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Prologo

La inercia de un Dios · por Moon · 21 de julio de 2026

En esta iglesia estará mi próxima tumba. Desde estas catacumbas lograba escuchar los gritos de gozo o de desesperación, balas perforando a los atrincherados y el flujo de la sangre de cada alma a la que le he arrebatado la vida, de aquellas que buscaron con anhelo mi muerto; pero por cada vez que he repetido este acto, siento esta humillación. Un semi dios sin orgullo, familia u objetivos busca sobrevivir a costa de otros que quizás tengan todo eso y más, pero aquí me encontraba, en la búsqueda de alguna escapatoria con este cuerpo destrozado.

—Oye, semi dios.

A mis espaldas surgió aquella voz picara, casi burlesca. Al darme vuelta, logré ver a los ojos a aquel diablo de pieles monocromáticas que intentaban sobreponerse una a la otra sin lograrlo, en un equilibrio hipnótico. Aquel ser cargaba en su espalda, sin problemas, una campana mucho mas grande que su cuerpo, quizás de esta misma iglesia.

—¿Para dónde vas? —preguntó aquel diablo antes de arrojar cerca de mí la campana—. ¿Intentas escapar de estas catacumbas?

—Yo ya no sé ni qué hago. Mi parte humana es la que me grita que corra con todas mis fuerzas, pero mi parte sobrenatural simplemente quiere que acepte darle mi cuerpo a este momento y deje de buscar salvación.

—Acaso no estas consciente sean humanos o dioses, todos tienden a volver a un mismo punto —sentenció el diablo—. Siendo tu debido fin como santo la inexistencia. El desaparecer aquí y ahora, quieras o no.

—La verdad, para mi suena muy tentador.

Mis piernas temblaban. Mi corazón empezaba a volverse más lento por cómo mi vida se derramaba entre mis dedos, acompañado con el caminar danzante del diablo en dirección a mí. Fue que dejé de oponerme a mis deseos y me tumbe en el duro e indiferente suelo, pero en mi mente no dejaba de rondar una sola cosa:

—Estuve tan cerca de volverme un dios...

Creo que fui demasiado crédulo al pensar que los desalmados de las tribus y las iglesias permitirían que alguien como yo, un santo miserable con el título de semi dios, pudiera tener una mejor próxima vida. Un estúpido, es lo que era. Ya se me estaba dificultando respirar. Si tan solo no hubiera venido a esta iglesia, o si acaso no hubiera sido un santo desde un inicio, el destino podría haberme dado una vida sin estas cadenas

—Sé que eres parte de la iglesia y todo eso— exclamó aquel diablo, que acaricio mi cabello suavemente y se sentó al lado de mi carne moribunda—, pero la verdad es que no te puedo dejar que mueras aquí solo.

—Je... mi asesino teniendo más compasión conmigo que mis supuestos aliados. ¿Dónde escuché eso?

Sentía cómo, poco a poco, esta condena de ser un santo se cumplía, junto con el fin de mi vida... ¿o no?

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