corazón latiera con fuerza.

Sin pensarlo demasiado, empujé con fuerza la pesada puerta de madera y corrí hacia las oficinas. 

El Gremio estaba sumido en un caos inusual. La noticia de la guerra, aunque aún secreta para la mayoría, había puesto a todos en movimiento. Personas corrían por los pasillos cargando montañas de papeles; carritos llenos de mapas y máquinas de escribir bloqueaban las esquinas, y los mensajeros aguardaban órdenes. Incluso las siempre serenas recepcionistas estaban gritando instrucciones de un lado a otro.

— Al parecer, no soy la única exaltada... —murmuré mientras me abría paso entre la multitud, camino a la "Oficina de Lucius".

Conocía cada rincón del lugar. Desde la primera vez que vine con Bullet hasta ahora, había recorrido esos pasillos y escaleras innumerables veces, buscando nuevos trabajos de parte de Lucius, Jimm o incluso Lily cuando ellos no estaban. Esta vez no era diferente, aunque tenía la esperanza de que él estuviera esperándome al final del recorrido.

Mientras cruzaba un pasillo, una voz aguda llamó mi atención.

— ¡¿Tália, eres tú?! —gritó alguien desde atrás, el sonido de garras raspando el suelo acompañó el sonido de sus pasos.

— ¡Lily! —respondí, volteándome hacia ella con sorpresa—. Justo iba a ver a uno de tus hermanos.

— Lo sé, lo sé. Yo también iba hacia ellos. Tengo un mensaje urgente desde la estación y debo entregárselo —contestó, levantando una de sus patas, mostrándome una bolsita atada con lazos.

— ¡Entonces tú marcas el paso! —le dije, haciéndole un gesto para que avanzara primero.

Lily me dedicó una sonrisa y siguió corriendo, mientras yo la seguía de cerca. 

Subimos las escaleras y cruzamos la pasarela sobre la entrada principal hasta llegar a la oficina de Lucius. Con una habilidad sorprendente, Lily abrió la puerta usando las garras de una de sus patas, y ambas entramos apresuradamente.

Por fin iba a ver a Bullet.

— ¡Tália, Lily, pasen rápido! ¡No tenemos mucho tiempo! —nos apremió Lucius al vernos entrar. Estaba sentado junto a Jimm y la Mayor Grant, los tres inclinados sobre un gran mapa extendido sobre la mesa.

Cuando la Mayor me vio, bajó la cabeza casi de inmediato... Jimm hizo lo mismo... El único que sostuvo mi mirada fue Lucius, aunque su expresión no prometía nada bueno.

Mis ojos recorrieron la sala con urgencia, buscando desesperadamente a Bullet. Pero él no estaba allí. Sus miradas lo decían todo. Fue como si algo dentro de mí se rompiera. La desesperación me invadió, y el silencio de los tres confirmó mis peores temores.

— ¿Dónde...? —pregunté con voz temblorosa, tragando saliva—. ¿Dónde está él? —Me volví hacia la Mayor—. Su carta decía que estaría aquí con usted. ¿Dónde está?

Ellos se miraron entre sí, evitando responder.

— ¡Díganme dónde está Bullet! —les grité, lanzando la carta sobre la mesa—. ¡La carta dice que estaría aquí! ¡¿Dónde está él?! —exigí, acercándome a ella con furia—. ¡Hable o se quedará sin cara! Podré parecer humana, ¡pero mis dientes son lupinos! —la amenacé, mostrando mi dentadura.

— Tália... —intervino Lucius con tono calmado, poniendo un brazo entre nosotras—. Relájate. Este no es el momento para pelear, menos con un oficial del ejército.

Me miró con una mezcla de comprensión y firmeza, tratando de apaciguarme.

— Dos años... —murmuré, luchando por contener las lágrimas—. ¡Dos años he estado separada de él! ¡Dos años sin verlo, sin saber prácticamente nada de él! ¡Y ahora recibo una carta diciendo que va a volver! ¿Saben lo feliz que me sentí? ¿Tienen idea de lo que es estar separada de la persona que amas por tanto tiempo y luego enterarte de esto?

La Mayor Grant rompió el silencio, su voz fue apenas un susurro ahogado.

— Se quedó atrás... —dijo sin un ápice de solemnidad—. Se quedó con el 4to Regimiento de Acorazados del Ejército del Norte. —Señaló el mapa con el dedo—. Fueron enviados a la fortaleza para defender la posición hasta que lleguen refuerzos. Bullet y yo íbamos a evacuar justo cuando el Imperio atacó. Pero tú lo conoces mejor que yo, Tália...

— ¡Qué idiota es! —golpeé la mesa con furia—. ¡¿Y por qué no lo detuviste?!

— ¿Detenerlo? —rio la Mayor con amargura—. ¿De verdad crees que me habría escuchado?

¡Qué imbécil que es! Y aun así siento que lo quiero... un poquito menos ahora que me hizo esto...

— Por más que me duela decirlo, tienes razón... —admití, apretando los dientes—. ¿Y qué piensan hacer ahora? —Miré a los demás, exigiendo respuesta—. ¿Quieren que vaya a buscarlo o algo?

— Algo así —comentó Lucius con calma desde un costado—. Por eso envié a Lily a la estación. —Señaló el mensaje en la bolsita de la pata de Lily antes de abrirlo—. Tália, tú serás quien rescate al 4to Regimiento de Acorazados. Este mensaje confirma que las preparaciones para la salida de Edelweiss hacia la fortaleza de Ymir están listas. Solo faltas tú. —Chasqueó los dedos, apuntándome con firmeza.

No iba a negarme. Esta era mi oportunidad para ver a Bullet después de estos dos años. Pero eso no borraba el hecho de que sería mi primera experiencia real participando activamente en una guerra. 

La idea me llenaba de miedo y ansiedad. Ya con los relatos que Bullet me contó o lo que leí en los libros, apenas podía imaginar lo que sería vivir una guerra en carne propia.

Intenté preguntarme qué haría Bullet en este momento. ¿Aceptaría sin dudarlo o se negaría, negándose a colaborar con una guerra que podría traer tanto dolor como el que él sufrió? Si fuese para salvar a alguien, sabía cuál sería su respuesta, pero esto era diferente. 

¿Se enojaría si acepto...? No creo que lo hiciera... Él se quedó atrás para luchar junto con el 4to Regimiento. Eso significa que, al menos esta vez, decidió pelear. Yo debía hacer lo mismo, no solo por él, sino por mí misma. Las Regiones del Norte son mi hogar, y no puedo perderlas de nuevo.

En la guerra anterior era demasiado pequeña para luchar, y terminé perdiendo Ymir, mi antigua ciudad. Pero ahora puedo hacerlo, y siento que debo hacerlo. Si es junto a Bullet, mejor. Juntos, podemos luchar para crear un nuevo hogar.

— ¡Bien! —golpeé mis palmas y miré a los tres—. Denme un mapa de la zona y unos minutos para planear una ruta rápida hasta la fortaleza. También necesito saber qué voy a llevar; cuanto más detalle, mejor.

— ¡Perfecto! —exclamó Lucius, dándome una palmada en la espalda—. ¡Jimm, dale toda la información a Tália! Y Mayor... —se giró hacia ella, guiñándole un ojo—. Dígales a sus superiores que el Gremio de Comercio pondrá a la mejor locomotora y maquinista que tenemos. Que den por salvado al 4to Regimiento de Acorazados.

— Entendido. —La Mayor Grant se puso de pie con expresión seria y asintió—. Tal como dijo, ya tenemos el tren listo para evacuar tropas y suministros. Lo comunicaré al Alto Mando. —Se detuvo frente a mí, clavando su mirada autoritaria—. No quiero inconvenientes esta vez, Tália. A partir de ahora, la Alta Traición se paga con la muerte. No habrá tratos especiales como los que recibió Bullet. ¿Entendido, maquinista?

— ¡Entendido! —asentí firmemente, aunque sus palabras hicieron que un escalofrío recorriera mi espalda.

La Mayor se ajustó el sombrero blanco de su uniforme, hizo un gesto cortés y salió de la oficina con pasos firmes. Ahora solo quedábamos Lucius, Jimm y yo.

— Bien, Tália. Cuanto antes partas, mejor. Te explicaré los detalles rápidamente. Este envío será muy diferente al que hiciste con Bullet. Llevarás muchísimos vagones, que se irán enganchando a lo largo de la ruta. Como siempre, tendrás el vagón dormitorio que compartiste con Bullet, pero del resto se encargará el ejército.

— ¿Tienen alguna ruta específica seleccionada, o tengo libertad para elegir? Porque, si es así, tomaré la ruta de las montañas. Ya vi con Bullet que se puede llegar en una semana.

— Alguien te enseñó bien, Tália —comentó Lucius con una sonrisa irónica—. Tú eres la maquinista, así que sabrás mejor que yo qué ruta tomar. Tendrás los mapas y los informes meteorológicos más recientes en la cabina. Esta vez te prometo que no habrá cambios de última hora.

— ¿Algo más que necesite saber, Lucius, Jimm? —pregunté, guardando la carta de Bullet en uno de los bolsillos de mi poncho—. Si no, me marcho.

— Ve tranquila —dijo Jimm, dándome una palmadita en el hombro—. Nosotros nos encargamos de todo aquí, ¿verdad, hermanito? —preguntó, mirando a Lucius con una sonrisa.

Tomé eso como un "puedes irte" y salí corriendo. Tenía un envío que llevar y una persona que salvar. No había tiempo que perder.

— Bullet, te prometo que esta vez no nos volveremos a separar... —pensé en voz alta mientras cruzaba las puertas del Gremio, dirigiéndome a la estación—. Espero que, como dices en la carta, nada ni nadie nos separe más... Y espero verme hermosa en aquello que hayas conseguido para mí...

Con esos pensamientos en mente, emprendí el viaje que una vez nos unió y al final nos separó. Esta vez, sin embargo...

— No te dejaré ir más, Bullet. Serás mío y solo mío...

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Y hemos llegado ahora sí al final de esta novela, al final de este viaje. 

¿Qué sucederá con Bullet y Tália? ¿Qué será de esta nueva guerra que se avecina? ¿Podrán sobrevivir o nuevamente alguien se tendrá que sacrificar para salvar al compañero de viaje?

Esas preguntas se las dejo a ustedes, a aquellas valientes personas que se aventuraron conmigo en este viaje, que me dieron su confianza para seguir adelante y que con sus comentarios me mostraron que podía seguir adelante.

Realmente no sé que decir salvo un ¡Gracias por haber estado conmigo! y ¡Gracias por acompañarme en este viaje!

Con lagrimas en los ojos me despido y espero que sigan teniendo un buen día, semana, mes y año.

Sin más me despido, fue un placer escribir para ustedes y espero que la gracia de la Diosa nos haga cruzar caminos más adelante. Un cordial saludo y se despide Bullet escuchando: https://www.youtube.com/watch?v=MwLh_e-rI74

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