Observamos cómo aquel ser luminoso empezaba a perder su brillo hasta dejar a un hombre desmayado, vestido con una túnica negra cubierta de símbolos, de piel blanca y cabello blanco a pesar de verse muy joven.
—Miren a este desgraciado —pensé mientras me tocaba la barbilla—. Durmiendo tan cómodo y tranquilo, tanto que el desgraciado parece no estar consciente o al tanto de que casi nos calcina.
Chatane chasqueó la lengua y dijo:
—A desgraciados como este toca aplicarles la de Fiz.
—¿Qué le vas a hacer?
—Fiz tiene un castigo donde meten al afortunado en un hueco con una losa muy caliente y lo dejan ahí desde el amanecer hasta el anochecer —explicó Chatane, quien empezó a revisarle el cuerpo al desconocido—. Pero a este lo voy a dejar una lunación entera.
—Eso es muy sádico.
—Sí, pero es mejor eso a que te corten las manos.
—Ambos son igual de macabros— me encluquillé cerca del desconocido.— Creo que deberíamos matarlo.
—Bueno— Las palabras que salieron de la boca de Chatane fueron la antítesis de su cara.
Se notaba con una mirada decaída junto sus apretados labios, pero ya estaba preparándose para clavarle su Macana en el cuello. Esto es raro, pero ni tanto es apenas un niño.
—Espera— La Macana de Chatane se detuvo ante mis palabras. —Si lo haces vamos a explotar.
—¿Que?
—Pues si incluso las bestias siguen la antigua norma de "Si me jodes, nos jodemos", Entonces si lo matamos acá probablemente explote.
Chatane salio corriendo a esconderse detras de un arbol incluso dejo sus macanas a un lado para luego solo asomarse un poco:
—¿Entonces que hacemos?
—Sencillo, lo vamos a echar a un barranco.
Mientras contaba eso, traté de levantar al tipo, pero tan pronto hice un mínimo esfuerzo mi cuerpo cayó al lado del tipo. Era obvio que el impulsarme anteriormente fue una mala idea, y más en estas condiciones.
—¿Ahora qué te dio? —preguntó Chatane mientras que salia de su escondite.
—Creo que a mi alma no le gustó ser expuesta al mundo físico —respondí mientras me costaba mover el cuello.
—Osea me va a tocar arrastrarte a ti
—Exactamente.
—Agh.
Chatane, sin otra opción, tuvo que llevarnos arrastrando a mí y al desconocido hasta llegar a un risco que, por una niebla, impedía saber su profundidad. Yo, con más movilidad, logré arrastrarme a una piedra pequeña y lanzarla.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
Seis.
Siete.
Ocho.
Ocho segundos de caída libre sería casi equivalente a más de doscientos cincuenta metros, suficientes para matar más de veinticinco veces a una persona común, y tal vez lo suficiente para matar al desconocido.
—¿No lo podríamos dejar vivo? —preguntó Chatane mientras aún observaba el abismo—. Ningún cacique aún lo ha visto, además de que puede tener una explicación de por qué estaba matando lo que se le cruzara.
—No —respondí con tono firme a pesar de mi situación—. Las posibilidades de morir serían mayores que antes por estar heridos, y nada nos asegura de que no nos quiera atacar, incluso si fue sin intención.
—Pero...
—Oye, si tu no puedes yo si.
—No, soy un guerrero debo hacerlo, tengo que lanzarlo.
—Socios, ustedes qué inventan.
Nos giramos sorprendidos y aterrados hacia el desconocido, el cual continuaba acostado en la tierra con los brazos cruzados y con los ojos entrecerrados.
—No se me alarmen —dijo el tipo mientras se levantaba—. Yo me quedo quieto si ustedes se me quedan quietos.
—¿¡Puedes hablar!? —dijo Chatane con la boca tan abierta como una D.
—Pues claro, socio, ni modo que sea un animalito.
—Yo creía que era de esas personas salvajes que se pasan la vida en el bosque —dijo Chatane, mientras olvidaba el hecho de que él era uno, pero que podía hablar y con ropa—. ¿Entonces cómo te llamas?
—Bozica.
¿Qué? ¿Ese mocoso es Bozica? Imposible. Bozica fue un héroe salvador de anciano, uno de los mayores símbolos de simpatía y amor en el mundo sobrenatural. Un mocoso no puede ser aquel hombre, además de que, según las leyendas, él podía manipular los terrenos, tenía todos los dotes de Chiminigagua.
—¿Con qué? —Chatane se sentó encima de una piedra mientras ponía su mano en su mentón—. Eso significa... Parlanchín.
—No, socio, usted qué inventa. Bozica significa "el portador de la palabra".
—Bueno, Bozica, ¿por qué nos estabas intentando hacer chicharrón?
—En qué momento.
—¿¡Cómo que en qué momento!?
—Pues sí, hace rato tú estabas que tirabas fuego por las manos.
—Hmm —Bozica chasqueó los dedos y puso una mirada preocupada—. No me acuerdo bien, pero sé que estaba peleando contra alguien muy fuerte y le había pedido un trato a alguien igual de fuerte; después de eso, sepa la sapa qué pasó.
—Si que son unos desgraciados sin suerte, tu y Gabi.
El supuesto Bozica me miró con una cara extrañada y preguntó:
—¿Ese es tu nombre?
—Sí —respondí—. ¿Qué tiene?
—Es el nombre más feo y raro que haya escuchado en toda mi vida, socio.
—Gracias por severo alago.
—Ademas de que, tu alma... —susurró el supuesto Bozica a la vez que se arrodillaba —. ¿Eres un dios?
—No, solo soy un semidiós y hazte un lado—le aparte el rostro con una mano.
—¿Y eso qué es?
Chatane se acercó también y contestó por mí:
—Según este, un semidiós es alguien muy fuerte.
—No realment...
—Tú calla, lisiado —dijo Chatane—. Cuando puedas caminar, hablas.
—Chatane, te juro que cuando me pueda mover te voy a acomodar los pensamientos —pasé mi mirada hacia Bozica—. ¿Ahora qué hacemos contigo?
—Por mi parte, quisiera saber porque mi alma me llevo a este lado del mundo; por lo tanto, no quiero palmarla, aun.
—Bien, entonces vete y listo.
—La buena mi perro, les debo una.
Por fin, Bozica se fue; por fin se largó. Espero nunca volver a ver a ese tipo en todo lo que me quede de vida, ni escuchar su voz, ni por alguna razon ese acento raro. Ahora, a volver a dormir. Pero Chatane también se había ido y ni me había dado cuenta, así que tendré que pasar el resto de la noche.
—Mañana por la mañana me le desquito —pensaba mientras comenzaba a dormirme de nuevo en compañía de la soledad.
"Prefiero escuchar la historia del árbol que murió rodeado de vida, que la del árbol que vivió rodeado de muerte"
—Me la invente