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Capitulo 3: El resplandor de aquella noche

La inercia de un Dios · por Moon · 31 de julio de 2026

Al anochecer, nosotros dos habíamos llegado a la carpa de Chatane; este mismo traía encima rocas, madera seca y un pedernal que encontró por ahí. Mientras se ponía a preparar la fogata, yo me preguntaba cómo estaba mi alma. Usualmente mi afectación solía hacerme sentir dolor o picazón cuando intentaba sacar mi alma de mi cuerpo, pero no pasó.

«¿Será que aquí aplica lo que me dijo mi viejo: "Lo que no duele, no funciona"?», pensaba. «Nah, ese cucho qué va a saber».

—Oye, Gabi —dijo Chatane, teniendo ya la fogata lista con una sonrisa que solo irradiaba su orgullo—. Trae las carnitas que sobraron.

—A todas estas, las carnes que no sobraron, ¿de qué son?

—Es de un animal que tiene cuernos muy largos, capaces de empalar hombres. Sé que los llaman chihicas.

—¿Venados?

—Aunque también hay otro desgraciado que jode mucho por acá, pero pronto lo conocerás —dijo—. Pero su carne no sabe bien y es muy dura, así que intento evitarlo lo más que puedo.

Al terminar de asar la carne y comerla, nos fuimos a dormir: Chatane en su carpa y yo en mi hamaca. Esta fue la primera vez en mucho tiempo que podía irme con el estómago lleno a la cama o, más bien, a la hamaca, como también el no tener la preocupación de que alguien me vaya a apuñalar o disparar mientras duermo.

Al poco tiempo quedé dormido. En aquel sueño, solo al abrir los ojos volvía a sentir ese mismo dolor, los ojos nublados y esa misma sensación de soledad mientras a mi alrededor se escuchaba cómo cortaban carne viva. Sé que nada era real, solo es una pesadilla, pero este pensamiento no me protegerá de una realidad inventada por mi cerebro.

—¡Gabriel, quédate conmigo! —los gritos de alguien resonaron en mi cráneo—. ¡No te duermas, ya casi termino!

—¡Rost, tenemos que irnos, hay demasiados parásitos aquí! —gritaba alguien a la distancia—. ¡Si nos quedamos aquí, nos matarán!

—¡¿Pero el resto?!

—¡Que se vayan al diablo! ¡Nos vamos a ir al carajo si nos quedamos aquí!

Sentí cómo me empezaron a arrastrar; aún recuerdo la sensación de tener el estómago abierto, el cómo esas cosas se acercaban. Me condenó mi lengua, mi cuerpo y mi mente. Además, sé dónde termina esta pesadilla.

—Gabi... Gabi... ¡Gatiel!

Ese grito me regresó a la realidad. Al levantarme de golpe de la hamaca, estaba al lado Chatane con ojeras, el cual con el dedo índice apuntó a un punto en el horizonte no tan lejano: una fuente de luz resplandeciente que ninguna antorcha podría igualar se acercaba hacia acá.

—¿Qué es eso? —pregunté.

—No es ni un cacique ni algo que haya visto, así que no tengo idea.

—¿No será que es su dios Xae?

—No —contestó Chatane—. Xae, cada vez que nos visitaba, evitaba llamar demasiado la atención. Lo mejor es ver qué hay por allá.

Yo me levanté en ese instante; no he visto en toda mi vida algo más imprudente. Esto se siente como una luz intentando atraer mosquitos y abejas, pero creo que esta avispa quiere ver qué puede hacer este cuerpo y quién es aquel.

Chatane, quien fue a su tienda de campaña de donde sacó dos macanas cortas, dijo:

—Hombre prevenido vale por dos —Chatane recorrió su mirada entre sus macanas y yo—. Perdón, no tengo unas para ti.

—Como me ves, estoy excelente —dije mientras hacía tronar mis articulaciones de una sacudida—. Lo único que necesito son mis pies, rodillas y puños.

Ambos partimos en dirección a la luz, atentos ante cualquier cosa. Solo nos acompañaba el sonido de los grillos, pero esto sería interrumpido por un galopeo. Al voltear hacia la dirección del ruido, vimos un ciervo.

—Mira eso —Chatane me pegó un pequeño codazo en el pecho con una sonrisa en el rostro—. El desayuno vino a nosotros.

Chatane se empezó a acercar sin hacer ningún ruido, con una postura encorvada hacia el venado, preparando las macanas.

Susurré lo más fuerte que pude:

—Chatane, ¿para dónde vas? ¿No ves que anda uno o varios locos por acá?

—Cálmate, no va a pasar nada.

En ese preciso instante, a pocos centímetros de la cara de Chatane, pasó una llamarada que incineró todo a su paso, incluyendo al venado. Chatane se dio la vuelta lentamente con la quijada tan abierta que creí que se le iba a caer, para luego ambos mirar hacia la dirección de donde vino aquella llamarada.

Ahí, caminando, venía un ser envuelto en llamas que, incluso al pisar lo poco de vida que quedaba, sus llamas no incendiaban. Chatane empezó a caminar lentamente para atrás hasta quedar tras de mí, para luego decirme:

—Este es el momento para que te saques tus poderes, o lo que sea.

—Creo que con este no se va a poder.

—¿Por?

—En primera, yo no tengo poderes; lo de poder infundir terror es un truco que sirve para las cosas no sobrenaturales —expliqué—. En segunda, tú fuiste el de la idea para venir por acá.

—¿Otra vez mordiendo la mano que te da de comer?

—A ver, vamos los dos.

Chatane y yo caminamos hacia ese ser deslumbrante hasta estar tan cerca que su calor se sentía como una hoguera.

—Hola, forastero —saludó Chatane extendiendo la mano—. Por favor, no nos mates.

El ser lumínico poco a poco empezó a extender la mano hasta apuntarnos con el dedo índice; ahí sentí toda la energía que se almacenaba en ese dedo. Empujé a un lado a Chatane y me eché para el otro, solo para ver cómo salió otra llamarada que dejó un hueco donde estábamos.

—A poco sí muy salsa —dijo Chatane.

Este se lanzó en dirección al ser, el cual trató de fulminarlo de un rayo, pero Chatane logró tambalear su cuerpo a un lado a la vez que dio un golpe en la quijada del ser, para posteriormente conectar la otra macana a las costillas. El ser, desconcertado, trató de conectar un golpe a Chatane, pero este lo esquivó y, al igual que antes, su talón hizo un contacto brutal con el cuello de aquel ser.

Pero este atrapó la pierna de Chatane para que este fuera lanzado como una rama hacia las profundidades del bosque, mientras destrozaba y partía árboles con su cuerpo. El ser, al fijarse en donde creia que estaba, notó que ya había desaparecido. Su cabeza giro de un lado a otro en el intento de buscarme, pero nada más lo acompañaba la oscuridad y su luz, sin considerar a mi persona a espaldas, donde aproveche una mata león con éxito, solo podía sentir como estrujaba su cuello entre mis brazos, a pesar de que empezara a calcinármelo.

—Seas humano, santo o chamán, necesitas sangre para pensar —dije mientras apretaba con más fuerza mientras empezaba a sentir su presion arterial que se acumulaba.

El ser no paraba de resistirse; al buscar resultados con apretar lo más fuerte que podía mis brazos, intentándolos calcinar. Pero es inútil: a pesar de estar en el cuerpo de un joven y perder mis decadas, nunca podrás superar a la lógica de la naturaleza y a mi experiencia. 

¡CRACK!

Ese sonido no fue rompimiento de su cuello por mi llave, fue el de sus brazos al dislocarse de tal forma que alcanzaron a tener un agarre sutil sobre mi torso. Antes de que pudiera procesar lo que había pasado, mis sentidos gritaron para que lo soltara , así que lo hice para ver pasar frente a mis ojos como de sus manos salieron expedidas dos rayos de fuego que seguramente me hubieran volado los organos de extremo a extremo.

Con tan solo ese lapsus de tiempo en que me separe de el, ya se había recuperado y estaba listo para un contraataque. El huir era mi única opción: correr en círculos encontrando un refugio entre la oscuridad y la vegetación mientras los acosantes bombardeo de aquel ser me rozaba más que la ropa. Si me llego a descuidar aquel ser no sera tan dulce como lo fue con Chatane.

—Pero es algo que puedo superar—, pense. —Como siempre ha sido.

Entre bombardeo y explosión logré fugarme entre sus errores, cada vez más cerca. A diez metros de él, cualquiera pensaría que era un suicida, pero esto va más allá de uno. La lógica de un militar como yo es el amar su muerte más allá de la vida, asi que te ruego que admires esto.

—Avanze indestructible.

Mi codo llegó primero a su tráquea que mis palabras a sus oídos. Sus ojos radiantes no paraban de mirar a todos lados; tal vez estaba en busca de algún sentido de que acaba de pasar, pero no es momento para eso. Mi rodilla chocó contra sus costillas, pero antes de que la cinética lo mandara lejos de mi alcanze, lo agarré de la cabeza y lo estampé contra el suelo levantando ceniza, sangre y mugre del piso con ese impacto.

Pero supongo que no fue suficiente: su brillo alcanzó otro nivel, dando la entrada a una explosión más fuerte que antes, de la cual apenas pude escapar mientras el ser aprovechaba esa misma explosión para salir impulsado al bosque como misil.

Mientras salia despedido el ser lumínico por su propia explosión, no espero la aparición de aquel muchacho, Chatane desde los arboles salto en el momento justo para caer sobre su espalda, lo cual provoco que el ser arrastrarse en el suelo mientras sufría el castigo de las macanas de Chatane chocando en su nuca y espalda como el vuelo de un colibrí una y otra vez hasta que se estrellaron contra un arbol.

Cuando se detuvo, Chatane bajó de él mientras se peinaba el pelo hacia atrás. No importaba si la planta de sus pies estaba calcinada o la carne de su pierna estaba expuesta: ese muchacho se erguía con orgullo sobre su presa.

—Ustedes los forasteros sí que son un dolor de cabeza —dijo Chatane—. Pero alguien tan maravilloso como yo es inmune ante sus excentricidades y rarezas.

—¡Oye, Chatane! —me acerqué a toda velocidad.

—¿Diga? —aún fanfarroneando.

—¡Mira qué está haciendo ese tipo!

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