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Capitulo 1: Mi caída en un nuevo abismo

La inercia de un Dios · por Moon · 21 de julio de 2026

Los santos tenemos la propiedad que al nacer podemos ver, interactuar y ser parte de lo sobrenatural, pero a un precio: cuando muramos, dejaremos de existir. En términos más entendibles, mientras los humanos pueden renacer en distintas formas de vida o energía al morir, nosotros tenemos que aceptar que con nosotros no pasará lo mismo. Nuestro fin se resume en que no habrá para nosotros ese renacer como santos; los únicos capaces de lograrlo son los dioses. Por eso me esmeré tanto en llegar ahí. Aprendí, mi esforcé, pero cada vez lo veía menos probable.

—Pero... ¿qué es esto? —me preguntaba mentalmente—. ¿Cómo aún podía pensar si estaba muerto?

Fue en aquel momento que volví a abrir los ojos. Todo era oscuro, pero por alguna razón aún tenía aliento y pulso. A mi alrededor sentía una gran presión; a mi alrededor se sentía húmedo y viscoso, siendo lo único familiar el aroma.

—Estoy enterrado.

Pero tan pronto me di cuenta de mi situación, es que también noté que poco a poco me estaban dando ganas de dormir: me estaba quedando sin oxígeno. Así que empecé a escarbar con mis manos un camino a la superficie mientras intentaba no ahogarme, pero resultaba mucho más complicado y cansado de lo que yo pensaba. No fue hasta que alcancé a distinguir una luz sobre mí, que agarré fuerza e hice un último esfuerzo para salir.

Tan pronto logré tener la cabeza en la superficie, empecé a agarrar bocanada tras bocanada de aire. Mi mente fue regresando, pero notaba cada vez esta sensación: mi ropa mojada por la tierra y la lluvia, cómo el viento me pegaba en la nuca... se sentía tan ajena. Me sentía como si mi cuerpo fuera un simple disfraz y mi alrededor solo uno de esos escenarios que escuché por la radio. Solo fantasía.

—¿Qué había pasado? ¿Dónde estoy? ¿Acaso sí hay vida después de la muerte para los santos? —y muchas más preguntas andaban por mi cabeza. Supuestamente debería haber muerto, pero la verdad tampoco estoy inconforme con que esté vivo. Una mirada más detallada a mi entorno: seguramente estaba en algún valle.

Me fui a recostar en un árbol cercano que me tapaba de la lluvia. Mientras descansaba, vi de reojo mi cuerpo, llevándome una sorpresa: este cuerpo era escuálido, mi ropa me quedaba holgada, además de que no tenía ninguna cicatriz. Tan pronto noté esto, me puse a buscar algún charco, donde en el reflejo de ese charco pude ver mi rostro.

Al inicio supuse que este no era mi cuerpo, pero entre más lo veía, más mi quedaba claro que sí era el mío, pero cambiado. A pesar de que dejé de envejecer a mediados de mis veintes, ahora era más joven que eso. Pareciera como si hubiera perdido casi cualquier herida o cicatriz; por ejemplo, mi garganta y cara perdieron sus cicatrices, tenía todos los dedos de mis pies y manos. Lo único que no desapareció fue la cicatriz de mi hombro.

Con esto puedo concluir que sigo siendo yo, pero más joven. Posiblemente tenga una edad posterior a los trece por la cicatriz de mi hombro, pero anterior a mis diecisiete, cuando perdí parte de mi oreja izquierda. Con regla de tres, puede que esté en mis dieciséis o quinces.

—Esto es muy raro, pero no me quejo. Ya no me siento tan débil como en el asedio de la iglesia.

Es posible que el asedio haya concluido; debió ser arrasada por los bombardeos. No tengo idea de qué hacer ahora con este cuerpo. Significa que posiblemente perdí todas esas décadas de esfuerzo. Necesito encontrar una iglesia y que me lleven a donde sea para resolver eso; así no me puedo quedar.

El plan consiste en caminar en línea recta hasta el este hasta encontrar alguna comunidad y pedir desde allá refuerzos o ayuda, tratando de evitar toparme con algún grupo armado porque en este estado posiblemente me capturen y despellejen. Pero gracias a la lluvia me será más fácil caminar sin ser detectado.

Inicié mi recorrido en busca de algún pueblo, pero junto al amanecer y el fin de la lluvia, estaba sumamente agotado y hambriento; no pensé estar tan débil. Así que en el momento en que encontré un río tranquilo, es que mi apetito me orilló a tirarme.

Justo en donde había caído se encontraba un cardumen de peces de escamas grises, amarillas y azules. Apenas pude agarrar a unos cuatro; con este cuerpo no me puedo permitir conseguir más. Al conseguirlos, preparé una pequeña fogata con ramas secas de por ahí y salieron unas brochetas de pescado. Creo que esto es lo que se podría considerar comida decente o corriente, pero para mí esto es lo mejor que he comido hace meses; el no tener que comer en esta situación esas guarniciones o comida enlatada, sin duda, es un alivio.

Esto descartó la teoría de que estuviera muerto. Aún mantengo mis cinco sentidos; el cansancio y mi incomodidad me dan la señal de que sigo sobre el plano físico y sobrenatural. Pero si sigo sobre el plano físico, ¿por qué no encuentro a nadie y qué hacía enterrado ahí?

Esos pensamientos se mezclaban con el sabor de estas brochetas hasta casi saciar mi hambre, pero justo cuando estaba a mitad de la última, es que al otro lado del río un muchacho apareció desde el bosque. Tan pronto me vio, se quedó petrificado al verme y sus pupilas me recorrieron de arriba a abajo frenéticamente.

—Hola. Oye, chico, ¿sabes dónde pueda encontrar una iglesia?

El chico empezó a dar pasos hacia atrás. Ahí fue que noté su vestimenta: tenía un manto atado a la cintura, además de que en el mismo manto iba colgada una calabaza, e iba con el pecho descubierto. Pero antes de decirle más, el muchacho salió corriendo.

Así que, sin más que hacer, decidí ir tras él. Ya estaba cansado de estar aquí buscando alguna ciudad o si quiera alguna persona como para que la primera que me encontrara se largara. Durante la persecución, que no duró más de un minuto, el chico pisó encima de una madriguera y su pierna se atoró.

—Ya te agarré, malnacido.

—¡Para atrás, miserable forastero atragantado, que yo no pienso dejarme llevar tan fácil!

En ese momento, usó esas palabras ya que no hablaba en español, hablaba en muysccubun. Mientras, aquel joven intentaba golpearme con una rama. La verdad, me tomó por sorpresa el que hablara muysccubun; además de que esté solo por acá, es muy raro.

—¿A quién llamas miserable, mocoso?

—Ve que sí puede hablar normal, y se lo estoy diciendo al que me preguntó con esas ropas tan raras.

Este mocoso sí jode, pero la verdad no lo juzgo: alguien con ropa militar con rotos y sin botas o medallas, además de las cuerdas gruesas que tengo atadas en muñecas y tobillos como si fueran manillas.

—Oiga —exclamó el mocoso—, ¿usted es algún enemigo?

—Qué pregunta tan estúpida. Si yo fuera tu enemigo no estaríamos hablando y probablemente te hubiera matado.

—¿Entonces qué es?

—Pues... digamos que el sujeto que te va a sacar de ese hueco.

Al haberme cansado de verlo ahí atrapado, es que le arrebaté la rama con la que me iba a golpear y, con aquella rama que se balanceó hasta estar tocando la punta casi mi espalda para luego acelerar hacia al frente de manera perpendicular, impactó en el suelo y levantó tierra, rocas sueltas y polvo.

El mocoso al ver esto notó cómo por el golpe es que destapé toda la parte en que tenía su pie atrapado, pudiendo sacarlo, para luego pasar a verme con ojos un poco más abiertos e intrigados. Ahí fue que recordé la razón por la que lo perseguí en primer lugar: información.

—A ver, pequeño ingrato —dije mientras ponía mi mano en su hombro—, ¿sabes dónde queda una iglesia?

—¿Qué es una iglesia?

—¿Cómo que "qué es una iglesia"?

—En toda mi vida, te juro que es la primera vez que escucho esa palabra, y eso que he escuchado muchas cosas.

—A ver, si no sabes qué es una iglesia, entonces conocerás algún semidiós o un santo de este departamento.

—Ahí van... otras tres palabras inventadas.

Este mocoso ya me está sacando de quicio. ¿Cómo no va a saber si literalmente es un chibcha, supuestamente de donde provienen gran cantidad de dioses, santos o chamanes en toda Colombia? Es casi de conocimiento general para todo quien esté relacionado a lo sobrenatural... a no ser.

—Oye, mocoso.

—Me llamo Chatane.

—Bueno, Chatane, ¿me puedes decir algún evento o algo importante que haya pasado en estos días?

—Umm... algo importante... Según lo que nos vino a contar un ambulante hace unas lunas, me contaron que un tal Merenques es el nuevo líder del Bacatá y que está haciendo todo un destrozo por allá, también dizque que esta creando un código de normas o algo por el estilo.

Espera.

¿Merenques?

Está hablando del tercer Zipa.

No.

¡Acaso estoy en otra época!

Imposible, esto debería ser una aberración física. ¿Acaso el diablo ese tuvo algo que ver? Con solo recordar que todo este tiempo donde estuve enterrado y donde estuve caminando por horas sera Cúcuta, la Cúcuta de cinco siglos en el futuro. Entonces me he quedado sin nada. Pero si acaso he tenido algo por fuera de mi mísmo, pero eso tambien me he perdido. Mi rostro, la capacidad de volverme un dios y lo que conocia se perdio, incluso la oportunidad de por fin librarme de mis errores en una siguiente vida. ¿Ahora qué hago?

Sentía mi cuerpo pesado. Mi incredulidad superaba cualquier estímulo externo a mi mente, incluso mi propio nuevo cuerpo; solo sentía aquel terror que sentí varias veces cuando la situación parecía superarme, pero esta vez no es que me supere, es que la vivo en esta carne.

—¿Usted tiene nombre? —inquirió Chatane.

Al no contestarle por estar sumergido en mis pensamientos, es que me dio un pisotón en el pie que me sacó a la fuerza y me hizo agarrarme el pie con la mano con la que agarraba su hombro, porque la verdad si que dolio.

—Ugh, Gabriel —contesté.

—¿Gatiel?

—No. Ga-bri-el.

—La misma cosa.

—Solo llámame Gabi.

—Bueno, Gabi —dijo Chatane, esta vez colocando su mano sobre mi hombro—. Ya que veo que estás aquí solo y aparentemente perdido, ¿qué te parece si vienes conmigo para que me ayudes con algunas cosas y despues vemos que hago contigo, te parece?

—Para ser sincero, no tengo otra opción —dije—. Soy el tipo de persona que, esté donde esté, siempre seré nada.

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